En NCBI se publicó un estudio titulado “FLOW (finding lasting options for women)” que partía de una idea clara: cada vez preocupa más el impacto ambiental de los productos desechables que absorben el fluido durante la menstruación. Desde hace años, las copas vaginales se presentan como alternativa reutilizable: son flexibles, de silicona, y recogen el fluido desde dentro de la vagina. Destacan por su durabilidad y reducción de residuos, y aunque el aprendizaje inicial pueda requerir práctica, su uso resulta sencillo.
El ensayo comparó copas con tampones y analizó las experiencias de mujeres que habían usado exclusivamente tampones frente a quienes utilizaron la copa durante tres ciclos. La satisfacción con la copa fue muy elevada, con un 91% de participantes dispuestas a continuar usándola y recomendarla. Este dato se alinea con la tendencia actual de optar por soluciones sostenibles, económicas y respetuosas con el cuerpo.
En el otro lado, las posibles malas experiencias se relacionan con molestias vaginales iniciales que suelen disminuir con el uso continuado y la mejora en la técnica de colocación. Hay varias marcas con diferentes tamaños, capacidades, flexibilidad y forma para ajustarse a cada anatomía y tipo de flujo. El primer condicionante suele ser haber parido o no, aunque la altura del cérvix y la cantidad de flujo también importan. Conviene asesorarse bien en tiendas especializadas (online o físicas) antes de elegir.
¿Conoces la copa vaginal?

Como hemos comentado, se usa internamente pero no absorbe, sino que recoge la sangre. Se coloca de forma manual en el interior de la vagina y puede mantenerse hasta 8–12 horas, dependiendo del día del ciclo y de tu flujo. Su material más habitual es la silicona médica, biocompatible y segura, y su vida útil (con buen mantenimiento) puede ser de varios años.
Compresas y tampones son desechables; hay más alternativas además de la copa, como bragas menstruales, compresas de tela reutilizables y discos menstruales, sobre las que hablaremos también. La copa solo requiere vaciarse (generalmente en el inodoro) y lavarse con agua templada para volver a usarla; esta higiene es fundamental para evitar molestias. Ofrece tranquilidad y ayuda a mantener la vulva limpia durante la menstruación.
La copa es segura y, una vez dominas su colocación, resulta muy cómoda. Si te interesa probarla, no te quedes con malas experiencias ajenas que hablan de desajustes o suciedad al extraerla: la técnica y la talla marcan la diferencia.
Quiero decir con esto que es mejor que llegues a tus propias conclusiones. Por cierto, al finalizar la menstruación, la copa se lava, se hierve, se seca bien, y se guarda
Guía práctica: cómo poner la copa menstrual

- Lávate bien las manos con agua y jabón antes de manipularla; higiene primero.
- Esteriliza la copa antes del primer uso del ciclo (en agua hirviendo 3–5 minutos, siguiendo las indicaciones del fabricante).
- Busca una posición cómoda: en cuclillas, sentada en el inodoro, de pie con una pierna elevada o en la ducha.
- Dobla la copa con la técnica que mejor te funcione: pliegue en C/U, pliegue en 7 o pliegue hacia dentro; un poco de lubricante a base de agua puede ayudar.
- Inserta suavemente apuntando hacia el coxis, manteniéndola doblada; el tallo debe quedar dentro sin molestar (ajústalo si es largo).
- Deja que se abra y asegúrate de que haga un pequeño sellado; puedes girarla o moverla ligeramente para que se despliegue.
- Comprueba el sellado: pasa un dedo alrededor de la base; si ofrece resistencia al tirar suavemente, está bien colocada.
Cómo retirarla con seguridad
- Lávate las manos de nuevo para evitar introducir gérmenes.
- Adopta una posición cómoda (similar a la de inserción) y relaja el suelo pélvico.
- Pellizca la base para romper el vacío; evita tirar del tallo sin deshacer el sello.
- Extrae en vertical con suavidad para minimizar derrames y vacía el contenido en el inodoro.
- Enjuaga con agua (jabón suave sin perfumes solo si es necesario) y vuelve a colocarla o guárdala.
Elegir talla, ajuste y certificaciones
La talla adecuada evita fugas y molestias. Guías habituales: personas jóvenes sin parto vaginal suelen usar tallas pequeñas; tras partos vaginales o con flujo abundante, tallas mayores. La altura del cérvix también importa: si es bajo, busca copas más cortas; si es alto, un tallo algo más largo ayuda. Verifica material de silicona médica y certificaciones sanitarias de tu país; por ejemplo, en México la COFEPRIS certifica estos productos. Si tienes dudas, consulta con profesionales o educadoras menstruales.
¿Aplicador sí o no? La mayoría de copas no requieren aplicador gracias a su flexibilidad. Puede ayudar al principio, pero con práctica no es necesario. Recuerda que el autoconocimiento corporal facilita la adaptación y reduce los “accidentes de color rojo”.
Contexto social y accesibilidad
La educación menstrual influye en la experiencia con la copa. Persisten tabúes asociados a tocar la sangre o manipular el cuerpo, y en muchos entornos falta infraestructura: según UNICEF, una proporción significativa de adolescentes y personas menstruantes no cuenta con instalaciones adecuadas en escuelas, oficinas u hogares. Promover espacios seguros e información clara es clave para una transición sostenible.
También hay (algunas) DESVENTAJAS

