Puede que la educación española no esté pasando por sus mejores momentos (eso está claro). Pero de lo que sí estoy convencida es que siempre va a haber profesionales que van a intentar luchar por un sistema educativo nuevo y que van a esforzarse en concienciar a la sociedad de que se necesita un cambio en las aulas muy urgente. Muy urgente. Una de esas personas es Belén Piñeiro.
Belén Piñeiro es una maestra de corazón especializada en neuropsicología y educación. Una profesional que tiene claro que España no está haciendo las cosas bien en cuanto a educación se refiere. Tras trabajar en varios países europeos y observar distintas metodologías ha desarrollado su propio Programa de Intervención Educativa centrándose en la educación emocional y social. ¿Os animáis a seguir leyendo la entrevista de Belén Piñeiro para Madres Hoy?
Quién es Belén Piñeiro y por qué su mirada sobre la educación importa

Antes de entrar en la entrevista, merece la pena detenerse un momento en la trayectoria de Belén. No estamos hablando solo de una maestra vocacional, sino de una experta en Neuroeducación y Educación Emocional, autora de varios libros y creadora del blog Maestra de Corazón, un espacio de referencia para familias y docentes que desean modernizar su manera de educar.
Su experiencia en distintos países europeos, observando y aplicando metodologías activas, le ha permitido contrastar la escuela tradicional con otros enfoques más respetuosos con los ritmos y necesidades de la infancia. De ese recorrido nace su propio Programa de Intervención Educativa, en el que la educación emocional, la disciplina positiva y la neuropsicología se integran para ofrecer un modelo coherente y práctico.
Además, Belén es directora y tutora de cursos online de educación emocional en el aula y de atención a la diversidad, en los que acompaña a docentes y familias en el proceso de transformar su manera de relacionarse con los niños y niñas, siempre desde el respeto, la evidencia científica y la reflexión crítica sobre la práctica diaria.
Su propuesta no se queda en la teoría: se centra en recursos concretos, dinámicas y estrategias que pueden aplicarse tanto en casa como en el aula para construir relaciones más sanas y un clima emocional que favorezca el aprendizaje.
Madres Hoy: Lo primero de todo, Belén, muchísimas gracias por haber aceptado la entrevista para Madres Hoy. Es un verdadero placer tenerte por aquí. En 2015, los expertos hablaban de que 2016 iba a ser el año de las renovaciones pedagógicas. ¿Crees que ha sido o que todavía queda mucho camino por recorrer?
Belén Piñeiro: Creo que cada año es más evidente que hace falta un cambio en el sistema educativo y en la forma que tenemos de educar y evaluar a los niños. Hasta ahora, ese momento supuso el año en el que se hizo más visible este llamamiento. Aún queda camino por recorrer, pero lo importante es que ya hemos comenzado a andar y cada vez hay más centros y familias que apuestan por una educación emocionalmente inteligente y respetuosa.
Qué es realmente la educación emocional y por qué comienza en el adulto

MH: Últimamente escuchamos hablar mucho de «Educación Emocional», pero ¿no sería más correcto que los adultos aprendiéramos a atender y aceptar las emociones infantiles?
BP: ¿Cómo atender y aceptar una emoción en un niño que no sabes reconocer ni gestionar en ti mismo? Es prácticamente inviable que un adulto enseñe a un niño a leer o a sumar si él no sabe hacerlo. Lo mismo ocurre con las emociones. Si no sabes gestionar tus emociones, no puedes enseñar al niño a hacerlo. El primer paso para responder a las necesidades emocionales tanto de niños como de adultos, es la “alfabetización emocional”. Poner nombre a lo que sentimos y saber identificarlo.
Si nos apoyamos en la definición de educación emocional de expertos como Rafael Bisquerra, podemos entenderla como un proceso educativo continuo y permanente que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la persona. No se trata de una moda ni de actividades puntuales, sino de una forma de entender la educación que atraviesa todo lo que ocurre en casa y en la escuela.
