El miedo en los embarazos

Cuando se comienza a transitar el intenso proceso del embarazo, aparece la ilusión de tener un hijo sano y -como contracara- el temor de que el bebé nazca con problemas. Uno de los motivos de consulta más frecuentes es la posibilidad de tener un bebé con Síndrome de Down, un miedo que se acrecienta con el hecho de que cada vez son más las mujeres que eligen postergar el momento de ser madres,

Para descartar estos temores, algunos padres eligen acudir a los llamados estudios genéticos, que permiten averiguar en las primeras semanas de gestación el estado del bebé por nacer. ¿Qué estudios diagnósticos pueden realizarse? ¿Hay algún análisis que no implique riesgos para el embarazo?

El médico Guillermo Lodeiro Martínez, especialista consultor en Obstetricia, explica que “en los primeras consultas de la embarazada, alrededor de la semana diez, se le informa de que existen estudios genéticos que se realizan en la semana doce”.

Entre los primeros estudios que se indican a la futura mamá “están los no invasivos y sin riesgo. Estos son los análisis de sangre y la ecografía donde se mide la translucencia nucal. Con estos análisis se estudia la posibilidad de la embarazada de tener, por ejemplo, un bebé con Síndrome de Down y el riesgo según la edad de la madre. A edad mayor a los 35 años, mayor es el riesgo. Luego se comparan estos datos con los resultados obtenidos y puede resultar que se aleje de la zona de riesgo o permanezca en ella. Pero la dificultad reside que estos estudios -análisis de sangre y ecografía- no demuestran con certeza que el bebé sea Down, es sólo un cálculo estadístico”, asegura Lodeiro Martínez.

Tras esta primera aproximación, que como señala el especialista no arroja certezas sino probabilidades, el profesional debe informar a los futuros padres que existen los test genéticos, que demandan la realización de una punción en la panza de la embarazada, monitoreada por un ecógrafo. Estos brindan información sobre ciertos aspectos relacionados con la estructura cromosómica del bebé. Durante el procedimiento se extraen pequeñas muestras de células placentarias o líquido amniótico que luego son usadas para análisis cromosómico, estudios bioquímicos, o determinar el sexo del futuro bebé, si los padres lo desean.

Estos estudios llamados invasivos, que implican un mínimo porcentaje de riesgo de pérdida del embarazo, tienen un alto grado de precisión en su diagnóstico.

“En la punción de vellocidades coriónicas -señala el especialista- los riesgos de pérdida del embarazo son mínimos, y es el único método de certeza”.

¿En qué casos recomiendan los especialistas hacer este estudio?

1. Si la embarazada tiene más de 35 años, ya que los riesgos de tener un bebé con síndrome de Down aumentan con la edad.

2. Si la pareja ha tenido un hijo con defectos cromosómicos o malformaciones.

3. Si la pareja ha tenido un hijo o pariente cercano con defectos del tubo neural (defectos de la espina y cerebro, incluyendo espina bífida y anencefalia).

4. Si la embarazada es portadora de alguna enfermedad genética como, por ejemplo, hemofilia.

5. Si los padres son portadores de enfermedades como Tay-Sachs o la de glóbulos falciformes.

6. Si es necesario determinar la maduración de los pulmones del bebé.

7. Si otros tests (como los análisis de sangre y ecografía de traslucencia nucal) han reflejado resultados anormales.

Es importante aclarar que ninguna prueba prenatal puede garantizar que el bebé va a ser sano. Con estos exámenes sólo se pueden anticipar algunos defectos de nacimiento. “El médico debe explicar e informar sobre estos posibles estudios, pero es la pareja la que debe decidir si quiere realizarlos, y en caso de querer hacerlos, por cuál de estos métodos se inclinan”, concluye Lodeiro Martínez.

Vía: Clarín


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