Los niños para poder desarrollarse necesitan sentirse queridos cada día de su vida. Necesitan que sus padres estén a su lado y les apoyen en todo lo que necesiten a lo largo de sus vidas, necesitan palabras de aliento y un abrazo con bonitas palabras cada día… este es el secreto para que los niños puedan crecer con un buen equilibrio emocional. Por eso, es necesario que todos los padres del mundo aprendan a amar a sus hijos de tal forma que ellos puedan así sentirlo.
Aprender a que tus hijos se sientan especiales es lo más importante. Pero la realidad es que algo tan esencial como es transmitir amor a los pequeños, muchos padres se sienten desorientados y no saben cómo hacerlo. Si eres de los padres que no saben cómo conseguir que sus hijos se sientan amados cada día, entonces sigue leyendo porque estoy aquí para ayudarte. No es necesario que seas una persona altamente emocional para mostrar a tus hijos que les cuidas y que les amas profundamente. ¿Quieres algunos consejos? ¡No pierdas detalle!
Una clave adicional que te ayudará desde el primer día es aprender cómo tu hijo recibe mejor el afecto. Diversos expertos han descrito los llamados lenguajes del amor: tiempo de calidad, palabras de afirmación, afecto físico, regalos con sentido y actos de servicio. Identificar el que predomina en tu hijo te permitirá ajustar tus gestos cotidianos para que el mensaje de amor le llegue nítido.
Pasa tiempo de calidad con ellos
Es importante que el tiempo que pases con tus hijos no sea sólo tiempo, es decir, deberá ser un tiempo de calidad. Pero, ¿qué es un tiempo de calidad y qué no es un tiempo de calidad? Un tiempo que no es de calidad es el tiempo que pasas con tus hijos pero no le dedicas atención ni haces nada con él. Por ejemplo, un tiempo que no es de calidad es cuando estás con tus amigas y tu hijo jugando a la videoconsola, o estás haciendo cosas y tu hijo viendo la televisión. Es cierto que aunque hay muchas cosas que hacer durante el día y las madres tenemos que sacar tiempo de debajo de las piedras, hay que buscar un tiempo al día para poder dedicar a nuestros hijos.
Un tiempo de calidad en cambio, es el tiempo que le dedicas de forma exclusiva a tus hijos, es decir, que estás atendiendo de forma plena a tus hijos, compartiendo actividades para pasar el tiempo juntos y divertiros. En este tiempo de calidad, es necesario que dejes de lado el trabajo, el teléfono móvil y te centres de forma exclusiva en pasar un buen rato con tus hijos.
Para que sea realmente transformador, procura incluir micromomentos intencionales a lo largo del día: cinco minutos de juego de mesa antes de la cena, una charla sin prisas en el camino al cole, o cocinar una receta sencilla juntos. No hace falta que sean planes largos; lo crucial es tu atención plena sin interrupciones.
Un consejo muy eficaz es no esperar a que te lo pidan: muestra predisposición genuina a jugar o a participar en su mundo. Cambia el «¿quieres que juegue contigo?» por un cercano «¿puedo unirme a tu juego?». De esta forma, transmites iniciativa y haces que se sienta importante.


Escúchales de verdad (pero de verdad)
Hay veces que los niños hablan y hablan… pero los adultos no les escuchan realmente pensando que lo que tienen que decir no es importante, pero todo lo que tienen que decir los niños es importante. Ellos están aprendiendo y todo lo que se les pasa por la cabeza lo dicen para saber que están en lo cierto. Escúchales para poder guiarles en la vida. Además, cuando un niño tenga la necesidad de contarte algo, escúchale atentamente para saber qué quiere decirte y disfruta de ese momento… te ha escogido a ti para contarte algo.
Practica la escucha activa: mira a tu hijo a los ojos, inclina el cuerpo hacia él, refleja con tus palabras lo que te ha dicho («entonces te sentiste frustrado porque…») y evita interrumpir con soluciones prematuras. Valida sus emociones con frases breves como «tiene sentido que te sientas así». Esta actitud fortalece su seguridad y mantiene abierto el canal de la confianza, especialmente en la adolescencia.