La educación emocional busca dotar a niños y niñas de herramientas para conocerse mejor, regular lo que sienten, relacionarse de manera sana con los demás y afrontar las dificultades cotidianas (frustraciones, conflictos, pérdidas, cambios…) sin quedar atrapados en ellas. Y, como señala Belén, ese camino empieza de forma inevitable en las personas adultas que los acompañan: madres, padres, docentes y cuidadores.
Por eso, una parte clave de este enfoque es que el adulto desarrolle su propia inteligencia intrapersonal (autoconocimiento, comprensión de lo que siente, capacidad de regularse) y su inteligencia interpersonal (empatía, escucha, comunicación asertiva). Solo entonces puede sostener las emociones infantiles sin juzgarlas ni negarlas, y transformarlas en una oportunidad de aprendizaje.
Objetivos y beneficios de la educación emocional en la infancia

La educación emocional tiene como objetivo principal contribuir al bienestar de la persona. Esto implica desarrollar las habilidades necesarias para regular las emociones menos agradables (ira, miedo, tristeza, frustración…) y potenciar aquellas que resultan más satisfactorias (alegría, serenidad, gratitud, orgullo sano…).
Desde la infancia se pueden trabajar diferentes aspectos relacionados con el conocimiento de uno mismo (inteligencia intrapersonal) para minimizar la vulnerabilidad frente a problemas como la depresión, la agresividad, la impulsividad o el estrés. Al mismo tiempo, se desarrollan habilidades sociales (inteligencia interpersonal), como la comunicación afectiva, la asertividad, la empatía o la resolución de conflictos, que serán imprescindibles durante toda la vida.
Entre los objetivos concretos de la educación emocional podemos destacar:
- Aumentar el conocimiento de las emociones propias, identificando qué siento, dónde lo siento en el cuerpo y qué pensamientos lo acompañan.
- Reconocer las emociones de los demás a través del lenguaje verbal y no verbal, favoreciendo la empatía.
- Regular de forma adaptativa las emociones, de manera que no dañen ni a uno mismo ni al entorno.
- Prevenir la expresión nociva de emociones como la ira o el miedo, ofreciendo alternativas más sanas.
- Aprender a generar emociones agradables mediante estrategias como el autocuidado, el humor, la gratitud o las relaciones de apoyo.
- Potenciar la automotivación, es decir, la capacidad de mantener el esfuerzo y la ilusión a pesar de las dificultades.
La evidencia científica demuestra que la educación emocional es un importante predictor del éxito vital y del bienestar psicológico general. Su descuido puede estar detrás de dificultades serias en la adolescencia y la edad adulta: problemas de conducta, consumo de sustancias, depresión, trastornos de la alimentación o relaciones tóxicas. Por el contrario, cuando se integra en el día a día familiar y escolar, se observan mejoras en el clima del aula, en el rendimiento académico, en la convivencia y en la autoestima de los niños y niñas.
Disciplina positiva: qué es y cómo transforma la convivencia

MH: ¿En qué consiste la disciplina positiva y qué beneficios tiene para las familias y niños?
BP: La Disciplina Positiva es una metodología educativa que tiene como objetivo dotar a padres y educadores de estrategias para que sean amables y firmes a la vez, con el principal objetivo de enseñar al niño competencias básicas para la vida. Es un modelo educativo que pretende entender el comportamiento de los niños y la forma de abordar su actitud para guiarles en su camino siempre de forma positiva, afectiva, pero firme y respetuosa tanto para los pequeños como para los grandes.
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La Disciplina Positiva se basa en la idea de que un niño se comporta mejor cuando se siente vinculado y valorado, no cuando es humillado, castigado o controlado. No es permisividad (dejar que haga lo que quiera), ni autoritarismo (obediencia ciega), sino una vía intermedia que combina respeto mutuo y límites claros.
Algunos de sus pilares son:
- Conexión antes que corrección: primero se atiende el vínculo y la emoción, luego se aborda la conducta.
- Firmeza con amabilidad: se mantiene el límite, pero sin gritos, amenazas ni humillaciones.
- Enfoque en soluciones y no en castigos, buscando que el niño repare el daño y aprenda algo útil.
