Alergia al polen y cambio climático en la infancia: causas, riesgos y cuidados en casa

  • El cambio climático alarga e intensifica la temporada de polen, aumentando los días con síntomas alérgicos en niñas y niños.
  • Más temperatura, CO2 y contaminación incrementan la producción, concentración y alergenicidad del polen en el aire.
  • La alergia al polen afecta a la calidad de vida infantil y requiere diagnóstico precoz, tratamiento adecuado y medidas de prevención en el hogar.
  • Seguir el decálogo de SEICAP y consultar los niveles de polen ayuda a reducir crisis de rinitis y asma pediátrica.

Alergia al polen y cambio climático

Alergias-infantiles

Estamos en la Semana Mundial de la Alergia, y la organización responsable del evento (World Allergy Organization) pretende llamar la atención sobre los efectos del cambio climático en la evolución de la alergia al polen. Las alergias estacionales se producen a lo largo del año, pero la Primavera no sólo trae alegría, sino que además “altera” las respuestas corporales en muchas niñas y niños con predisposición alérgica.

Picores, congestión, rinitis, irritación ocular, estornudos, tos seca, sensación de cansancio…; las alergias no se sufren sólo durante la infancia, pero los datos de un estudio internacional llamado ISAAC indican que la prevalencia en población de 13 / 14 años es del 22,1 por ciento. Y la peor noticia es que el cambio climático aumenta los casos en niños muy pequeños, pues con tan solo 3 años manifiestan signos y dan resultado positivo en las pruebas de antígenos, algo que hace unas décadas era mucho menos frecuente.

El período crítico para las personas que sufren alergia al polen son los meses de febrero a junio, y coincide también con el incremento de las visitas al servicio de urgencias pediátricas. En primavera polinizan las plantas más inductoras de alergia; pero el calentamiento de la superficie terrestre nos trae muchos efectos, y entre ellos una mayor densidad de especies vegetales que producen polen, temporadas de polinización más largas y picos de concentración más intensos.

SEICAP menciona una revisión de estudios publicada en Multidisciplinary Respiratory Medicine, según la cual algunos factores como las emisiones de vehículos y un estilo de vida “occidentalizado” estarían relacionados con una mayor frecuencia de alergia respiratoria. Esta combinación de contaminación, cambio climático y hábitos urbanos hace que el polen sea no solo más abundante, sino también potencialmente más alergénico.

Niños con alergia al polen

¿Qué es la alergia y por qué el cambio climático la empeora?

Niños con alergia al polen en primavera

Las modificaciones del clima no sólo inciden en el número de personas afectadas por alergia, sino que adelantan y alargan la temporada de síntomas. En muchas zonas se ha observado que las niñas y los niños empiezan con estornudos, picor de ojos o dificultad respiratoria antes que hace unos años, y mantienen molestias más tiempo. Esto significa que dedican alrededor de dos semanas adicionales (o incluso más) a preocuparse por su alergia, ya que el adelanto no va vinculado a una finalización temprana de la “temporada” para cada individuo.

«Estamos viendo una temporada más larga sobre todo debido a las temperaturas más cálidas», dijo Mario Sánchez-Borges, MD, Presidente de la World Allergy Organization.

La alergia ambiental (en este caso hablamos del polen como alergeno) reduce considerablemente la calidad de vida, afectando la vida de los alérgicos; y no solo se trata de signos físicos, sino de una disminución en los niveles de energía, alteraciones del sueño y manifestaciones emocionales como ansiedad o irritabilidad. Los especialistas ofrecen la posibilidad de identificar y confirmar la alergia “a tiempo” y de asesorar sobre tratamientos y medidas de control para reducir síntomas.

Las investigaciones más recientes señalan que el cambio climático actúa sobre la alergia respiratoria por varias vías que se suman entre sí:

  • Aumento de la temperatura media, que adelanta la floración de muchos árboles y prolonga el periodo de crecimiento de hierbas y gramíneas.
  • Mayor concentración de CO2 en la atmósfera, que estimula el crecimiento vegetal y puede incrementar la cantidad de polen producida por cada planta.
  • Fenómenos meteorológicos extremos (olas de calor, tormentas, lluvias torrenciales) que alteran los ciclos biológicos de las plantas y la forma en que el polen se libera y se transporta.
  • Contaminación urbana, que modifica las proteínas del polen y puede hacerlas más irritantes para el sistema respiratorio infantil.

Al analizar series largas de datos de polen en Europa, se ha observado que la temporada de polen se alarga de manera progresiva y que la carga anual total también aumenta en muchas regiones. Para los niños y niñas con rinitis alérgica o asma, esto se traduce en más días con síntomas, más uso de medicación y más visitas al médico, especialmente en familias con menos recursos.

Características de la alergia

La alergia significa una reacción exagerada y “extraña” del sistema inmunitario frente a sustancias externas que, en principio, son inofensivas para la mayoría de las personas. Entre quienes tienen alergia y quienes no la sufren existe una clara diferencia: el organismo de los segundos es capaz de reconocer esas partículas y neutralizarlas sin generar inflamación.

