Cómo tratar a niños impulsivos

niño saltando en charco

El control de los impulsos puede ser todo un desafío, pero también algo muy positivo para el desarrollo de los niños, especialmente para los más pequeños. El control de la impulsividad es una habilidad vital que se puede fomentar y mejorar a cualquier edad. Esto es importante ya que la falta de control de los impulsos es la raíz de muchos problemas de comportamiento. Sin una intervención efectiva, los comportamientos impulsivos pueden normalizarse, volverse habituales y empeorar con el tiempo.

Por ejemplo, los niños impulsivos de 5 años pueden golpear o tener rabietas cuando no se salen con la suya. Mientras que los niños impulsivos de 14 años pueden compartir contenido inapropiado en las redes sociales o tener comportamientos de riesgo como beber alcohol sin pensar en las consecuencias que eso puede tener en su futuro. Con paciencia y comunicación estas conductas se pueden modificar, mejorando notablemente su futuro.

¿Cómo tratar a niños impulsivos?

Uno de los trabajos de los padres de niños impulsivos es ayudar a sus hijos a aprender a mejorar el control de sus impulsos durante su crecimiento. De hecho, los estudios muestran que las intervenciones para mejorar el control de los impulsos pueden ser muy útiles para reforzar las habilidades de la función ejecutiva.

Por su parte, las investigaciones también muestran que el control deficiente de los impulsos está relacionado con la toma de decisiones inadecuada y el desarrollo de afecciones de salud mental. Por tanto, cuanto más control de los impulsos gane tu hijo, menos probable será que haga o diga algo que pueda dañar a los demás y a sí mismo, y será más probable que tenga una salud mental positiva. 

Enseña a tus hijos a etiquetar los sentimientos

niño emocionado en la escuela

Los niños que no entienden o no saben cómo comunicar sus emociones de manera efectiva tienen más probabilidades de ser impulsivos. Un niño que no puede decir “Estoy enfadado” puede golpear algo para demostrar que está molesto. O un niño que no puede verbalizar la tristeza puede tirarse al suelo y gritar.

Lo principal es enseñarle a tu hijo a reconocer sus emociones para que pueda decirte cómo se siente, en lugar de mostrártelo. Para ello, hay que comenzar enseñándole a tu hijo cómo etiquetar las emociones, como el enfado, la tristeza, el entusiasmo, la sorpresa, la preocupación o el miedo. Una vez entienda estos conceptos tan abstractos, o alguno de ellos, háblale de la diferencia entre sentimientos y comportamiento.

Asegúrate de que sepa que está bien sentirse enfadado, pero no está bien pegar o gritar a alguien cuando siente esa emoción. Si se siente escuchado y arropado cuando habla sinceramente sobre sus emociones, es menos probable que sienta la necesidad de demostrarlas con hechos.

Pídele a tu hijo que repita lo que le mandas

niños con caras divertidas

Es frecuente que los niños se comporten de manera impulsiva porque no escuchan las instrucciones que les das, especialmente si el niño en cuestión tiene TDAH. Así que es importante que te asegures de que te están escuchando porque de lo contrario actuarán sin haber escuchado nada de lo que les has dicho. Por ello, cuando le mandes alguna cosa, pídele que te repita lo que le has mandado antes de que haga cualquier otra cosa. Una vez que hayas comprobado que efectivamente te ha escuchado, podrá ponerse en marcha. Si, por el contrario, no te había escuchado, ármate de paciencia y repíteselo otra vez.

Para que no le cueste entenderte, trata de darle instrucciones sencillas, fáciles de seguir y con la menor cantidad de pasos posible. Si se tratan de tareas más complejas, puedes hacerle una lista escrita para que vaya siguiéndola sin perderse, porque podría dispersarse en otras cosas fácilmente.

Enséñale habilidades de manejo de la ira

La baja tolerancia a la frustración puede causar arrebatos impulsivos. Por tanto, enseñar a tu hijo habilidades para controlar la ira puede ayudarle a lidiar con sus emociones de manera saludable. Estrategias como respirar hondo unas cuantas veces o caminar por la casa para quemar energía puede serle muy útil. Es mejor enseñar a los niños cómo calmarse para que puedan tomar decisiones más correctas antes de actuar de manera impulsiva.


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