Bronquiolitis en bebés: síntomas, evolución y factores de riesgo que debes conocer

  • La bronquiolitis es una infección viral de las vías respiratorias bajas que afecta sobre todo a lactantes menores de dos años, con especial riesgo en menores de tres meses y prematuros.
  • Comienza como un resfriado común y puede evolucionar en 2-3 días a dificultad respiratoria con respiración rápida, hundimiento de costillas y ruidos de pitidos al respirar.
  • Hermanos en edad escolar, guardería, exposición al humo del tabaco, prematuridad, cardiopatías y ausencia de lactancia materna aumentan tanto el riesgo de padecer bronquiolitis como de presentar formas graves.
  • El tratamiento se basa en cuidados de apoyo (hidratación, lavados nasales, oxígeno si es preciso); broncodilatadores, corticoides, antibióticos y jarabes para la tos no están indicados de forma rutinaria.

Bronquiolitis en bebés

Seguramente todos tenemos algún conocido que ha tenido que llevar a su hijo al hospital por padecer bronquiolitis. ¿Qué sabemos realmente de esta enfermedad respiratoria tan frecuente en los primeros años de vida? Es importante conocer qué es la bronquiolitis, cómo se transmite, cuáles son sus síntomas, qué factores de riesgo pueden hacer que la evolución sea más lenta o más grave y, sobre todo, qué podemos hacer en casa y cuándo es necesario acudir a urgencias.

Conocer estos aspectos ayuda a las familias a actuar pronto, a vigilar mejor al bebé y a evitar complicaciones innecesarias, especialmente en los niños con mayor vulnerabilidad, como los prematuros o los que tienen alguna enfermedad previa.

¿Qué es la bronquiolitis?

Bebé prematuro con riesgo de bronquiolitis

La bronquiolitis aguda es una infección respiratoria que afecta a la parte inferior del aparato respiratorio, es decir, afecta a los pulmones y a las vías respiratorias más finas, los bronquiolos. Estas pequeñas estructuras son como los «ramitos» finales de los bronquios, por donde pasa el aire hasta los alvéolos. Cuando se inflaman y se llenan de moco, el aire entra y sale con dificultad, produciendo los característicos pitidos o sibilancias.

Una de las características típicas de este proceso es que se da en niños menores de dos años, con mayor frecuencia en lactantes menores de 12 meses y especialmente entre los 3 y 6 meses de vida. En esta etapa los bronquiolos son muy estrechos, por lo que cualquier inflamación o aumento de moco obstruye fácilmente el paso del aire.

Los causantes de la infección son diferentes tipos de virus. El que más comúnmente produce la infección es el Virus Respiratorio Sincitial (VRS), responsable de la mayoría de los casos, sobre todo en época de epidemias. Pero no es el único: el virus de la gripe, los virus parainfluenza, adenovirus, rinovirus, metapneumovirus humano, coronavirus y otros también son capaces de provocar una bronquiolitis o episodios de sibilancias en lactantes.

Cuando estos virus infectan la vía aérea inferior, provocan inflamación de la pared de los bronquiolos, aumento de la producción de moco y, a veces, pequeños tapones de secreciones. Todo esto causa obstrucción parcial o casi completa de estas vías respiratorias pequeñas, lo que explica la dificultad respiratoria y los ruidos al respirar.

¿Cómo se contagia la bronquiolitis?

Contagio de bronquiolitis en bebés

La bronquiolitis es muy contagiosa. El virus se transmite principalmente por gotitas respiratorias que expulsamos al toser, estornudar o hablar, pero también por el contacto con secreciones (mocos, saliva) y superficies contaminadas, como juguetes, mesas o barandillas.

El virus entra en el organismo a través de las mucosas de la nariz, la boca o los ojos. Basta con tocar con las manos una superficie contaminada y luego llevarse la mano a la cara para que el virus pueda transmitirse. Por eso, en entornos con muchos niños juntos, como guarderías, la propagación es especialmente fácil.

Algunos puntos clave sobre el contagio:

  • Los bebés y niños pequeños que acuden a guardería o que tienen hermanos mayores en edad escolar tienen más probabilidades de entrar en contacto con el virus.
  • El virus puede sobrevivir varias horas en superficies, de modo que los juguetes compartidos son un vehículo de contagio frecuente.
  • Los adultos pueden contagiar sin apenas síntomas, presentando solo un cuadro de resfriado leve mientras para el bebé supone una bronquiolitis importante.

