Cómo disciplinar a un niño de 5 a 7 años con límites claros y sin gritos

  • Usar órdenes cortas, simples y específicas, repetidas con calma, ayuda al niño a entender qué se espera de él sin necesidad de sermones largos.
  • Aplicar tiempos de pausa acompañados, reforzar el buen comportamiento y anticipar normas es más eficaz que castigos y amenazas constantes.
  • Mantener una actitud positiva, coherente y calmada, sin gritos ni castigos físicos, enseña autocontrol y refuerza el vínculo afectivo.

madre hablando con su hijo para disciplinar

Cundo los niños son pequeños y tienen entre 1 y 4 años, es posible que te sientas que no puedes con ellos porque las rabietas son un habitual, sobre todo a partir de los dos años. Pero esto no tiene que hacer que te sientas frustrado a la hora de disciplinar a tus hijos, debes pensar que es un proceso natural y evolutivo en su desarrollo, es necesario para que ellos aprendan y para que tú les enseñes cuál es el camino correcto, sin gritos ni malos modos.

Los niños pequeños hasta los cuatro años necesitarán tu orientación y tu comprensión una y otra vez, porque quizá les des una orden y al poco se les haya olvidado. But recuerda que es muy importante tratarles a través de la disciplina positiva, un buen refuerzo es muy importante para conseguir que un comportamiento adecuado se repita. Pero, una vez que esto lo sabemos, ¿cómo se debe disciplinar a los niños de entre 5 y 7 años sin caer en castigos dañinos o en luchas de poder constantes?

Cuando los niños pasan el umbral de los 4 años están evolucionando rápidamente y cada vez son más conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Empiezan a comprender las reglas, las consecuencias y también a poner a prueba los límites. Por eso es importante saber qué formas son las más adecuadas para poder disciplinarlos sin caer en los castigos, en las amenazas o en el miedo, y al mismo tiempo ayudarles a desarrollar autocontrol y empatía y responsabilidad.

Órdenes cortas y simples

disciplina en niños de 5 a 7 años

Si razonas con tu hijo la primera vez que rompe las reglas y le ofreces explicaciones detalladas acerca de lo que ha hecho mal, y además le amenazas enfadada sobre los privilegios que va a perder si no deja de comportarse mal, debes saber que como estrategia de disciplina es bastante ineficaz. Las explicaciones largas y las amenazas generan más confusión que aprendizaje en esta etapa, y pueden afectar emocionalmente a los niños porque sienten demasiado la amenaza.

Un niño de 18 meses no tiene capacidad cognitiva suficiente para comprender frases complejas, un niño de 2 o 3 años no tiene la capacidad de atención suficiente para poder comprender todo lo que le estás diciendo, pero debes advertirle y guiarle en el entendimiento. Cuando los pequeños ya van creciendo y van madurando, empiezan a entender mejor las normas si se les explican con claridad y de forma muy concreta, sin dar demasiadas vueltas.

A partir de que el niño es capaz de seguir pequeñas instrucciones (por ejemplo, guardar un juguete o ponerse los zapatos), ya puede entender aquello que le expliques con frases cortas que le repitas unas cuantas veces, incorporando inflexiones vocales y expresiones faciales. Por ejemplo:

  • “No se pega. Manos suaves.”
  • “Primero recogemos, luego jugamos a otra cosa.”
  • “Voz tranquila para hablar, no se grita en casa.”

Las órdenes cortas y simples funcionan mejor cuando:

  • Son específicas: en lugar de “pórtate bien”, decir “camina, no corras en el pasillo”.
  • Se dicen antes de la situación difícil: por ejemplo, antes de entrar al supermercado o al parque.
  • Van acompañadas de consecuencias claras y coherentes, que el niño pueda entender y predecir.

Según recomiendan asociaciones pediátricas y especialistas en disciplina positiva, marcar pocos límites muy claros y repetirlos con calma es mucho más eficaz que dar muchos sermones o regañinas continuas. El niño necesita saber exactamente qué se espera de él en cada momento.


