El lunes, Joey Salads publicó uno de sus experimentos sociales y pensé que quería compartirlo con vosotros; Joey es una ‘youtube star’, o lo que por estos lares conocemos como un ‘youtuber’. Junto con Emily se propuso observar la reacción de diferentes personas ante una madre que amamanta en público; y hubo de todo: desde un varón que se levanta de su lado y se marcha molesto por el ‘atrevimiento’ de la chica, hasta una mujer joven que se permite discutir acerca de la conveniencia de mostrar los pechos en una plaza pública, pasando por otra más madura a la que no le importa en absoluto que el bebé coma. Porque se trata de eso: hace tiempo, el Comité de Lactancia Materna de la AEP emitió una nota explicando que los bebés necesitan ser alimentados ‘a demanda’.
‘A demanda’ significa que el pecho se debe ofrecer cuándo lo pida el bebé y durante el tiempo que quiera, no hay otra forma de adecuar la producción de leche a sus necesidades; es tan razonable que cuesta creer que genere tanta controversia. Añaden los pediatras del comité que lactar en público no debe ser visto como algo obsceno ni sexual, ni como algo que tenga que esconderse o restringirse, porque estas actitudes no hacen más que convertirse en un obstáculo para continuar la lactancia y desaniman a futuras madres.
De estas declaraciones se desprende que las mamás no están obligadas a meterse en una habitación mejor o peor acondicionada para alimentar a sus bebés; y por supuesto que ninguna empresa o institución debería prohibir un acto tan natural. Al respecto, me gustaría resaltar la iniciativa brasileña de multar cualquier prohibición de amamantar en público, aunque a la vez me produzca tristeza que tengamos que llegar a estos extremos para proteger lo obvio: el derecho del bebé a ser alimentado y de la madre a amamantar donde lo necesite.
A continuación el vídeo de Joey Salads, pero antes os remito a la imagen que habéis observado en la cabecera del post: es una muestra de la actitud tremendamente hipócrita que la sociedad occidental ha construido acerca de las mamás que amamantan. No hay nadie que dude acerca de si los pechos deben ser mostrados en publicidad, cine, o con cualquier otro pretexto… personalmente no me escandalizo al ver un anuncio de ropa interior en la que una modelo luce sensualmente su cuerpo en el cartel de la marquesina del autobús (puedo dudar sobre si es necesario, eso sí, o si es beneficioso para la representación social de la mujer); pero tampoco voy a negar que todas esas imágenes contribuyen a la hipersexualización del cuerpo femenino, y acaban provocando nuestra aceptación acrítica hacia ellas.
YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=sKjO0jZWkx4
Pero, desde el punto de vista de la aceptación, ¿cómo es entonces que nos molesta ver a una mamá amamantando?
Atrapados por la doble moral al amamantar en público

Cuando una mujer amamanta en un parque, en un centro comercial o en el transporte público, no está haciendo nada diferente a lo que hace una persona al llevarse un bocadillo a la boca: está alimentando a alguien que tiene hambre. Sin embargo, a su alrededor aparecen miradas de desaprobación, comentarios hirientes o incluso la orden directa de que se marche o se tape.
Paradójicamente, la misma sociedad que se escandaliza ante un bebé al pecho consume sin problema anuncios, videoclips y contenidos donde los senos se muestran como un reclamo erótico. Pechos en carteles gigantes, programas de televisión, series y películas se consideran parte del entretenimiento; en cambio, un pecho que nutre se tacha de indecoroso. Aquí se encuentra el núcleo de la doble moral: se acepta el pecho cuando sirve al deseo y se rechaza cuando cumple su función biológica.
Esta contradicción tiene consecuencias muy concretas. Para muchas madres, la posibilidad de recibir críticas o ser expulsadas de un lugar se convierte en un motivo para no iniciar o abandonar la lactancia antes de lo deseado. Se genera autocensura, miedo y vergüenza hacia un proceso que debería estar rodeado de apoyo social. Y el resultado es que la sociedad entera pierde: los bebés renuncian a un alimento óptimo y las madres a un derecho básico.
En muchos países se han documentado casos de mujeres obligadas a ir a los baños a amamantar, acompañadas por personal de seguridad o increpadas por otros clientes. Lo que para algunos es “educación” o “buenas maneras” no es más que una forma de discriminación y violencia simbólica hacia las mujeres y la infancia.
¿Por qué una madre debe taparse para amamantar en público?

