Bebé con escorbuto en Valencia: causas, síntomas y prevención en la alimentación infantil

  • El escorbuto es una enfermedad grave causada por déficit prolongado de vitamina C, todavía posible en bebés con dietas inadecuadas.
  • Las bebidas vegetales no son alimentos completos para lactantes y nunca deben sustituir a la leche materna o de fórmula.
  • Los bebés necesitan un aporte diario suficiente de vitamina C mediante leche y, desde los 6 meses, frutas y verduras.
  • Ante dolor en las piernas, irritabilidad y falta de crecimiento, es clave acudir al pediatra para un diagnóstico y tratamiento rápidos.

bebé con signos de escorbuto

bebe con escorbuto en Valencia

Estos días se ha publicado en una revista médica especializada llamada Pediatrics un caso realmente extraño y poco común; un bebé con escorbuto detectado en Valencia. El bebé nació a término y en un principio se le alimentó a base de leche de fórmula hasta los dos meses y medio de vida. Más tarde padeció cierto problema de salud y se recomendó a sus padres cambiar la alimentación con preparado de leche y harina de almendra, polvo de sésamo, malta de arroz integral, mijo y diferentes probióticos.

En la publicación de la revista Pediatrics los investigadores concluyen advirtiendo del riesgo de sustituir en los niños lactantes la leche materna o de fórmula por bebidas de origen vegetal. Este caso ha servido para recordar que el escorbuto, una enfermedad que muchas personas asocian a marineros de épocas pasadas, puede reaparecer si la alimentación de los bebés no es adecuada y no cubre las necesidades mínimas de vitamina C.

Qué es el Escorbuto

alimentos ricos en vitamina C

El escorbuto es una enfermedad seria, que si no se detecta y no se trata puede causar la muerte. Es muy rara en países industrializados, aunque hay también algún caso documentado de escorbuto debido a una pobre alimentación en personas que viven en países desarrollados. La mayor incidencia de casos se da en países subdesarrollados, sobre todo en momentos de hambrunas, en los que el escorbuto es una de las enfermedades que acompañan a otras enfermedades carenciales como la desnutrición grave, el beriberi o la pelagra.

El escorbuto se produce por una carencia grave y crónica de vitamina C (ácido ascórbico). La vitamina C es necesaria para la síntesis de colágeno, una proteína fundamental para la estructura de la piel, los vasos sanguíneos, los huesos y muchos otros tejidos. Cuando la cantidad de vitamina C en la dieta es muy baja durante semanas o meses, el organismo no puede producir colágeno de forma adecuada y aparecen hemorragias, problemas óseos y alteraciones en la cicatrización.

El escorbuto es una enfermedad antigua; ya la describió Hipócrates. Sin embargo, su mayor incidencia se alcanzó a partir de las grandes expediciones para descubrir nuevas tierras, cuando en los viajes en barco se comenzaron a recorrer distancias cada vez más largas y, por ello, los marinos pasaban mucho tiempo en alta mar sin posibilidad de consumir alimentos frescos, frutas y verduras. El problema adquirió tal magnitud que algunos países establecieron como práctica suministrar limones y otros frutos cítricos a los navegantes para evitar la enfermedad.

La vitamina C o ácido ascórbico es un nutriente esencial que nuestro organismo no es capaz de sintetizar, es decir, necesitamos incorporarla con la dieta. Es necesaria para la formación y mantenimiento del material que une células y tejidos, y se requiere para el crecimiento y la reparación de tejidos en todas las partes del cuerpo. También es un potente antioxidante y aumenta la absorción de hierro, reduciendo la posibilidad de padecer anemia por déficit de hierro.

En el caso de los bebés, estas funciones son todavía más críticas, porque se encuentran en plena fase de crecimiento rápido, con formación acelerada de huesos, músculos, vasos sanguíneos y piel. Una deficiencia mantenida de vitamina C en esta etapa puede provocar retraso del crecimiento, debilidad muscular y alteraciones óseas muy marcadas.

Qué síntomas produce el escorbuto

Los síntomas son algo diferentes si quien sufre la enfermedad es un adulto o un niño, aunque comparten muchas manifestaciones. Los síntomas generales en cualquier persona con escorbuto son:

  • Cansancio y debilidad persistentes, que no mejoran con el descanso.
  • Encías inflamadas que sangran fácilmente, sobre todo al comer o cepillarse los dientes.
  • Hemorragias bajo la piel que se manifiestan como manchas rojas o moradas (petequias y equimosis) sin golpes aparentes.
  • Sangrado nasal repetido o más abundante de lo normal.
  • Sangre en la orina o en las heces en casos avanzados.
  • Líneas hemorrágicas debajo de las uñas, que pueden pasar desapercibidas si no se revisan con detalle.
  • Problemas en la cicatrización de las heridas, que tardan más en cerrar y pueden infectarse con facilidad.
  • Anemia por alteración en la absorción de hierro y pérdidas de sangre continuadas.

