Enfermedades infantiles frecuentes que no requieren antibióticos y cómo cuidarlas en casa

  • Muchas enfermedades infantiles comunes, como resfriados, gripe, gastroenteritis, boca-mano-pie o la mayoría de conjuntivitis, son de origen vírico y no mejoran con antibióticos.
  • El pediatra es quien debe valorar, según los síntomas y la exploración, si se trata de una infección viral o bacteriana y cuándo está justificado usar antibióticos.
  • En la mayoría de procesos virales, el tratamiento se basa en hidratación, control de la fiebre, alivio del dolor y observación de la evolución del niño.
  • Un uso inadecuado de antibióticos puede causar efectos secundarios y resistencias, por lo que nunca se deben administrar sin prescripción médica ni suspender antes de tiempo.

enfermedades infantiles que no requieren antibióticos

Muchos padres sienten una gran preocupación cuando sus hijos enferman, a ningún padre le gusta ver cómo sus pequeños no se encuentran bien. Cuando los adultos nos ponemos enfermos y debemos cuidarnos para mejorar, nos sentimos cansados, afligidos… Pero cuando son nuestros hijos los que están mal, aparece una gran impotencia porque lo primero que queremos es que estén sanos y se encuentren bien todo el tiempo.

Pero los niños enferman, esta es una realidad. Pasan muchas horas al día en la escuela o en la guardería, rodeados de otros niños y, por tanto, de muchos virus y bacterias que se transmiten con facilidad a través del aire, de las manos o de los objetos compartidos. Además, las enfermedades no solo ocurren en invierno (aunque sí se concentran muchas en esa época), pueden aparecer en cualquier momento del año.

Hay épocas del año en que tu hogar se convertirá en una gran fiesta de virus o en una fiesta de mocos, ¡de una gran cantidad de mocos! Los estornudos, las toses y los mocos son lo más habitual en todas las casas con familias y niños, especialmente cuando empiezan la escuela, la guardería o vuelven de vacaciones.

Cuando existe un aumento en la producción de moco, es una señal de que el sistema inmunológico está trabajando para combatir las bacterias o los virus que están causando estragos en el cuerpo. Pero además de los mocos, es importante que sepas que hay enfermedades que necesitan antibióticos y otras que no los necesitan. Los antibióticos solo actúan frente a bacterias, no frente a virus, y su uso inadecuado puede ser perjudicial.

Por eso, a continuación te vamos a comentar algunas de las enfermedades más comunes en los niños que, en general, no requieren antibiótico. También veremos otros cuadros en los que el antibiótico solo se usa en situaciones concretas. Siempre que creas que tu hijo está demasiado mal o los síntomas te alarmen, acude a tu pediatra para que valore la salud de tu pequeño y determine si realmente necesita o no antibiótico.

Enfermedad boca-mano-pie

enfermedad boca mano pie en niños

Sin duda, la enfermedad boca-mano-pie puede ser una enfermedad muy llamativa y alarmante para los padres, ya que aparecen ampollas dolorosas, llagas en la boca y pequeñas lesiones en manos y pies. Los niños pueden sufrir bastante dolor al comer, hablar o simplemente al caminar si las lesiones están en las plantas.

Muchas familias piensan que esta enfermedad necesitará antibióticos y medicamentos muy fuertes, pero no es así. La enfermedad boca-mano-pie está causada por un virus del grupo de los enterovirus (con frecuencia el virus Coxsackie), de modo que no hay antibióticos que la curen. Como ocurre con otros procesos víricos, el organismo debe generar defensas y eliminar el virus por sí mismo.

Solo hay que esperar a que el virus siga su curso. El cuadro suele durar entre 7 y 10 días desde el inicio de la fiebre hasta la desaparición de las lesiones de la piel. Durante ese tiempo, el médico probablemente recetará analgésicos o antipiréticos para aliviar el dolor y la fiebre, y en algunos casos algún producto tópico para disminuir las molestias de las aftas en la boca. Siempre será el médico quien valore qué medicamentos son los más adecuados para que el niño se encuentre mejor.

Además del tratamiento sintomático, es clave mantener una buena hidratación, ofrecer alimentos fríos o templados que irriten menos la boca, y extremar la higiene de manos y de los objetos que toque el niño, ya que el virus se transmite por vía respiratoria y fecal-oral (saliva, mocos, heces).