Tras buscar varias fuentes de información para poder explicarme a mí misma qué razones podría tener alguien que se molestara al ver a una mujer que se descubre el pecho para alimentar a su bebé, he encontrado diferentes argumentos recurrentes: que las madres quieren llamar la atención, que “si quisieran, podrían esperar a llegar a casa”, que “no es el lugar adecuado” o incluso que se trata de una falta de educación y valores.
También hay quien aún no es madre o padre y no lo entiende (ya llegará), y quien habla de “exhibicionismo” o de que los niños mayores “ya no necesitan pecho”. En algunos casos, como señalan psicólogas especializadas en lactancia, puede haber incluso cierta envidia o incomodidad ante un vínculo que no se comprende. Sin embargo, analizando estos argumentos desde la lógica y desde el conocimiento actual sobre lactancia, carecen de consistencia.
La realidad es que la lactancia materna, para que sea eficaz y sostenible, debe ser a demanda. El cuerpo de la madre produce leche en función de la succión del bebé, y eso implica que, si el bebé tiene hambre en un centro comercial, en una plaza o en el autobús, lo fisiológicamente adecuado es que coma allí mismo. Pedirle a un bebé que espere “hasta llegar a casa” es tan irreal como decirle a un adulto que no beba agua aunque tenga sed porque “no es el sitio”.
Por otra parte, cada mamá amamanta en público como quiere y como puede: a veces basta con que te levantes un poco la camiseta para que el bebé de más de un año aparte el sujetador y se enganche, otras, la criatura es muy pequeña y debes descubrirte más; en ocasiones la ropa es suficiente para que no se vea mucho el pecho, otras no, e incluso hay veces que nos da igual porque lo consideramos un acto tan natural que no vemos la necesidad de esconderlo. El problema es la mirada ajena que sexualiza o juzga ese gesto y ensucia con su forma de ver las cosas algo tan bello.
Diversos estudios y encuestas han mostrado que para muchas madres tener que amamantar en público es una de las principales dificultades para mantener la lactancia. No es el acto en sí, sino el entorno hostil y las posibles reacciones negativas. Es decir, el problema no es la teta: es la doble moral social que la rodea.

¿Y por qué debe esconderse en una sala de lactancia o en el baño para dar el pecho a su hijo?
¿Has visto alguna vez a alguien llevarse el plato de sopa o la hamburguesa al lavabo para comer resguardado de las miradas y de las malas lenguas? ¿No? Pues entonces ya tienes la respuesta: no hay ninguna razón lógica para exigir a una madre que alimente a su bebé en un baño.
Los baños públicos son, por definición, espacios poco higiénicos. Sentar a un bebé en un inodoro o en el suelo de un aseo para que coma no solo es incómodo, es también insalubre. Sin embargo, muchas mujeres han relatado cómo fueron escoltadas hasta un baño en tiendas, centros comerciales o restaurantes para que no “ofendieran” a otros clientes con el simple hecho de dar de mamar.
En algunos lugares existen salas de lactancia o salas familiares. Pueden ser un recurso útil para quien prefiere amamantar en intimidad, para extraer leche o para cambiar al bebé con más tranquilidad. Pero deben ser siempre una opción voluntaria, nunca una obligación. Obligar a ir a una sala de lactancia para “no molestar” equivale a segregar a las madres y los bebés, igual que si se apartara a las personas mayores o con diversidad funcional de los espacios públicos por el simple hecho de estar.

