Vida en granja, naturaleza y alergias infantiles: qué dice la ciencia

  • El contacto temprano con animales de granja y entornos rurales se asocia con menos alergias respiratorias, asma y algunas enfermedades inflamatorias intestinales.
  • La hipĂłtesis de la higiene plantea que una menor exposiciĂłn microbiana en la infancia favorece un sistema inmune más reactivo y propenso a alergias.
  • La vida en la naturaleza, incluso en parques urbanos y patios verdes, reduce el estrĂ©s infantil y contribuye a un mejor equilibrio inmunitario y emocional.
  • La proteĂ­na A20 y la diversidad de la microbiota infantil son piezas clave para entender cĂłmo el polvo de granja y los microbios ambientales protegen frente a alergias.

niños en granja y alergias infantiles

Un equipo de científicos liderados por Martijn Schuijs, ha presentado al congreso recién celebrado de la Sociedad Británica de Inmunología, una investigación interesante, en una línea que viene desarrollándose tímidamente desde hace varios meses. Se trata de la relación entre criarse en una granja, y tasas menores de alergias para los niños que viven en esos entornos. Hasta ahora las causas son inciertas, aunque el estudio parece apuntar hacia la primera evidencia de los mecanismos biológicos que podrían explicar por qué la vida en una granja protege frente a las alergias.

Por otra parte, me gustaría aprovechar este post para hablaros acerca de la “hipótesis de la higiene” porque, aunque en ocasiones es discutida, la podemos considerar un factor relacionado con la incidencia de alergias, pero también otras enfermedades autoinmunes. A continuación, voy a hablar sobre ella brevemente:

Esta hipótesis nació a finales de los años 70, y se basaba en la creencia de que para que el sistema inmunológico responda adecuadamente, el organismo debería poder entrar en contacto con posibles agentes externos como gérmenes (entre los cuales se encuentran también bacterias que ayudan a que “las defensas naturales” maduren). Eso sí, conviene ser cautos porque una cosa es permitir cierto grado de suciedad, y evitar la limpieza extrema (en beneficio de nuestra relación con los gérmenes que podrían ayudarnos), y otra pasarnos a la dejadez y el descuido de los buenos hábitos.

niños en la naturaleza y alergias

Contacto con la Naturaleza: beneficios evidentes

vida en granja y alergias infantiles

Un poco más sobre la hipótesis de la higiene

Por ejemplo: a la mayoría de los bebés les encanta meterse tierra y arena en la boca, pero si el lugar dónde está jugando está claramente contaminado por excrementos, deberíamos evitarlo; otro ejemplo: no tenemos que estar lavando las manitas de los niños cada 15 minutos con toallitas higiénicas, pero podemos instaurar el hábito de que se las laven al llegar a casa, tras ir al water y después de comer. Como siempre digo: la virtud está en equilibrio.

Como ya he apuntado, la hipótesis de la higiene cobró fuerza en su día, pero también fue (y es) controvertida. Por ejemplo, es bastante aceptado que el sistema inmunitario funciona mejor si se expone a agentes externos; sin embargo, Sally Bloomfield (entre otras opiniones relevantes) sostiene que no se puede tener en cuenta como factor de peso único en esta regulación inmunológica, pues existen estudios que apuntan hacia el peso del propio desarrollo, la genética y otros factores ambientales en la fortaleza frente a las agresiones.

La relación que yo encuentro entre la exposición a microbios que ayuden a madurar al sistema inmunitario, y la oposición entre vida rural y vida en la ciudad, es que el desarrollo de nuestro hábitat en la urbe ha conllevado cierto grado de asepsia: hogares impecables, lavadoras cada día, mayor uso de productos desinfectantes y alejamiento respecto de los elementos naturales. Por otra parte, vivir en una granja o en un pueblo no significa mayor suciedad, sino más contacto con la tierra, con animales y con microorganismos ambientales, y puede que así más contacto con gérmenes (que recordemos, podrían ser beneficiosos).

Los datos de grandes estudios epidemiológicos apoyan esta idea. Se ha observado que los niños que crecen en granjas con ganado sufren menos rinitis alérgica y menos asma que los que viven en ciudades. En algunos trabajos, el riesgo de fiebre del heno o asma se reducía hasta casi la mitad en los hijos de granjeros respecto a otros niños de la misma región, lo que refuerza el papel de la exposición microbiana temprana como moduladora del sistema inmune.

