Los límites… ¿si o no?

Transitamos por un ciclo en el que una de las reminiscencias de la Belle Epoque se extrapoló a la educación que reciben los niños. Como viene siendo habitual en todos los ciclos por los que ha transitado la civilización, el tránsito entre los extremos opuestos parece ser la razón por la que, periodo tras periodo, nos enfrentamos al agotamiento de las sociedades.

La educación de los niños está íntimamente relacionada con el ciclo de crisis global al que se enfrenta un mundo con recursos limitados que debe encontrar el camino hacia el equilibrio.

Mientras en materia económica el establecimiento de la productividad eficiente parece ser la clave y el mayor de los retos, en materia educativa, el deterioro de las familias y la permisividad por la que hemos transitado durante la última década ha llevado a una situación en la que la revisión de los esquemas educativos se torna de obligado cumplimiento.

Parece cierto y estaremos todos de acuerdo que uno de los primeros aprendizajes a los que deben enfrentarse los padres es el hecho de tomar conciencia que los hijos son personas individuales y es por este motivo que las expectativas deben ser dejadas a un lado, concentrando todos los esfuerzos en dotar a los más pequeños de las herramientas que – centradas en los valores únicos y diferenciadores de los seres humanos- les darán las fortalezas para enfrentar los obstáculos a los que –seguro- deberán enfrentarse sea cual sea el camino que elijan.

Los límites… ¿si o no?

Resulta ciertamente complicado en un contexto social como el actual establecer y mantener un modelo educativo firme, constante y continuado. Custodias compartidas en las que las diferencias entre los progenitores dan al traste con cualquier línea de actuación, ausencia de compromisos por parte de los equipos docentes, familiares que muestran su desacuerdo con las decisiones adoptadas e incurren en el consentimiento y la permisividad… y un largo etcétera de obstáculos a los que se enfrentan los padres en su labor – ardua, compleja y en ocasiones dolorosa- de mantener un esquema educativo enfocado al compromiso y la responsabilidad.

Ciertamente los niños son seres humanos distintos a nosotros… los padres, pero son seres humanos que al igual que necesitan aprender a caminar, hablar, comer, leer o escribir, necesitan adquirir hábitos de conducta que les permitan transita por el camino que tengan destinados con fortalezas.

Es por este motivo que la recomendación es mantener unos límites que, basados en el amor sean firmes y constantes, ya que ésta es la única fórmula para lograr que los más pequeños interioricen sus hábitos y los vayan incluyendo en la personalidad que, etapa tras etapa, van conformando.


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