Pero si de verdad te incomoda la presencia de otras personas, y quieres hacerlo de otra forma…
Entonces te damos algunas alternativas, pero ten claro que eres tú la que decide. Hay madres que se sienten perfectamente cómodas amamantando sin cubrirse y otras que prefieren cierta discreción. Todas las opciones son válidas mientras partan del deseo de la madre y no de presiones externas.
- Existe en el mercado ropa de lactancia diseñada con aperturas discretas que facilitan el agarre del bebé sin dejar a la vista todo el pecho.
- También puedes cubrirte un poco con una gasa ligera o un foulard fino, siempre observando que el bebé respira bien y no se agobia.
- Con bebés muy pequeños, usar portabebés ergonómicos puede facilitar mucho la lactancia: el bebé se engancha en posición adecuada y desde fuera apenas se percibe.
- Si te sientes más tranquila, puedes elegir rincones más tranquilos de cafeterías o parques, no para esconderte, sino para estar más cómoda.
- Cuando el peque ya tiene más de 18/24 meses, puedes intentar negociar las tomas y posponer alguna hasta estar de nuevo en casa, siempre respetando sus necesidades emocionales.
Lo importante es que la decisión se tome desde la información y la libertad, no desde la culpa o el miedo a “lo que dirán”. Amamantar en público es un derecho; elegir cómo hacerlo, también.
La doble moral: erotismo bien visto, lactancia cuestionada

Sin duda: el erotismo está bien visto, la lactancia no. La responsabilidad es compartida entre medios de comunicación, industria publicitaria, plataformas digitales y la cultura en general. Un ejemplo muy claro son las redes sociales: aunque en sus normas comunitarias plataformas como Facebook o Instagram afirman que no censuran imágenes de madres amamantando, la realidad es que, ante la mínima denuncia, muchas de estas fotos se eliminan y las cuentas son bloqueadas.
Al mismo tiempo, esas mismas redes permiten sin problemas escotes pronunciados, desnudos velados o contenidos hipersexualizados. Así, se envía el mensaje de que el pecho femenino es aceptable como objeto sexual y censurable cuando alimenta. Se normaliza que los pechos se muestren para vender productos, pero se consideran “obscenos” cuando nutren a un bebé.
Si nos preguntamos honestamente para qué son los pechos, la respuesta es sencilla desde la biología: su función principal es producir leche para alimentar a las crías. Sin embargo, por factores culturales, religiosos, económicos y mediáticos, el pecho se ha convertido en un símbolo sexual. El cine porno, determinados videoclips o campañas publicitarias refuerzan esta visión, mientras se refuerza la idea de que la lactancia es algo “íntimo” que debe ocultarse.
En otras culturas, esta contradicción no existe con la misma intensidad. En muchos entornos rurales o sociedades donde la lactancia sigue siendo la norma, ver a una madre amamantar forma parte del paisaje cotidiano. Nadie se escandaliza, nadie siente “asco” ante un acto tan hermoso y natural. De hecho, normalizar la lactancia en público es una herramienta poderosa para que las nuevas generaciones crezcan viéndola como algo corriente, no como algo extraordinario o polémico.
En una conocida grabación que se hizo viral, se ejemplifica esta doble moral con pocas imágenes. Una de las protagonistas es la actriz Alyssa Milano, quien defendió con firmeza la lactancia tras la polémica generada por publicar fotos amamantando a su hijo. Mientras tanto, figuras del espectáculo pueden aparecer en televisión con pequeños trozos de tela tapando apenas sus pezones sin que eso genere el mismo rechazo. La incoherencia salta a la vista.
Women everywhere are declaring victory against breast hypocrisy.See more examples here: http://attn.link/1MLyYkELike ATTN: on Facebook.
Posted by ATTN: on divendres, 1 / gener / 2016
Discriminación, violencia simbólica y derechos vulnerados