Y puede que esto último no sea más que especular, pero en cualquier caso podría ser una ventaja a valorar cuando pensamos en qué tipo de entorno queremos para la infancia y en cómo podemos compensar la falta de naturaleza cuando vivir en el campo no es una opción.

CĂłmo influye el entorno en el sistema inmune infantil

Las enfermedades alérgicas (como el asma, la rinitis alérgica o algunas dermatitis) y otras inflamatorias crónicas se han relacionado con una disminución del contacto con microorganismos en los primeros años de vida. La hipótesis de la higiene sugiere que tanto las enfermedades mediadas por células T ayudantes tipo 1 como las mediadas por células T tipo 2 pueden aumentar cuando la exposición microbiana es insuficiente.

En este contexto, diversos estudios han observado que las infecciones parasitarias y el contacto con bacterias ambientales pueden tener un efecto protector, ya sea frente a alergias respiratorias o frente a determinadas enfermedades inflamatorias intestinales. Se cree que esta protección está mediada por una mayor estimulación de citocinas reguladoras, que favorecen un sistema inmune más equilibrado, menos propenso a reaccionar de forma exagerada ante estímulos inocuos como el polen o los ácaros del polvo.

Además de las alergias clásicas, también se ha investigado el papel del entorno rural en la enteropatía inflamatoria juvenil (enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa). Un amplio estudio multicéntrico en población pediátrica encontró que los niños que habían tenido contacto regular con animales de granja durante el primer año de vida presentaban un menor riesgo de desarrollar estas enfermedades intestinales más adelante, incluso después de ajustar por otros factores como la lactancia, el tabaquismo materno o la escolarización de los padres.

Todo esto sugiere que no sólo las alergias, sino también otras patologías inflamatorias crónicas podrían estar influidas por la cantidad y tipo de exposición microbiana en la primera infancia, reforzando la importancia de un entorno rico en naturaleza y vida microbiana “normal”.

Naturaleza y niños desestresados

niños en granja y salud emocional

A partir de las conclusiones de un estudio llamado “La Naturaleza cercana como moderadora del estrés infantil”, del doctor Corraliza y colaboradores, está demostrada la relación con esta Naturaleza y una mayor capacidad de la infancia para enfrentarse a reacciones adversas, ofreciendo en consecuencia más regulación del estrés. La investigación de Corraliza partía de la hipótesis “Buffering” y pretendió valorar el impacto positivo de esas pequeñas “naturalezas” (parques urbanos arbolados, patios de colegio “verdes”, etc.) como factores de equilibrio psicológico para los menores.

No hace falta vivir en una granja para beneficiarse de este efecto “amortiguador”. Los datos indican que disponer de espacios verdes cercanos y accesibles se asocia con menos síntomas de estrés, mejor concentración, más juego activo y mejor regulación emocional en los niños. Un simple parque con árboles, un patio escolar con zonas ajardinadas o un huerto urbano pueden marcar diferencias importantes en el día a día.

Si unimos este aspecto psicológico con los hallazgos inmunológicos, aparece una imagen bastante coherente: los niños necesitan naturaleza para estar sanos, tanto a nivel físico como emocional. El contacto con el entorno natural reduce el estrés, favorece el juego al aire libre, mejora la condición física y, al mismo tiempo, expone al organismo a una diversidad de microorganismos que ayudan a “entrenar” al sistema inmune.

niños jugando en granja

También se ha visto que las experiencias mantenidas en la infancia, como crecer en un entorno rural con animales y vegetación abundante, pueden tener efectos protectores que se mantienen hasta la edad adulta. Estudios realizados con miles de participantes han observado que quienes pasaron sus primeros años de vida en una granja presentan menos rinitis alérgica y menos síntomas respiratorios incluso décadas después, lo que sugiere un impacto duradero.

Por eso, aunque no podamos mudarnos todos al campo, sí podemos procurar que haya más naturaleza en la vida diaria de los niños: escapadas a entornos rurales, visitas a granjas escuela, huertos escolares, paseos frecuentes por parques, menos miedo a la tierra y al barro, y un estilo de crianza que no confunda limpieza con desinfección constante.

¿Sufren menos alergias los niños que residen en granjas?