En el caso de los niños, casi siempre el primer signo de escorbuto infantil es el dolor en las extremidades. El niño llora cuando mueve las piernas y los brazos o incluso si se las tocan, y suele acostarse con las piernas dobladas a la altura de las rodillas y con los muslos muy separados, lo que se llama «posición de patas de rana». Puede presentar magulladuras en el cuerpo y hemorragias en los mismos lugares que en un adulto, salvo en las encías, que no sangran a no ser que el bebé tenga dientes.

En el caso concreto del bebé con escorbuto en Valencia, los padres observaron que alrededor de los 11 meses el niño se encontraba cansado, se mostraba fácilmente irritable, había dejado de crecer de manera adecuada y se negaba a apoyar las piernas sobre una superficie sólida. Incluso lloraba cuando un adulto intentaba moverle las piernas, lo que indicaba un dolor óseo importante.

Las pruebas realizadas en el hospital mostraron que el bebé tenía fracturas en las piernas y en la espalda, junto con una pérdida generalizada de masa ósea. Además, una analítica reveló niveles atípicos de zinc, vitamina C y vitamina D, así como alteraciones en la hormona del tiroides. Este conjunto de hallazgos llevó a los especialistas a sospechar y confirmar el diagnóstico de escorbuto.

Es importante tener en cuenta que estos síntomas pueden confundirse con otras enfermedades, por lo que ante signos como dolor intenso en las extremidades, rechazo a caminar o a moverse, irritabilidad marcada y aparición de moretones sin causa clara, resulta fundamental consultar con el pediatra para que valore la situación y, si es necesario, solicite las pruebas oportunas.

Escorbuto infantil o enfermedad de Barlow

El escorbuto infantil no es algo nuevo ni desconocido. Está descrito como “enfermedad de Barlow”. Se describió a finales del siglo XIX en niños menores de un año alimentados con leche de fórmula de baja calidad. La vitamina C se puede destruir fácilmente al procesar o calentar la leche, de modo que en el pasado algunos preparados no cubrían las necesidades diarias de este nutriente.

En la actualidad, las leches de fórmula de mayor calidad están reforzadas con vitamina C para que los niveles sean adecuados y seguros para el bebé. Además, la producción está muy regulada, lo que reduce enormemente el riesgo de deficiencias vitamínicas cuando se utilizan fórmulas comerciales adaptadas.

Por su parte, la leche materna, cuando la madre está bien nutrida y mantiene una dieta adecuada con un buen aporte de frutas y verduras, contiene más cantidad de vitamina C que la leche de vaca. La lactancia materna exclusiva durante los primeros meses proporciona al bebé una combinación equilibrada de nutrientes, anticuerpos y factores protectores que no pueden reproducirse de forma exacta en ningún otro alimento.

En el caso del bebé con escorbuto en Valencia, el problema no se originó por la falta de calidad de la leche de fórmula inicial, sino por la sustitución completa de la leche materna o de fórmula por una mezcla de leche de almendras y otros ingredientes vegetales que no estaba diseñada para cubrir las necesidades nutricionales de un lactante.

Los investigadores destacan que, durante los primeros meses de vida, el sistema digestivo del bebé está preparado principalmente para digerir leche materna o leche de fórmula adaptada. Las bebidas vegetales comerciales o caseras pueden ser útiles en otros contextos y edades, pero no son alimentos completos para un lactante y su uso exclusivo puede conducir a déficits graves de vitaminas y minerales, entre ellos la vitamina C.

El caso del bebé con escorbuto en Valencia, paso a paso

El bebé valenciano nació después de un embarazo normal, con un peso adecuado (algo más de 3 kilos) y recibió alimentación a base de leche de fórmula hasta los dos meses y medio de vida. Además, fue vacunado de acuerdo al calendario oficial, por lo que su evolución inicial era la esperada para un lactante sano.

A raíz de una dermatitis o inflamación de la piel, un profesional recomendó a sus padres alimentarlo diariamente con un preparado líquido que incluía leche y harina de almendra, polvo de sésamo, malta de arroz integral, mijo y diferentes probióticos autorizados en España. Sus padres, buscando lo mejor para su hijo, siguieron este consejo convencidos de que estaban mejorando su salud.

Desde los dos meses y medio hasta los once meses, la alimentación del niño se basó casi exclusivamente en ese preparado de origen vegetal. A los seis meses, la madre comenzó a ofrecerle purés de verduras y frutas, pero el bebé los rechazaba, por lo que no llegó a incorporar de forma real estos alimentos ricos en vitamina C a su dieta diaria.

Con el paso de los meses, la falta de vitamina C se fue acumulando. A los once meses, los padres observaron que el bebé se encontraba muy cansado, había dejado de crecer de manera adecuada y se mostraba irritable casi todo el tiempo. Lo más llamativo es que se negaba a apoyar las piernas sobre una superficie sólida e incluso lloraba cuando un adulto intentaba moverle las piernas, lo que hacía sospechar de un dolor intenso.

