Consejos importantes para controlar las rabietas

Un niño con rabieta

Las rabietas son la forma natural de los niños de mostrar su frustración por algo que está sucediendo y que no le parece adecuado que ocurra. Cuando tu hijo está en mitad de una rabieta es muy fácil que tú como madre también entres dentro de tu propia crisis también… parece que se contagia ese estado de nervios. Pero nada más lejos de la realidad, tu hijo te está intentando decir qué le ocurre y tú si entras en crisis es porque no le estás escuchando todo lo que necesita, ni le estás guiando para que encuentre la calma.

Las rabietas son una realidad en la infancia y los padres deben encontrar la forma de poder hacerles frente sin que eso suponga a los niños un problema emocional. Existen estrategias simples que pueden ayudar a que las rabietas desaparezcan, pero siempre desde la cooperación y el respeto hacia el niño. Los niños pequeños, (entre 1 y 4 años) no han desarrollado aún habilidades suficientes como para poder comunicar una necesidad a un adulto (quiero un juguete, tengo más hambre, necesito un cambio de pañal, algo me molesta, etc.) ya que no tienen las habilidades lingüísticas necesarias para hacerlo.

Los niños cuando no saben expresar sus necesidades se sienten frustrados y por eso lanzan las rabietas… parecen una lucha de poder, pero sólo quieren transmitir su necesidad. Es necesario que sepas cómo contener estos arrebatos desde el cariño y el respeto, para que tu hijo se sienta escuchado, comprendido y sobre todo, guiado para un buen comportamiento.

No intentes controlarle

Cuando un niño tiene una rabieta, lo último que debes intentar es controlarle. Tu pequeño está fuera de control porque las emociones se han apoderado por completo de él. No es capaz de tomar decisiones ni de hacer juicios mientras esté en ese estado iracundo. Necesitarás esperas a que tu hijo pequeño se calme para poder hablar con él y buscar las mejores soluciones. Cuando está ante una rabieta, no le des lo que quiere pero tampoco le ignores por completo. Busca la forma de calmarle desde el cariño; puedes dejarle su propio espacio sin salir de escena, decirle que cuando esté tranquilo buscaréis opciones, ofrécele un abrazo para calmarle, etc.

Un niño con rabieta

Averigua qué le ocurre a tu hijo

Si tu pequeño tiene una rabieta es porque le pasa algo y debes saber qué es para poder guiar mejor la situación. Los niños no podrá decirte bien qué le ocurre porque tiene un vocabulario demasiado limitado y por eso debes conseguir saber qué le ocurre para liberarle de su frustración. Puedes enseñar  tu hijo pequeño palabras clave para que pueda decirte qué le ocurre como por ejemplo: más, agua, dormir, comida, pupa… te puedo asegurar que cuando un niño tiene un vocabulario limitado, esta estrategia es muy importante.

También puedes averiguar qué le ocurre pensando en qué es lo que está pasando. Por ejemplo, ¿quizá hayáis ido a pasear durante todo el día y tu hijo no haya tenido tiempo para dormir la siesta? Es posible que esté cansado. O quizá en lugar de intentar averiguarlo le puedes decir a tu hijo que te indique qué es lo que le ocurre para que te lo señale.

No le agobies

Para no agobiar a un niño que está teniendo una rabieta, es necesario que le proporciones su propio espacio siempre que lo necesite. Hay niños que necesitan pasar su enfado para poder sentirse mejor, simplemente asegúrate de que en el momento en que está enfadado no hay nada a su alrededor que le pueda causar daño. Pero deberás estar a su lado todo el tiempo, pero dejándole su propio espacio. Intenta que entienda sus sentimientos, que recobre el ánimo a tu lado y que recupere el control de sí mismo con tu ayuda. No entres en una lucha de poder, elige bien tus batallas y prioriza el bienestar emocional de tu pequeño.

Un niño con rabieta

Haz que las cosas sean divertidas

Cuando tu hijo quiere participar contigo en alguna actividad no le riñas porque no sabe hacer las cosas bien e intenta que pueda aprender divirtiéndose. Por ejemplo, si estás en la cocina y tu hijo quiere ayudarte pero es demasiado pequeño, puedes darle pequeñas instrucciones para que se sienta útil y feliz de estar haciendo cosas a tu lado, como por ejemplo tirar cosas la basura o echar ingredientes en un recipiente.

Detecta las posibles crisis

Una madre (y un padre), puede prevenir una crisis antes de que suceda si se puede detectar a tiempo. Si tu hijo está a punto de ir a una parte de la tienda que no quieres que vaya porque va a coger cosas que no debe y va a llorar porque no lo vas a comprar, lo mejor que puedes hacer es cambiar de pasillo o no ir a esa tienda e ir a otra. Aunque si debes pasar por esa zona, puedes desviar su atención hablando de otra cosa o desviando su atención a otras cosas que le puedan interesar y que no sea motivo de una posible rabieta… pero deberás darle emoción a tus palabras para que se sienta motivado para desviar la atención hacia dónde le estás guiando.

Un niño con rabieta

Nunca (¡nunca!) utilices la agresión

Ni física ni verbal. La agresión hacia un niño además de ser delito, ¡no educa! Sólo hará que el pequeño sienta miedo y que sienta un terrible sentimiento de abandono emocional por parte de sus padres que perjudicará gravemente su desarrollo personal, social y emocional. Si alguna vez sientes la necesidad de pegarle, sal de la estancia y respira profundamente el tiempo necesario para tranquilizarte y para reconsiderar qué es lo que quieres que tu hijo aprenda exactamente. Después, vuelve a dónde se encuentra tu hijo y con un tono cariñoso y amable, deberás proporcionarle la guía que necesita para saber qué esperas de él en cuanto a su comportamiento.

Estas son algunos consejos que puedes utilizar en tu día a día para controlar las rabietas de tus hijos y que de este modo podáis vivir en una armonía familiar estupenda.


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