Cuando su lenguaje del amor son las palabras de afirmación, esta escucha se vuelve aún más poderosa. Procura que tus elogios sean específicos y sinceros («me encantó cómo compartiste tus juguetes con tu primo»), en lugar de halagos genéricos.
Fíjate sobre qué es importante para ellos
Los niños a medida que crecen (más bien desde que nacen), tienen intereses y gustos que les van marcando su personalidad y su camino en la vida. Es necesario que aprendas a respetar estos gustos personales y a potenciar sus intereses para que de este modo, puedan potenciar sus habilidades. Los niños, deben entender que si algo les gusta o quieren hacer algo que les motive, no tiene que haber impedimento para poder lograrlo.
Interesarte por sus aficiones les envía el mensaje de que su mundo interior importa. Pregúntales por sus proyectos, acompáñales a sus actividades y bríndales herramientas para seguir explorando. Permitirles decidir entre opciones viables («¿prefieres pintar o salir a la bici?») fortalece su autonomía y les ayuda a practicar la toma de decisiones.
Además, puedes demostrar amor con actos de servicio (otro lenguaje del amor): ayudarle a coser un botón, organizar juntos su mochila o acompañarle a practicar un examen. La clave está en hacerlo con buena actitud y respeto, no desde la queja, para que se viva como apoyo y no como invasión.
Motívales y dales palabras de aliento
Tus hijos necesitan palabras de aliento para poder conseguir cualquier propósito que se propongan. Las palabras tienen un gran poder y los padres tenemos la obligación de alentar y motivar a nuestros hijos para que sepan que los errores no son un problema sino un aprendizaje, que podrán conseguir todo lo que se propongan siempre y cuando tengan constancia y tesón y sobre todo, que no hay nadie mejor que nadie… todos podemos conseguir cualquier cosa, sólo necesitamos saber qué es lo que queremos conseguir (acorde a nuestros gustos e intereses).
Las palabras de afirmación funcionan mejor cuanto más concretas sean. Reemplaza el «eres el mejor» por frases que resaltan el esfuerzo: «vi cuánto practicastes esa coreografía», «me di cuenta de que te esforzaste por ser amable con tu hermana». Esto fomenta una mentalidad de crecimiento y reduce el miedo a equivocarse.
Cuando algo no salga bien, ayúdale a reinterpretar el error como una retroalimentación: «esta vez no ha salido, ¿qué cambiarías para el próximo intento?». De este modo, aprenderá a perseverar sin vincular su valor personal a los resultados.

Además del ánimo emocional, cuida los hábitos que sostienen su bienestar. Mantener rutinas de sueño regulares y respetar sus horas de descanso mejora su humor y capacidad de atención. Evitar saltarse comidas y priorizar tres ingestas principales con opciones saludables favorece su energía y su disposición a aprender.
Besos, abrazos y «te quiero» cada día
¿Te gusta que te abracen, que te besen y que te recuerden que eres especial para alguien? ¡A tus hijos también les pasa! Los niños necesitan que les abraces y les beses, necesitan ese contacto contigo para poder sentirte cerca y saber que todo está bien. Además, es necesario que los padres entiendan la importancia que tiene decir «te quiero» a los hijos (y a cualquier persona que ames realmente) todos los días. Los niños necesitan saber que son parte importante de una comunidad, y diciendo esto, sabrán que son parte importante de la familia, para siempre.
Si el afecto físico es su lenguaje principal, integra gestos sencillos: un beso de buenos días, un beso de buenas noches, abrazos inesperados cuando menos lo esperan o ese «beso eterno» juguetón que arranca risas. Estos rituales breves nutren el vínculo y transmiten calma.
Recuerda alternar el contacto con palabras breves y cálidas: «me encanta pasar tiempo contigo», «gracias por ayudar hoy». El equilibrio entre gesto y palabra multiplica el impacto emocional.

