Agresividad escolar: estrategias para unas aulas pacíficas

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La mayoría de nosotros ha leído o visto por la televisión la noticia de agresión escolar a una menor de ocho años en un colegio de Mallorca. Hace unos días, hemos conocido que el parte de urgencias no era tan grave como la familia decía y que la fiscalía ha archivado el caso y a desmentido incluso que se tratase de un caso de acoso escolar.

Obviamente, lo que pasó realmente únicamente lo sabe la niña y los compañeros, pero de lo que podemos estar seguros es que el acoso escolar (malas palabras, empujones, acusaciones, motes y acusaciones) en el aula lleva existiendo desde hace mucho tiempo y no se ha conseguido solucionar.

Hay quién piensa que la agresividad escolar de algunos estudiantes en las aulas es culpa de los profesores. Y hay quién piensa que eso es únicamente responsabilidad de los padres y la familia. Lo que es cierto, es que mientras seguimos buscando culpables, el índice de acoso escolar va subiendo cada vez más en España y nadie propone ninguna solución.

Obviamente, hay que eliminar cualquier tipo de comportamiento agresivo por parte de los alumnos en las clases, pero soy de las que piensa que los castigos excesivos, los gritos y las malas palabras no van a aportar nada bueno en este tipo de situaciones. Antes de proponer algunas estrategias para conseguir unas aulas alejadas de la presión, de la violencia y de las agresiones, me gustaría hablaros de los factores que pueden llegar a influir a que niños y jóvenes tengan conductas agresivas con los demás y con su entorno.

Posibles factores que influyen en la agresividad escolar

Factor Ambiental

En este apartado podemos hablar de los comportamientos que ven los niños y jóvenes en sus modelos a seguir (padres, hermanos mayores y demás familia). Si un niño crece en un entorno agresivo donde reina los gritos, las malas palabras, las faltas de respeto, la nula empatía, los empujones y las acusaciones, creerá que esas conductas son las que están bien y las correctas. Por lo tanto, en los centros educativos imitará lo que haya visto en casa.

También tenemos que hablar del estilo educativo de los padres. Si los progenitores tienen una actitud hostil, excesivamente autoritaria, inflexible y poco comprensiva, el niño adoptará una actitud negativa, egocéntrica y manipuladora ante la vida y hacia sus compañeros de clase, pudiendo llegar a situaciones de agresión verbal o física. De igual manera, unos padres sobreprotectores o indiferentes que no están presentes en la educación ni en el día a día de sus hijos podría ocasionar los mismos conflictos.

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Factor social

Aunque os parezca mentira, en algunas culturas la violencia y las agresiones son aceptadas. Como dato anecdótico, una encuesta realizada en Estados Unidos en 1970, revelaron que un alto porcentaje de norteamericanos aprobaron lastimarse entre sí y pensaban que las guerras estaban totalmente justificados. Si lo pensamos detenidamente, no hace tanto tiempo de esos años, ¿verdad? En cuanto a las condiciones sociales que pueden causar la agresividad en los estudiantes podemos hablar de las siguientes razones:

  1. Exceso de información y fácil acceso a esa documentación: toda la información que tenemos a nuestra alcance no es fácil asimilarla ni controlar. Si es complicado para los adultos os podéis imaginar lo difícil que resulta para los niños y para los jóvenes. A veces se sienten increíblemente presionados y agobiados por el mundo que les rodea y eso puede provocar una excesiva estimulación sensorial y cognitiva. De esta manera, es complicado mantener un equilibrio emocional adecuado y puede provocar que algunos niños y jóvenes no sepan cómo controlarlo y tengan comportamientos y conductas agresivas.
  2. Desánimo, desmotivación y poca emoción: hay muchos jóvenes que son muy conscientes de la realidad en la que vivimos: crisis económica, crisis social, crisis educativa y caen de esta manera en el desánimo. Algunos de ellos no tienen esperanzas, ni emoción porque las cosas vayan a cambiar y a mejorar. Son actitudes pesimistas y negativas que en algunas ocasiones pueden llegar a comportamientos agresivos.

Factor genético

Diversos estudios e investigaciones han confirmado que la herencia biológica afecta la tendencia hacia la agresividad independientemente en el ámbito social en el que se desarrolle el individuo. En este apartado podemos hablar de casos de gemelos (con la misma composición genética) y niños adaptados (con distinta composición genética). Wilson, un famoso genetista americano expresa que los comportamientos agresivos no se encuentran determinados por la biología, pero si condicionados por ella.

Posibles estrategias para unas aulas pacíficas

¿Qué pueden hacer los padres?

  1. Si se ha dado un caso de agresión en las aulas, lo primero que deben hacer la familia es apoyar emocionalmente a su hijo. Estar presente, escucharle, ayudarle y hacer sentir al niño o al joven arropado y protegido.
  2. Enseñar a los niños y jóvenes estrategias para defenderse de un agresor. Hablamos de que las posibles víctimas no se pongan a su nivel, ignorarlo, expresar las emociones al agresor y negarse a hacer las cosas que pide el acosador (realización de deberes, dejar que copie en los exámenes, decirle las respuestas cuando el maestro le pregunte…) e incluso correr en busca de ayuda si es necesario.
  3. Responder con violencia hacia el centro educativo o hacia el agresor no va a servir de nada más que para agravar más la situación. La familia tiene que responder con calma y estar tranquilos. De esta manera, los padres enseñarán a su hijo a resolver los conflictos de forma pacífica. No olvidemos que de eso es de lo que se trata.
  4. Trabajar codo con codo con los maestros, profesores, personal de dirección y pedagogos del centro para tomar la mejor decisión para el estudiante/hijo.

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¿Qué pueden hacer los centros educativos?

  1. Para mí lo primero de todo sería educar para la vida y una adecuada educación en valores. Algunos centros educativos no dan mucha importancia a esos conceptos y creen que es tarea de los padres y que se debe aprender en casa. Pero lo que es cierto es que familias y colegios, como decía antes, tienen que trabajar unidos para prevenir, evitar y actuar ante cualquier caso de acoso o agresión escolar.
  2. Tener un programa de convivencia y un plan de acción es fundamental y debería ser obligatorio para todos los centros educativos (algunos ni los tienen y no todos los maestros y profesores saben reaccionar correctamente ante situaciones de agresión y acoso). También, la dirección del centro debería ofrecer una extensa formación a los docentes sobre el tema para saber cómo hay que actuar y el protocolo a seguir.
  3. Trabajar con el estudiante agresor y con su familia. Elaborar unas estrategias adecuadas con los padres del alumno para que esos comportamientos y conductas agresivas no se vuelva a repetir ni dentro del centro ni fuera de él.
  4. Llevar a las aulas técnicas de relajación. Son ya bastantes centros educativos (aunque pocos españoles) los que han conseguido llevar el yoga y el mindfulness a las aulas. Pero los resultados no pueden ser más esperanzadores. Cuando se crea un un ambiente de tensión entre varios estudiantes, todos se van a una clase a parte para meditar y practicar ejercicios de relajación y respiración.
  5. Trabajo por proyectos, gamificación y aprendizaje cooperativo. En el trabajo por proyectos y en el aprendizaje cooperativo los estudiantes necesitan trabajar en equipo para que los resultados y las tareas se acaben y el resultado sea un éxito. Además, estos conceptos ayudan a desarrollar poco a poco habilidades de liderazgo positivo. Y con la gamificación y el aprendizaje basado en juegos, los alumnos están más motivados, más relajados, más felices y más contentos. De esta manera, se disminuye los comportamientos agresivos.

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