Niños, móvil propio y WhatsApp: cómo decidir y acompañar su uso de forma segura

  • La madurez del menor y el acompañamiento adulto son más importantes que la edad exacta a la hora de decidir si debe tener móvil propio y usar WhatsApp.
  • Configurar la privacidad y la seguridad de WhatsApp, limitar el tiempo de uso y empezar con grupos pequeños y supervisados reduce de forma notable los riesgos.
  • Es esencial hablar desde pronto de respeto, intimidad, sexting, grooming y ciberbullying, ofreciendo al niño un adulto disponible al que acudir ante cualquier problema digital.
  • El móvil y WhatsApp pueden ser herramientas útiles y positivas si se integran en un plan familiar de uso responsable de pantallas, con espacios sin dispositivos y buen ejemplo por parte de los adultos.

niños y WhatsApp

Cuando los menores de edad empiezan a utilizar dispositivos con conectividad a Internet, es muy importante que las madres y los padres estén presentes y sepan actuar como guías digitales, a fin de evitar o minimizar los riesgos asociados a un uso inadecuado. No cabe duda de que hay una edad para todo, y muchas veces los problemas vienen porque ponemos en manos de quienes aún son muy jóvenes, herramientas que les permitirán divertirse y comunicarse con los demás, pero para las que se requiere cierta madurez.

Por ejemplo, no es frecuente que niños y adolescentes menores de 15 años actúen pensando en las consecuencias de sus acciones; son más propias de la infancia la impulsividad, la experimentación, la inmediatez, la búsqueda de placer y la necesidad de pertenecer al grupo. Por eso necesitan crecer y desarrollarse en hogares con adultos que les protejan también en lo digital y que les enseñen a frenar antes de compartir, reenviar o publicar.

Estos días estamos leyendo las declaraciones de una inspectora del Cuerpo Nacional de Policía llamada Esther Arén, que está especializada en la lucha contra el acoso a menores y ciberdelitos. Según sus palabras, los especialistas aconsejan que no deberíamos proporcionar a nuestras hijas e hijos un móvil propio antes de los 12 años. Otros organismos y profesionales recomiendan incluso retrasar el acceso sin supervisión y el uso intensivo de redes sociales hasta bien entrada la adolescencia, precisamente porque la corteza prefrontal —la parte del cerebro que regula la impulsividad y el juicio crítico— aún está en desarrollo.

Mediante este servicio de mensajería nuestros hijos e hijas pueden hablar, intercambiar archivos de todo tipo (predominan las fotografías), aclarar cosas de los deberes o de actividades del colegio, e incluso organizar eventos (fiestas de cumpleaños, salidas con los amigos, trabajos en grupo, etc.). Se configura como una auténtica red social de mensajería que requiere una vigilancia aún más exhaustiva por parte de los padres y madres, por este motivo, vuestro control y acompañamiento es imprescindible.

Lo ideal sería esperar un poco más para que vuestro hijo o hija dispusiera de esta aplicación, y tener claro que las propias condiciones o términos de servicio de WhatsApp indican una edad mínima para su uso (los menores necesitan consentimiento legal de sus padres, madres o tutores). No obstante, cuando decidamos que nuestro hijo o hija la tenga, lo primero que tenemos que hacer al instalarla en su móvil es configurarla para que tenga la mayor seguridad posible. Y, a partir de ahí, concienciarnos de que tendremos que ejercer una vigilancia constante, profunda y sobre todo dialogada.

¿Pueden los niños usar WhatsApp?

niños móvil y WhatsApp

Nos cuenta también Esther que sería mejor que los peques no usaran WhatsApp demasiado pronto o sin supervisión adulta.

Según información disponible en la página del servicio, existe una edad mínima de uso (o la edad mínima requerida por cada país para tener autorización sin aprobación de los padres); dicho esto, cuando un niño menor de esa edad se descarga WhatsApp en el móvil y acepta las condiciones, la compañía entiende que los padres son conocedores y aceptan, aunque en la práctica muchas familias ni siquiera han leído estos términos.

Pero huyendo un poco de tecnicismos y aferrándonos al sentido común, ¿qué sentido tiene que un niño de 9 o 10 años tenga móvil propio y por ende WhatsApp? ¿qué falta le hace realmente para su desarrollo? A menudo el argumento principal es la presión social (“todos lo tienen”) o la comodidad adulta (“así me avisa cuando llega”), pero pocas veces se valoran en profundidad los posibles riesgos emocionales, sociales y legales.

