
El psicoterapeuta italiano Alberto Pellai, especialista en desarrollo infantil y adolescente, ha vuelto a poner el foco sobre uno de los problemas que más preocupa a las familias: el uso descontrolado de la tecnología entre los más jóvenes. En una reciente entrevista, Pellai ha descrito cómo los preadolescentes de entre 10 y 14 años están «completamente absorbidos por el mundo digital», una situación que, según él, se ha agravado en los últimos 15 años y que está cambiando la naturaleza de los conflictos en el hogar.
El también profesor de la Universidad Estatal de Milán lleva tiempo alertando de que el exceso de pantallas tiene consecuencias directas sobre las capacidades cognitivas. De hecho, menciona un estudio de la Universidad de Milán-Bicocca que demuestra una relación de causa y efecto entre el acceso temprano a las redes sociales y una reducción del rendimiento académico. Pero el problema no se queda en las notas: en los casos más graves, los jóvenes pueden convertirse en niños adictos a la tecnología, perdiendo todo interés por la realidad y desarrollando una auténtica adicción, con síntomas similares a los de la abstinencia.
Conflictos familiares que han cambiado de forma radical

Hace una década, los padres de preadolescentes solían lidiar con peticiones como salir con amigos, usar la moto o volver tarde a casa. Hoy, según Pellai, el conflicto familiar gira en torno al tiempo y la manera de utilizar el mundo digital. Y en algunos casos, poner límites puede desencadenar situaciones extremadamente complicadas. El psicoterapeuta asegura que hay jóvenes que, tras horas con el móvil o los videojuegos, reaccionan de forma violenta cuando sus padres les retiran el dispositivo: «Hay hijos que llegan a golpear a sus padres o a amenazar con hacerse daño, hasta el punto de que es necesario llamar a una ambulancia. Son situaciones que antes nunca habíamos visto».
Estas conductas, explica, guardan similitudes con un síndrome de abstinencia digital. Los circuitos neurobiológicos que se activan al estar conectados son los mismos que intervienen en otras adicciones, incluida la relacionada con sustancias. Se denominan circuitos dopaminérgicos, y su interrupción repentina puede desencadenar reacciones violentas. Por eso, Pellai insiste en que los padres no pueden limitarse a retirar el teléfono o la consola, sino que deben actuar como un «puente» entre el mundo digital y la realidad.
Alternativas y acompañamiento: la clave para salir del pozo

La solución, según el especialista, pasa por ofrecer alternativas capaces de despertar el interés de los jóvenes, desde un juego de mesa hasta una excursión o un paseo en bicicleta por la naturaleza. Pero advierte: «No se les puede dejar en un espacio vacío. Todavía no están preparados para gestionarlo, porque están demasiado acostumbrados a una estimulación constante». La recuperación es posible, pero exige que los adolescentes afronten inicialmente la frustración y las dificultades asociadas a reducir su exposición a las pantallas. En esa etapa delicada, el acompañamiento familiar resulta fundamental.
Pellai subraya que recuperar el contacto con el mundo real es especialmente importante durante la adolescencia, porque «las experiencias concretas de la amistad, la enemistad y el primer amor son las que nos hacen crecer. Son años de entrenamiento para la vida que tendrán por delante». Además, advierte de que los efectos a largo plazo de la exposición excesiva a los dispositivos todavía tardarán años en conocerse, pero sostiene que la falta de determinados estímulos puede afectar al desarrollo de algunas capacidades.
El impacto en el cerebro y la importancia de la plasticidad

Uno de los ejemplos que pone Pellai es contundente: «Si un niño en edad preescolar nunca toca un libro y pasa una media de dos horas jugando a videojuegos, tendrá muchas más dificultades para aprender a leer y escribir debido a daños microestructurales en la sustancia blanca». Sin embargo, introduce un elemento de esperanza: «Afortunadamente, estamos hablando de años en los que el cerebro presenta una gran plasticidad. Por eso, nunca es demasiado tarde para cambiar de rumbo y mejorar».
En este contexto, Pellai también concede importancia a la regulación. A finales de 2024 se elaboraron en Milán los Pactos Educativos Digitales, en los que participaron jóvenes, familias, profesores y expertos para establecer una serie de recomendaciones sobre el uso de la tecnología. En ellos se recuerda la normativa del RGPD, que impide el uso autónomo de las redes sociales antes de los 14 años, así como la obligación establecida por Agcom de aplicar filtros para los menores de 18 años.

El mensaje de Pellai es claro: la tecnología no es el enemigo, pero su uso sin control puede tener consecuencias graves en el desarrollo de los más jóvenes. Los padres deben estar presentes, ofrecer alternativas y, sobre todo, no dejar a sus hijos solos ante la pantalla. La buena noticia es que, gracias a la plasticidad cerebral, siempre hay margen para la mejora, siempre que se actúe a tiempo y con el apoyo adecuado.
En definitiva, la advertencia de este psicoterapeuta italiano resuena con fuerza en un momento en el que las pantallas dominan la vida cotidiana. La clave está en encontrar el equilibrio entre el mundo digital y el real, y en que los adultos asuman su papel de guía para que los adolescentes no caigan en una dependencia que puede marcar su futuro. La recuperación es posible, pero requiere esfuerzo, paciencia y, sobre todo, presencia.