Al acudir al hospital, las pruebas mostraron fracturas en las piernas y en la espalda y una pérdida importante de masa ósea. La analítica reveló niveles muy bajos de vitamina C y vitamina D, además de alteraciones en otros parámetros como el zinc y la hormona del tiroides. Este conjunto de hallazgos permitió a los médicos plantear el diagnóstico de escorbuto infantil, confirmarlo y comenzar el tratamiento específico.

Este caso, publicado en la revista Pediatrics, ha servido para alertar a pediatras, familias y fabricantes de bebidas vegetales sobre el peligro de utilizar preparados vegetales como único alimento de los lactantes durante los primeros meses de vida. Los autores del estudio recomiendan, además, que en los envases de estas bebidas se incluya de forma clara que no deben usarse como sustituto de la leche materna o de la leche de fórmula en bebés.

Cómo prevenir el escorbuto en bebés y niños

Las medidas preventivas pasan por una alimentación correcta, sana y variada, tomando productos frescos con un buen aporte de frutas, verduras y hortalizas. En los países con acceso fácil a alimentos variados, el escorbuto es muy poco frecuente precisamente porque es sencillo alcanzar la cantidad diaria recomendada de vitamina C.

En el primer año de vida, los expertos recomiendan que los bebés consuman aproximadamente entre 50 y 60 miligramos diarios de vitamina C. Para hacerse una idea:

  • Cada 240 mililitros de leche materna contiene alrededor de 11 miligramos de vitamina C.
  • Las leches de fórmula comerciales suelen aportar entre 10 y 30 miligramos de vitamina C por cada 100 calorías, cantidades suficientes si el bebé toma la cantidad de leche recomendada para su edad.

A partir de los seis meses, cuando se inicia la alimentación complementaria, es el momento de ir introduciendo verduras y frutas ricas en vitamina C (como naranja, mandarina, kiwi, fresas, pimiento, tomate o brócoli), de acuerdo con las recomendaciones del pediatra. Estas frutas y verduras, combinadas con la leche materna o de fórmula, garantizan un aporte adecuado de vitamina C y de otros nutrientes esenciales.

En los niños es relativamente frecuente que el pediatra paute un aporte de vitaminas extra mediante algún complejo vitamínico específico, sobre todo en situaciones especiales (niños con enfermedades crónicas, dietas muy restringidas o problemas de absorción). Sin embargo, en la mayoría de los casos, una dieta variada basada en alimentos frescos es suficiente para cubrir las necesidades diarias de vitamina C.

Si aparece la enfermedad, el tratamiento pasa por cambios en la alimentación y un aporte extra de vitamina C, bien mediante suplementos específicos, bien aumentando de forma importante los alimentos ricos en esta vitamina bajo supervisión médica. La mejoría suele ser rápida cuando se corrige el déficit, aunque las alteraciones óseas pueden tardar más tiempo en normalizarse por completo.

En cualquier caso, la lactancia materna es lo más recomendable para los bebés, y la OMS la aconseja de forma exclusiva hasta los 6 meses. A partir de entonces, tu pediatra te indicará cómo introducir el resto de alimentos, manteniendo la lactancia materna como complemento al resto de alimentos hasta, al menos, los 2 años. Y si el bebé toma leche de fórmula, es fundamental seguir los consejos del pediatra en cuanto a dosificación, cantidad y frecuencia.

Otra recomendación clave de los especialistas es evitar las dietas restrictivas radicales o modas alimentarias que eliminan grupos completos de alimentos, especialmente en niños pequeños. Las bebidas de origen vegetal pueden formar parte de la dieta de niños mayores y adultos en el marco de una alimentación equilibrada, pero los pediatras insisten en que no deben utilizarse como única fuente de alimentación en lactantes.

En el caso del bebé de Valencia, cuando se detectó la enfermedad y se cambió su alimentación, iniciando el tratamiento adecuado, empezó a mejorar de manera evidente. La fórmula con leche de almendra se interrumpió y se fue reemplazando con lácteos, cereales, carne, frutas y verduras, al tiempo que se introdujeron suplementos de vitamina C y suplementos de vitamina D. Apenas un mes más tarde, las radiografías evidenciaron una clara recuperación ósea y los niveles de ambas vitaminas se normalizaron. Dos meses después, el niño comenzó a andar y su desarrollo se fue alineando progresivamente con el esperado para su edad.

La historia de este bebé deja una enseñanza muy clara: con una alimentación adecuada basada en leche materna o de fórmula durante el primer año, la introducción ordenada de frutas y verduras ricas en vitamina C y el seguimiento de las indicaciones del pediatra, el escorbuto en los bebés es una enfermedad prevenible y, si se detecta a tiempo, tiene un tratamiento eficaz y una evolución favorable.

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