Todo los que debe saber un niño sobre su piel II

La próxima capa de tu piel, debajo de la epidermis, es la dermis. Tu no puedes ver tu dermis porque está escondida debajo de tu epidermis. La dermis contiene terminaciones nerviosas, vasos sanguíneos, glándulas sebáceas, y glándulas sudoríparas. También contiene colágeno y elastina, sustancias resistentes y flexibles.

Las terminaciones nerviosas en tu dermis se encargan de comunicarte cómo sientes las cosas que tocas. Estas terminaciones trabajan con tu cerebro y con tu sistema nervioso para que tu cerebro reciba la información sobre lo que estás tocando.

Algunas veces lo que tu puedes sentir es peligroso, por ello, las terminaciones nerviosas trabajan con tus músculos para evitar que te hagas daño. Si tocas algo muy caliente, las terminaciones nerviosas de tu dermis responden inmediatamente: ¡Auch! ¡Qué caliente está esto!” Los nervios rápidamente envían este mensaje al cerebro o a la espina dorsal quienes inmediatamente ordenan a los músculos que alejen a tus manos del peligro. Todo esto ocurre en un instante, sin que te des cuenta de ello.

Tu dermis también contiene numerosos vasos sanguíneos los cuales mantienen las células de tu piel sanas aportándoles el oxígeno y los nutrientes que necesitan al librarse de impurezas. Es difícil ver estos vasos sanguíneos en los niños, pero puede que los identifiques observando la piel de tus abuelos. A medida que la dermis madura, se hace más fina y es más fácil ver a través de ella.

En la dermis también se encuentran las glándulas que segregan grasa. A estas glándulas también se les denomina glándulas sebáceas y siempre están produciendo sebo, el aceite natural de tu piel. Este se eleva hasta la superficie de tu epidermis para mantener tu piel lubricada y protegida. El sebo también hace que tu piel sea resistente al agua – mientras este presente el sebo, tu piel no absorberá el agua hasta empaparse.

Tu también tienes glándulas sudoríparas en tu epidermis. Aunque no puedes sentirlo, tu estás sudando un poquito todo el tiempo. El sudor sale a través de los poros, los pequeños orificios que permiten al sudor salir de tu piel. Cuando el sebo y el suero hacen contacto, éstos forman una barrera protectora que puede ser un poco pegajosa.

Una manera muy fácil de ver esta aventura en acción es coger un alfiler con tus propios dedos. Después, lava tus manos con agua y jabón muy abundante y sécalas completamente. Ahora trata de agarrar el alfiler otra vez. Esta vez no será tan fácil porque la barrera pegajosa de tu piel ya no estará ahí, pero no te preocupes, pronto regresará, a medida que tus glándulas sebáceas se encargan de desarrollar un poco más de esa sustancia pegajosa.

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