- Participación del niño en la elaboración de normas y en la búsqueda de alternativas.
- Mirada a largo plazo: se prioriza qué tipo de persona queremos ayudar a construir, no solo qué comportamiento queremos ahora mismo.
Aplicada en el hogar y en la escuela, la Disciplina Positiva favorece que los niños desarrollen autodisciplina, responsabilidad, habilidades sociales y autoestima. Y, además, ayuda a que los adultos se sientan más calmados y coherentes, reduciendo el uso de gritos, castigos y amenazas.
Educación emocional en el aula: mucho más que una asignatura

MH: Ken Robinson dice que “las escuelas matan la creatividad”. ¿Crees que la creatividad es una asignatura pendiente de la mayoría de centros educativos?
BP: La creatividad es una de las cualidades más valiosas del ser humano. Nuestra capacidad inventiva, de generar nuevas ideas, es una de las pocas cosas que las máquinas todavía no pueden hacer por nosotros. Matar nuestra creatividad es quitarnos una gran parte de nuestro potencial. La escuela debería ayudarnos a explotar, expresar y dirigir hacia un objetivo nuestra capacidad creativa, en lugar de fomentar su desaparición.
MH: Hay colegios que han introducido la Educación Emocional como una asignatura evaluable. Pero, ¿no se debería trabajar las emociones de forma transversal y en todas las clases?
BP: La evaluación está bien siempre y cuando se haga como un seguimiento de aspectos a mejorar, tanto por parte del alumnado como del maestro o el centro escolar y no utilizarla como una herramienta de presión. Por supuesto, es mejor tener la educación emocional como una asignatura más que no tenerla, es un buen comienzo y para esos primeros pasos publiqué mi primer libro: Educar las emociones en la primera infancia, que incluye un plan de intervención para llevar a las aulas.
Pero, tras haber dado los primeros pasos, lo ideal sería que estuviese presente de forma permanente en el aula y que todos los docentes contasen con la formación necesaria para tratar estos temas. Si un niño ha sufrido una situación de acoso escolar el lunes por la mañana, ese conflicto debería tratarse en el momento que ha sucedido y no esperar al momento en el que “toque” la asignatura de educación emocional en el horario escolar.
La experiencia de numerosos proyectos demuestra que no existe una única forma de incluir la educación emocional en el aula. Puede organizarse como programa específico, integrarse en tutorías, trabajarse mediante asambleas diarias o atravesar todas las materias. Lo realmente importante es que el trabajo sobre emociones y relaciones no se limite a “fichas” o charlas puntuales, sino que se convierta en una cultura de centro.
Entre las áreas de trabajo habituales en la escuela podemos encontrar:
- Definición y concepto de las emociones: qué son, para qué sirven, qué tipos hay, cuáles son las emociones básicas.
- Conciencia emocional: reconocer las propias emociones y las de los demás, diferenciando entre pensamiento, emoción y acción.
- Regulación emocional: tolerancia a la frustración, manejo de la ira, estrategias para calmarse, retrasar la gratificación.
- Motivación: conectar el esfuerzo con metas significativas para el alumno, alimentar la curiosidad y el sentido de logro.
- Habilidades socioemocionales: empatía, escucha activa, asertividad, cooperación y resolución pacífica de conflictos.
Rol-playings, debates, cuentos, proyectos cooperativos, diarios emocionales, círculos de diálogo o prácticas de mindfulness son solo algunos ejemplos de herramientas que se pueden integrar de forma sencilla en el día a día del aula, adaptándolas a la edad y características de cada grupo.
Límites, normas y disciplina positiva: ¿son compatibles?

MH: ¿Los límites y normas son incompatibles con la disciplina positiva?
BP: No, los límites también existen en la disciplina positiva, sólo que los niños también se implican en la creación de las normas (en la medida de sus posibilidades) y eso hace que estén mucho más dispuestos a cumplirlas. Respondemos mejor a algo consensuado que a una norma impuesta.