Cuando se obliga a una madre a taparse, a irse a un baño o a abandonar un lugar por amamantar, no se trata de una simple cuestión de gustos personales o de “educación”. Es un acto de discriminación y violencia hacia la mujer y hacia el bebé. Por un lado, se normalizan los escotes para el disfrute visual; por otro, se excluye a madre e hijo de los espacios públicos cuando la teta cumple su función alimentaria.
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF subrayan que la leche materna es el mejor alimento para los recién nacidos y recomiendan la lactancia exclusiva durante aproximadamente los seis primeros meses de vida, continuando junto con otros alimentos durante el tiempo que madre e hijo deseen. Sin embargo, las cifras muestran que menos de la mitad de los lactantes en el mundo reciben leche materna de forma exclusiva durante esos primeros meses. Entre las muchas razones se encuentran la presión de la industria de fórmulas, la falta de políticas de apoyo y, por supuesto, los tabúes en torno a la lactancia en público.
La estigmatización del amamantamiento en la calle es tan dañina como la falta de permisos de maternidad adecuados o la ausencia de espacios de extracción de leche en los trabajos. En todos los casos, el resultado es el mismo: se dificulta que las mujeres ejerzan libremente su derecho a amamantar y se compromete el derecho del bebé a la salud y al bienestar.
Incluso se ha llegado a difundir en distintos países noticias falsas que hablan de supuestas penas de cárcel para las madres que dan el pecho en público. Aunque sean bulos, el impacto de estas fake news refuerza el miedo y el estigma. Frente a ello, conviene recordar que en la mayoría de los países no existe ninguna ley que prohíba amamantar en público. Al contrario, cada vez más legislaciones lo protegen expresamente.
¿Eres de los que crees que las mamás tenemos bebés con el único propósito de poder sacarnos las tetas dónde sea?
Pues entonces, estás más perdido/a que una aguja en un pajar, siento decirlo así de claro.
La pregunta está cargada de ironía, es mi forma de mostrar mi perplejidad hacia esa doble moral de la que hablo. Si tuviéramos claro que partimos de la necesidad de los bebés a ser amamantados, quizás no nos molestaría ver un pecho alimentando. ¿O continuaría haciéndolo?
Para ilustrarlo, pensemos en otro experimento social que se popularizó en redes. En él, un actor muy enfadado increpa a una madre lactante en el metro de una gran ciudad. La insulta, le dice que “eso se hace en casa” y trata de intimidarla. La mujer es actriz y el bebé es un muñeco, pero los pasajeros no lo saben. La reacción de las personas que observan la escena resulta reveladora.
Al principio hay miradas confusas, incomodidad, susurros. Poco a poco, varias personas empiezan a defender a la madre: le dicen al hombre que la deje en paz, que el bebé solo está comiendo. Un joven decide sentarse entre ambos, interponiendo su cuerpo como barrera protectora. Aunque el actor insiste en que “no quiere escuchar opiniones”, el grupo termina rodeando a la mujer en un gesto de apoyo.
He comprobado con cierto alivio cómo, en situaciones así, muchos testigos tratan de proteger a la madre mientras intentan calmar al agresor. Me hace pensar que quizá estemos a tiempo de revertir estas percepciones tan negativas hacia la lactancia, siempre que quienes defienden la normalidad del pecho en público se hagan oír.
Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=6XXEAoZmv1s
¿La lactancia materna ha pasado de ser un tema aceptado a generar polémica? Probablemente lo que ha cambiado es la visibilidad. Antes se daba por hecho que las madres amamantaban (a menudo, además, sin apoyo adecuado) pero se hacía dentro del hogar. Hoy, en sociedades urbanas, las mujeres participan activamente en la vida pública, trabajan, estudian, viajan… y sus bebés necesitan comer en cualquier contexto. Eso obliga a la sociedad a posicionarse: o se respeta la lactancia en espacios públicos o se relega a las madres a la invisibilidad.
Lactancia materna: salud, vínculo y derecho humano

La lactancia materna es mucho más que un acto para alimentar al bebé. A través del pecho de su madre, el niño obtiene cercanía, consuelo y tranquilidad. Por eso es frecuente que, precisamente en la calle o en lugares desconocidos, cuando se enfrenta a situaciones nuevas y estresantes, pida mamar con más intensidad.
Desde la perspectiva de salud, la OMS y UNICEF coinciden en que la leche materna es el mejor alimento para el desarrollo y crecimiento del bebé. Aporta todos los nutrientes necesarios en los primeros meses y protege frente a infecciones y enfermedades a corto y largo plazo. Para la madre, reduce el riesgo de ciertos tipos de cáncer y favorece la recuperación posparto.
Pero, además, organismos como el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas han reconocido la lactancia materna como un derecho humano para bebés y madres que debe ser fomentado y protegido. Eso significa que los Estados y las sociedades tienen la responsabilidad de crear entornos donde amamantar sea posible sin obstáculos, tanto en el ámbito privado como en el público.
En este marco, defender el derecho a amamantar en la calle, en una plaza o en un museo no es un “capricho activista”: es la consecuencia lógica de asumir que el bebé tiene derecho a ser alimentado a demanda en cualquier lugar y momento y que la madre tiene derecho a participar de la vida social sin renunciar a la lactancia.
Contexto social: quién se escandaliza y por qué

