¿No crees que los niños españoles comen demasiada bollería?

Como sabéis, hace poco se publicaban los resultados del último informe Aladino y conocíamos que a partir de los 7 años aumenta la prevalencia de sobrepeso y obesidad. Pues bien, el mencionado estudio también mostraba el porcentaje de menores que habían desayunado bollería en el día de recogida de datos, había sido de un 12 por ciento (aproximadamente). ¡Bollería para desayunar!

Así, a priori lo que me llama más la atención es que con toda la información de que disponemos, nos permitamos esas licencias. Porque esa cantidad de escolares que toman algún tipo de bollería industrial, es importante (una octava parte de la muestra), para qué engañarnos. Y es que tales alimentos contienen mucho azúcar; por ejemplo un par de magdalenas, sobrepasan con creces la cantidad diaria recomendada para niños por la OMS (que es de unos 37 gramos).

El informe Aladino es desarrollado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (del Ministerio de Sanidad) a través de la estrategia Naos. Los datos corresponden al año 2015, y revelan que sólo un 8,7 % de niñas o niños NUNCA han tomado bollería. Y cuando hablamos de bollería, no solo nos referimos a pasteles, cupcakes o bollos azucarados, porque a las galletas “María” también podemos considerarlas bollería.

Datos del informe Aladino: desayuno de los participantes en el día del estudio

Bollería industrial: consumo más allá de lo deseable.

Un 7,8 por ciento de peques (según Aladino) come a diario estos productos, en algún momento de la jornada. Y son alimentos de escaso valor nutricional, muy calóricos, y ricos no solo en azúcar como he mencionado, sino también en grasas saturadas o trans. Si se tuviera que dar un consejo respecto a la ingesta de donuts, cruasanes, etc… sería no consumir más que un día a la semana (como mucho).

Nuestro paladar siente apego por muchos de los alimentos insanos, por eso muchas veces recomendamos que se acostumbre a los niños desde bebés (sin forzar) a distintos sabores de alimentos básicos; eso y una buena educación nutricional en casa o en la escuela, podría marcar la diferencia, pero no lo es todo, porque ¿qué hay de la publicidad?

Pues eso: ¿qué hay de la publicidad?

La propia Organización Mundial de la Salud, estableció en 2015 algunas recomendaciones respecto a la publicidad de varias categorías de alimentos. En lo tocante a la Categoría 2: “Bollería, galletas dulces y pasteles; otros productos de pastelería dulces y las mezclas para su elaboración: No deberían poder anunciarse ninguno con independencia de su contenido en los ítems anteriormente señalados”. Estos ítems (según leemos en El nutricionista de la General), son cantidad de grasas totales y saturadas, azúcares totales, azúcares añadidos, edulcorantes, sal y calorías.

Lo que ocurre es que tales recomendaciones no son vinculantes, por lo que los países podrían fácilmente ignorarlas. En nuestro caso concreto, la industria alimentaria tiene un código llamado PAOS que pretende “luchar” contra la obesidad infantil. A todas luces es insuficiente, porque ¿en serio?, ¿dejamos en manos de quienes producen estos productos, la regulación de la publicidad? En realidad se trata de una especie de autorregulación centrada en las técnicas de marketing, pero no en si los alimentos y / o bebidas son adecuados nutricionalmente hablando.

¿Qué pones para el desayuno? El mito de las galletas.

Hace poco os descubríamos que eso de que el desayuno es la comida más importante del día no es del todo cierto, y que no se aconsejan los bollos, pero sí tener un poco de sentido común y permitir a los niños comer en función de su apetito. Hay una regla que una vez me contó el nutricionista Julio Basulto: “no ofrecer, no negar”, y es bastante fácil de aplicar. No tengas alimentos insanos en casa, si los tienes y los niños los piden, permite. Pero en lugar de chocolates, helados y galletas, podemos llenar la despensa de fruta de temporada, pan tostado para que los peques unten por encima humus o queso, dátiles (si son grandes), etc.

Y ahora sí, aclaro el misterio este de las galletas, que me están saliendo por todas partes en el post. El propio Julio Basulto, explicó aquí que según la encuesta ENIDE, las galletas están en la categoría bollería, junto a los buñuelos, los churros, los pasteles o los bollos. Tienen tal cantidad de grasa total y saturada que se equipan a otros alimentos de la categoría “bollería”, ¡y nosotros creyendo en esos anuncios en los que los niños toman su vaso de leche (con cacao muy azucarado) y mojan en él media docena de galletas! No podéis decir que no os hemos avisado: las galletas no son más sanas (ni siquiera igualan en salud) a un plátano o a una rebajada de pan con aceite.

No maltratemos la salud de los peques: empecemos por reducir la cantidad de bollería, y por aumentar la de productos básicos, que esos si que no necesitan publicitarse para que todos sepamos que son sanos.

Imágenes — Petr Kratochvil, Midori


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