Corregir a un niño

Cuando un niño necesita ser corregido en su lenguaje o hechos, no hemos de perder la paciencia, pues es un trabajo muy paciente. Hemos de transmitirles seguridad, no dañar sus emociones ni su sensibilidad. Un niño, para aprender, siempre ha de tener motivación.

No hemos de tener miedo en corregirlos, pues esto les ayuda a controlarse y aprender de sí mismos, incluso les hace sentir importantes al mejorar su vocabulario. Para un adulto, puede resultar difícil dirigirse sin subir el tono de voz, ser amable, no realizar sermones… antes de hacerlo se ha de pensar dos veces de como se le va a decir. Hay que ser directos, sin ruegos ni autoritarismo.

Un niño, siempre cree lo que un adulto dice, por ello, no hay que hablar en negativo, sino de forma estimulante, por ejemplo: “¡qué vergüenza me has hecho pasar!”, se puede cambiar por: “ojalá te portes bien la próxima vez porque así no tendré que castigarte”.

Un error muy común, es gritar, con ello, no conseguimos nada, solamente tensión. En ocasiones con solo una pregunta o sugerencia, se puede cambiar la forma de actuar. Por ejemplo: “¡Cállate!” se puede cambiar por: “te he dicho que hables bajito”.

Lo niños necesitan amor, algo que hay que demostrarles, por ello, cuando se les corrige, hay que diferenciarlo de una regañina. Por ejemplo: “¡qué mal te estás portando!, se puede cambiar por: “te quiero mucho, pero no me gusta como te estás portando”.

A los niños, siempre hay que causarles efecto para que realicen aquello que queremos, nunca se ha de amenazarles, pues solo lo harán por miedo.

Más información – Fomentar hábitos

Fuente – Web del bebé


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