Cosas sobre el embarazo que nadie te dice (y que deberías conocer)

  • El embarazo implica cambios físicos y emocionales intensos, desde sueños vívidos y molestias corporales hasta variaciones bruscas de humor.
  • La piel, el pelo, la respiración, el sueño, el sistema inmune y la zona íntima se transforman por la acción de las hormonas y el crecimiento del bebé.
  • Muchas molestias son frecuentes pero no deben normalizarse si generan sufrimiento: es clave consultar con profesionales y evitar la automedicación.
  • No existe un único modo “correcto” de vivir el embarazo; cada mujer tiene derecho a expresar cómo se siente y a poner límites a comentarios ajenos.

cosas sobre el embarazo que nadie te dice

El embarazo es una etapa increíblemente bonita en la vida de muchas mujeres. Tenemos la posibilidad de albergar vida en nuestro interior y de traer una nueva persona a este mundo; muchas mujeres también buscan recursos para planificar tu embarazo. Sin embargo, la realidad es que, junto a los momentos mágicos, también aparecen incomodidades, miedos y cambios físicos y emocionales que rara vez se muestran en las películas o en la publicidad. En una película comercial el embarazo parece un proceso perfecto, casi sin molestias, y el parto se presenta como un momento breve, limpio y sin complicaciones.

En la vida real, el embarazo y el parto son mucho más complejos y la experiencia puede ser muy distinta de una mujer a otra. Hay mujeres que sufren más molestias y otras menos, algunas desarrollan estrías y otras mantienen una piel prácticamente intacta. Cada cuerpo reacciona a su manera y cada embarazo es un mundo. Aun así, hay muchas cosas que casi nadie te cuenta, que apenas aparecen en las guías generales y que incluso en Google se suelen maquillar o pasar por alto. Aquí las reunimos, sin alarmismos pero con honestidad, para que te sientas más acompañada y mejor informada.

Vas a tener sueños extraños

sueños extraños en el embarazo

Es posible que tengas sueños extraños y quizá no sean todas las noches, pero cuando los tengas te impactarán tanto que te despertarás pensando qué pueden significar. Estos sueños son muy vívidos e intensos, a menudo con un nivel de detalle y emoción que no sueles experimentar en tu vida cotidiana.

Es habitual soñar que estás embarazada, con el nacimiento del bebé, con que tu bebé es un animal, con que engañas a tu pareja, con aventuras sexuales muy reales, con que ya no estás embarazada, con que te pierdes en la multitud o en mitad del mar, con catástrofes o con un supuesto fin del mundo. Estos contenidos se relacionan con los cambios hormonales, con el aumento de la ansiedad normal por la llegada del bebé y con las alteraciones del patrón de sueño, sobre todo si te despiertas con frecuencia por las ganas de orinar o por molestias físicas.

Además, durante el embarazo la memoria de los sueños suele ser más nítida: recuerdas mejor lo que sueñas, los sueños se repiten con más frecuencia y muchas mujeres reportan más pesadillas y sueños de ansiedad. Todo esto, aunque resulte inquietante, suele ser normal. Si los sueños te generan mucho malestar o te cuesta dormir, coméntalo con tu profesional sanitario para recibir apoyo.

Te vas a resfriar (y tu sistema inmune cambia)

cambios en el cuerpo durante el embarazo

Para no constiparte deberás protegerte bien, pero parece que el virus del resfriado tiene cierta devoción por las mujeres embarazadas. Durante la gestación el sistema inmunitario se adapta para tolerar al bebé, que genéticamente es diferente a ti. Esa adaptación puede hacerte más propensa a infecciones leves como los resfriados.

Aun vacunándote contra la gripe, puedes coger catarros. La vacuna suele hacer que el cuadro sea menos intenso, pero si te resfrías tendrás congestión, mocos y malestar general. Si te encuentras mal no debes automedicarte: no todos los medicamentos son seguros en el embarazo y algunos pueden afectar al desarrollo del bebé. Lo adecuado es consultar con tu médico o matrona antes de tomar cualquier fármaco, incluso si antes los usabas sin problema.