¿Cómo evoluciona la bronquiolitis?

Evolución de la bronquiolitis en bebés

La mayoría de los niños están enfermos entre 7 y 12 días y se recuperan sin problemas después, aunque la tos puede prolongarse alguna semana más. En los primeros días el cuadro suele comenzar como un catarro de vías altas, y después, en 2 o 3 días, aparecen los signos de afectación de la vía aérea inferior.

En algunas ocasiones, más graves, el bebé necesitará ingreso en el hospital. Esto ocurre especialmente cuando hay mucha dificultad respiratoria, imposibilidad para alimentarse, saturación de oxígeno baja o presencia de factores de riesgo (prematuridad, cardiopatía, enfermedad pulmonar crónica, inmunodeficiencia, etc.).

En estos procesos más graves, en los que los bebés necesitan estar ingresados, es frecuente que en los meses siguientes e incluso en los años posteriores, cuando el niño se resfríe, los síntomas que aparezcan sean similares a los de la bronquiolitis (episodios de pitos o sibilancias, respiración rápida, tos persistente). Son las llamadas sibilancias recurrentes, que a veces se confunden con el asma del lactante.

También algunos trabajos de investigación han demostrado que los niños que han padecido bronquiolitis durante los primeros meses de la vida tienen, durante la infancia y adolescencia, mayor riesgo de desarrollar asma que los niños que nunca han padecido una bronquiolitis, sobre todo cuando existen otros factores asociados, como antecedentes familiares de asma o alergias.

La curación de la bronquiolitis es bastante lenta. Es habitual que las familias tengan la sensación de que el bebé «no termina de ponerse bien», porque la tos y el ruido en el pecho pueden durar varias semanas. Es importante saber que esta evolución prolongada es esperable en muchos casos, siempre que el niño mantenga buen estado general, se alimente aceptablemente y no presente signos de alarma.

Síntomas de la bronquiolitis

Síntomas de bronquiolitis en lactantes

Al principio los síntomas son los de un resfriado común. El bebé tiene la nariz taponada, tos durante dos o tres días y décimas de fiebre o fiebre que no supera los 39 ºC. Puede estar algo más irritable o con menos ganas de comer, pero mantiene un estado general relativamente bueno.

Después es posible que la enfermedad parezca estancada, algo bastante desesperante porque da la impresión de que el bebé no va a mejorar nunca y ya no sabemos qué hacer. O bien puede empeorar, que es lo más habitual a partir del segundo o tercer día desde el inicio del catarro.

El empeoramiento típico se caracteriza por:

  • Aumento de la frecuencia respiratoria (respira más deprisa de lo normal para su edad).
  • Respiración dificultosa, con hundimiento de las costillas (tiraje), movimiento exagerado del abdomen y ensanchamiento de las aletas de la nariz.
  • Aumento de la tos, a veces en golpes seguidos que pueden provocar vómitos.
  • Aparición de ruidos al respirar, sobre todo al sacar el aire, que se describen como «pitos» o «silbidos».

Aumenta la tos, el bebé respira más deprisa y de forma dificultosa. Vemos cómo sus costillas se marcan, el abdomen sube y baja de forma exagerada y las fosas nasales se ensanchan con la respiración. Puede que la respiración se vuelva muy ruidosa, apareciendo una especie de silbido al respirar. Todo esto nos indica que los bronquios y bronquiolos se están obstruyendo por la inflamación y por el aumento de mucosidad debida a la enfermedad.

En los lactantes más pequeños, especialmente los prematuros, un signo importante puede ser la apnea (dejar de respirar unos segundos), a veces sin que la dificultad respiratoria sea muy llamativa. Estos episodios requieren valoración médica inmediata.

Es el momento de consultar de nuevo a su pediatra o acudir al servicio de urgencias. Puede que necesite ser ingresado en el hospital para controlar la respiración, asegurar una correcta hidratación y, si es necesario, administrar oxígeno.

Seguramente tendrás que acudir a revisiones en tu pediatra o en el servicio de urgencias, según te indiquen, para valorar la evolución. Además de armarte de paciencia, conviene tener claro qué signos hay que vigilar en casa y qué medidas de cuidado apoyan mejor la recuperación.