Las sustancias que, entrando en contacto con el cuerpo, provocan síntomas pueden introducirse por vía respiratoria (polen, ácaros), cutánea (contacto con determinados metales o plantas), digestiva (alimentos) o intradérmica (picaduras de insectos). En el caso del polen, los granos se depositan en la mucosa de nariz, ojos y bronquios, desencadenando la reacción alérgica.

Un alergeno es capaz de provocar las respuestas de alergia: pueden ser ambientales (polen, ácaros, hongos), alimentos (proteína de la leche de vaca, huevo, frutos secos), medicamentos o sustancias químicas presentes en el entorno. Una persona no nace con la alergia ya desarrollada, pero puede adquirir la sensibilización con el paso del tiempo; los responsables son, en general, la carga genética y el ambiente en el que vive.

En Europa se estima que hasta un 40 % de la población puede presentar sensibilización al polen, aunque no todos los sensibilizados desarrollan síntomas intensos. El riesgo y la gravedad dependen de factores como:

  • Duración de la exposición, relacionada con cuánto dura la temporada de polen y el tiempo que el niño pasa al aire libre.
  • Intensidad de la exposición, es decir, la concentración de granos de polen por metro cúbico de aire.
  • Alergenicidad del polen, que es la capacidad de cada tipo de polen para desencadenar una reacción inmunitaria intensa.

Niños pequeños con alergia al polen

En Europa, las gramíneas (familia Poaceae) son la causa principal de las reacciones alérgicas por polen, debido a su amplia distribución. Entre los árboles, destacan como muy alergénicos el abedul en el norte y centro de Europa, y el olivo y el ciprés en la región mediterránea. Además, algunas plantas herbáceas como la ambrosía (Ambrosia artemisiifolia) requieren atención especial por ser invasoras y extremadamente inductoras de alergia en muchas áreas.

Cómo afecta el cambio climático a las temporadas de polen

Polen y cambio climático

La alergia al polen suele ser altamente estacional. En la mayor parte de los países europeos, la temporada principal de polen abarca aproximadamente seis meses, desde la primavera hasta el otoño, aunque con diferencias geográficas según el clima y la vegetación de cada zona.

El cambio climático modifica estas temporadas de varias maneras:

  • Adelanto del inicio de la temporada de polinización de muchos árboles y hierbas, debido a inviernos más suaves.
  • Mayor duración global de la temporada de polen, de modo que los síntomas aparecen antes y desaparecen más tarde.
  • Aumento de la concentración total de polen en el aire, lo que incrementa la probabilidad de que los niños desarrollen alergia y la intensidad de los síntomas en quienes ya están sensibilizados.

Estudios con datos de múltiples países han mostrado que la temporada de polen se alarga de media casi un día por año, y que la carga global de polen ha ido aumentando en las últimas décadas. En algunos escenarios de proyección climática se estima que la duración de la temporada de polen podría incrementar alrededor de un 20 %, y la concentración total anual en más de un 15-40 %, lo que supone un reto importante para la salud infantil.

A esto se añade que las ciudades actúan como “islas de calor”: las temperaturas más altas y la contaminación urbana adelantan aún más la floración y pueden intensificar la liberación de polen. Las niñas y niños que viven en áreas urbanas, especialmente en barrios cercanos a grandes avenidas, pueden estar sometidos a una doble carga: más polen y más contaminantes que irritan la mucosa respiratoria.

La humedad, la radiación solar y la cantidad de lluvia también influyen. Por ejemplo, las lluvias abundantes en los meses previos favorecen el crecimiento de las plantas y pueden aumentar el polen disponible, mientras que algunas tormentas durante la temporada de polen pueden fragmentar los granos en partículas muy pequeñas que penetran más profundo en las vías respiratorias y desencadenan crisis de asma.

Niñas y niños con alergia al polen: síntomas, riesgos y cuidados

En los más pequeños, la alergia al polen suele manifestarse como rinitis alérgica (famosa “fiebre del heno”) y conjuntivitis. Los síntomas más frecuentes son:

  • Estornudos frecuentes en serie, sobre todo al aire libre o al despertar.
  • Congestión y goteo nasal acuoso, con necesidad de sonarse continuamente.
  • Picor de nariz, ojos, paladar o garganta, que puede llevar al niño a frotarse mucho la cara.
  • Ojos rojos, lagrimeo y sensación de arenilla.
  • Tos seca o pitidos en el pecho en niños con asma alérgica.
  • Cansancio, irritabilidad y problemas de sueño por la congestión nocturna.

Si no se controla adecuadamente, la rinitis alérgica puede provocar pérdida de concentración escolar, bajada del rendimiento, más absentismo y un importante impacto en el bienestar emocional del niño y de la familia. Diversos estudios señalan que una gran proporción de pacientes con alergia no están bien diagnosticados ni tratados, pese a existir tratamientos eficaces y relativamente económicos.

