Aprendiendo el Alfabeto II

La importancia del nombre propio
El nombre propio resulta la palabra escrita más vista por los niños y la que les despierta mayor interés. Desde que tienen existencia escuchan su nombre en todo momento, es un sonido familiar. Más tarde descubren que su nombre escrito aparece en varios objetos, bajo diferentes finalidades. Entonces se apropian del mismo y de cada una de las letras que lo integran. Es común escuchar entre los niños: “Esta es mi letra”, haciendo referencia a la letra con la que comienza su nombre.

Ante estas ventajas que vienen del nombre propio es útil, necesario e interesante tomarlo como punto de partida para poner en contacto a nuestros hijos con la lengua escrita. Es muy importante que, desde pequeños, los estimulemos a escribir su nombre. Primero lo copiarán y, más tarde, lo harán de memoria. La escritura de su nombre les da mucha seguridad porque es siempre igual, no cambia.

También podemos hacer juegos más organizados como, por ejemplo, la “Lotería del nombre”. Para ello se necesitan cartones con nombres de los niños que intervienen en el juego; todas las letras sueltas que componen el abecedario contenidas en una bolsa y fichas de colores.

Se entregan los cartones con los nombres de cada participante. El objetivo del juego es armar el nombre a medida que se va “cantando” cada letra que se extrae de una bolsa. Cuando aparece alguna letra que le sirve al jugador, coloca una ficha de color en el lugar en el que se encuentra en su cartón. Gana el participante que complete primero su nombre.

El trazado de la escritura
En el aprendizaje del alfabeto no solo hay que tener en cuenta la madurez de los niños para asociar las letras escritas con sus sonidos sino, también, su capacidad motriz para dibujarlas. En cuanto al trazado los pequeños atraviesan 3 momentos: el de las grafías primitivas (espirales, garabatos longitudinales, palotes, círculos), el de las pseudoletras (imitaciones deformadas de las letras convencionales) y el de las letras convencionales. En general, les es más fácil conocer la imprenta mayúscula, ya que ésta tiene formas más claramente diferenciadas y su trazado es más fácil, permitiendo variaciones sin que la letra se altere por completo.

Antes de lograr el trazado correcto de las letras convencionales, los niños deben madurar una serie de destrezas como la coordinación visomotora (posibilidad de reproducir con el trazo lo que ven), la simetría, las orientaciones derechaizquierda y arriba-abajo, la disposición espacial y la motricidad fina, fundamentalmente asir un lápiz, presionarlo correctamente y hacer trazos con él.

Para favorecer estas destrezas de nuestros hijos podemos, además de estimularlos a dibujar desde pequeños y a familiarizarse con el uso del lápiz y del papel, proponerles algunos juegos didácticos. La utilización de letras hechas en un material rugoso, como la lija, resulta de gran provecho. Los niños pueden recorrerlas con sus dedos, con los ojos cerrados o abiertos, intentar adivinar de qué letra se trata, enunciarla y después dibujarla en un papel. También resulta divertido para ellos reproducir las letras en la arena (sea en el parque de juegos, en la playa o en una caja de cartón que tengamos en casa). Estas experiencias lo ayudan a vincular el reconocimiento y trazado de las letras no sólo con capacidades intelectuales sino, también, con sensaciones placenteras como aquellas que provienen del tacto.


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Un comentario

  1.   marlyn dijo

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    porfa

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