Conjuntivitis

conjuntivitis y resfriados en niños

La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva, la membrana que cubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados. En los niños aparece con frecuencia porque se tocan los ojos con las manos sucias, comparten toallas o porque la infección se la ha contagiado otro niño en la escuela.

Cuando tus hijos se levantan por la mañana con los ojos rosados, hinchados y con secreciones verdosas o amarillentas que se acumulan en los párpados, es normal que te asustes, pero debes saber que no siempre se necesita un antibiótico para solucionar este problema. En muchas ocasiones, sobre todo cuando hay catarro asociado, se trata de una conjuntivitis vírica.

La conjuntivitis vírica es muy molesta, pero suele ser autolimitada. Los síntomas acostumbran a mejorar en unos días con limpieza frecuente de los ojos con suero fisiológico, evitando que el niño se los frote y controlando la higiene de manos. En estos casos, las gotas o pomadas antibióticas no aportan beneficio.

En otras ocasiones, la conjuntivitis sí es bacteriana (secreción más densa, muy purulenta, ambos ojos afectados rápidamente). Entonces el pediatra puede indicar un colirio antibiótico tópico durante unos días. De nuevo, será el profesional quien determine si se trata de una forma vírica o bacteriana y el mejor tratamiento. En cualquier caso, no debes automedicar con antibióticos por tu cuenta.

Recuerda que, sea viral o bacteriana, la conjuntivitis es muy contagiosa. Es fundamental lavarse las manos a menudo, no compartir toallas, almohadas ni pañuelos, y limpiar con frecuencia las superficies donde el niño apoya la cara.

Virus estomacales y gastroenteritis

virus estomacales en niños

Los virus estomacales y las gastroenteritis son muy frecuentes en la infancia. Se transmiten con facilidad, sobre todo en guarderías y escuelas infantiles, a través de manos contaminadas, alimentos o agua en mal estado o por contacto directo con una persona enferma. En los niños pequeños, el norovirus y el rotavirus son causas habituales.

Un antibiótico no ayudará a combatir los virus estomacales porque, al ser un proceso vírico, el antibiótico no actúa sobre el causante de la enfermedad. La mayoría de las gastroenteritis se curan por sí solas en pocos días. El pilar del tratamiento es la rehidratación adecuada, ofreciendo suero oral y líquidos en pequeñas cantidades pero con mucha frecuencia.

Si tu hijo está vomitando y parece tener un cuadro leve, lo importante es que lo mantengas bien hidratado y observes su estado general. En muchos casos es razonable esperar unas 24 horas antes de acudir al médico, siempre que no haya signos de deshidratación y el niño se mantenga relativamente activo. Si dura más de dos días y se acompaña de otros síntomas como dolor intenso de cabeza o de cuello, rigidez, somnolencia extrema o aparición de signos neurológicos, debes acudir al médico lo antes posible por si se tratase de una infección potencialmente grave (por ejemplo, meningitis).

Debes acudir al pediatra de forma temprana si notas signos de alarma: ojos hundidos, boca muy seca, no orina apenas, llanto sin lágrimas, decaimiento intenso, rechazo absoluto de líquidos, sangre en las heces o vómitos muy persistentes. Si la gastroenteritis dura más de dos días y se acompaña de otros síntomas, como dolor intenso de cabeza o de cuello, rigidez o somnolencia extrema, también es importante ir al médico lo antes posible, ya que podría tratarse de una infección grave que requiera otras pruebas.

En algunos casos muy concretos de diarrea de origen bacteriano severo, confirmada mediante análisis de heces y con afectación importante del estado general, el médico puede valorar el uso de antibióticos. Fuera de esas situaciones, los antibióticos son innecesarios e incluso perjudiciales porque alteran la flora intestinal, pueden prolongar la diarrea y favorecen la resistencia bacteriana.

Los resfriados en la infancia

resfriados en niños

La mayoría de los resfriados en los niños no requieren tratamiento con antibióticos. Son infecciones de origen vírico de las vías respiratorias superiores (nariz y garganta) y los pequeños pueden tener varios al año, especialmente si acuden a guardería o colegio. De hecho, se considera normal que un niño pequeño tenga entre 6 y 8 resfriados al año.