En este contexto, el cambio climático agrava la situación porque:

  • Aumenta el número de días al año con polen en el aire, complicando la evitación de los alérgenos.
  • Favorece la expansión de especies invasoras muy alergénicas, como la ambrosía, hacia nuevas zonas geográficas.
  • Incrementa la exposición combinada a polen y contaminantes (NO2, ozono, partículas finas), lo que puede potenciar la inflamación de la mucosa respiratoria.
  • Eleva la probabilidad de infecciones respiratorias al debilitar la respuesta defensiva frente a virus, según han mostrado algunos trabajos recientes.

¿Tienes una hija o un hijo con alergia al polen?

Desde el Grupo de Trabajo de Alergia Respiratoria de la SEICAP, se ofrece este decálogo que transcribimos a continuación, y esperamos que sea útil. Estas recomendaciones se vuelven aún más importantes en un contexto de cambio climático, en el que las temporadas de polen son más largas e intensas:

  1. No es recomendable ir al campo, parques, jardines o lugares con vegetación abundante, entre los meses de marzo a mayo. Deben evitarse las zonas con césped, sobre todo si está recién cortado, porque la manipulación de la hierba libera aún más granos de polen al aire.
  2. Se recomienda proteger las ventanas o balcones, sobre todo del dormitorio del niño, con un enrejado muy tupido de material plástico (mosquitera), que se debe limpiar a diario con un paño húmedo, sin sacudir, para no redistribuir el polen acumulado.
  3. Mantener cerradas las ventanas o balcones del dormitorio del menor el mayor tiempo posible, especialmente en la noche, cuando aumenta la concentración de polen atmosférico, y en las primeras horas de la mañana, que es cuando muchas plantas liberan más polen.
  4. Dos horas antes de acostarse, con las ventanas cerradas, pulverizar agua hacia el techo y dejar luego cerrada la habitación hasta acostarse. Con esto se consigue que el polen que flota en el aire sedimente, reduciendo la cantidad disponible para inhalar.
  5. En el exterior, proteger los ojos con gafas de sol en caso de conjuntivitis estacional, y usar mascarillas antipolen homologadas en días de concentración alta o en actividades de riesgo (parques, campo, deporte al aire libre).
  6. Si se viaja en automóvil, mantener cerradas las ventanillas y utilizar el sistema de recirculación del aire cuando las concentraciones de polen sean muy elevadas. Comprobar que los filtros anti-polen del vehículo están en buen estado y sustituirlos según las indicaciones del fabricante.
  7. Eliminar los elementos que puedan acumular polvo o polen (peluches en exceso, alfombras, cortinas pesadas u otros). Hacer la limpieza de la casa sin sacudir, utilizando aspiradora con filtro adecuado o bayeta húmeda; evitar barrer en seco, ya que levanta las partículas.
  8. Consultar (prensa, televisión, aplicaciones móviles, internet) los datos sobre polinización. Tomar precauciones cuando existan más de 50 granos de polen por milímetro cúbico de aire, pues a partir de esa cantidad se pueden producir síntomas en la mayoría de los alérgicos. Existen apps y servicios especializados que avisan de las concentraciones de los pólenes más importantes de cada zona.
  9. Es aconsejable que el niño lleve siempre en su mochila, durante la época de más riesgo, los broncodilatadores o antihistamínicos prescritos para los síntomas de alergia, siguiendo en todo momento las pautas indicadas por su pediatra o alergólogo.
  10. Acudir al pediatra alergólogo en caso de persistencia de los síntomas o si se sospecha asma, para que pueda realizar un correcto diagnóstico y valorar la necesidad de realizar un tratamiento personalizado con inmunoterapia u otras estrategias a medio y largo plazo.

Además de este decálogo, otros especialistas recomiendan algunas medidas adicionales en épocas de alta concentración de polen:

  • Ducharse y cambiar de ropa al llegar a casa, para eliminar los restos de polen que puedan quedar en piel y cabello.
  • No tender la ropa al aire libre durante la temporada de polen, ya que las fibras textiles atrapan fácilmente los granos.
  • Evitar hacer ejercicio intenso al aire libre en horas de máxima concentración de polen, sobre todo en niños asmáticos.
  • Valorar con el profesional sanitario el inicio precoz de medicación preventiva (por ejemplo, antihistamínicos o corticoides nasales) unas semanas antes de que comience la temporada fuerte.

Si quieres obtener más información sobre el evento, puedes consultar aquí, en este otro sitio, o seguir el hashtag #SemanaMundialdelaAlergia, donde se comparten recursos, infografías y consejos actualizados sobre alergia y cambio climático.

Imagen — (Última) Sara Goldsmith.

La evidencia científica acumulada en las últimas décadas confirma que el cambio climático está agravando las alergias respiratorias y aumentando la carga que suponen para las familias. Conocer mejor cómo influyen la temperatura, el CO2, la contaminación y los fenómenos extremos en la producción y alergenicidad del polen, así como aplicar medidas sencillas de prevención y acudir al pediatra alergólogo cuando sea necesario, permite que niñas y niños con alergia al polen puedan seguir haciendo una vida lo más plena posible a pesar de un entorno cada vez más cambiante.