Una de las confusiones más frecuentes es pensar que educar con respeto significa no poner límites. La disciplina positiva demuestra precisamente lo contrario: el límite es una muestra de cuidado, siempre que se presente de forma clara, consistente y con empatía. Lo que se evita no son los límites, sino el autoritarismo y el uso del miedo como herramienta educativa.
Algunos ejemplos de cómo se formulan límites desde la disciplina positiva son:
- Utilizar mensajes claros y breves (“en casa hablamos sin gritar”) en lugar de largos sermones.
- Anticipar las normas y las consecuencias naturales, sin esperar a que surja el conflicto.
- Implicar al niño en la búsqueda de soluciones (“¿qué podemos hacer para que las tardes sean más tranquilas?”).
- Validar la emoción, aunque no se permita la conducta (“entiendo que estás muy enfadado, y aun así no voy a dejar que pegues”).
Notas, exámenes y éxito: una mirada crítica desde la educación emocional
MH: ¿Está la sociedad obsesionada con las calificaciones, los exámenes y las notas?
BP: Es lo que nos han enseñado a valorar en la era industrial. Los niños se calificaban como “listos” o “tontos” según sus destrezas en materias como matemáticas, lenguaje o su capacidad memorística. Las notas escolares eran un medidor de capacidades y también del “éxito” en la vida. A día de hoy sabemos que unas buenas calificaciones no te garantizan el éxito ya no solo a nivel personal, sino tampoco a nivel laboral.
Desde la mirada de la educación emocional y de la neuroeducación, las calificaciones solo deberían ser una herramienta de información sobre el proceso de aprendizaje, nunca una etiqueta sobre el valor de un niño. Reducir el rendimiento escolar a un número genera ansiedad, competitividad malsana, miedo al error y una fuerte desconexión con la motivación interna.
El desafío para familias y docentes consiste en desplazar el foco de las notas a las competencias reales: capacidad de trabajar en equipo, de resolver problemas, de gestionar la frustración, de comunicar ideas, de perseverar en un proyecto. Todo ello está profundamente ligado a la educación emocional.
Emociones “negativas” y estigmas: cómo cambiamos la mirada
MH: Una emoción para cada momento… aunque ¿por qué crees que se perciben como negativas algunas de las emociones?
BP: Tenemos ese concepto porque la forma de expresar esas emociones sí que puede resultar dañina, tanto para el que siente esa emoción, como para los que están a su alrededor. Además, hay ciertas emociones que tienen un “estigma” negativo en según qué contexto. Está bien visto que niño pequeño llore, pero esa expresión de tristeza no está tan aceptada en los adultos. Lo mismo ocurre con la ira y las mujeres. Todavía hay quienes las tildan de “histéricas” como denotación negativa y, curiosamente, esa palabra viene de “útero”.
La educación emocional parte de una idea clave: ninguna emoción es negativa en sí misma. Todas cumplen una función adaptativa. Lo que puede ser inadecuado o dañino es la forma en la que se expresa (gritar, insultar, agredir, anularse…). Por eso se trabaja tanto en ayudar a niños y niñas a:
- Reconocer la emoción en el cuerpo (presión en el pecho, nudo en la garganta, tensión muscular…).
- Ponerle nombre (rabia, decepción, miedo, vergüenza…) para poder hablar de ella.
- Aceptarla sin juicios, entendiendo que aparece por algo.
- Expresarla de forma segura (hablando, pidiendo ayuda, escribiendo, usando el movimiento…) sin dañar a otros ni a uno mismo.
Cuando el adulto permite, nombra y acompaña la emoción, en lugar de ridiculizarla o reprimirla, el niño aprende poco a poco a regularse de manera autónoma. Eso no solo reduce los estallidos de ira o las rabietas intensas, sino que también previene que esas emociones se queden “atascadas” y se transformen en síntomas físicos o en conflictos constantes con el entorno.

Neuropsicología, cerebro y aprendizaje: por qué el maestro debe conocerlos
MH: ¿Qué beneficios aporta la neuropsicología en las aulas?