- Si has escogido bien tu copa vaginal, se ajustará a las paredes de tu vagina, pero una mala colocación puede provocar fugas y no conseguir el objetivo deseado.
- Si sabes poner un tampón, podrás introducir la copa; ten paciencia al aprender. Para retirarla, deshaz el vacío introduciendo suavemente un dedo entre la copa y la pared vaginal; si no lo haces, podría molestar.
- Valora tu entorno laboral y las características de los baños (bidé, grifo cercano). Con la experiencia estos hándicaps se reducen; puedes apoyarte en toallitas específicas o botellitas de agua para enjuagar.
- ¿Te ensuciarás los dedos? Probablemente un poco, pero forma parte del proceso y no es grave comparado con las ventajas; la menstruación es un fluido corporal natural.
- Factor cultural y tabú: a algunas personas les incomoda manipular su cuerpo; con información y práctica, la comodidad mejora notablemente.

Las copas vaginales son sostenibles, los tampones y compresas NO
Además de generar residuos, compresas y tampones pueden incluir derivados plásticos, celulosa, algodón y perfumes que irritan la mucosa. En los tampones, las condiciones de uso prolongado pueden asociarse con el síndrome de shock tóxico (SST). Aunque existen opciones ecológicas desechables, su coste y la generación de residuos siguen siendo mayores que con una copa bien cuidada.
El impacto ambiental es notable: se estima que una persona puede usar entre 8.000 y 17.000 productos desechables a lo largo de su vida. Muchos componentes tardan cientos de años en degradarse; se han citado cifras de hasta 500 años para algunos plásticos. A escala global, los desechos menstruales suman millones de toneladas anuales. La copa, al ser reutilizable, reduce drásticamente esa huella.
En absoluto son sostenibles, empezando porque se obtienen a partir de la celulosa (y esta a su vez de los árboles)
Profundizando en ciclo de vida y huella de carbono: análisis comparativos reportan emisiones por producto en torno a 0,029 kg CO2eq (tampones), 0,018 kg CO2eq (compresas) y 0,42 kg CO2eq (copa). Pero como la copa se usa durante años y los otros son de un solo uso, la huella acumulada estimada a 10 años sería aprox. 46,8 kg CO2eq (tampones), 75,4 kg CO2eq (compresas) y 0,42 kg CO2eq (copa). La diferencia es abismal a favor de la reutilización.
En huella hídrica (agua consumida a lo largo del ciclo de vida), se han estimado alrededor de 6,9 L por tampón y 7,5 L por compresa, que multiplicados por los usos durante 10 años suman miles de litros; la copa se sitúa en torno a 900 L en 10 años. La reducción de agua y energía en fabricación, transporte y fin de vida es otra ventaja clave de la copa.
Respecto a residuos en vertedero, el peso seco orientativo de un producto es aprox. 1,6 g (tampón), 9,3 g (compresa) y 15 g (copa); al proyectarlo a 10 años, la copa genera gramos frente a los kilogramos de desechables. Y no olvidemos el packaging: muchos productos incorporan plástico, papel de silicona, cartón y envoltorios individuales; en compresas, el embalaje puede suponer hasta el 30% del peso. Todo ello repercute en la basura y en la logística de reciclaje.
En términos económicos, la copa implica una inversión inicial, pero ahorra a medio y largo plazo. A modo ilustrativo, en mercados como el mexicano es habitual encontrar copas entre 400 y 700 pesos, con una vida útil de varios años. Si se compara con el gasto acumulado en desechables, la diferencia a favor de la copa es sustancial y constante con el tiempo.
También conviene situar a la copa dentro de un ecosistema de opciones sostenibles: las bragas menstruales y las compresas de tela sirven como apoyo o alternativa en momentos concretos (primeros días, noche, posparto, suelo pélvico sensible). Los discos menstruales reutilizables, que se colocan más arriba y no generan vacío, pueden resultar cómodos para algunas personas y permiten mantener relaciones sexuales durante la menstruación. Combinar soluciones puede maximizar la comodidad y la autonomía.
Para acabar, te cuento una ventaja más de las copas vaginales, si las has usado lo sabrás: no altera la mucosa, y por ello no reseca, ni provoca picores. Como he comentado, hay más métodos, te los contamos en breve.
Imágenes — julio.garciah, La copa menstrual, Greencolander.
Elegir la copa menstrual es, para muchas personas, un gesto de autocuidado y sostenibilidad: reduce residuos, ahorra dinero y mejora la experiencia del periodo. Con información, práctica y la talla adecuada, la adaptación llega pronto; y si combinas con otras opciones reutilizables, tendrás flexibilidad total según cada momento del ciclo y tus rutinas.