Y ahora me pongo en el caso extremo de que hayas considerado que tu peque vaya a tener flamante dispositivo y la aplicación de mensajería más conocida y usada en el mundo entero… moléstate al menos en explicarle consejos de uso, en establecer normas claras y en revisar juntos las opciones de privacidad. Esto no significa vigilarle sin más, sino enseñarle a manejar su propio entorno digital de forma responsable.

La decisión está en manos de cada familia: ni podemos negar la realidad que rodea a nuestros hijos, ni estamos obligados a regalarles el smartphone solo porque “todos los de mi clase de quinto lo tienen” (recordad que el concepto “todos lo tienen / todos lo hacen / a todos les dejan” está sobrevalorado). Es más razonable preguntarnos si nuestro hijo o hija muestra autocontrol, si respeta normas, si sabe manejar frustraciones y conflictos sin perder el respeto hacia los demás. Estos indicadores son más importantes que la edad exacta.

Además, debemos tener en cuenta que el teléfono móvil no solo es un aparato para llamar: en él confluyen redes sociales, videojuegos, mensajería, acceso a noticias, contenidos para adultos y canales públicos. Convertirlo en el primer “gran regalo” sin un proceso gradual de acompañamiento puede transformarlo en un verdadero caballo de Troya digital: una puerta de entrada a contenidos y relaciones para las que todavía no están preparados.

WhatsApp, menores y seguridad

seguridad infantil en WhatsApp

WhatsApp es tan fácil de usar que resulta tentador, pero cualquier información puede ser reenviada a otros contactos por su receptor en cuestión de segundos. No caigo en el error de pensar que los amigos de WhatsApp de mis hijos son traicioneros y las confidencias o fotografías “comprometidas” acabarán en varias decenas de dispositivos de otros niños del colegio o del instituto, pero puede ocurrir (y de hecho es frecuente que el sexting se comparta y distribuya, incluso cuando al principio parecía un juego privado entre dos personas).

Por cierto, mi hijo con 13 años tiene móvil y WhatsApp desde hace un año, la niña con 10 ni tiene, ni tendrá en un tiempo. Esta diferencia no es un capricho, sino que responde a su grado de madurez, a cómo gestionan los conflictos con amigos, a su capacidad para respetar normas y a cómo reaccionan ante la frustración o el aburrimiento sin recurrir constantemente a la pantalla.

Así que mucho cuidado con lo que se dice y lo que se expone: a niños y mayores nos va bien realizar un ejercicio de “simulación mental” de vez en cuando: “imagina que lo que vas a decir, lo que vas a compartir, lo fueran a ver 50 o 500 personas, ¿a que te lo piensas dos y tres veces antes?” (de hecho, en los grupos funcionamos de forma diferente a como lo hacemos en chats persona a persona, lo que aumenta el impacto de cada mensaje).

Y por si no lo sabéis, accediendo a la función “Configuración” del perfil personal, encontramos un subapartado “Cuenta”, dentro del que podemos modificar la Privacidad y la Seguridad. Desde ahí se puede controlar, por ejemplo, quién ve la foto de perfil, la información, el estado, la hora de última conexión o la confirmación de lectura. También se puede limitar quién puede añadir al menor a grupos y activar protecciones adicionales como la verificación en dos pasos. Dedicar 15 minutos a revisar juntos estos ajustes con nuestros hijos es una forma muy concreta de educar en seguridad digital.

Además de los chats y grupos, WhatsApp ha ido incorporando funciones como listas de difusión y canales públicos. Estos canales pueden convertirse en una vía de entrada de contenidos violentos, sexualizados, burlas masivas entre colegios o retos virales peligrosos. Es importante explicar a los menores que, aunque la aplicación parezca un entorno privado, hay espacios dentro de ella que funcionan como auténticas plataformas públicas sin filtros adecuados para su edad.

niños usando WhatsApp

Por eso, cuando el menor empiece a usar WhatsApp, conviene que los primeros contactos sean personas conocidas (familia y amigos cercanos) y que los grupos donde participe estén supervisados por adultos de referencia (por ejemplo, madres y padres de la clase). Reducir el tamaño de los grupos al principio limita la exposición a conflictos, rumores, «memes» hirientes o cadenas engañosas que ellos todavía no saben filtrar.

