
Las mujeres no hablamos de la menstruación más que para comentar si nos duele más o menos, si nos dura 3 o 5 días, o acerca de la abundancia de nuestro sangrado; además a según que edades intercambiaremos información sobre los métodos que utilizamos para absorber (compresas, tampones, esponjas naturales) o retener (copa menstrual) el sangrado, tema – por cierto – interesante en sí mismo, que merece ser ampliado. Pero la menstruación forma parte de un ciclo, que de media dura unos 28 días, y forma parte también de nuestra condición femenina, ¿por qué reducirlo a temas tan triviales como el dolor?
Hoy empezaré a contaros sobre el ciclo menstrual, ocupándome de la primera fase. En realidad, según las fuentes de información, no se compone exactamente de dos fases, sino que estas, a su vez, están formadas por otras; intentaré ser lo más explícita y concreta posible, para que la información quede clara. La razón de que quiera hablaros de este tema, es que el ciclo menstrual tiene un propósito reproductivo (concebir un bebé), pero además interviene en cómo nos sentimos. Aunque aún se aceptan estereotipos como ese que señala la menstruación como un ‘castigo de la Naturaleza’, lo podemos ver como un marcador de salud que nos permite conocer el funcionamiento de nuestro cuerpo.
Como he dicho, el ciclo suele durar 28 días, pero también es aceptado que dure entre 21 y 35 días, sin que esto sea anómalo. Comienza el primer día de la menstruación, durante la cual el cuerpo se libera del endometrio (recubrimiento del útero) y la sangre sale al exterior a través de una pequeña abertura del cuello uterino, para después pasar por la vagina. Cabe mencionar que los dos o tres años tras la menarquía (primera regla), los ciclos suelen ser irregulares; como lo son a partir de los 40 / 45 años, hasta que la mujer ‘entra’ en la menopausia. En Más Medicina, nos hablan de cómo son los ciclos tras el embarazo y parto, nosotros también os contaremos más adelante.
Fase de maduración folicular: selección del óvulo

De entrada decirte que todo es producto de la actuación de una serie de hormonas, si seguís leyendo lo entenderéis. En primer lugar ayudan a que el útero expulse el endometrio, provocando contracciones que causan el dolor o molestia. Durante los primeros días, la foliculoestimulante (FSH) segregada por la glándula pituitaria, estimula los ovarios para que ‘fabriquen’ óvulos: en cada folículo hay un óvulo inmaduro, y de ellos algunos son estimulados para generar estrógenos, cuyo nivel se eleva con el crecimiento de los folículos.
Es el momento en el que el folículo dominante hace que su óvulo madure (hay casos en los que excepcionalmente madura más de un folículo y si se produce su fecundación da lugar a embarazo múltiple). Esta etapa, conocida como fase folicular o preovulatoria, abarca desde la menstruación hasta la ovulación, y es la más variable en duración del ciclo.
En ese momento, el folículo dominante se acerca con su óvulo dentro a la superficie del ovario, y más tarde, con el desarrollo avanzado, ocupa la mitad del mismo, es cuando lo llamamos ‘de Graaf’ o preovulatorio. Con la maduración completa, el ovocito / óvulo, es liberado del ovocito y empieza su recorrido por la trompa de Falopio, empieza entonces la fase lútea, de la que nos ocuparemos mañana
Qué ocurre durante la fase folicular en ovarios y útero
En el ovario, la FSH induce el crecimiento de varios folículos, pero uno adquiere ventaja y se convierte en dominante; el resto detienen su desarrollo por atresia. Este folículo produce cantidades crecientes de estradiol, hasta alcanzar niveles que desencadenan una descarga de LH (pico de LH), señal que precipita la ovulación y marca el final de la fase folicular.
En el útero, mientras sangramos, el endometrio se desprende; después, bajo el efecto de los estrógenos, la mucosa entra en fase proliferativa y se regenera desde su capa basal. En paralelo, el moco cervical evoluciona desde escaso y denso a más abundante, elástico y transparente (tipo ‘clara de huevo’), un cambio que favorece el paso y la supervivencia de los espermatozoides.