Además de los resfriados, es frecuente sufrir rinitis del embarazo: una congestión nasal persistente relacionada con las hormonas y con el aumento del flujo sanguíneo en las mucosas. Puedes notar la nariz tapada, más secreciones e incluso pequeños sangrados al sonarte. Mantener la mucosa hidratada con suero fisiológico y ventilar bien la casa suele aliviar bastante.

Necesitas más ropa interior (y sujetadores nuevos)

Necesitarás ropa interior premamá porque posiblemente tus braguitas habituales se te quedarán pequeñas o te resultarán incómodas al presionar el abdomen y las ingles. Otra opción es que te compres braguitas de algodón con tejidos más elásticos y transpirables que se adapten a los cambios de tu cuerpo a lo largo de los meses de embarazo.


También conviene que tengas más braguitas de repuesto. Durante la gestación se suda más, aumenta el flujo vaginal y se produce más humedad en la zona íntima, por lo que lo ideal es que te cambies de ropa interior al menos dos veces al día para reducir el riesgo de infecciones por hongos o irritaciones. El algodón y los tejidos que respiran son tus mejores aliados.

No solo cambian las braguitas: tu pecho también aumenta de volumen. El incremento de estrógenos y progesterona provoca que las mamas crezcan, a veces desde las primeras semanas. Es posible que tengas que cambiar de talla de sujetador varias veces durante el embarazo debido tanto al aumento del pecho como a la expansión de la caja torácica, que se adapta para permitir una mayor entrada de aire en los pulmones.

Un buen sujetador premamá, sin aros rígidos y con tirantes anchos, puede marcar la diferencia en tu comodidad diaria y en la prevención de dolores de espalda. Si tienes la piel muy sensible o las areolas irritadas, busca modelos sin costuras internas en la zona del pezón.

Querrás limpiar la casa y tener todo muy ordenado

instinto de nido en el embarazo

Esto puede aparecer casi de forma compulsiva. A medida que avanza el embarazo muchas mujeres sienten el famoso instinto de preparación del nido: un deseo intenso de limpiar, ordenar y dejar la casa perfecta para la llegada del bebé, en especial su habitación o el rincón donde dormirá.

Es posible que un día te despiertes con una energía inesperada y unas ganas irrefrenables de mover muebles, reorganizar armarios, lavar cortinas o clasificar ropa por tallas. Durante esas horas puedes no notar tanto el cansancio porque la motivación emocional es muy fuerte. Esta fase suele darse con más intensidad en el tercer trimestre, aunque algunas mujeres la viven antes.

Tener la casa más preparada es práctico porque, cuando nazca el bebé, te resultará más difícil dedicarle tiempo a esas tareas. Sin embargo, es importante poner límites: no conviene que hagas esfuerzos excesivos levantando peso, subiendo y bajando escaleras cargada o pasando muchas horas de pie. Pide ayuda para las tareas más pesadas y escucha a tu cuerpo; si te mareas, notas contracciones o te duelen la espalda o el bajo vientre, es momento de parar.

Sentirás dolores, muchos dolores (articulaciones, espalda y algo más)

dolores en el embarazo

Sobre todo al final del embarazo, los dolores suelen hacerse más presentes. Puedes notar molestias en las caderas, en la parte baja de la espalda, sensación de pinchazos en la pelvis y, a veces, incluso ciática. Aunque solo estés embarazada y no enferma, puede que te sientas de golpe con muchos años más por la rigidez y el dolor al moverte.

Es normal: las caderas se van expandiendo, el útero pesa cada vez más y presiona la pelvis, la columna tiene que compensar el cambio de centro de gravedad y los pies soportan más carga. También se fabrica en tu cuerpo la hormona relaxina, que afloja los ligamentos para preparar la zona pélvica para el parto. Esa misma laxitud afecta a otras articulaciones y aumenta el riesgo de pequeñas lesiones si haces movimientos bruscos.