Buscar un tiempo de pausa y la idea de “tiempo dentro”

familia estableciendo limites y compromiso

Si en un momento determinado ha habido demasiadas amonestaciones, le has reconducido demasiadas veces o incluso la pérdida de privilegios está siendo usada en exceso, entonces es que los niños no han aprendido que esa conducta no es correcta y piensan que pueden seguir realizándola. Cuando un límite se repite mil veces sin consecuencias reales, deja de tener valor para el niño.

Para darles tiempo a pensar y cortar una conducta inadecuada, es frecuente usar el tiempo de espera o “tiempo fuera”. Clásicamente se recomienda un minuto por cada año de edad. Sin embargo, las investigaciones y la experiencia clínica más recientes matizan este enfoque: no se trata de aislar al niño para que “piense lo que ha hecho”, sino de darle un espacio breve para calmarse, acompañado por el adulto siempre que sea posible. Por ejemplo, el uso del tiempo de espera puede formar parte de un plan coherente de disciplina.

Por eso, muchos profesionales proponen el concepto de “tiempo dentro”: el adulto se queda cerca del niño, le ayuda a regularse emocionalmente y después, cuando ya está tranquilo, se habla de lo ocurrido. En la práctica, esto significa que:

  • No se abandona al niño solo y enfadado, sobre todo si es pequeño.
  • Primero se calma el cuerpo (respirar, sentarse, beber agua) y luego se reflexiona.
  • Se recuerda la norma con pocas palabras y se anima al niño a proponer una solución o reparación.

Es muy importante que reflexionéis juntos sobre lo que está pasando y que le transmitas exactamente qué es lo que esperas de él en un momento determinado. Así, motivándole con algún refuerzo positivo concreto, podrás conseguir que entienda que su buen comportamiento también tiene consecuencias positivas: más tiempo de juego, elegir un cuento, un rato especial contigo, etc.

niño jugando después de una buena disciplina

Ejemplo del tiempo de pausa acompañado

Así los niños podrán sentirte cerca y se darán cuenta de que no todo debe ser malo. Antes de usar el tiempo de pausa (o tiempo de espera) será necesario que, con una sonrisa pero con una voz firme, le digas algo como: “Cuento hasta tres y si no te detienes tendremos que hacer el tiempo de espera”. La advertencia clara le da la oportunidad de rectificar por sí mismo.

Si después de contar hasta tres tu hijo o hija no ha escuchado, le deberás llevar a un lugar tranquilo y seguro con un temporizador para pensar y reflexionar. Decide de antemano cuánto durará ese tiempo, explícaselo y cúmplelo. La coherencia es clave para que el niño crea en tus palabras.

Durante la pausa, mantente cerca, con una actitud calmada. Puedes decirle muy brevemente qué pasó: “Estabas gritando y tirando juguetes, ahora es momento de calma”. Al acabar, será necesario que le invites a disculparse y que le des un fuerte abrazo para que sienta que no estás enfadada con él o ella como persona, solo con la conducta. Después de un tiempo de práctica de esta estrategia, te darás cuenta de cómo su conducta negativa empezará a disminuir.

Además del tiempo de pausa, también puedes usar estrategias preventivas como:

  • Redirigir la conducta hacia otra actividad cuando veas que se empieza a alterar.
  • Anticipar las normas antes de entrar a lugares o situaciones difíciles (tiendas, visitas, comidas largas).
  • Ignorar algunas conductas leves que solo buscan atención, siempre que no sean peligrosas, y prestar mucha atención al buen comportamiento.

Debes tener una actitud positiva

familia disfrutando tiempo positivo

Es muy importante que tengas una actitud positiva acerca de todas las cosas que sucedan aunque tu hijo o hija tenga un comportamiento negativo. No importa lo frustrado que te sientas hacia la conducta de tu hijo, procura no perder los papeles delante de él. También resulta muy importante que nunca le juzgues a él como persona: “eres un niño malo” y sí acuses la conducta: “no se pega a tu hermana”. Así proteges su autoestima y le enseñas que siempre puede hacerlo mejor.