Cuando estás fuera
Quizá, por el trabajo que tienes actualmente debas ausentarte gran parte del día e incluso debas estar varios días fuera de casa. Si este es tu caso, entonces tendrás que conseguir que se sientan cerca de ti, ¿cómo conseguirlo? Es tan fácil como realizar una llamada de teléfono o una vídeollamada con Skype para poder conseguir hablar con ellos y que os podáis ver cara a cara. Además, de este modo, podrás mantener un buen contacto con ellos, podrán contarte lo que quieran y te tendrán mucho más presente que si no saben nada de ti. Hay que aprovechar las nuevas tecnologías para poder acercarnos aún más a las personas, ¿o no?
Refuerza esa cercanía con mensajes breves de voz a media tarde, fotos del lugar donde estás o notas de cariño escondidas en la mochila: «hoy lo vas a hacer genial». Deja un calendario visible marcando cuándo vuelves y proponed un plan especial para ese día. Aunque no estés físicamente, tu presencia emocional puede ser constante.

Crear tradiciones con tus hijos
Las tradiciones son muy importantes en la vida de las personas porque nos hacen sentir que pertenecemos a una comunidad. Estoy segura que recordarás con cariño tradiciones de la infancia que podías disfrutar gracias a que tus padres así lucharon por conseguir. Ahora, ha llegado tu turno para conseguir crear nuevas tradiciones para que tus hijos cuando crezcan puedan recordarlas con mucho cariño y quizá las repitan con sus hijos. Tradiciones pueden ser cómo celebrar los días especiales, ir los domingos a pasear al campo o a la playa, ir un día a la semana a casa de la abuela (o más de uno), etc.
Diseña rituales sencillos que os definan: la noche de pizza y película, el paseo del domingo, el cuaderno de gratitud familiar, leer un cuento antes de dormir o la foto divertida mensual. Los rituales aportan identidad y seguridad, y son una excelente oportunidad para verbalizar lo que valoráis como familia.

Identifica su lenguaje del amor
- Afecto físico: abrazos, caricias, juegos de cosquillas, sentarse juntos a leer.
- Palabras de afirmación: elogios específicos, notas en la merienda, mensajes de ánimo antes de un reto.
- Tiempo de calidad: atención plena sin distracciones, planes uno a uno, conversaciones sin prisas.
- Regalos con sentido: pequeños detalles pensados para él o hechos por ti, sin caer en la sobrecompra.
- Actos de servicio: ayudarle con una tarea difícil, reparar su juguete favorito, preparar juntos su material.
Observa qué demanda con frecuencia («mira lo que hice», «¿juegas conmigo?») y cómo te muestra cariño (¿te abraza mucho?, ¿te escribe notas?). Ajusta tu forma de amar para que se sienta realmente visto.
Gestos cotidianos que funcionan
- Beso largo y cariñoso: un momento de mimos que refuerza la conexión.
- Abrazos inesperados: un gesto cálido que regula emociones tras un día intenso.
- Beso de buenas noches: acompáñale en su rutina y deséale dulces sueños.
- Beso de buenos días: inicia la jornada con cercanía y una frase positiva.
- Escucha atenta cuando cuenta algo: apaga el móvil y préstale toda tu atención.
- Preocuparte cuando le pasa algo: valida su emoción y ofrece apoyo sin juzgar.
- Proponer jugar con él: no esperes a que lo pida, intégrate en su juego.
- Dejarle notas ocultas: en el libro, la mochila o la puerta de su cuarto.
- Invitarle a ayudar en casa: tareas adecuadas a su edad que le hagan sentirse capaz.
- Olvidarte del móvil cuando estáis juntos: la presencia plena es un regalo.
Hábitos diarios que potencian su felicidad
Pequeños ajustes de rutina tienen un gran impacto:
- Descanso suficiente: establece una hora regular para dormir y una rutina calmada previa.