Motivos de alarma

Humo del tabaco y riesgo de bronquiolitis

Cualquier aumento o empeoramiento de los síntomas es motivo de alarma. Además, hay signos concretos que indican que el bebé puede estar descompensándose y que requieren consulta urgente:

  • Vómitos repetidos. El bebé no puede retener los líquidos y cuando le cambias el pañal está seco o apenas mojado. Esto nos puede indicar que el bebé se está deshidratando.
  • Si el bebé está muy adormilado, cuesta despertarlo o se muestra inusualmente apagado y poco reactivo.
  • Si la piel del bebé empieza a tener color amoratado, sobre todo alrededor de los labios o las yemas de los dedos. Esto puede indicar que el bebé no es capaz de oxigenar correctamente la sangre.
  • Si notas que el bebé se pone pálido y sudoroso, con mal aspecto general.
  • Si se fatiga mucho con las tomas y casi no come, o rechaza repetidamente el pecho o el biberón.
  • Si el bebé respira cada vez peor: más deprisa, se le marcan mucho las costillas, mueve mucho el abdomen, se le hunde el pecho o deja de respirar durante segundos.
  • Si el bebé fue prematuro o tiene alguna enfermedad del corazón o pulmonar, debes consultar con el especialista o acudir a urgencias ante los primeros síntomas de infección respiratoria, aunque parezcan leves.

En el ámbito sanitario se utiliza la pulsioximetría (saturación de oxígeno) para valorar si el niño necesita oxígeno suplementario o ingreso. De forma orientativa, una saturación por debajo del 92 % suele ser indicación de derivación hospitalaria, aunque siempre se valoran conjuntamente otros signos clínicos y los factores de riesgo del bebé.

Factores de riesgo de bronquiolitis y de formas graves

Factores de riesgo de bronquiolitis

Existen ciertos factores de riesgo para que el bebé pueda desarrollar bronquiolitis y también para que el cuadro sea más grave y requiera ingreso. Según varios estudios, los más importantes son:

  • Que el bebé tenga hermanos en edad escolar, especialmente si comparten habitación o pasan muchas horas juntos.
  • Asistencia a guarderías o escuelas infantiles, donde el contacto con otros niños y con virus respiratorios es muy frecuente.
  • Que esté expuesto a ambientes con humo, sobre todo si sus padres son fumadores o hay consumo de tabaco dentro del hogar o el coche. El humo irrita las vías respiratorias y aumenta la susceptibilidad a infecciones y a cuadros graves.
  • Bebés nacidos prematuramente, en especial si la gestación fue menor de 35 semanas o si existe displasia broncopulmonar u otra enfermedad pulmonar crónica del prematuro.
  • Tener bajo peso al nacimiento o problemas de crecimiento en los primeros meses, ya que las reservas del bebé son menores.
  • Cardiopatías congénitas con repercusión hemodinámica u otras enfermedades del corazón que hacen que el organismo tolere peor la falta de oxígeno.
  • Inmunodeficiencias o tratamientos que disminuyen las defensas, que facilitan infecciones más intensas y prolongadas.
  • Enfermedades neuromusculares que dificultan la capacidad del niño para toser y limpiar sus secreciones.
  • Exposición crónica a la polución y a ambientes muy contaminados, que dañan e irritan la vía respiratoria.
  • No tomar lactancia materna. Existen varios estudios que dan un valor protector a la lactancia materna sobre el riesgo de padecer bronquiolitis y de que esta sea grave. Incluso se ha relacionado la duración de la lactancia, tanto exclusiva como mixta, con una mejor evolución de la infección y menor necesidad de ingreso.

Además de estos factores, hay que tener en cuenta que los lactantes menores de 3 meses tienen un riesgo especial de evolución complicada, incluso aunque hayan nacido sanos y a término. En ellos, la reserva respiratoria es menor y cualquier aumento del trabajo respiratorio puede provocar agotamiento con más rapidez.

Tratamiento de la bronquiolitis: qué se hace y qué no se recomienda

Cuidados y tratamiento de la bronquiolitis

En la bronquiolitis no existen medicamentos que curen la enfermedad ni que aceleren la recuperación. La infección es de origen viral y el organismo necesita tiempo para controlar el virus y reparar la inflamación de la vía respiratoria. Por eso, la mayoría de fármacos no están recomendados de forma rutinaria.

