¿Cómo afecta psicológicamente el cáncer de mama a una madre?

Madre con cáncer de mama se siente perdida y sola.

La incredulidad, rabia, desconcierto y desesperanza se ceban con la madre enferma, algo que resulta totalmente comprensible y honesto.

Ante un diagnóstico de cáncer de mama, suelen ser más conocidos por todos los efectos físicos que los psicológicos. En este día dedicado a todas las valientes y sus familiares, vamos a centrarnos en los daños psicológicos de madres con cáncer de mama.

El miedo ante un cáncer de mama

Como mujer es duro enfrentarse al cáncer en el pecho, más aún cuando como familia representa un pilar fundamental, sobre todo cuando hay hijos. La mujer debe hacer frente a un conjunto de sentimientos irrefrenables que llegan sin casi encontrar el lugar. La madre siente miedo por fallar, por fallarse, por la posibilidad de perderse el futuro con su hijo, por no cumplir sueños por los que ha trabajado… La incredulidad, rabia, desconcierto y desesperanza se ceban con ella, algo que resulta totalmente comprensible y honesto.

Los sentimientos negativos son normales,  y a quien escucha la palabra cáncer le da un vuelco el corazón. Todavía es una palabra que impone y asusta. La ansiedad suele producirse, el miedo a lo venidero, o cuando ya todo finaliza, se alberga todavía un ápice de incertidumbre por si la enfermedad regresa… Tener a personas importantes cerca añade consuelo, también sufrimiento al no lograr evitarles la preocupación. La mujer debe creerse capaz de superarlo y no pensar que es débil, al contrario, seguir es síntoma de una fortaleza inmensa.

La madre con cáncer de mama

Madre con cáncer de mama piensa en el futuro y en su hijo..

Cuando una mujer vive el cáncer de mama sin un hijo no debe ser fuerte por él, ni guardarse ideas o emociones para no herirle.

Cuando hay un hijo en medio de una situación donde la madre se ve afectada por una enfermedad, la sensación de no estar haciendo lo suficiente se cruza por ambas partes. Los familiares pueden sentir que no consiguen ayudar como quisieran y la enferma sentir que hay personas, entre ellas el hijo, que están siendo desatendidas por ella. Hablar con otras madres que estén pasando lo mismo, para intercambiar vivencias, puede resultar el mejor salvoconducto, y sin duda el mejor apoyo.

La madre siempre antepone los sentimientos del hijo a los suyos, por lo cual afrontar la enfermedad con niños no deja la suficiente libertad para expresar todo el temor al futuro incierto. El proceso de aceptación de la enfermedad, de lucha y tratamiento, y los momentos posteriores de seguimiento y tras la cirugía, reflejará estrés y cansancio, probablemente matizado y contenido. La mujer deberá aprender a vivir con su nueva situación y recuperarse a su tiempo, sobre todo a nivel psicológico.

Los sentimientos ante la enfermedad

La paciente tendrá ganas de gritar, dificultades para dormir y descansar, su dolor físico le hará estar de peor humor, y con familia el sentimiento de culpabilidad se incrementará. Cuando una mujer vive el cáncer de mama sin un hijo no debe ser fuerte por él, ni guardarse ideas o emociones para no herirle. La madre y mujer, fuerte y valiente, puede permitirse caer, rendirse en ocasiones…, pero con un hijo, el coraje resurge con más ímpetu. Animar a la paciente será clave para que no rechace las sesiones médicas que se le pidan, o la cirugía si fuese necesaria.

Los maridos, sus padres o hijos, deben valerse de ayuda psicológica para no decaer, y saber cómo actuar con la enferma. No se la debe juzgar, sino arroparla sin condición. Las consecuencias emocionales de pasar por un proceso que desgasta tanto, deben mitigarse lo máximo posible. La vida sana, el deporte, la adecuada alimentación o las técnicas de relajación pueden ayudar a sobrellevar el proceso de mejor forma. Y sobre todo, la disposición y buena actitud de la madre ante esta etapa marcarán el ritmo y lo harán más llevadero para todos.

Compartir con el hijo

Madre e hija cara a cara afrontando con entereza la lucha ante el cáncer.

El hijo debe sentirse útil para estar al lado de la madre y refugiarse el uno en la otra, sin tabúes ni temores.

Dependiendo de la edad del hijo, la madre puede explicarle su enfermedad, hacerle partícipe de lo que le pasa, comentarle que tendrá dolores y no se encontrará siempre de buen humor y con ganas de salir y hacer cosas con él. El niño debe saber que él no es culpable de nada y que pese a las dificultades del momento, juntos y como familia, podrán salir adelante.

Hay mujeres a las que se les diagnostica un cuadro depresivo durante o tras pasar este trance, pudiendo llegar a abandonar los buenos hábitos de vida normales. Todo apoyo y asesoramiento son imprescindibles. La madre con un niño de 3 o más años ya puede hacerle comprender lo que le sucede. Deben elegirse las palabras adecuadas para que sepa de lo que se le está hablando. El niño puede sentirse cómodo al lograr sentirse soporte emocional de la madre, y ser el refugio el uno de la otra en momentos de tristeza.

El futuro y los cambios por un cáncer de mama

La mujer tendrá momentos de soledad e incomprensión, incluso sentirá que la vida le da un revés en las relaciones de pareja, interpersonales o profesionales. En ocasiones las personas que la rodean pueden llegar a discriminarla por el proceso que está afrontando. El nuevo aspecto físico y el bajón psicológico influyen en la mujer con cáncer de mama, y determinan su futuro y salud mental, con lo que no deben estar, ni sentirse abandonadas.

Los momentos deben poder gestionarse por la mujer sin tiempo. Es importante que se le permita actuar, decidir y se la respete. Tener profesionales de la salud a quien acudir con dudas y miedos le dará más tranquilidad. Otro gran temor es que su enfermedad sea hereditaria. Todo ello puedo exponerlo a su médico. Para una mujer que es madre, se suma que el pecho no solo es apariencia física, también es una parte del cuerpo que alimenta y reconforta al hijo, y dependiendo de las circunstancias, si se lo quitan, significa perder mucho más.


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