Brecha salarial de género: causas, cómo se calcula y qué hacer para combatirla

  • La brecha salarial de género es la diferencia promedio entre los salarios de hombres y mujeres, influida por factores laborales, sociales y culturales.
  • Las principales causas incluyen el empleo a tiempo parcial, la segregación ocupacional, la minusvaloración de trabajos feminizados y la falta de corresponsabilidad en los cuidados.
  • Combatir la brecha salarial es esencial para garantizar derechos, reducir la pobreza, mejorar la productividad y favorecer una sociedad más justa.
  • Las buenas prácticas empresariales (auditorías salariales, transparencia, comités de igualdad y políticas de conciliación) son claves para avanzar hacia la igualdad retributiva.

madre trabajadora brecha salarial

La brecha salarial de género es uno de los grandes estigmas de nuestra sociedad, esta sociedad a la que llamamos moderna pero que aún dista mucho de respetar aspectos clave como por ejemplo la igualdad entre hombres y mujeres en la retribución económica por un mismo trabajo, con la misma responsabilidad y dedicación.

La explicación más habitual suele ser que, por lo general, las mujeres optan en mayor medida por trabajos a tiempo parcial para conciliar la vida familiar con la laboral. Además, se repite con frecuencia que las mujeres renuncian a los puestos de mayor responsabilidad porque implican permanecer más horas fuera de casa. Esta visión es reduccionista y no refleja toda la realidad. La brecha salarial esconde factores estructurales, culturales y organizativos muy profundos, que merecen ser analizados, denunciados y transformados para construir una sociedad basada en el respeto, la justicia y la igualdad real de oportunidades.

La brecha salarial de género, una cuenta pendiente

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La diferencia salarial entre hombres y mujeres es un claro ejemplo de discriminación en el mercado laboral, donde las mujeres, de forma sistemática, acaban en desventaja. Durante la infancia y la adolescencia, en apariencia, no existen limitaciones formales en cuanto a la formación que pueden elegir niñas y niños; sin embargo, al incorporarse al mundo laboral, las jóvenes se encuentran con una brecha de género que condiciona sus expectativas y sus ingresos.
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¿Qué es la brecha salarial de género y cómo se calcula?

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La brecha salarial de género se refiere a la diferencia promedio entre los salarios de hombres y mujeres. Suele expresarse como un porcentaje que responde a esta pregunta: ¿cuánto más cobran de salario los hombres que las mujeres? De forma simplificada, se calcula dividiendo la diferencia entre el salario medio de los hombres y el de las mujeres entre el salario medio de los hombres.

Para entenderla bien es importante precisar de qué cantidades hablamos. Cuando se analiza la brecha:

  • El salario comprende el salario base y todos los complementos salariales: antigüedad, pluses de responsabilidad, penosidad, primas por desempeño, horas extraordinarias y retribuciones en especie. Ignorar estos conceptos distorsiona la fotografía real.
  • Se utilizan cantidades brutas, es decir, antes de deducir impuestos y cotizaciones a la seguridad social, porque así se compara la retribución que realmente reconoce la empresa.
  • Se usan cantidades comparables: salario a tiempo completo o salario por hora trabajada. Si una persona trabaja a media jornada, se ajusta su salario para equipararlo a una jornada completa o se calcula la remuneración por hora.
  • Se trabaja con cantidades agrupadas: casi siempre se analizan grupos de mujeres y hombres y se calcula el promedio (o en algunos casos, la mediana) de todos los salarios de cada grupo para obtener una cifra representativa.

Desde la OCDE, a la hora de calcular la diferencia salarial, se distingue entre brecha salarial no ajustada y brecha salarial ajustada:

  • La brecha no ajustada no tiene en cuenta factores como las bajas de maternidad, las jornadas parciales o las interrupciones de carrera por cuidados. Es la foto más global del mercado laboral.
  • La brecha ajustada sí considera estos elementos y analiza sobre todo el precio por hora trabajada o los salarios considerando características similares de trabajadores y puestos. Los datos muestran que, de media, una mujer suele cobrar menos que un hombre ocupando la misma categoría profesional y realizando funciones equivalentes.
  • Según diferentes análisis difundidos por la OCDE, las mujeres siguen teniendo menos probabilidades de acceder a un mismo puesto de trabajo y a los niveles salariales más altos frente a sus compañeros varones.

