Qué es la amniocentesis

La amniocentesis consiste en la aspiración de veinte mililitros de líquido amniótico. Se realiza en el consultorio entre las semanas quince y dieciocho de la gestación.

Puede diagnosticar anomalías cromosómicas como el síndrome de Down y, previa indicación, enfermedades hereditarias como la talasemia, la fibrosis quística y la distrofia muscular, y también posibles infecciones durante el embarazo.

Se efectúa bajo control ecográfico. Se introduce una aguja a través de la pared del abdomen hasta llegar a la bolsa amniótica. La aguja, provista de un manguito, aspira el líquido. Dura de diez a quince segundos como máximo.

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Algunos posibles efectos secundarios son pequeñas pérdidas de sangre y de líquido amniótico, y en ocasiones, contracciones. Por lo tanto, como precaución después de la extracción se aconseja reposo durante el día en que se haya realizado, aunque no es obligatorio.  La administración de fármacos anticontracciones o de antibióticos está indicada únicamente en caso de amenaza de aborto o situaciones determinadas que hayan podido dificultar el proceso.

Es cierto que la amniocentesis incrementa el riesgo de aborto, y en algunos casos muy raros también aumenta el riesgo de infección, como por ejemplo la infección del líquido amniótico que podría derivar en una sepsis generalizada.

El porcentaje de riesgo de aborto es de una media del 0,5 %. A pesar de ello, la fiabilidad de los resultados de la amniocentesis es casi absoluta.

El tiempo de respuesta suele ser de dos a tres semanas. Pero en caso de problemas se puede obtener una primera respuesta a los catorce días, y existe una técnica que puede conseguir una respuesta parcial en cuarenta y ocho horas.

La amniocentesis se recomienda cuando hay riesgo en el embarazo, es decir, anomalías detectadas en ecografía, toxoplasmosis, rubeola y otras enfermedades maternas que podrían haber alcanzado al feto.


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