El trabajo de Schuijs citado al principio fue desarrollado en laboratorio, y los datos obtenidos podrían explicar por qué los niños que crecen en granjas desarrollan menos alergias. Muy resumidamente (y teniendo en cuenta que tenéis el trabajo enlazado más arriba), se observó en modelos experimentales que la exposición al polvo de granja modifica la expresión de la proteína A20 (una molécula implicada en la regulación de la respuesta inflamatoria del epitelio respiratorio). Esa modulación de A20 por componentes del polvo de granja se asoció con una respuesta inflamatoria menor en los modelos, es decir, los individuos expuestos mostraron menos reacciones inflamatorias, entre ellas asma u otras reacciones alérgicas. Conviene señalar que la forma exacta de la modulación puede depender del contexto experimental y de las variantes genéticas de los individuos, lo que explica cierta variabilidad entre estudios.

En este y otros estudios, la clave parece estar en la exposición prolongada a pequeñas dosis de partículas bacterianas y componentes del polvo de granja, como endotoxinas, β-glucanos o ácido murámico. Estos compuestos modulan la respuesta inflamatoria de las células del epitelio respiratorio, haciendo que reaccionen de forma menos intensa ante alérgenos como los ácaros del polvo doméstico.

La proteína A20 desempeña un papel importante en este mecanismo al participar en rutas antiinflamatorias; cuando su regulación es adecuada, contribuye a reducir las reacciones alérgicas y asmáticas. No obstante, en niños con determinadas variantes genéticas del gen que codifica A20, esa protección puede ser menor y las alergias aparecer a pesar de la exposición rural.

Además, investigaciones con miles de escolares en varios países europeos han mostrado que los niños que viven en granjas con vacas, cerdos, gallinas u otros animales de granja tienen un riesgo entre un 30 % y un 50 % menor de padecer asma que los niños de entornos urbanos. De forma similar, trabajos que comparan poblaciones rurales tradicionales con estilos de vida muy ligados a la ganadería con poblaciones urbanas han encontrado diferencias enormes en la tasa de asma, apoyando la idea de un potente “efecto granja”.

Otra línea de investigación interesante ha analizado la microbiota intestinal y respiratoria de los niños. Quienes crecen en granjas o en hogares con mascotas desarrollan una microbiota más diversa y rica en bacterias beneficiosas desde los primeros días de vida. Esa diversidad se ha relacionado con un menor riesgo de alergias en la infancia, lo que encaja con la hipótesis de que el contacto temprano con ciertos microbios ayuda a entrenar al sistema inmunitario para tolerar mejor los estímulos externos.

No solo las alergias respiratorias parecen verse influidas por este contacto temprano con animales de granja. Algunos estudios de casos y controles en población infantil han observado que el contacto regular con ganado durante el primer año de vida se asocia con menor riesgo de desarrollar enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa en la juventud. En cambio, el simple hecho de “vivir en una granja” sin contacto directo y frecuente con los animales no aporta el mismo nivel de protección, lo que sugiere que la exposición real al entorno ganadero (y sus microbios) es el factor clave.

Más allá de los números y los mecanismos moleculares, el mensaje práctico que se desprende de toda esta investigación es que, en general, la vida en granja se asocia con menos alergias infantiles y mejor salud respiratoria. Esto no significa que todos debamos mudarnos al campo ni que los niños de ciudad estén condenados a tener alergias, pero sí apunta a que debemos buscar formas de reintroducir naturaleza, aire libre y contacto con microorganismos “amigos” en la crianza moderna.

Yo siempre valoro estas aportaciones, aunque en mi opinión también cuenta (y mucho) el sentido común y la atención a las necesidades de nuestras hijas e hijos. Tomad nota: los peques necesitan Naturaleza (o naturaleza) y la suciedad no les hace tanto daño como pensamos. Dejad que exploren, que se manchen y que jueguen al aire libre, manteniendo unos hábitos básicos de higiene y seguridad (lavarse las manos al llegar a casa, tras ir al baño y antes de comer, evitar lugares visiblemente contaminados por heces, etc.).

La evidencia científica apunta cada vez con más fuerza a que un entorno rico en naturaleza, animales y microorganismos diversos disminuye la probabilidad de alergias y otras enfermedades inflamatorias y, al mismo tiempo, favorece un mejor equilibrio emocional. Aprovechar este conocimiento para diseñar entornos más verdes y menos estériles para la infancia es una oportunidad valiosa que está en gran parte en nuestras manos.


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