Psicólogas y asesoras de lactancia señalan que buena parte del rechazo a la lactancia en público tiene que ver con el morbo y la sexualización del pecho. Como explican especialistas consultadas en distintos reportajes, hoy se habla mucho más del “valor estético” de los senos que de su función nutritiva. “Estamos influenciados por la sociedad que nos rodea y, en este caso, priva lo erótico”, resumen.
En redes sociales y medios abundan testimonios de personas que consideran “asqueroso” ver un bebé mamando, pero no tienen problema en ver un escote profundo en un anuncio de ropa interior. Este doble rasero tiene también una dimensión de clase y de racismo. En muchos países, dar el pecho en público se percibe como algo “de pobres” o “de indígenas”, mientras que las clases altas urbanas han normalizado el uso de biberones y fórmulas. Amamantar en un café de moda puede ser visto como algo “poco elegante” si quien lo hace es una mujer “bien vestida”, educada o de cierto estatus.
Curiosamente, también hay una corriente contraria: una clase media moderna e informada que ha recuperado la lactancia como una opción consciente y la defiende en todos los contextos. Muchas de estas mujeres se organizan en grupos de apoyo, asociaciones “lactivistas” o campañas públicas para reivindicar su derecho a amamantar sin ser juzgadas.
En este escenario, surge otro fenómeno: la autocensura. Muchas madres, incluso estando a favor de la lactancia, se tapan con mantas gruesas o editan sus propias fotos borrosas poniendo corazones sobre el pezón para que no sean censuradas en redes. Otras evitan dar el pecho fuera de casa por miedo a comentarios o burlas. Este silenciamiento interiorizado es, en sí mismo, una consecuencia de la doble moral social.
Leyes, iniciativas y “tetadas” para normalizar la lactancia

Ante esta realidad, en distintos países se han impulsado leyes y campañas para proteger la lactancia en espacios públicos. Algunos ejemplos destacados son:
- La Ley de Igualdad de Reino Unido, que considera discriminatorio dar trato desfavorable a una mujer por estar dando el pecho a su bebé en un espacio público.
- Iniciativas como Amigos de la lactancia en Colombia, que certifican establecimientos 100 % amigables con la lactancia.
- Campañas como When Nurture Calls en Estados Unidos, que denuncian la práctica de enviar a las madres a amamantar a baños públicos y promueven la normalización de la teta en cualquier lugar.
- Petición de leyes de protección de la lactancia materna en público en distintos países de habla hispana, así como reformas normativas en ciudades y comunidades que sancionan a quien insulte o intimide a una mujer que amamanta.
Además de las vías legales, han nacido formas de protesta creativas como las “tetadas” o “tetadas masivas”: concentraciones de madres que acuden a un lugar concreto para dar de mamar juntas, generalmente en respuesta a un caso de discriminación. Estas acciones, además de visibilizar el problema, envían un mensaje claro: “el mundo es mi sala de lactancia”.
En paralelo, asociaciones y ONG especializadas han puesto en marcha campañas como “Quien no llora no mama”, que promueven la aprobación de leyes de protección de la lactancia en público y ofrecen recursos para que cualquier persona pueda apoyar la causa. También se elaboran mapas de lugares respetuosos con la lactancia, para que las familias sepan dónde son bienvenidas.
Lactancia, trabajo y vida pública: compatibilizar sin renunciar

La cuestión de amamantar en público se cruza directamente con otra gran preocupación de muchas mujeres: cómo compatibilizar lactancia y trabajo. Cuando termina el permiso de maternidad, no todas las madres desean destetar. De hecho, muchas querrían continuar amamantando, pero se encuentran con jornadas rígidas, falta de espacios para extraerse leche y poca comprensión en su entorno laboral.
En este contexto, la posibilidad de extraer y conservar leche materna cobra importancia. Contar con salas de lactancia en centros de trabajo, horarios flexibles o pausas específicas para la extracción puede marcar la diferencia entre seguir o abandonar la lactancia. Sin embargo, estas medidas siguen siendo limitadas y, en muchos casos, dependen de la buena voluntad de empresas y jefes.