Además, hay que aclarar a quién corresponden las cantidades que se comparan, porque el resultado varía según el ámbito de análisis:

  • Total de un país o región: se considera todo el mercado laboral. La brecha refleja entonces la influencia de la estructura económica, la regulación laboral y los estereotipos de género que afectan a sectores completos.
  • Total de una organización: se calcula la diferencia salarial media entre todas las mujeres y todos los hombres de una empresa. Un porcentaje elevado suele apuntar a segregación vertical, es decir, más hombres en puestos altos y mejor pagados y más mujeres en posiciones peor remuneradas.
  • Personas en el mismo puesto: se comparan salarios de mujeres y hombres que realizan las mismas tareas dentro de la misma empresa. Si la diferencia persiste, hablamos de discriminación salarial directa.

Más allá de los números, la brecha salarial se alimenta también de factores sociales muy arraigados. En muchas familias persiste la idea de que el salario de la mujer es “complementario” y que el sueldo principal es el del hombre. Esta creencia influye en las negociaciones salariales, en la toma de decisiones sobre carreras profesionales y en la distribución de las cargas de cuidados.

Pensar que es “lógico y esperable” que las mujeres interrumpan o abandonen su carrera profesional para cuidar a los hijos demuestra hasta qué punto seguimos interiorizando modelos de género discriminatorios que es imprescindible transformar si queremos una igualdad real.

grafico diferencias salariales

Causas profundas de la brecha salarial de género

La brecha salarial no se debe a un único motivo, sino a una combinación de factores laborales, sociales, culturales y económicos que interactúan entre sí. Entre los más relevantes destacan:

Empleo a tiempo parcial y trabajo de cuidados

Las mujeres trabajan en mayor proporción a tiempo parcial y siguen asumiendo la mayor parte del trabajo no remunerado de cuidados (hijos, personas mayores, tareas del hogar). Esto genera varios efectos:

  • Menor disponibilidad para empleos de jornada completa y peores oportunidades de progresar profesionalmente.
  • Mayor presencia en empleos a tiempo parcial que, por regla general, están peor remunerados por hora que los empleos a jornada completa.
  • Dificultad añadida para acceder a puestos de responsabilidad, que suelen asociarse a una disponibilidad horaria amplia.

Peores empleos y segregación ocupacional

Las mujeres se concentran en sectores y puestos peor valorados y peor pagados: cuidados, servicios, comercio minorista o ciertas ramas de la educación y la sanidad. Además:

  • La maternidad sigue penalizando las trayectorias profesionales, limitando ascensos y opciones de promoción.
  • Los estereotipos asocian el liderazgo y la autoridad a los hombres, alimentando el conocido “techo de cristal” que frena el acceso de las mujeres a los niveles directivos.

Trabajos socialmente menos valorados

Muchas profesiones fuertemente feminizadas —como el cuidado de personas dependientes, la atención domiciliaria, la educación infantil o ciertos servicios personales— se perciben como una extensión de los cuidados domésticos, vinculados a la vocación y al afecto más que al valor económico. Esta percepción deriva en:

  • Salarios más bajos para actividades esenciales para el bienestar social.
  • Reproducción de la minusvaloración por parte de empresas, administraciones y en ocasiones incluso en la negociación colectiva.

Autominusvaloración y negociación salarial

La discriminación sufrida a lo largo de la vida conduce en muchos casos a una autominusvaloración. Esto se traduce en que muchas mujeres:

  • Negocian menos su salario y aceptan con mayor facilidad la primera oferta económica que reciben.
  • Tienen menor propensión a cambiar de trabajo por motivos salariales, especialmente cuando asumen en solitario la carga económica de la familia.

Estos comportamientos no son responsabilidad individual aislada, sino el resultado de roles de género interiorizados y de estructuras que penalizan a las mujeres que se muestran “demasiado ambiciosas” o asertivas.