BP: Como afirma J.A. Marina: “Educar es el único trabajo cuya finalidad es cambiar el cerebro humano cada día. Hay que tenerlo presente para no ser irresponsables”. ¿Cómo es posible entonces que un docente no tenga la más mínima idea de cómo está estructurado nuestro cerebro? Nuestra atención, nuestra memoria, nuestras habilidades motrices, nuestras emociones, nuestro pensamiento lógico-matemático…
Todo lo que se trabaja en el aula está en el cerebro, por eso es imprescindible que un educador tenga conocimientos acerca de estos temas y no solo eso, sino que incorpore este aprendizaje al trabajo práctico en el aula, a su forma de enseñar y a la forma en la que entiende el aprendizaje del alumno. Esto es lo que aporta la neuropsicología.
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Conocer cómo funciona el cerebro infantil ayuda a los docentes a ajustar expectativas y métodos: entender que un niño pequeño no puede permanecer quieto y en silencio largos periodos, que necesita movimiento, juego, repetición y emoción para consolidar aprendizajes. También permite comprender fenómenos como el secuestrador emocional (cuando la amígdala se activa con intensidad y “desconecta” la corteza prefrontal) y por qué es inútil intentar razonar con un niño o niña en pleno estallido de rabia.
La neuroeducación también subraya la importancia de:
- Cuidar el sueño, la alimentación y el movimiento, fundamentales para consolidar la memoria y regular la atención.
- Crear un clima emocional seguro en el aula, donde el error se vea como parte del aprendizaje y no como fracaso.
- Integrar experiencias significativas y multisensoriales, que conecten con los intereses del alumnado.
Estrés infantil, agendas llenas y pérdida de la infancia

MH: Hay niños de seis años que padecen estrés y agobio. ¿A qué crees que es debido?
BP: Es muy triste. Cada vez la infancia dura menos. Hace poco leí un artículo que decía “Los horarios se han tragado a nuestros niños. Los niños han sido mini-adultos”. Los niños ya no tienen tiempo para ser niños, para inventar, para imaginar, correr, saltar… ¡Ni aburrirse! Con lo importante que es todo esto… Hemos relegado su día a día a la jornada escolar encadenada a un sinfín de extraescolares, deberes y actividades dirigidas. Los pequeños de la casa tienen agendas más largas que las de sus padres… es una verdadera lástima.
Hemos relegado el día a día de los pequeños a la jornada escolar encadenada a un sinfín de extraescolares, deberes y actividades dirigidas
El estrés infantil se alimenta de varios factores: jornadas escolares extensas, exceso de tareas, presión por el rendimiento, falta de juego libre, uso intensivo de pantallas y poco tiempo de calidad en familia. Desde la educación emocional y la disciplina positiva, una prioridad clave es devolver tiempo real de infancia: espacios para aburrirse, crear, moverse, explorar sin prisa.
Reducir actividades dirigidas, reservar momentos diarios sin pantallas, compartir ratos de juego no estructurado y escuchar de verdad a los niños sobre cómo se sienten son medidas sencillas que tienen un impacto enorme en su bienestar emocional.
Resistencias al cambio: docentes acomodados y escuelas que se transforman
MH: Cada vez hay más escuelas innovadoras y alternativas, pero, ¿hay profesores que se niegan a cambiar su forma de enseñar pese a todo?
BP: Por desgracia, sí que los hay. Existen docentes que se han acomodado haciendo su trabajo y no quieren salir de su zona de confort. A pesar de que la educación es una profesión vocacional, hay educadores que han perdido el entusiasmo y se limitan a repetir la misma programación año tras año.
Sin embargo, también aumenta el número de maestros y maestras que se forman en educación emocional, neuroeducación y metodologías activas, y que se apoyan mutuamente para transformar sus aulas desde dentro del sistema. Las escuelas que más avanzan suelen ser aquellas que entienden el cambio como un proceso colectivo y sostenido, en el que la gestión del centro facilita tiempos y espacios para la reflexión pedagógica.
Formación docente en educación emocional y social

MH: ¿Es necesario que los maestros se formen en educación emocional y social?