- Comidas principales sin saltos: energía estable para aprender y jugar.
- Decisiones acordes a su edad: elige entre dos opciones y siente que su opinión cuenta.
- Alfabetización emocional: pon nombre a lo que siente y buscad juntos estrategias para gestionarlo.
Señales de que necesita más amor y presencia
Presta atención a las señales cuando un niño no se siente suficientemente amado, puede manifestarlo con:
- Berrinches en público para atraer tu atención.
- Inseguridades y retraimiento en situaciones nuevas.
- Aislamiento y dificultades para relacionarse.
- Lenguaje negativo o derrotista sobre sí mismo.
- Autoestima baja y poca confianza en sus capacidades.
- Miedo al abandono y excesiva dependencia.
- Tristeza frecuente sin causa aparente.
- Problemas académicos por falta de motivación o apoyo.
Actúa incrementando tu tiempo de calidad, dando mensajes claros de amor incondicional y ofreciendo estructura con límites amables. Muchas veces basta con hacer más explícito el amor que ya sientes.
Con adolescentes: amar respetando su espacio
Durante la adolescencia buscan identidad propia, pero siguen necesitando un vínculo seguro contigo. Algunas pautas útiles:
- Acompaña desde la distancia: deja que prueben, pero que sepan que estás disponible.
- Cuida el lenguaje: detecta frases derrotistas y ofréceles un marco más constructivo.
- Escucha sin interrumpir: menos sermones y más preguntas abiertas.
- Mantén límites claros: coherentes y adecuados a su edad, sin condicionar el afecto.
- Evita chantajes emocionales: dañan la confianza y la autonomía.
Tres estrategias muy potentes para reforzar el vínculo en esta etapa:
- Tiempo exclusivo uno a uno: salid a caminar, cocinad o ved una serie juntos, sin distracciones.
- Concesiones puntuales y seguras: permitir algo excepcional (acostarse un poco más tarde para ver una película juntos) comunica confianza y respeto.
- Elogio en voz alta a terceros: comenta, asegurándote de que te oye, algo concreto de lo que te sientes orgulloso.
Límites, disciplina positiva y ejemplo
El amor no está reñido con la estructura. De hecho, los límites claros y coherentes brindan seguridad y ayudan a regular la conducta. Establece normas simples, explícalas en positivo y aplica consecuencias proporcionaledas, siempre desde la calma.
Cuida los pilares del bienestar: alimentación equilibrada, actividad física, sueño e higiene. Compartir comidas en familia, moverse a diario y mantener rutinas estables fomenta salud y fortalece el vínculo. Además, enseñar a gestionar emociones y usar el sentido del humor en momentos difíciles aporta resiliencia.
Predica con el ejemplo: los niños aprenden observándote. Muestra amabilidad al hablar, pide perdón cuando te equivocas y acepta sus errores con serenidad. Validar sus emociones y escuchar con atención les da la seguridad emocional necesaria para afrontar retos incluso cuando no estás presente.
El amor de los padres es muy importante para sus hijos, sin importar la edad que estos tengan. Cuando los niños y adolescentes no cuentan con un vínculo amoroso con sus progenitores son más propensos a desarrollar dependencias emocionales o generar un miedo exacerbado a la soledad. Por ello, a continuación te ayudamos a asegurarte de que tu hijo se siente amado. ¡Qué importante es tener amor en la infancia y adolescencia!
El amor es un sentimiento, ya que es una emoción pensada y más calmada. Cuando amas a una persona (hijos, pareja, amigos, etc.) quieres lo mejor para esta e intentas darlo todo para ella. En la infancia el amor saludable es necesario, así demuestras que amas a tus hijos por lo que son y si hacen algo mal, no los vas a dejar de querer.
Sin embargo, hay que tener cuidado, pues el amor necesita equilibrio y es que, ‘amar de manera incorrecta’ puede desarrollar dependencias emocionales. Algo muy importante es que el amor se debe manifestar, no solo sentir y esto se puede demostrar a través de la gratitud, la amabilidad, escuchar al otro, estar atentos, etc.