Los síntomas más frecuentes son mocos, congestión nasal, tos, algo de fiebre, estornudos y malestar general. A veces, el cuadro se acompaña de dolor de garganta leve. Muchos padres se preocupan cuando los mocos cambian de color y se vuelven amarillos o verdes, pero debes saber que el moco verde es normal en la evolución de un resfriado y no indica que se necesiten antibióticos.

Como la mayoría de los resfriados son virales, puede tardar algunas semanas en que los niños empiecen a mostrar una clara mejoría. Es habitual que la tos dure entre 2 y 3 semanas y que el goteo nasal se prolongue unos días más. Durante este tiempo, el pediatra puede recomendar antitérmicos, lavados nasales con suero y, en algunos casos, algún tratamiento para aliviar la congestión.

Es importante saber que los medicamentos para la tos no se recomiendan en niños pequeños, especialmente por debajo de los 4 años, salvo indicación expresa del pediatra, ya que se ha demostrado que no son eficaces y pueden tener efectos secundarios. En la mayoría de los casos, lo mejor es favorecer la hidratación, el descanso y los lavados nasales frecuentes.

Deberías consultar de urgencia si el niño presenta dificultad para respirar (se le hunden las costillas al respirar, respira muy rápido, se le marcan las aletas de la nariz), si rechaza totalmente la comida y la bebida, si tiene fiebre alta persistente más de 3 días o si notas un empeoramiento brusco tras unos días de aparente mejoría.

La gripe en los niños

gripe y resfriado en niños

La gripe es una infección respiratoria vírica causada por el virus de la influenza. Comparada con el resfriado, sus síntomas suelen ser más intensos: fiebre alta, escalofríos, dolores musculares, dolor de cabeza, cansancio extremo, tos seca y congestión nasal. En los niños también son frecuentes los dolores abdominales, los vómitos y la falta de apetito.

Los antibióticos no curan la gripe, ya que se trata de un virus. El tratamiento se basa en el reposo, una buena hidratación y el control de la fiebre y el dolor con medicación indicada por el pediatra. En algunos niños con factores de riesgo o en casos muy precoces de infección, el médico puede valorar el uso de antivirales específicos, pero esto se decide siempre de forma individual.

Puede ocurrir que sobre una gripe se desarrolle una infección bacteriana secundaria, como una neumonía, una sinusitis o una infección del oído medio. En esas situaciones, el niño suele empeorar después de unos días de aparente mejoría, reaparece la fiebre alta, se intensifica la tos o aparece dolor localizado. Entonces sí será necesario acudir a urgencias o al pediatra para valorar si se requieren antibióticos.

La mejor forma de proteger a los niños frente a la gripe, sobre todo a los que tienen enfermedades de base o conviven con personas vulnerables, es la vacunación anual frente a la gripe. La vacuna no evita todos los casos, pero sí reduce de forma significativa el riesgo de complicaciones graves y hospitalización.

Otras enfermedades frecuentes que no siempre requieren antibióticos

enfermedades comunes en la infancia

Además de la boca-mano-pie, la conjuntivitis, las gastroenteritis, los resfriados y la gripe, hay otras enfermedades muy frecuentes en la infancia que no se benefician de los antibióticos o solo los necesitan en casos concretos. Conocerlas te ayudará a entender mejor las decisiones del pediatra.

Diarrea aguda leve

La diarrea puede deberse a virus, bacterias, parásitos, intolerancias o alergias. En la mayoría de los casos en niños sanos, incluso cuando el origen es bacteriano, la diarrea se resuelve sola en pocos días. El tratamiento se centra en la rehidratación y en mantener una alimentación lo más normal posible, evitando ayunos largos.

Solo en casos muy concretos, cuando se trata de una diarrea grave, con afectación importante del estado general o en pacientes hospitalizados a los que se les ha realizado un cultivo de heces, puede estar justificado usar antibióticos. En los demás casos, los antibióticos son innecesarios y pueden aumentar el riesgo de complicaciones.

Dolor de garganta y faringitis

Los dolores de garganta son muy frecuentes en los niños y muchas veces se acompañan de tos, mocos y congestión. Cuando hay tos, mocos o ronquera, lo más probable es que se trate de una faringitis vírica, que no requiere antibióticos. El niño suele mejorar en unos 7-10 días con analgésicos y medidas de confort.