Es común pensar que ovulamos hacia el día 14, pero cada mujer tiene un ciclo menstrual diferente, por eso también es variable. Al ovular se pueden sentir dolores punzantes (mittelschmerz), aunque no siempre es así, ni siquiera en todos los ciclos de una misma persona. Por ejemplo los estrógenos ayudan al endometrio a recubrirse de nutrientes, y eso no lo vas a notar, pero ¿te suena la mucosidad cervical que sale esos días por la vagina? Suele ser fina y de color transparente o blanco turbio y es favorable para el esperma.
Duración de la fase folicular y qué la puede modificar
En un ciclo de 28 días, la fase folicular dura alrededor de 14 días, de los cuales los primeros 3 a 6 corresponden a la menstruación. No obstante, es la fase más variable del ciclo: si tu ciclo se acorta o se alarga, casi siempre es porque esta fase se modificó (la fase lútea suele ser más estable).
Factores como estrés, cambios de huso horario por viajes, variaciones bruscas de peso, ejercicio físico extenuante o ciertos desequilibrios hormonales, pueden alterar la coordinación del eje hipotálamo-hipófisis-ovario y modificar la duración de esta etapa. Si los ciclos se vuelven impredecibles o claramente irregulares, conviene consultar con un especialista.
Señales de fertilidad y formas de identificar la ovulación
Para muchas mujeres, combinar métodos aumenta la precisión. Algunas estrategias útiles son:
- Calendario menstrual: registrar varios ciclos ayuda a estimar tu ventana fértil, sabiendo que la ovulación suele ocurrir 12-16 días antes de la siguiente regla.
- Observación del moco cervical: cuando se vuelve claro, elástico y filante, se aproxima la ovulación.
- Temperatura basal: permanece más baja en fase folicular y sube tras la ovulación por efecto de la progesterona; es útil para confirmar que ya ocurrió.
- Test de ovulación (LH): detectan el pico de LH en orina, anticipando la ovulación en las siguientes 24-36 horas.
Recuerda que los espermatozoides pueden vivir 3-5 días en el tracto reproductor, mientras que el óvulo permanece fecundable 12-24 horas. Por eso, mantener relaciones en los días previos al pico de LH incrementa las probabilidades de embarazo.
Pruebas y seguimiento clínico de la maduración folicular
En consulta, el desarrollo folicular se evalúa mediante ecografía transvaginal (se observa el crecimiento de los folículos) y perfiles hormonales (FSH, LH, estradiol y, más adelante, progesterona). La prueba de FSH suele realizarse al inicio del ciclo (habitualmente días 3-5) para interpretar mejor la función ovárica en ese contexto.
Cuando el folículo dominante alcanza un tamaño preovulatorio, cercano a los 18 mm (puede variar), se aproxima el pico de LH. En reproducción asistida, esta información permite sincronizar intervenciones. Si existen alteraciones persistentes (por ejemplo, síndrome de ovario poliquístico, anovulación o ciclos muy irregulares), la valoración ginecológica orienta el tratamiento.
Maduración folicular en reproducción asistida
La fase folicular es clave en técnicas como la donación de óvulos o la fecundación in vitro. Bajo control ecográfico y hormonal, se estimula el crecimiento de varios folículos; cuando alcanzan el tamaño adecuado, se programa la punción folicular para recuperar los ovocitos. Entender cómo maduran los folículos y cómo responden a la FSH ayuda a optimizar el proceso y a ajustar los protocolos según cada paciente.
Para acabar, os recuerdo que esta primera fase del ciclo menstrual se llama de maduración folicular, e incluye la menstrual (esta durará entre 3 y 7 días). La duración de la fase es de unos 14 días de media, es decir, hasta que el óvulo deja el ovario que lo ha albergado, y deja paso a la siguiente. Es un proceso fascinante, y creo que es importante que lo conozcamos.
Imagen — TipsTimesAdmin.
Comprender la fase folicular más allá del sangrado permite interpretar síntomas, anticipar la ventana fértil y detectar a tiempo posibles desajustes hormonales. Observar la evolución del moco, usar test de LH y registrar tu ciclo te da una visión práctica del momento ovulatorio; si notas cambios llamativos en duración, cantidad de sangrado o molestias, tu profesional sanitario puede apoyarte con estudio y seguimiento personalizados.
