Los padres pueden hacer mucho para aliviar la ansiedad de los niños (junto con psicoterapia y medicación en caso necesario). Éstas son algunas medidas que puede tomar en casa:
- Enfrente sus propios temores. Al preocuparse demasiado, sin querer enseña a sus hijos a hacer lo mismo. Si elude sus miedos, tampoco ellos afrontarán los suyos.
- Hable abiertamente con sus hijos sobre sus temores y sentimientos y corte de raíz su ansiedad siempre que pueda. Así sabrán que no minimiza ni se burla de sus miedos. Refuerce su seguridad en sí mismos y ayúdelos a resolver problemas.
- Mantener abierta la comunicación con sus hijos aumentará su autoesti-ma y les dará más armas para combatir sus temores.
- Asegúrese de que sus hijos no se sientan abrumados por un exceso de actividades. Establezca un horario para hacer las tareas escolares, prac-ticar deportes o cultivar algún arte, y permita que se relajen un rato cada día. A los niños ansiosos les gusta que las cosas estén en orden y bajo control.
- Incúlqueles buenos hábitos de alimentación y cerciórese de que duerman bien. ¿Quién no se siente más contento y relajado cuando satisface estas necesidades? El ejercicio también es esencial. Los niños ansiosos suelen sentirse cansados porque las preocupaciones los agotan; el ejercicio aumentará su energía y reducirá su inquietud.
- Aliéntelos a correr riesgos y a imponerse desafíos cada vez mayores. Esto los hará sentirse mejor consigo mismos y con sus habilidades. No les permita evitar las situaciones que les provocan miedo.
Según Paul Ingleton, Psiquiatra infantil, todos los chicos necesitan salir y conectarse con el mundo. Si los deja esconderse en sus caparazones, es probable que desarrollen problemas de ansiedad en el futuro.
Michael Stambrook, psicólogo clínico y neuropsicólogo, dice: “Todos nacemos con distinto temperamento, y algunos tenemos mayor predisposición a la ansiedad que otros. Ciertas formas de ansiedad son hereditarias: si alguien las padece, es probable que sus hijos también. Aparentemente, las nenas son más propensas a la ansiedad que los varones. Éstos expresan sus emociones con acciones directas”.
¿Cuándo buscar ayuda profesional? “Si su hijo no puede encarar desafíos propios de su edad como ir a la escuela, pasar la noche en casa de amigos, hablar ante sus compañeros de clase, jugar con otros niños o dormir solo, es momento de buscar ayuda”, aconseja Stambrook.
Ciertas señales pueden revelar que su hijo tiene problemas: pesadillas frecuentes, dolor de estómago y jaqueca sin causa aparente, excesivo apego a los padres, tendencia al llanto y mala conducta. Algunos niños ansiosos también tienen insomnio, cansancio e irritabilidad, o se quejan a menudo de dolencias físicas; pueden ser perfeccionistas o desidiosos. A muchos de ellos se les diagnostica por error el trastorno de hiperactividad y déficit de atención, o se dice simplemente que son “conflictivos”.
Si le preocupa la ansiedad de su hijo, acuda al médico para descartar alguna enfermedad física. Durante la consulta, no se limite a decir que su hijo tiene preocupaciones; describa claramente los síntomas del niño; por ejemplo: “Da vueltas en la cama y no se duerme si no estoy con él”, o “Le duele el estómago cada vez que vamos a un shopping”. El médico le dirá a qué especialista recurrir.
LUEGO DE OCHO MESES DE psicoterapia y de tomar antidepresivos, Amanda come y duerme bien y no ha vuelto a pensar en la muerte en mucho tiempo. Cuando se siente ansiosa, anota sus preocupaciones en un diario; esto la ayuda a exteriorizar sus miedos. A veces juega con su familia el “juego de los sentimientos”, en el que sus padres, su hermana y ella hablan sobre sus emociones, buenas y malas.
“Su ansiedad ha desaparecido casi por completo”, asegura su mamá.
Es probable que Amanda sea ansiosa de por vida, pero lo que ha aprendido le servirá para afrontar cualquier te-mor que experimente en el futuro.


