
OpenAI ha puesto en marcha ChatGPT para adolescentes, una modalidad del asistente orientada a usuarios de entre 13 y 17 años que se activa automáticamente en las cuentas que el sistema considera de menores de edad. La compañía la presentó oficialmente este martes y ya está disponible en todos los planes personales, tanto gratuitos como de pago. La principal novedad radica en que no se trata de una versión separada, sino de un conjunto de restricciones y herramientas que se aplican sobre la misma cuenta cuando el software identifica que su dueño es un adolescente.
El objetivo es doble: ofrecer una experiencia educativa más segura y limitar los riesgos que supone poner un conversador tan persuasivo en manos de chavales que aún están desarrollando su juicio crítico. La medida llega después de que OpenAI haya recibido críticas y demandas por el mal uso de la IA en casos extremos, como el suicidio de un joven de 16 años que usó ChatGPT para seguir unos pasos que él mismo le sugirió.
Detección automática de edad
La compañía utiliza un sistema de predicción de edad que analiza más de 2.000 señales para decidir si un usuario es menor de 18 años. Entre esas señales se encuentran los horarios habituales de conexión, la antigüedad de la cuenta, los temas de conversación y la edad declarada en el registro. Si el sistema deduce que el titular es menor, activa de inmediato la experiencia restringida sin que el joven tenga que hacer nada. En caso de que una persona adulta sea clasificada erróneamente, podrá acreditar su identidad mediante un selfi utilizando el servicio de verificación Persona.
OpenAI ya había comenzado a probar esta tecnología a principios de 2026, pero ahora se extiende de forma global. La activación de este modo no requiere crear una cuenta nueva ni buscar ningún botón especial; el propio asistente se ajusta a la edad que infiere. Para los padres es transparente: se enteran porque la configuración aparece modificada y, además, pueden vincular su cuenta con la de su hijo o hija.
Más restricciones y control parental
El contenido que los menores pueden ver está más limitado que en la versión para adultos. Se restringen los diálogos sobre autolesiones y dolor emocional en adolescentes, violencia, trastornos alimentarios y contenido sexual o gráfico explícito. Además, el chat no puede usar lenguaje romántico, insinuar que tiene sentimientos ni mucho menos decir que tiene conciencia propia. También desaparece el modo de voz para los adolescentes, una medida que busca evitar que se genere un vínculo afectivo excesivo.
Los padres tienen ahora un panel de control parental en el que pueden vincular su cuenta con la del menor y recibir alertas en casos considerados de alto riesgo. Si ChatGPT detecta señales de que el adolescente podría hacerse daño, envía una notificación al adulto tras pasar por un moderador humano, quien elimina detalles innecesarios para proteger la privacidad. Pero no permite a los tutores leer las conversaciones, solo acceder a la información estrictamente necesaria para su bienestar.
Una de las novedades más esperadas es el Modo Estudio, que se activa por defecto en las cuentas de menores. En lugar de dar una respuesta directa a un problema, el bot guía al estudiante con preguntas y pistas para que llegue a la solución por su cuenta. También funciona un recordatorio que intenta detectar si el joven está intentando saltarse una tarea y redirige hacia esa forma de resolver paso a paso. Los padres pueden configurar franjas horarias para que el modo esté activo por defecto, y el sistema de recomendación de pausas sugiere descansar después de 90 minutos de uso para evitar la fatiga visual por pantallas.
El propio ChatGPT para adolescentes tendrá avisos para que el joven no comparta fotos privadas o imágenes delicadas. La compañía recalca que estas medidas no se limitan a bloquear contenido, sino que también intentan fomentar hábitos saludables y relaciones en el mundo real.
Contexto de presiones y normativa
El anuncio no se produce en un vacío. La compañía enfrenta actualmente varias demandas civiles por negligencia, entre ellas la de los padres de Adam Raine, un chaval de 16 años que se suicidó siguiendo instrucciones de ChatGPT. Además, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos está investigando los chatbots que funcionan como acompañantes digitales y su efecto en menores de edad.
En Europa, el Parlamento también ha dado pasos para limitar el uso de estas herramientas. Una resolución reciente recomendó que 16 años sea la edad mínima para acceder a redes sociales y asistentes inteligentes. La Comisión, por su lado, planea poner en marcha una aplicación europea de verificación de edad antes de fin de año, y España es uno de los países que ya la probará.
El entorno regulatorio es cada vez más exigente con las plataformas que gestionan información de los menores, y OpenAI no ha querido quedarse atrás. El propio ejecutivo de la empresa reconoce que esta nueva configuración surge en parte para dar respuesta a los desafíos que plantean el sistema y para seguir siendo la herramienta de referencia en los institutos. Con esta medida, espera consolidar una postura más responsable de cara a la inversión y evitar sanciones que puedan empeorar su futura salida a Bolsa.
Así pues, la versión para jóvenes se convierte en un híbrido entre asistente educativo y guardián digital. Aunque limita ciertas funciones, pretende cambiar la forma de usar la inteligencia artificial en el aula, sin llegar a restringir su presencia. La medida no es neutral, sin embargo, ha conseguido que el debate público se centre en cómo hablar con tus hijos adolescentes sobre la tecnología, en lugar de si deben usarla o no. Los padres y profesores pueden ahora decidir si permitir esta herramienta con ciertas garantías, aunque la responsabilidad última sigue en la supervisión de cada familia.