Más consejos

Cuando los niños aún son pequeños, y piden tener móvil y WhatsApp, podéis poneros de acuerdo las madres y / o padres, para tener sus grupos en vuestro teléfono. Es una buena solución que les permite experimentar y entrenarse en el uso de la que es una red social (aunque la creamos aplicación). Será más fácil que acepten si los mayores os comprometéis a no “espiar” sus conversaciones, a no ser que sea muy necesario (por sospechar mala praxis, recibir alertas de otros padres o percibir cambios de conducta en el niño).

Debéis establecer con vuestro hijo o hija la condición de que vosotros accederéis a la app para revisar sus conversaciones de forma puntual, y la norma de que os tiene que enseñar cualquier cosa que intercambie que le haga sentir incómodo, confundido o asustado. Insistidle de nuevo en lo fundamental de proteger su intimidad, de no enviar fotos propias o ajenas que puedan resultar comprometidas y de no hacer daño a nadie al manejar e intercambiar información. Estos valores adquieren mayor relevancia cuando se trata de conectividad móvil, porque todo lo que sucede en la pantalla tiene impacto en el mundo real.

Conviene que se acostumbren a borrar periódicamente conversaciones e imágenes de la pantalla, porque en caso de robo o pérdida, otras personas no podrán conocer la actividad por WhatsApp, ni otros datos almacenados. Y es muy importante establecer una contraseña de desbloqueo de pantalla con patrón o PIN, y a ser posible vinculada con una cuenta de correo electrónico, para su recuperación si se olvidan de ella. Aquí no se trata solo de evitar miradas curiosas en casa, sino de impedir que un desconocido tenga acceso al teléfono y a la vida personal del menor.

familias y normas de uso del móvil

Puedes instalar en el smartphone del niño control parental o aplicaciones que te mantienen informado de la actividad, pero para mí es mucho más importante la comunicación continua, porque además de otorgar cercanía, podemos ir actualizando los consejos que damos a los peques a medida que cambian las funciones de las apps o aparecen nuevos riesgos. Las herramientas de control pueden ser un apoyo, pero no sustituyen a una relación de confianza donde el niño sepa que puede contar lo que le pasa sin miedo a ser juzgado de inmediato.

Restringir lo máximo posible el uso de WhatsApp es muy importante porque es una aplicación especialmente adictiva que puede hacer que vuestro hijo o hija esté pegado/a a su móvil todo el día. Por ello, en este caso son más necesarios aún los límites y todas esas normas de uso racional que hemos establecido para las llamadas o el resto de acciones llevadas a cabo con el teléfono. Pautar con ellos o ellas un tiempo limitado de uso al día y que quede por escrito a modo de pequeño “contrato familiar” es una buena forma de aumentar y mantener el compromiso.

También resulta clave reservar espacios y momentos sin pantallas: comidas, horas de estudio, tiempo de sueño, actividades al aire libre, visitas familiares… De esta manera, los niños entienden que el teléfono es una herramienta más de su vida, y no el centro de todo su ocio, sus relaciones y su identidad.

Los/as niños/as se ven sumamente atraídos por las nuevas tecnologías y las posibilidades que les facilitan. La instantaneidad de estar conectados con todos les maravilla, pero como padres y madres no solo debemos estar alertas a ciertos riesgos, debemos ser ejemplo de cómo utilizarlo y tener claras unas normas de uso adecuado. Si un adulto se pasa el día conectado, respondiendo mensajes de trabajo a todas horas o consultando redes durante la cena, el mensaje que llega al menor es que esa conducta es normal y deseable.

Riesgos frecuentes: sexting, grooming, ciberbullying y sobreexposición

riesgos digitales para niños

Y es que no solo sexting, también existe el riesgo de grooming y el ciberbullying (cuya incidencia ha aumentado). A todo ello se suman la sobreexposición de su vida privada, el acceso a contenidos no aptos para su edad, la comparación constante con los demás y la difusión rápida de rumores o humillaciones a través de grupos.

En los grupos de WhatsApp del colegio o del instituto es muy común que se compartan chistes o bromas sobre un compañero o compañera. Puede empezar como algo aparentemente inofensivo, pero si se repite en el tiempo o se suma el silencio del resto, se transforma en acoso sostenido. Es importante que los niños entiendan que reenviar una burla, un vídeo o una foto humillante también les hace partícipes del daño, aunque ellos no lo hayan creado.