Falta de información y análisis

Otro factor clave es la ignorancia sobre las diferencias salariales reales:

  • Muchas empresas, públicas y privadas, no analizan de forma sistemática sus políticas retributivas por sexo.
  • Las estadísticas generales a menudo no explican bien el origen de las diferencias ni permiten identificar con claridad dónde se concentran las desigualdades.

Sin datos desglosados y sin transparencia resulta mucho más difícil implantar medidas eficaces y hacer seguimiento de los avances.

Por qué es imprescindible combatir la brecha salarial

Reducir y eliminar la brecha salarial de género no es solo un asunto de justicia para las mujeres, sino una cuestión que afecta al conjunto de la sociedad:

  • Derechos humanos y laborales: negar la igualdad salarial para trabajos de igual valor vulnera derechos básicos y perpetúa la discriminación por razón de género.
  • Productividad y competitividad: un mercado laboral que remunera de forma justa aprovecha mejor el talento disponible, aumenta la motivación y mejora el rendimiento económico de empresas y países.
  • Pobreza y desigualdad: los menores ingresos de las mujeres se traducen en pensiones más bajas, mayor riesgo de pobreza —especialmente en hogares monomarentales— y mayores brechas patrimoniales entre mujeres y hombres.
  • Armonía social: cuando a trabajos de igual valor se les asigna el mismo salario, también se avanza en corresponsabilidad en los cuidados, se refuerzan los servicios públicos y se facilita que mujeres y hombres desarrollen plenamente su vida profesional y personal.

Cómo hacer frente a la brecha salarial: el ejemplo de la conciliación y las buenas prácticas

A modo de referencia, suele señalarse a países con una amplia cultura de conciliación y corresponsabilidad como modelos a seguir. En estos contextos, donde un porcentaje muy elevado de mujeres trabaja fuera de casa, las políticas públicas de apoyo a las familias y de igualdad en el empleo son determinantes:

Las inversiones en servicios de cuidados, permisos parentales equilibrados y horarios laborales racionales permiten que madres y padres puedan compaginar la crianza de sus hijos con su desarrollo profesional. Allí donde existen estas estructuras, la brecha salarial tiende a ser menor y la presencia de mujeres en puestos de decisión es mucho más alta.

Junto a las políticas públicas, las empresas pueden aplicar estrategias concretas para favorecer la igualdad salarial y reducir la discriminación directa e indirecta.

4 prácticas empresariales para favorecer la igualdad salarial

En muchos países las normas legales avanzan, pero el cambio real se acelera cuando las organizaciones adoptan medidas internas claras y evaluables. Entre las recomendaciones más destacadas se encuentran:

  • Analizar cada puesto de trabajo dejando muy claras las funciones, las habilidades requeridas y la formación necesaria de forma objetiva. Una vez definidos estos criterios, cualquier persona que los cumpla, sin distinción de género, edad u origen, debe poder optar al puesto con las mismas condiciones salariales.
  • Revisar anualmente los sueldos y monitorear los ascensos con indicadores claros. Esto permite detectar posibles diferencias injustificadas entre mujeres y hombres en categorías equivalentes y corregirlas de forma temprana.
  • Ser transparentes y publicar los criterios de promoción y subida salarial, así como los rangos retributivos por puesto. La transparencia dificulta las discriminaciones encubiertas y favorece que las personas trabajadoras puedan reclamar sus derechos con base en información fiable.
  • Crear una “Agencia o Comité para la Equidad de Género en el Trabajo” dentro de la empresa, con representación de la dirección y de la plantilla, para supervisar las políticas salariales, impulsar auditorías retributivas y proponer planes de acción con objetivos medibles.

Además de estas medidas, la evidencia internacional apunta a que la flexibilidad horaria bien diseñada, el fomento del teletrabajo cuando la actividad lo permite y los permisos de paternidad iguales e intransferibles contribuyen a reducir la penalización asociada a la maternidad y, con ello, la brecha salarial.

La combinación de cambios culturales, políticas públicas ambiciosas y compromisos empresariales concretos permite avanzar hacia un escenario en el que la igualdad salarial deje de ser una aspiración y pase a ser un rasgo básico del mercado laboral. Cada paso que se da en esta dirección no solo mejora la vida de las mujeres y sus familias, sino que fortalece la economía y la cohesión social de toda la comunidad.

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