Los abusos a menores nos preocupan, sea cual sea su prevalencia

A principios de esta semana un informe de Save the Children desveló que las denuncias por actos violentos contra la infancia, habían aumentado durante el año 2015 (último período del que se poseen datos). Entre los actos violentos, se encuentran las agresiones sexuales, cuya cifra va en aumento. No es la primera vez que hablamos sobre los ASI (abusos sexuales infantiles) un terrible problema para cientos de niñas y niños, que sin embargo aún permanece invisible ante los ojos de la mayoría de nosotros.

Leemos en la página de la Fundación RANA, que abuso sexual es “cualquier forma de contacto físico con o sin acceso carnal, impuesta a un niño o niña, realizado sin violencia o intimidación, y sin consentimiento”. Un abuso no es necesariamente una violación, ya que puede haber contacto directo, pero también se considera que la manipulación con fines pornográficos u obligarle a observar actitudes sexuales, también son conductas incluidas.

Responsables de Save the Children hablaron del estigma y el trauma derivados de los ASI, que unidos al hecho de que muchas veces son provocados por personas del entorno del menor, causan dificultades para formular una denuncia.

Los abusos a menores nos preocupan, sea cual sea su prevalencia.

Aquí podemos leer la referencia a un estudio de la profesora del Harvard Medical School, Judith Herman, según el cual “las secuelas de personas que han recibido abusos sexuales son comparables a las de los soldados en la Guerra de Vietnam”. Aunque también me gustaría aportar que una meta revisión realizada por Agustín Malón (pedagogo y sexólogo), apunta la imposibilidad de establecer una relación causal sólida entre este tipo de experiencias y problemas futuros. Y esto último se debe entender desde la existencia de múltiples situaciones y diversidad de reacciones posteriores al abuso.

Como ya sabemos, un estudio del doctor Feliz López, publicado en 1994 por el Ministerio del Interior (y coincidente en resultados con otras investigaciones a nivel europeo), arrojó cifras muy preocupantes: “se conoce que una de cada 4 niñas y 1 de cada seis niños, podría sufrir abusos durante su infancia”. Aunque (y volviendo a Malón) quizás la verdadera prevalencia del fenómeno sea aún confusa, debido a que entre unos y otros trabajos hay bastante varidedad.

Ni que decir tiene, que con independencia de la prevalencia, el abuso sexual a menores es muy preocupante, y necesita ser abordado

Abordado con más profundidad, para comprenderlo, a la vez que se establecen mecanismos de protección a las víctimas, sin sensacionalismos ni ocultación.

“Sólo un 2 por ciento de los casos de ASI son conocidos tras haber sucedido”, y muy pocas víctimas lo cuentan a un adulto de confianza. El miedo y la vergüenza, provocan un bloqueo de la acción en unas personas que por edad y maduración, no disponen de los recursos necesarios para enfrentar el problema con éxito. En ocasiones la víctima, ya adulta, pretende denunciar al agresor, pero el delito ha prescrito (entre 5 y 15 años según la gravedad). Puede ocurrir asimismo, que la conciencia del hecho también “llegue” tarde, y con ella la atención terapéutica.

¿Cómo actuar ante el descubrimiento de un ASI?

La Fundación Márgenes y Vínculos, dispone de una Guía para familias, que describe los pasos a seguir. Se recomienda, en un primer momento, prestar atención a la niña o al niño, escuchándole, y diciéndole que le creemos; pese al impacto que puede suponer en una madre o un padre, nuestra actitud es determinante, por eso es necesario mantener la calma no asustar, ni alarmar innecesariamente.

Los “interrogatorios” y las presiones están desaconsejados, por la situación de vulnerabilidad que atraviesa el menor. La víctima debe sentirse protegida y querida incondicionalmente, y saber que el adulto se va a ocupar de resolver el problema.

Es conveniente hablar con algún profesional de confianza que nos guíe en el proceso: el pediatra, un psicólogo, un policía (o guardia civil), una asociación especializada en atender estos casos… Las prisas por poner una denuncia sin proteger al menor de la re victimización, y sin tener apoyo, no harán sino empeorar la situación.

Para finalizar esta entrada, recordar que una de las carencias de nuestro sistema judicial en este tema, es el corto período de prescripción de los delitos sexuales contra menores.


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