La deshidratación se produce cuando se pierde en forma excesiva agua y sales minerales del cuerpo. Puede producirse por estar en una situación de mucho calor, falta de consumo de bebida por largo tiempo o una combinación de ambas.
Los niños pueden deshidratarse más rápido que los adultos, y los bebés menores de seis meses pueden llegar a sufrir una deshidratación severa pasadas 24 horas después del inicio de la enfermedad. Por lo tanto, toma atención a determinados signos que pueden alertar de una pérdida seria de líquidos:
- Se queja de sed persistente
- Tiene los ojos hundidos
- Sequedad en la boca
- Llora sin manifestar lágrimas
- Orina poco y de color oscuro
Si se dan estos síntomas, es importante actuar con suma rapidez; es decir, consultar siempre con el pediatra pues la deshidratación grave puede requerir, hospitalización para administrarle líquidos por vía intravenosa.


