

El día 4 de febrero se celebra, a nivel internacional, el Día Mundial Contra el Cáncer. El objetivo de esta conmemoración es aumentar la concienciación social sobre la enfermedad, recordar la importancia de la prevención, visibilizar la realidad de las personas afectadas y reforzar el compromiso con la investigación y la equidad en el acceso a los cuidados. Cada año se impulsa un lema global que invita a la acción, como el ya clásico: «Nosotros podemos. Yo puedo.», que subraya que tanto la sociedad en su conjunto como cada persona a título individual tienen un papel clave en la lucha contra el cáncer.
Los datos de la OMS son impactantes
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que el cáncer continúa siendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. Los cánceres más mortales a nivel global son los de pulmón, estómago, hígado, colon y mama, por el elevado número de casos que se diagnostican y por la gravedad de sus complicaciones. Ver aquí
Además, se estima que cada año se diagnostican millones de nuevos casos y que estas cifras continuarán en aumento debido al envejecimiento de la población, al crecimiento demográfico y a la persistencia de factores de riesgo modificables en muchos países. Esta tendencia hace aún más necesario reforzar las estrategias de prevención, los programas de cribado y detección precoz y el acceso a tratamientos efectivos y cuidados paliativos.
Aproximadamente un 30% de las muertes por cáncer se deben a cinco factores de riesgo relacionados con el estilo de vida: índice de masa corporal elevado, ingesta reducida de frutas y verduras, falta de actividad física, consumo de tabaco y consumo de alcohol. Dentro de todos ellos, fumar sigue siendo el factor de riesgo más importante para padecer distintos tipos de cáncer, especialmente el de pulmón, cabeza y cuello, vejiga o páncreas.
A nivel europeo y español, los datos reflejan un escenario similar: el cáncer se mantiene como una de las primeras causas de muerte, y se calcula que cada año se diagnostican cientos de miles de nuevos casos. El incremento de diagnósticos no solo se debe a que haya más casos, sino también a que hoy se dispone de mejores técnicas de detección y existe una mayor conciencia sobre la importancia de acudir a las revisiones médicas.
¿Qué es el cáncer y qué lo causa?
El cáncer es un proceso en el que un grupo de células anormales crecen rápidamente y se diseminan por nuestro organismo de forma incontrolada. Puede aparecer prácticamente en cualquier lugar del cuerpo. En un inicio suele formarse un tumor localizado que afecta a un órgano o zona del organismo, pero, si no se detecta y trata de manera adecuada, puede invadir el tejido que rodea a esa zona afectada y provocar metástasis, es decir, tumores cancerígenos en otros puntos del organismo.
La causa del cáncer no es única. El proceso por el que una célula normal se convierte en célula anormal e inicia un proceso cancerígeno es complejo y está influido por diferentes factores que pueden actuar de forma combinada a lo largo del tiempo. Entre los más importantes se encuentran:
- Factores genéticos: Son factores de herencia que portamos en nuestros genes y sobre los que no podemos influir directamente. Algunas personas nacen con mutaciones heredadas que aumentan el riesgo de determinados cánceres (por ejemplo, ciertos cánceres de mama, ovario o colon), y por ello en algunos casos son recomendables los programas de consejo genético y un seguimiento médico más estrecho.
- Factores externos: Se pueden dividir en tres clases y sobre ellos sí es posible actuar para reducir el riesgo.
- Agentes físicos, como las radiaciones ultravioleta procedentes del sol o de cabinas de bronceado y las radiaciones ionizantes.
- Agentes químicos, como los componentes del humo del tabaco, determinados contaminantes presentes en los alimentos, el arsénico (contaminante del agua de bebida) o algunas sustancias a las que se puede estar expuesto en el ambiente laboral.
- Agentes biológicos, como las infecciones causadas por determinados virus, bacterias o parásitos. Algunos ejemplos son el Virus del Papiloma Humano (VPH), que se relaciona con el cáncer de cuello de útero y otros tumores anogenitales, o el virus de la hepatitis B, vinculado al cáncer de hígado.
- Otro factor a tener en cuenta es el envejecimiento. La incidencia del cáncer aumenta muchísimo con la edad, ya que se van acumulando daños en el ADN y factores de riesgo de determinados tipos de cáncer, a lo que se añade la tendencia que tienen los mecanismos de reparación celular a perder eficacia con el paso de los años.
La investigación actual está profundizando también en aspectos como las diferencias individuales en los riesgos de mutación del ADN. Se han identificado distintos patrones genómicos que explican por qué algunas personas son más susceptibles a determinadas mutaciones, lo que abre la puerta a una medicina cada vez más personalizada, con tratamientos ajustados a las características genéticas de cada paciente y de su tumor.
También se trabaja en comprender mejor la metástasis, principal causa de mortalidad por cáncer. Por ejemplo, en el cáncer de mama se han descrito proteínas específicas que favorecen la diseminación de las células tumorales a otros órganos, así como mecanismos de comunicación entre las células cancerígenas y su entorno que influyen en la progresión de la enfermedad. Todo este conocimiento se está utilizando para diseñar terapias más dirigidas, capaces de bloquear esos mecanismos concretos.
Factores de riesgo

Es conocida la relación que guardan con la aparición de cáncer los siguientes factores de riesgo modificables, muchos de los cuales podemos reducir con cambios en nuestros hábitos y nuestro entorno:
- Consumo de tabaco, tanto activo como pasivo, relacionado con cáncer de pulmón y muchos otros tipos de tumores.
- El exceso de peso o la obesidad, que incrementa el riesgo de cáncer de mama postmenopáusico, colon, endometrio y otros.
- Las dietas con un consumo insuficiente de frutas y hortalizas, que privan al organismo de vitaminas, fibra y antioxidantes protectores.
