La amistad en los niños

Con la escolarización temprana de los niños, se acelera su proceso de socialización y, con ello el desarrollo de la autonomía personal y el aprendizaje de compartir con los demás. De esta forma surge sus primeras amistades. Los pequeños, al llegar a la escuela infantil o guardería, aprenden a compartir un espacio (la clase, el jardín, el comedor), los objetos y a los profesores.

Según comentan los especialistas, se podría afirmar que los niños no tienen amigos según el concepto que tenemos los adultos de la amistad, hasta los 6 ó 7 años. Su relación con los demás va evolucionando de la siguiente manera:

Hasta los 2 años: el juego paralelo
Aprenden a jugar al lado de otros niños pero de forma independiente. Es el juego paralelo. A partir de esta edad, en la guardería o escuela infantil, se les enseña a guardar su turno, a esperar, a respetar los juguetes del otro, así como la comida y la siesta de los demás. Se les inicia en el juego colectivo para que vayan adquiriendo noción de grupo, fundamental para la socialización al intervenir el contacto físico.

Poco a poco, van conociendo, nombrando y mostrando preferencias por sus compañeros. También hay tiernas expresiones de afecto infantil con las peleas. En estas primeras relaciones lo más importante es el intercambio de juguetes.

A partir de los 2 años y medio y 3 años: el amigo como elemento de compañía
Empieza a ser más clara la preferencia de elegir a un niño en concreto como elemento de compañía porque les gusta jugar a lo mismo (juegos activos o sedentarios), porque un juguete le interesa o por otras circunstancias como que las madres sean amigas y se vean fuera del centro educativo. Sin embargo, pueden ser inseparables o no dejar de pelearse de un día para otro.

Hacia los 3 años y medio: jugar en pequeños grupos

A esta edad ya asumen las reglas sociales de las que surgen las relaciones afectivas. En el jardín suelen jugar en pequeños grupos –antes sólo lo hacían de dos en dos- y hablan entre ellos, aunque cada uno esté inmerso en su propia actividad.

Sigue siendo un juego individual, pues, aunque tienen la necesidad de compañía todavía no poseen la aptitud para cooperar, debido al egocentrismo que imposibilita un juego en grupo. Poco a poco, irán respetando la intervención del otro y podrán amoldarse al rol que se le asignan.


Escribe un comentario