Lo más importante es centrarse en los cuidados de apoyo:

  • Mantener una hidratación adecuada, ofreciendo tomas pequeñas y frecuentes para que el bebé no se fatigue.
  • Realizar lavados nasales con suero fisiológico y aspiración suave de secreciones, sobre todo antes de las tomas y de dormir.
  • Garantizar una oxigenación correcta cuando se necesita, administrando oxígeno en el hospital si la saturación es baja.

En cuanto a medicamentos concretos, las recomendaciones de las principales guías clínicas son:

  1. Broncodilatadores
    No funcionan en la mayoría de los casos porque la obstrucción se debe sobre todo a la inflamación y al exceso de moco, no a un espasmo de los bronquios como en el asma. En algunas situaciones muy concretas, cuando hay sospecha de asma o hiperreactividad bronquial en niños algo mayores, se pueden probar y mantener únicamente si hay una mejoría clara tras una dosis de prueba.
  2. Corticoides
    Aunque son antiinflamatorios potentes, no han demostrado beneficio en la bronquiolitis típica del lactante sano. No reducen ingresos ni acortan la enfermedad, por lo que no deben usarse de forma estándar en la bronquiolitis aguda.
  3. Antibióticos
    No sirven porque la bronquiolitis es una infección viral. Solo se utilizan si aparece una infección bacteriana añadida (otitis, neumonía bacteriana, etc.), algo poco frecuente y que debe valorar el pediatra.
  4. Adrenalina nebulizada
    Puede dar alivio transitorio en algunos casos graves en ambiente hospitalario, pero no cambia la evolución de la enfermedad ni evita complicaciones, por lo que no se recomienda de forma rutinaria en la bronquiolitis no complicada.
  5. Otros medicamentos no recomendados
    Mucolíticos, jarabes para la tos, descongestionantes, antihistamínicos o terapias alternativas no han demostrado eficacia y pueden ser dañinos. La fisioterapia respiratoria con vibraciones o percusiones tampoco está indicada en la bronquiolitis aguda típica, ya que no mejora el curso del cuadro y puede causar efectos adversos.

Cuidados en casa y prevención

Prevención y cuidados de bronquiolitis

En la mayoría de los casos, la bronquiolitis es una enfermedad autolimitada que los niños pasan en el domicilio con vigilancia adecuada. Algunas medidas sencillas pueden mejorar mucho el confort del bebé y reducir el riesgo de complicaciones:

  • Mantener una hidratación correcta, ofreciendo el pecho o el biberón con más frecuencia, pero en cantidades menores para que se canse menos.
  • Realizar lavados nasales con suero fisiológico y aspirar suavemente las secreciones, sobre todo antes de comer y dormir.
  • Colocar al bebé en posición semiincorporada cuando esté despierto y vigilado, para facilitar la respiración y el drenaje de secreciones.
  • Mantener un ambiente libre de humo y evitar que nadie fume en casa o en el coche.
  • Ventilar bien las habitaciones y mantener una temperatura agradable, sin abrigar en exceso al bebé.
  • Evitar, en la medida de lo posible, el contacto cercano con personas con síntomas de resfriado, sobre todo si el bebé es muy pequeño o tiene factores de riesgo.

Como medidas generales de prevención de la bronquiolitis y otras infecciones respiratorias, es fundamental el lavado frecuente de manos de adultos y niños, la limpieza regular de juguetes y superficies, y la limitación de la asistencia a guardería en los bebés de alto riesgo durante los periodos de mayor circulación de virus respiratorios si el pediatra así lo aconseja.

Actualmente se dispone de inmunización con anticuerpos monoclonales frente al VRS para determinados lactantes con mayor riesgo de formas graves (prematuros, cardiopatías significativas, enfermedad pulmonar crónica y otros grupos definidos por los especialistas). Esta profilaxis se administra en época de alta circulación del VRS y se indica de forma individualizada por el equipo de pediatría o neonatología.

Con información clara, vigilancia adecuada de los síntomas y buenos hábitos preventivos, la mayoría de las bronquiolitis en bebés y niños pequeños pueden manejarse de forma segura, reduciendo al mínimo el riesgo de complicaciones y las hospitalizaciones innecesarias.


Añadir como fuente preferida en Google