En otros casos, el pediatra puede sospechar una faringitis por estreptococo (bacteriana), especialmente si hay fiebre alta, dolor de garganta intenso sin tos ni mocos, mal aliento y ganglios inflamados en el cuello. En estas situaciones se suele realizar una prueba rápida o un cultivo de frotis de garganta. Si el resultado es positivo, se prescribe antibiótico. Aun así, el antibiótico se utiliza sobre todo para prevenir complicaciones poco frecuentes (como la fiebre reumática), ya que la propia faringitis se curaría sola.

Otitis media aguda

La otitis es una inflamación del oído medio, muy habitual en niños pequeños, a menudo tras un catarro. Produce dolor de oído, irritabilidad, llanto, dificultad para dormir y, a veces, fiebre. Aunque muchas otitis son de origen bacteriano, se sabe que una parte importante se resuelve de forma espontánea en pocos días sin antibióticos, con analgésicos y observación.

En la actualidad, muchos pediatras optan por la llamada “observación vigilada” en niños mayores de 2 años con otitis leve o moderada: se trata el dolor y se espera 48-72 horas para ver la evolución. Si en ese tiempo el niño mejora, no será necesario el antibiótico. En cambio, si empeora, se valora iniciarlo. En menores de 2 años, otitis muy dolorosas o con supuración abundante, el uso de antibióticos es más frecuente.

Bronquitis y bronquiolitis

Tanto la bronquitis como la bronquiolitis son infecciones de las vías respiratorias inferiores. La bronquiolitis aparece sobre todo en bebés y niños pequeños y suele estar causada por el virus respiratorio sincitial u otros virus respiratorios. La bronquitis suele afectar a niños algo mayores y también suele tener origen vírico.

En ambos casos, el tratamiento se centra en vigilar la respiración, ofrecer líquidos y controlar la fiebre. Los antibióticos no mejoran la evolución de estas enfermedades porque la causa es un virus. Solo si el pediatra detecta signos de una infección bacteriana sobreañadida, como neumonía, puede valorar su uso.

Por qué no todas las enfermedades necesitan antibióticos

uso responsable de antibióticos en niños

Como ves, no todas las enfermedades que tienen los niños (y los adultos) se curan con antibióticos. Lo realmente importante es que se acuda al médico cuando los síntomas sean intensos, surjan signos de alarma o la evolución no sea la esperada. El pediatra es el profesional que mejor puede valorar si realmente es necesario o no que tus hijos tomen antibióticos, en función del diagnóstico y del cuadro clínico concreto.

Cuando la enfermedad es vírica, como ocurre en la mayoría de los resfriados, gripes, gastroenteritis leves, boca-mano-pie o muchas conjuntivitis, los antibióticos no aportan beneficio. No acortan la duración del cuadro, no alivian los síntomas y tampoco evitan las raras complicaciones que puedan surgir. En cambio, sí pueden producir efectos adversos como diarrea, alergias, alteración de la flora intestinal o aparición de bacterias resistentes.

Los antibióticos se prescriben sobre todo cuando se trata de infecciones bacterianas confirmadas o muy sospechosas, como algunas otitis, faringitis estreptocócicas, neumonías bacterianas, infecciones urinarias o ciertas infecciones de piel. En estos casos, ayudan a frenar la infección y reducen el riesgo de complicaciones graves.

Es fundamental entender que los antibióticos son medicamentos valiosos de los que no se puede abusar. Siempre deberán estar bajo prescripción y supervisión médica, y es importante respetar las dosis y la duración del tratamiento que indique el profesional, aunque el niño se encuentre mejor antes de terminar la pauta.

La mejor herramienta que tienes como madre o padre es observar a tu hijo, estar atento a los cambios en su estado general y acudir al pediatra ante la duda. Con una buena información sobre qué enfermedades son víricas y cuáles requieren antibióticos, podrás afrontar con más tranquilidad los frecuentes episodios de mocos, toses y fiebres de la infancia, confiando en que, en la mayoría de los casos, el propio organismo de tu hijo logrará vencer la infección con ayuda de cuidados básicos y mucho cariño.