Además de la espalda y las caderas, puedes sentir dolores en las manos y en las muñecas. A partir de la semana 30, muchas mujeres desarrollan el síndrome del túnel carpiano, con hormigueo, dolor o sensación de debilidad en los dedos pulgar, índice y corazón. Suele deberse a la retención de líquidos y a la compresión de nervios en la muñeca, y en la mayoría de los casos mejora tras el parto.

En las piernas también pueden aparecer calambres nocturnos muy intensos, parecidos a los de una maratón sin haberte movido del sofá, y varices visibles o sensación de pesadez. Elevar las piernas, usar medias de compresión si te lo indica tu especialista, hidratarte adecuadamente y moverte con suavidad (paseos, estiramientos suaves) ayuda bastante.

Cambios en la piel, el pelo, las uñas… y la zona íntima

cambios en el cabello durante el embarazo

Durante el embarazo, los cambios hormonales y el aumento del volumen sanguíneo hacen que muchas personas comenten que “tienes brillo de embarazada”. No es solo una expresión romántica: llega más sangre a la piel, aumenta la actividad de las glándulas sebáceas y el rostro puede verse más luminoso.

Pero no todas las sorpresas son agradables. Algunas mujeres desarrollan manchas marrones en la cara (melasma o cloasma), aparece una línea oscura en el abdomen (línea nigra) y se oscurecen los pezones, los genitales y la zona anal. También pueden aumentar las pecas o lunares que ya tenías. Estos cambios suelen atenuarse después del parto, aunque algunos pueden persistir.

El acné es otra visita frecuente: la piel produce más grasa y es fácil que aparezcan granitos en cara, espalda o escote. El estiramiento de la piel de la barriga, los pechos y las caderas provoca picor, tirantez y riesgo de estrías. Hidratar la piel diariamente con cremas o aceites seguros en el embarazo ayuda a aliviar el picor y a mejorar la elasticidad, aunque no puede garantizar que no salgan estrías.

En cuanto al cabello, muchas mujeres notan que crece más rápido y se cae menos, dando la sensación de una melena más densa. También puede cambiar la textura (más liso, más rizado, más seco o más graso) e incluso el color ligeramente. El vello corporal, por su parte, puede aumentar en brazos, piernas, cara, abdomen o alrededor de los pezones. Estos cambios suelen ser temporales y se regulan después del parto, aunque es común experimentar una caída de pelo llamativa en el posparto.

Las uñas pueden crecer más deprisa y volverse más fuertes, pero también hay mujeres a las que se les descaman o se les rompen con facilidad. Si se vuelven frágiles, mantenerlas cortas y reducir el uso de esmaltes agresivos ayuda a evitar que se quiebren tanto.

Y una de las cosas de las que menos se habla: la zona íntima. Con el aumento del flujo sanguíneo, los labios vulvares pueden hincharse y verse más oscuros. También es posible notar varices vulvares, sensación de presión o pesadez y más sensibilidad. Aunque resulten llamativos, estos cambios suelen ser normales y, en la mayoría de los casos, revierten tras el parto.

Puede que tengas que aguantar comentarios ofensivos (o muy poco empáticos)

Es posible que te rodeen personas respetuosas que eviten opinar sobre tu cuerpo, pero también es muy probable que, cuanto más se note tu barriga, más comentarios recibas. La gente opina sin filtro sobre el peso, el tamaño del vientre o tu cara como si fuera un tema de conversación inocente.

Puede que te digan que te has engordado demasiado, que en tu embarazo anterior estabas más delgada, que “después te costará mucho quitarte esos kilos”, que te ven la cara más hinchada, que si “parece que estás de 30 semanas” cuando en realidad estás de menos… pueden hacerte daño en un momento en que tu autoestima y tus emociones están especialmente sensibles.

Lo más saludable es aprender a poner límites: no tienes por qué justificar tu cuerpo ni tu aumento de peso. Puedes cambiar de tema, responder con una frase corta que marque distancia o incluso expresar que esos comentarios no te sientan bien. Tu prioridad es tu bienestar físico y emocional, no encajar en expectativas ajenas.

