Retraso en el lenguaje

Cuando el pediatra advierte la presencia de algún tipo de trastorno en el lenguaje, normalmente derivan a los niños a los servicios de neuropsiquiatría infantil correspondientes donde, normalmente, establecen los tratamientos psicológicos o psicomotores necesarios.

En ocasiones, el retraso en el lenguaje no depende de un déficit auditivo o intelectual, es decir, el niño comprende pero desarrolla sus cualidades con lentitud, se expresa con frases poco claras para los adultos o pronuncia fonemas de forma incorrecta. En estos casos, el psicomotricista no le enseñará a hablar sino a verbalizar haciéndole jugar, por ejemplo.

Si son frecuentes las repeticiones, las pausas y las prolongaciones de las sílabas se trata, seguramente, de inseguridad y tartamudez. La tartamudez suele tener un componente emocional ya que la ansiedad o algún malestar psicológico pueden influir en el lenguaje.

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Hay varias formas de tartamudez. La tartamudez fisiológica suele aparecer alrededor de los tres años cuando el niño empieza a tener los primeros contactos importantes con el mundo exterior y con otros niños. Normalmente, se soluciona de forma espontánea porque simplemente se atascan las palabras ya que el niño tiene que encontrar las adecuadas para expresar todo lo que siente e imagina.

En otras ocasiones, la tartamudez surge a partir de alguna situación de estrés o ansiedad provocada, quizás, por algún acontecimiento familiar como una mudanza, el nacimiento de un hermanito, etc. Normalmente cuando el niño se tranquiliza  todo vuelve a la normalidad.

Por último, la disfasia sí es un trastorno del lenguaje que necesitará una terapia combinada de logopedas y educadores que favorezcan la reeducación lingüística del niño. La disfasia se da cuando la evolución sigue un ritmo muy lento, incluso puede darse que después de los cuatro años la comunicación sea incompleta.


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