BP: Por supuesto. La ciencia ha demostrado que la emoción está directamente relacionada con el aprendizaje. Además de que nuestro estado anímico influye en todos los aspectos de nuestra vida. Saber gestionar nuestras emociones será una herramienta muy útil en nuestra vida, a diferencia de otros muchos conocimientos que se imparten en la escuela tradicional. ¿Cuántas veces has necesitado realizar una raíz cuadrada de forma manual? Sin embargo, ¿Cuántas veces te has dejado llevar por la ira o la tristeza sin saber qué hacer para volver a un estado de calma?
El docente emocionalmente competente es aquel que:
- Ha trabajado su propio autoconocimiento y sabe identificar lo que siente en diferentes situaciones del aula.
- Es capaz de regular su estado emocional para no reaccionar de forma impulsiva ante los conflictos.
- Se comunica desde la asertividad y la empatía, tanto con su alumnado como con las familias y el resto del claustro.
- Integra la educación emocional en su metodología diaria, no solo en momentos aislados.
Para llegar a ese punto, la formación continua resulta esencial. Talleres, cursos online, grupos de trabajo en el centro y lecturas especializadas ofrecen herramientas concretas para observar, comprender y acompañar el mundo emocional del alumnado.
Castigos, consecuencias y alternativas respetuosas
MH: ¿El castigo es la mejor opción para que el niño no vuelva a repetir un comportamiento?
BP: No voy a decir que los castigos no funcionan, porque es cierto que a corto plazo erradican la conducta no deseada por parte del adulto. El problema es que estos no conocen sus efectos a largo plazo y los sentimientos que provocan en el niño: rebelión, resentimiento, autoestima dañada y sometimiento.
Erradicaría las aulas tal y como las conocemos. No tiene sentido que los niños se pasen 8 horas sentados en un pupitre mirando a una pizarra, es completamente antinatural.
El principal problema a la hora de eliminar los castigos es que la mayoría de los padres y educadores piensan que la única alternativa es la permisividad. Como hemos visto en el primer punto, en ocasiones confundimos la disciplina con el autoritarismo y la permisividad con el afecto.
La disciplina positiva propone sustituir el castigo por consecuencias lógicas, reparación del daño y búsqueda conjunta de soluciones. En lugar de “te quedas sin tablet todo el fin de semana”, se puede trabajar con el niño para que repare lo que haya roto, pida disculpas de corazón o participe en la elaboración de un plan para evitar que se repita la situación.
Esto no significa que no haya consecuencias, sino que estas se utilizan para aprender y responsabilizarse, no para hacer sufrir. El objetivo ya no es “que escarmiente”, sino que comprenda y desarrolle habilidades para actuar de otra manera en el futuro.
Cinco cambios urgentes en el sistema educativo según Belén Piñeiro

MH: ¿Qué cinco cosas cambiarías tú como profesional de la educación del sistema educativo?
BP: Cambiaría lo siguiente:
- Cambiaría al protagonista principal de las aulas. Dejaría de ser el profesor, serían los alumnos.
- Erradicaría las aulas tal y como las conocemos. No tiene sentido que los niños se pasen 8 horas sentados en un pupitre mirando a una pizarra, es completamente antinatural.
- Eliminaría las notas escolares tal y como las conocemos. La evaluación es una herramienta más para conocer el proceso de enseñanza-aprendizaje.
- El contenido y el volumen de las materias. La memorización de determinados datos ya no tiene sentido. Todos hemos olvidado el 80% de lo que hemos estudiado en nuestra etapa escolar.
- La metodología de enseñanza. Hace falta un cambio radical. Afortunadamente cada vez son más las escuelas que apuestan por la innovación educativa y utilizan otros métodos como el Aprendizaje Basado en Proyectos.
Estos cambios entroncan directamente con la educación emocional y la disciplina positiva: si el centro del proceso pasa a ser el alumno, su motivación, su bienestar y su participación activa se convierten en la brújula que orienta todo lo demás. Renunciar a aulas rígidas y a horarios inamovibles abre la puerta a proyectos interdisciplinares, trabajo cooperativo y experiencias que conectan con la vida real.