Puedes enfadarte muy rápido (y emocionarte igual de deprisa)

cambios de humor en el embarazo

Es posible que vivas tu embarazo con mucha alegría y pocas molestias físicas, y aun así notarás cambios de humor que te sorprendan. Las hormonas del embarazo, junto al cansancio y las preocupaciones, pueden hacer que pases de la risa al llanto en cuestión de minutos.

Puede que te enfades por cosas que en otro momento no te afectarían tanto. Aunque seas consciente de que tu reacción es exagerada, controlar esas emociones intensas durante el embarazo resulta complicado. Del mismo modo, puedes emocionarte con extrema facilidad: anuncios, canciones, comentarios de otras personas o incluso una ecografía pueden hacerte llorar de alegría o de ternura.

Ten siempre a mano un paquete de pañuelos en el bolso. Los cambios de humor son muy frecuentes, sobre todo en el primer trimestre y hacia el final del tercero. Si notas tristeza continua, apatía, pensamientos negativos persistentes o ansiedad intensa durante más de dos semanas, es importante que lo hables con tu médico o matrona: la depresión y la ansiedad en el embarazo existen y necesitan atención profesional, no fuerza de voluntad.

Tu relación con el sueño, el frío, el calor y el cuerpo cambia por completo

dormir durante el embarazo

El descanso nocturno se vuelve un reto. Al principio puede que tengas un sueño intenso a todas horas; más adelante, la tripa, las ganas constantes de ir al baño, el ardor de estómago y las molestias musculares hacen que dormir de un tirón parezca misión imposible. Muchas mujeres descubren que echan de menos dormir boca abajo, incluso si antes no era su postura favorita.

Se recomienda dormir preferiblemente de lado, especialmente sobre el izquierdo, porque favorece el retorno venoso y el flujo sanguíneo hacia la placenta. Dormir boca arriba puede llegar a ser incómodo, y en el tercer trimestre puede comprimir la vena cava, provocando mareos o malestar en algunas mujeres. Cojines entre las piernas, detrás de la espalda o en forma de “U” pueden ayudarte a encontrar una posición más cómoda.

También puede cambiar tu percepción de la temperatura. En algunos momentos del embarazo sentirás más frío de lo habitual, pero a medida que avanza la gestación es frecuente que tengas sensación de calor y sudores incluso cuando los demás están a gusto. La temperatura corporal aumenta ligeramente y el metabolismo se acelera para cubrir las necesidades del bebé.

Otra sorpresa son los cambios en el tamaño de los pies. Debido a la retención de líquidos, al peso extra y a la acción de la relaxina, los pies pueden hincharse y volverse más planos y anchos. Algunas mujeres necesitan un número más de zapato durante el embarazo, e incluso de forma permanente si la modificación del arco plantar es importante. Optar por calzado cómodo, amplio y con buena sujeción se convierte en casi una necesidad.

No le pasan solo a las demás: también tú vivirás muchas de estas experiencias

No eres la única a la que se le olvidan cosas que antes recordaba sin esfuerzo, la única que siente náuseas intensas, que descubre varices o hemorroides, que se asusta con un sangrado nasal o que experimenta una mezcla de felicidad, miedo, cansancio y vulnerabilidad el mismo día.

Lo más importante es que tengas presente que tienes derecho a sentirte exactamente como te sientes. No estás obligada a estar pletórica las 24 horas ni a encajar en el ideal de “embarazada perfecta”. Tienes derecho a pedir ayuda, a decir que algo te duele, a quejarte cuando lo necesitas y a rodearte de personas que respeten tu proceso.

Cada embarazo es único y cada mujer lo vive de manera diferente. Compartir estas experiencias, hablar de lo que rara vez se menciona y normalizar todas estas “sorpresas” hace que muchas futuras madres se sientan menos solas. Tu cuerpo está realizando algo extraordinario y, aunque el camino a veces sea duro, también está lleno de momentos de conexión profunda contigo misma y con el bebé que crece dentro de ti.

qué hacer antes del embarazo
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