En algunos países y regiones se han creado leyes que obligan a los centros de trabajo a disponer de espacios adecuados para la extracción de leche y a permitir determinados descansos. Aun así, los informes de evaluación de políticas públicas muestran que, en general, el tema de la lactancia no es todavía una prioridad en la agenda política y la falta de presupuesto limita el alcance real de estas iniciativas.
Mientras tanto, muchas madres se apoyan en grupos de lactancia, asesoras y comunidades en línea, que ofrecen información sobre conservación de la leche, organización de tomas y derechos laborales. Estas redes, aunque no sustituyen a unas políticas sólidas, son un pilar fundamental para que cada vez más mujeres puedan decidir libremente cómo y cuánto tiempo amamantar.
La presión social y las experiencias cotidianas
Más allá de las grandes cifras y las leyes, la doble moral se vive en pequeñas escenas cotidianas. Estudios recientes señalan que alrededor de una de cada dos madres se ha sentido obligada a esconderse para dar el pecho en público y que más de la mitad se han sentido juzgadas por ello. Cerca de un 15 % declara haber sido invitada directamente a taparse, irse a otro lugar o ha sido increpada por amamantar delante de otros.
Frases como “eso hazlo en tu casa”, “hay niños delante” o “no es apropiado” son habituales en testimonios de mujeres que fueron llamadas al orden en tiendas, museos, autobuses o incluso edificios públicos. En muchos casos, quien reprende se ampara en normas internas inexistentes o en un supuesto “derecho de admisión”.
Frente a estas situaciones, asociaciones de apoyo a la lactancia recomiendan a las madres recordar que ninguna ley prohíbe dar el pecho en público y que el derecho de admisión no puede utilizarse para expulsar a una mujer por amamantar. Si se produce un incidente, es posible presentar quejas formales, solicitar hojas de reclamaciones y acudir a organismos de defensa de derechos.
Al mismo tiempo, es importante recordar que no todas las madres desean visibilizarse. Algunas prefieren la intimidad por carácter, por historia personal o simplemente por comodidad. La clave está en que cada mujer pueda elegir dónde y cómo dar el pecho sin verse cuestionada ni presionada en ningún sentido.
Qué podemos hacer como sociedad ante la doble moral

Romper la doble moral que rodea a la lactancia en público requiere cambios individuales y colectivos. Algunas acciones concretas que ayudan a normalizar este acto son:
- Si ves a una madre amamantando en un lugar público, no la observes con morbo ni desaprobación. Si notas que se siente incómoda por el entorno, puedes ofrecerle tu apoyo con una sonrisa o una palabra amable.
- Si presencias un caso de discriminación, valora intervenir de forma respetuosa para recordar que el bebé solo está comiendo y que no hay nada inapropiado en ello. Muchas mujeres relatan que sentirse respaldadas por otros presentes cambió totalmente la situación.
- Si trabajas en atención al público, seguridad, restauración o comercios, infórmate sobre los derechos de las madres lactantes y evita aplicar “políticas de empresa” inexistentes. Sugiere a tu organización la creación de protocolos claros y respetuosos.
- Como familiar, amigo o pareja, el mejor apoyo es no cuestionar la decisión de la madre sobre dónde y cómo amamantar. Escuchar, preguntar qué necesita y respaldar sus elecciones es más valioso que cualquier consejo no solicitado.
- A nivel ciudadano, se puede respaldar iniciativas legislativas, firmar peticiones, participar en campañas de sensibilización o compartir información veraz sobre lactancia en redes.
Cuantas más veces se vea a bebés mamando sin conflicto, más fácil será que las próximas generaciones entiendan la lactancia como lo que es: un acto cotidiano, saludable y profundamente humano, que no necesita esconderse.
Para finalizar, y para poner un poco de humor, os dejo con este meme de Some E Cards que muestra una completísima lista de las formas en las que amamantar afecta a todos los que no están dando el pecho; más claro agua.

Imagen — (Portada) Pertenece a David Horsey, dibujante de Los Angeles Times, (última) Some E Cards. Que ninguna madre vuelva a preguntarse si está “ofendiendo a alguien” por alimentar a su bebé fuera de casa y que podamos decir, sin necesidad de leyes ni protestas, que nuestro mundo entero es una gran sala de lactancia.