Del mismo modo, quienes utilizamos este servicio de mensajería sabemos que muchas veces circulan cosas inapropiadas incluso para los mayores: violencia explícita, contenido sexual, apuestas, discursos de odio, retos virales peligrosos o noticias falsas. Por lo tanto, debemos tener cierto control sobre lo que nuestros hijos reciben en los grupos o en los chats. Si ves algo que consideres desagradable, pídele a tu hijo que salga del grupo o que bloquee a la persona que lo envía, y explícale por qué ese contenido no es adecuado para nadie, mucho menos para un menor.

Además, es fundamental concienciarles sobre la importancia de la privacidad. Tu número telefónico es una información valiosa: no se debe compartir alegremente en redes o con desconocidos, ni permitir que otros lo difundan en grupos sin permiso. Tampoco es buena idea publicar en estados o grupos información detallada sobre dónde viven, a qué hora salen del colegio o cuándo se van de viaje, porque toda esa información puede ser utilizada por personas malintencionadas.

La ley reconoce que los niños y adolescentes tienen derecho al honor, la intimidad y el secreto de las comunicaciones, también en entornos digitales. Entregar un móvil y abrir la puerta a WhatsApp no significa renunciar a su protección: como adultos responsables, tenemos el deber de acompañar, explicar riesgos, marcar límites razonables y ser la red de seguridad a la que puedan acudir si algo les preocupa.

Cómo preparar a los niños para tener móvil propio y usar WhatsApp

cuándo dar móvil a los niños

Mamá, papá, “¿cuándo voy a tener móvil? Es que en mi clase ya lo tienen todos”. Este momento llega tarde o temprano a casi todas las familias. Antes de responder, es útil hacerse algunas preguntas: ¿para qué lo necesita realmente?, ¿sabrá respetar las normas?, ¿cómo reacciona ante la frustración y el aburrimiento sin pantallas?, ¿estamos preparados como adultos para acompañar este proceso?

Según muchas experiencias familiares, los padres tienden a regalar el primer teléfono antes de la edad que ellos mismos consideran adecuada. A eso se suma que una parte importante de progenitores reconoce no usar herramientas de control parental ni revisar con sus hijos los contenidos que consumen o comparten. Entregar un móvil en “ciberlibertad” y luego intentar enseñarles a usarlo rara vez funciona; suele generar conflictos, discusiones y, en ocasiones, la necesidad de retirarlo de golpe tras alguna mala experiencia.

Es preferible diseñar un acceso gradual: empezar con dispositivos compartidos (tablets u ordenadores familiares), luego con cuentas controladas (por ejemplo, usando la opción de dispositivo vinculado de WhatsApp en una tablet o PC mientras la sesión principal la gestiona un adulto) y, más adelante, plantearse el móvil propio con normas claras de uso. De esta manera, no pasan de “nada” a “todo” de un día para otro.

Antes de que tengan su propio teléfono conviene hablar de temas como el respeto en las conversaciones, la diferencia entre broma y humillación, el valor de la reputación digital, la importancia del descanso sin pantallas, la gestión de la envidia o la comparación en redes, el consentimiento para hacer y compartir fotos, y los pasos a seguir si alguien les molesta, les chantajea o les envía algo que les incomoda.

También es recomendable acordar desde el principio que los adultos podrán supervisar de forma puntual el uso del teléfono (por ejemplo, revisando el tiempo de pantalla, las apps instaladas, con quién hablan con más frecuencia o el tipo de grupos en los que participan). Para ello es necesario explicarlo con claridad, evitando el tono de espionaje y centrándose en la idea de cuidado: “mientras seas menor, es mi responsabilidad acompañarte también en lo digital”.

Por último me gustaría deciros que los comportamientos online pueden ser adecuados y saludables, pero también inmorales, e incluso ilegales; en este sentido, que a nadie se le olvide que a partir de los 14 años se afrontan responsabilidades penales. Compartir una foto íntima de una compañera, difundir un vídeo humillante, participar en un grupo donde se acosa a alguien o amenazar por mensajes puede tener consecuencias que van mucho más allá de un castigo en casa o una bronca en el colegio.

Cuanto antes hables con tus hijos sobre este tema, más preparados estarán para ejercer la ciberciudadanía y para hacer de los dispositivos e Internet herramientas con las que progresar y establecer relaciones constructivas con otras personas. Permitir que un niño tenga móvil propio y use WhatsApp no es una obligación, ni una muestra de confianza ciega, sino una decisión educativa que requiere tiempo, diálogo, coherencia y ejemplo adulto para que el mundo digital complemente —y no sustituya— a su vida real.

Imágenes — microsiervos, apdk.