Cómo educar a un adolescente de 18 años

Educar a un hijo de 18 años

Educar a un adolescente de 18 años es una de las tareas más complejas de la maternidad o paternidad. Porque a esa edad, ni se es un niño ni tampoco un adulto, es una mezcla que en cada niño puede resultar muy diferente. Algunos chicos cumplen 18 años siendo muy responsables y maduros. Pero otros en cambio, siguen teniendo una mentalidad infantil pero con una mezcla de hormonas difícil de controlar.

Pero lo que se repite en casi todos los casos, es la necesidad de tener una identidad, de sentirse independientes y lejos del abrigo de los padres. Porque psicológicamente, los 18 años suponen la mayoría de edad, al menos en España y otros muchos países. Una edad que te da permiso para votar, conducir o consumir alcohol y entrar en locales de ocio. Sin que ello suponga que tu edad madurativa se corresponda con la edad física.

Educar a un adolescente de 18 años, una tarea compleja

La educación de los hijos no termina nunca, porque uno no deja de ser un referente para los hijos por muy mayores que se hagan. Cuando son adultos y tienen su propia vida, siguen pidiendo consejo a los padres porque un hijo siente que un padre o una madre tiene una sabiduría especial, aunque los propios hijos se conviertan en padres. Pero para llegar a ese punto de madurez, hay que pasar por muchas etapas complicadas.

Un adolescente con 18 años tiene ante sí una vida diferente, llena de aventuras y situaciones para las que antes no tenía la llave. Pero, ¿están los chicos preparados para enfrentarse a la responsabilidad de ser adultos? Tener 18 años es una gran responsabilidad y los hijos deben ser conscientes de ello. Aunque lo más probable es que eviten tener ciertas conversaciones contigo, es esencial explicarles ciertas cosas importantes para su educación.

Respeta su espacio personal

Adolescente en casa

Para tener una buena relación con un adolescente es necesario respetar su espacio personal, comprender que ahora necesita su intimidad y escuchar sus opiniones. Especialmente hoy en día que los chavales están tan informados, es vital escucharles y tener en cuenta lo que tienen que decir, porque también se puede aprender mucho de los hijos. Aunque es necesario tener normas de convivencia que se deben adaptar en función de la edad y madurez de los hijos, respetar que se hacen mayores y necesitan su espacio es clave.

Establece límites

Los 18 años marcan un punto de inflexión porque el cambio de cifra en el DNI marca el paso a la edad adulta. Esto supone que las normas deben cambiar, por el bien de las necesidades del adolescente, pero de igual manera deben cambiar los límites. Sé muy clara con tu hijo y explícale bien cuál es el límite, porque de lo contrario podrían surgir situaciones muy complicadas dentro y fuera de casa.

Ahora es un adulto

Ser adulto significa que uno se merece que lo traten como tal, pero también significa comportarse como corresponde. Esto es ser responsable, tener claras las normas dentro y fuera de casa y ser consciente de todo lo que puede implicar un mal comportamiento. Ahora tu hijo adolescente de 18 años es adulto y esto supone asumir muchas responsabilidades. Asegúrate de que las tiene claras.

Educación sexual

Educación sexual en adolescentes

La adolescencia es una etapa compleja llena de cambios físicos, hormonales y emocionales. Los chicos comienzan a desarrollar sentimientos y atracción por otras personas. Esto es algo normal, natural y saludable, siempre que sepan cómo deben comportarse en una relación. No es fácil enfrentarse a una educación sexual con los hijos, pero es necesario para asegurarse de que saben tener relaciones sanas en todos los sentidos.

Procura mantener una relación abierta con tu hijo adolescente de 18 años, de forma que se sienta cómodo hablando contigo y sepa que puede acudir a ti en cualquier momento y ante cualquier situación. De la misma forma tú podrás hablar con naturalidad de cualquier tema con tus hijos. Verlos crecer es una gran satisfacción, ver cómo se convierten en adultos responsables y buenas personas y todo gracias al amor, la educación y los valores recibidos en la familia.


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