Los estudios sobre disciplina muestran que la disciplina es más efectiva cuando se da en el contexto de una relación cálida y cercana. Esto significa que, además de marcar límites, necesitas dedicar tiempo de calidad a tu hijo: jugar, conversar, leer juntos, compartir intereses. Si solo recibe atención cuando se porta mal, seguirá buscando esa atención a través de la conducta inadecuada.

Pero también debo decirte que las madres y los padres somos personas que nos cansamos, que podemos tener malas noches, que podemos encontrarnos mal e incluso tener un mal día. Es totalmente normal que te sientas exasperada de vez en cuando. Cuando te sientas así, puedes acudir a tu pediatra, hablar con tu pareja o con un amigo de confianza (que también sea padre) para pedir apoyo o asesoramiento. Lo que no puede ocurrir es que pierdas el control todos los días o no seas capaz de controlar tus emociones, en este caso deberías analizar qué es lo que te ocurre y buscar ayuda profesional si lo necesitas.

Recuerda que para disciplinar a un hijo deberás estar equilibrada emocionalmente para poder transmitir seguridad y cariño. Ser el adulto en la relación implica regular tus propias reacciones: si ves que vas a gritar o decir algo de lo que te arrepentirás, aléjate unos minutos, respira y vuelve cuando te sientas más tranquila. También es válido pedir perdón a tus hijos cuando te equivocas; eso les enseña a ellos a reparar sus propios errores.

padres estresados gestionando la disciplina

Mantén la calma

actividades en familia para reforzar la disciplina

Es cierto que en ocasiones puede resultar complicado mantener la calma, sobre todo cuando tu hijo está intentando romper algo, pegando al perro, no quiere lavarse los dientes, parece que la hora de dormir no le interesa o está con una rabieta en el suelo. Pero si gritas con ira, estarás enviando un mensaje equivocado y además estarás reforzando su conducta de manera negativa: “si me porto mal mis padres me hacen caso”. Los gritos suelen desbordar aún más al niño y bloquean su capacidad de escuchar.

Lo mejor en este caso es tomar una respiración profunda, contar hasta tres o hasta diez, bajar hasta la altura de los ojos del niño y hablar con él de forma firme, seria y severa… pero sin gritos, ni nervios, ni malos modos. A esta postura y tono se le llama muchas veces “firmeza amable”: eres claro con el límite, pero mantienes el respeto y el autocontrol.

Otras estrategias que ayudan a mantener la calma y a enseñar autocontrol a tus hijos son:

  • Preparar al niño para situaciones difíciles: antes de ir a un lugar nuevo, explicarle qué esperas de él y qué pasará si no respeta las normas.
  • Usar el lenguaje de causa y efecto: “Si tiras las galletas al suelo, se acaban las galletas”, y cumplirlo.
  • Reforzar positivamente los esfuerzos, no solo los resultados: “Me gusta cómo estás intentando hablar bajito ahora”.
  • Evitar amenazas desproporcionadas o que no vas a cumplir, porque eso hace que tus palabras pierdan credibilidad.

Además, es fundamental evitar el castigo físico. Los estudios muestran que las nalgadas, cachetes o azotes aumentan la agresividad y el miedo en los niños, dañan la confianza y no les enseñan qué hacer en su lugar. Tu hijo aprende más de lo que haces que de lo que dices, así que si quieres que resuelva los conflictos sin violencia, tú también debes hacerlo sin violencia.

Si sigues todos estos consejos te darás cuenta de que tus hijos de entre 5 y 7 años empezarán a tener una mejor conducta, pero recuerda que es imprescindible que seas un buen ejemplo de comportamiento y equilibrio emocional. La disciplina no es solo corregir, sino también prevenir: establecer rutinas, anticipar conflictos, ofrecer opciones limitadas (“puedes recoger ahora o después de merendar”), escuchar lo que tu hijo siente, negociar cuando sea posible y mantener una relación de confianza.

Con el tiempo, la combinación de límites claros, consecuencias coherentes, atención al buen comportamiento y mucho afecto hará que tu hijo no solo obedezca por miedo al castigo, sino porque comprenda cómo sus acciones influyen en los demás. Esa es la verdadera meta de una disciplina respetuosa y efectiva.

niños que se ha enfadado con su madre
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