- El sedentarismo y la falta de ejercicio regular, asociados al aumento de peso y a alteraciones metabólicas.
- El consumo de bebidas alcohólicas, incluso en cantidades moderadas, vinculado a cáncer de hígado, esófago, mama y otros.
- Las infecciones por Papiloma Virus (VPH) y Virus de la Hepatitis B, que se pueden reducir con vacunación y medidas preventivas.
- La contaminación del aire de las ciudades, especialmente por partículas finas y determinados compuestos químicos.
- El humo generado en la vivienda por la quema de combustibles sólidos (como leña o carbón) en espacios poco ventilados.
Los organismos internacionales, y en particular las instituciones sanitarias, señalan que adoptar hábitos saludables como no fumar, realizar actividad física regular, seguir una alimentación equilibrada rica en frutas y verduras, evitar las bebidas alcohólicas, mantener un peso apropiado y protegerse del sol con cremas de protección solar y ropa adecuada, podría prevenir un porcentaje muy elevado de casos de cáncer a lo largo de la vida.
En los últimos años han cobrado relevancia también los riesgos laborales. Determinados entornos de trabajo exponen a las personas a sustancias o radiaciones que incrementan la probabilidad de desarrollar tumores. La radiación ultravioleta en trabajos al aire libre y las emisiones de diésel en sectores como el transporte o la construcción se han identificado entre los factores de exposición al riesgo de cáncer más frecuentes en los lugares de trabajo europeos. La vigilancia de estos riesgos y la implementación de medidas preventivas en las empresas son claves para la salud de los trabajadores.
¿Existen riesgos durante el embarazo?
El embarazo es un proceso fisiológico en el cual es necesaria la elevación de los valores de ciertas hormonas para que todo el proceso se desarrolle de forma adecuada. Algunas de estas hormonas pueden intervenir, en algunos casos, en la formación o el crecimiento de ciertos tumores hormonodependientes. Por ello es muy importante que no bajemos la guardia y sigamos haciendo nuestras revisiones ginecológicas correspondientes, aunque estemos embarazadas.
Normalmente, en el primer trimestre de embarazo se revisará la fecha de nuestra última revisión ginecológica y puede ser necesario actualizarla. Para ello, se puede realizar una toma de citología cérvico-vaginal, fundamental para la detección precoz del cáncer de cuello de útero asociado al Virus del Papiloma Humano. Esta prueba es sencilla, rápida y muy útil para identificar lesiones precancerosas que, tratadas a tiempo, evitan la progresión a cáncer invasivo.
Durante el embarazo, las mamas sufren cambios muy llamativos, como aumento de tamaño y de densidad, lo que puede dificultar la palpación y la valoración de bultos o nódulos. Debido a esta mayor densidad mamaria hay más dificultad para la detección de tumores de pequeño tamaño, pudiendo demorarse el diagnóstico de cáncer de mama. El cáncer de mama es el tumor maligno que con mayor frecuencia aparece en mujeres embarazadas, tras el parto o durante la lactancia, pero el embarazo no es un factor de riesgo que, por sí mismo, favorezca el desarrollo de un tumor maligno. Es decir, las mujeres embarazadas no tienen más posibilidades que las no embarazadas de padecer un cáncer de mama.
Durante la gestación se deben realizar revisiones periódicas con exploración cuidadosa de la mama por parte del profesional sanitario. Aunque, en la actualidad, no se recomienda la realización de autoexploración mamaria como único método de diagnóstico precoz por su baja fiabilidad, sí puede ser una herramienta útil para que la mujer se familiarice con sus mamas y detecte cambios llamativos que puedan motivar una consulta temprana y un diagnóstico definitivo.
Otro de los órganos que se ve muy afectado por las hormonas del embarazo es la piel. Por ello es importante la revisión de nuestros lunares y consultar al dermatólogo si observamos cambios en su forma, color, tamaño o textura. Los dermatólogos utilizan “la regla del ABCD” para distinguir un lunar normal de uno que no lo sea:
- A: Asimetría: cuando la mitad de un lunar no es igual que la otra mitad.
- B: Bordes irregulares: presencia de bordes desiguales, irregulares o borrosos.
- C: Color: los colores más peligrosos son los rojizos, blanquecinos y azulados sobre lesiones de color negro o muy oscuras, o la presencia de varios tonos en el mismo lunar.
- D: Diámetro: cuando el lunar mide más de 6 milímetros o aumenta de tamaño de forma llamativa.
Si durante el embarazo se sospecha un cáncer, los equipos médicos multidisciplinares valoran cuidadosamente las opciones de diagnóstico y tratamiento, teniendo en cuenta el tipo de tumor, el trimestre de gestación y el estado de salud general de la madre. En muchos casos es posible compatibilizar el tratamiento oncológico con la continuación del embarazo, siempre con una estrecha coordinación entre oncología, ginecología y pediatría.
Hay que tener en cuenta que, hoy por hoy, un porcentaje importante de cánceres pueden curarse mediante cirugía, radioterapia o quimioterapia, sobre todo si se detectan en una fase inicial. A estos tratamientos clásicos se suman terapias más recientes como la inmunoterapia, que refuerza el sistema inmunitario para que ataque mejor a las células tumorales, o los tratamientos dirigidos contra alteraciones moleculares específicas del tumor. La combinación de estos avances y la detección temprana está permitiendo aumentar de forma notable la supervivencia y mejorar la calidad de vida de muchas personas con cáncer.
El Día Mundial contra el Cáncer nos recuerda que la suma de la prevención en el día a día, el acceso equitativo a los servicios de salud, la investigación de calidad y el apoyo integral a pacientes y familias es el camino más sólido para reducir el impacto de esta enfermedad en todo el mundo.