Del mismo modo, una evaluación más cualitativa, que valora el proceso, el esfuerzo, la mejora y las competencias socioemocionales, resulta mucho más acorde con lo que hoy sabemos sobre el aprendizaje y el desarrollo humano.
Mindfulness, autoconocimiento y herramientas para el aula y la familia
Entre las herramientas que complementan la educación emocional en casa y en la escuela, el mindfulness ocupa un lugar especial. Tal y como explica Belén en sus formaciones, se trata de una práctica que ayuda a niños y adultos a:
- Prestar atención al momento presente sin juzgar.
- Observar pensamientos y emociones sin dejarse arrastrar por ellos.
- Calmar la mente y el cuerpo, reduciendo el estrés y la impulsividad.
Un ejercicio sencillo para comenzar con los más pequeños es el “juego del silencio”: permanecer unos minutos sentados o tumbados, con los ojos cerrados, prestando atención únicamente a la respiración (cómo entra y sale el aire por la nariz, cómo se mueve el vientre…). Parece simple, pero practicado con regularidad puede generar cambios profundos en la capacidad de concentración y autorregulación.
En un mundo lleno de estímulos, ruido y prisas, enseñar a los niños a valorar y disfrutar unos minutos de calma se convierte en un auténtico regalo para su salud mental presente y futura.
Libros y recursos de Belén Piñeiro para educar en positivo
Además de su labor como formadora y maestra, Belén es autora de varios libros pensados para acercar la educación emocional y la disciplina positiva a familias y docentes. Entre ellos destaca “Educar las emociones en la primera infancia”, en el que ofrece un plan de intervención detallado para trabajar en el aula con los más pequeños, y su libro interactivo “Enseñar en positivo”, diseñado especialmente para quienes desean aplicar la disciplina positiva en el día a día.
“Enseñar en positivo” recoge estrategias prácticas y sencillas para conseguir que los niños colaboren y desarrollen autodisciplina desde su propia motivación. Incluye enlaces a vídeos, códigos QR y actividades que favorecen un aprendizaje dinámico y activo, adaptado a lectores acostumbrados a formatos interactivos.
El enfoque de Belén parte de la idea de que el respeto empieza por uno mismo: solo un educador sensible, constante, afectuoso y comprometido puede ofrecer a los niños un contexto donde desplegar todo su potencial. Por eso, sus recursos combinan información, reflexión personal y propuestas de acción muy concretas para transformar los momentos cotidianos en oportunidades de conexión y aprendizaje.
Por qué es tan importante educar en emociones
MH: Belén, muchísimas gracias por la entrevista. Pero no me gustaría despedirme sin antes preguntarte algo: ¿por qué crees que es tan importante educar en emociones?
BP: Porque forman parte de nosotros, nos acompañarán toda la vida. Saber aceptarlas y regularlas nos hará conocernos mejor, querernos más y tomar mejores decisiones. Hará más fácil nuestra relación con nosotros mismos y también con los demás. Son todo ventajas… ¿no crees?
¿Qué os ha parecido la entrevista a Belén Piñeiro? Yo he aprendido muchísimo con ella. ¡Espero que a vosotros os haya resultado útil e interesante!
Como habéis podido leer, Belén Piñeiro es una maestra de corazón que lucha con todas sus ganas por un cambio educativo urgente y por unas aulas renovadas. Ojalá cada vez más colegios y centros educativos apliquen metodologías activas e innovadoras para convertir a los estudiantes en los protagonistas de su propio aprendizaje, integrando la educación emocional, la disciplina positiva y la neuroeducación como pilares de su proyecto.
La combinación de estos enfoques ofrece un horizonte en el que las escuelas dejan de ser fábricas de notas para convertirse en espacios de crecimiento integral, donde el conocimiento académico convive con el desarrollo de habilidades para la vida, el cuidado de la salud mental y la construcción de relaciones respetuosas. Y en ese camino, la mirada y el trabajo de profesionales como Belén Piñeiro se convierten en una guía valiosa para familias, docentes y, sobre todo, para los niños y niñas que merecen una educación a la altura de todo lo que pueden llegar a ser.