Algo para enseñar a los niños es que el amor puede venir en distintos niveles, dependiendo de la confianza y cercanía que tengan con una persona. Pero eso sí, nunca hay que obligarlos a que den muestras de afecto cuando no quieran, porque estos son gestos que deben salir de ellos.
Un niño que se siente amado se siente seguro, es alguien que no tiene miedo a equivocarse, se atreve a hacer más cosas y se puede relajar porque sabe que cuenta con el apoyo de sus padres. Además, está seguro de que estos no lo juzgarán por sus elecciones y que siempre estarán ahí para ofrecerles su ayuda.
Son niños que se muestran mucho más felices y llenos de vitalidad. Que comprenden que a pesar de los malos momentos, sus padres estarán para animarlos. Sin embargo, cuando un niño no se siente querido, si necesita más amor, mostrará alguna de estas heridas emocionales.
1. Berrinches cuando se está con otras personas
Esto lo hacen para llamar la atención de sus padres, pues sienten que estos no les dan el amor suficiente para sentirse seguros. Los niños que sienten esta falta de amor, han aprendiendo que la única forma con la que consiguen que sus padres le hagan caso es si llora desesperadamente en un berrinche.
2. Inseguridades
Cuando los niños se muestran cohibidos, miedosos, inseguros o tristes en diferentes situaciones de su entorno… Este tipo de comportamiento nos da pistas de que nuestro hijo no se siente amado y, ni mucho menos, valorado.
3. Aislamiento
Esto se puede ver cuando no existe una relación con otros niños de su edad, ya que no tiene la seguridad suficiente para acercarse y entablar una conexión con otros.
4. Utilizan un lenguaje negativo
Cuando un niño habla con un tono de derrota o negativista, están dando a entender que hay una falta de confianza que lo está afectando día a día. Esta también es una de las señales de que nuestro hijo necesita sentirse más cerca porque no le está llegando nuestro amor.
5. Autoestima baja
Como no existe una seguridad propia, no hay una autoestima alta que los ayude a mejorar.
6. Desarrollan un miedo al abandono
Estos niños que no se sienten amados tienden a construir un miedo al abandono por otras personas, en cualquier tipo de relación. Es una de las consecuencias de haber crecido con un tipo de apego muy negativo hacia sus padres.
7. Mostrar tristeza
La tristeza es inusual en la infancia, por lo que puede mostrar una falta de gestión emocional en el hogar.
8. Problemas académicos
Los niños que no se sienten queridos por sus padres suelen tener problemas académicos, pues sienten que nadie se interesa en ese aspecto de su vida.
La manera más efectiva de solucionar este problema de carencia afectiva es que los padres brinden más atención a sus hijos o que, al menos, cambien la forma en la que se relacionan con ellos. A veces, es tan sencillo como empezar a manifestar de forma más abierta y clara el amor que sentimos por nuestros hijos (en lugar de darlo por hecho). Algunas maneras de lograr esto es a través de:
– Reservar momentos exclusivos.
– Acompañar sin estar exigiéndoles continuamente.
– Dejando ser a los niños y dejándoles hacer cosas por su cuenta, en lugar de que hagan algo por complacer a los padres.
– Incentivar a que se manifiesten tal y como es, en lugar de etiquetarlos.
– Motivarlos y darles seguridad en lograr sus sueños.
– Respetar su intimidad y darles espacio.
– Darles muestras de amor continuas y hablar con ellos siempre desde el respeto.
– Fomentar el autoconocimiento y autonomía de los niños.
Aunque parezca mentira por su actitud distante, tu hijo adolescente también necesita sentirse amado por ti, por sus padres. Y es que, es una etapa en la que se busca reforzar una identidad individual e independiente, pero saber que cuentan con el apoyo de sus padres ayudará a los adolescentes a tomar mejores decisiones, sentirse más queridos, tener más autoestima… Para ello, ten en cuenta las siguientes pautas:
– Disfrutar con tus hijos adolescentes y acompañarlos desde la distancia, para que sepan que estás allí y que al mismo tiempo respetas su espacio.
– Comprobar su lenguaje. Es común que los adolescentes tengan un lenguaje derrotado, por lo que es importante vigilar este aspecto para saber cómo ayudar.
– Saber escucharlos sin interrumpirlos. Esto amerita prestar atención a lo que quieren expresar y tomarlo con seriedad.
– Escapar de las comunicaciones conflictivas, por ejemplo, con los sermones constantes.
– Hacerles saber que las normas y límites siguen estando presentes. Pero que eso no va a afectar el cariño y amor que les tienen sus padres.
– Evitar los chantajes emocionales, ya que esto creará conflictos en los adolescentes y creerán que pueden salirse con la suya.
Sin duda alguna, todo niño crecerá queriendo ser querido a toda costa, desarrollando una enorme dependencia emocional, hará también cosas para llamar la atención de los demás, en lugar de tener la satisfacción de hacer algo bien, etc.
Cuando los niños que crecen sin amor se convierten en adultos, muestran inseguridades y miedos como el no atreverse a amar para no ser abandonados o porque no cumplen con sus expectativas. Así mismo, son personas que creen que amar tiene un precio y por ende, no son amables. Se puede notar en ellos un sufrimiento emocional que les hace carecer de energías.
¿Es decir que estos adultos no son capaces de amar? Sí, pueden hacerlo, pero tienen que reconocer desde dónde están dando su amor (interés o voluntario). He aquí un secreto: solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos.
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La crianza adecuada de los hijos puede parecer toda una tarea dentro de la rutina diaria, donde apenas tenemos tiempo. Sin embargo, una de las claves está en tratar de establecer una relación cercana y afectuosa con ellos para asegurar su bienestar. Según profesionales en neuropsicología pediátrica y pediatría, existen algunas estrategias prácticas que se pueden aplicar para hacerla efectiva.
Lo primero, hay que adaptar el ritmo a sus necesidades. Se ha de permitir que los niños exploren y aprendan de manera autónoma, de forma que les ayude a sentirse respetados y valorados. Este enfoque no solo mejora su autoestima, sino que también les enseña paciencia y perseverancia.
La creación de rutinas estables y horarios también funciona. Una estructura diaria proporciona una sensación de control y estabilidad; contribuyendo a que se hagan cargo de sus responsabilidades. Las rutinas les ayudan a sentirse con control.
Se deben aceptar los errores con calma. Mientras aprenden, es normal que los niños cometan errores. Por ello, se deben aceptar estos fallos con serenidad y sin juicio; enseñándoles así, que equivocarse forma parte del proceso de aprendizaje. Además, es importante validar sus emociones y escucharles con atención, lo que les proporciona la seguridad necesaria para enfrentarse a los desafíos, incluso cuando sus padres no están presentes.
Hay que dedicar parte del tiempo a escucharles con absoluta atención. Estando presente y mostrando interés en sus opiniones y sentimientos, se les demuestra que sus opiniones son importantes. Este tipo de atención refuerza su autoestima y confianza en sí mismos.
El amor incondicional también se erige como la base de una crianza exitosa. Asegurarse de que los niños se sienten queridos, especialmente durante momentos difíciles, les proporciona un refugio seguro. Además de estas estrategias, la disciplina y servir como modelo de comportamiento (ya que los más jóvenes aprenden observando a sus padres) se convierten en algunas de las prácticas a tener en cuenta. Establecer límites claros y coherentes, adecuados a la edad, y «predicar con el ejemplo» refuerza su seguridad.
Todo lo que has leído se complementa: tu presencia auténtica, tus palabras que reconocen el esfuerzo, el contacto físico cuando lo necesitan, y las rutinas que sostienen su día a día construyen un entorno donde tu hijo se sabe amado hoy y preparado para el mañana.
