La desnutrición infantil sigue siendo una de las emergencias humanitarias más silenciosas y devastadoras del planeta. En los últimos meses, varios informes de organismos internacionales han puesto el foco en la situación crítica que viven millones de niños en países como Afganistán, Guatemala y Ecuador. Las cifras hablan por sí solas: 3,7 millones de menores afganos están en riesgo de desnutrición aguda, mientras que en Guatemala ya se han registrado 16 muertes infantiles por esta causa y más de 11.000 casos diagnosticados. En Ecuador, la cooperación internacional ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para atajar el problema desde la raíz.
El denominador común de estas crisis es la combinación de factores estructurales como la pobreza, la falta de acceso a agua potable, las enfermedades recurrentes y la reducción de la financiación internacional. UNICEF ha alertado de que la desnutrición aguda no solo es consecuencia de la falta de alimentos, sino de un entramado de carencias que afectan a la salud, la higiene y la protección social. La organización insiste en que la prevención es la clave para evitar que los casos más graves acaben en tragedia.
Afganistán: 3,7 millones de niños en la cuerda floja
El último informe de UNICEF, titulado «Demasiado poco, demasiado tarde: la crisis alimentaria a la que se enfrentan los niños pequeños en Afganistán», revela que 3,7 millones de menores de cinco años están expuestos a un riesgo creciente de desnutrición aguda. La situación se agrava porque el país entra ahora en la temporada de mayor incidencia, entre julio y septiembre, cuando las reservas alimentarias se agotan y aumentan las enfermedades intestinales. Los datos del Clúster de Nutrición de la ONU indican que la emaciación ha empeorado en 26 de las 34 provincias afganas en comparación con el año anterior.
Los más pequeños son los más golpeados: los menores de dos años representan el 83% de los casos de desnutrición aguda grave y el 77% de los casos moderados. Tajudeen Oyewale, representante de UNICEF en Afganistán, ha señalado que «cuando las familias empiezan a saltarse comidas o a reducir el consumo de alimentos nutritivos, no es solo una señal de dificultades económicas, sino una advertencia de que un niño puede sufrir pronto emaciación». El informe también subraya que casi la mitad de los niños menores de cinco años sufren retraso en el crecimiento y que el 90% vive en situación de pobreza alimentaria, consumiendo solo uno o dos grupos de alimentos al día.
Guatemala: aumento de muertes y casos de desnutrición aguda

En Guatemala, la situación también es alarmante. Según los datos del Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, hasta el 27 de junio se habían registrado 11.242 casos de desnutrición aguda en menores de cinco años y 16 muertes, lo que supone un aumento del 14,3% en los fallecimientos respecto al mismo período del año anterior. La mayoría de las muertes se concentran en el departamento de Alta Verapaz, que acumula el 43,7% de los decesos. El 87,5% de los niños fallecidos tenían menos de dos años y presentaban cuadros severos, como kwashiorkor y marasmo.
El informe de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN) señala que en el 43% de los casos se evidenciaron fallas en la atención médica, mientras que en el 24% las familias no reconocieron el riesgo o tardaron en buscar ayuda. La ejecución presupuestaria del programa de prevención de la mortalidad infantil y la desnutrición crónica apenas alcanza el 24,81%, lo que limita la capacidad de respuesta. Organizaciones como World Vision han pedido fortalecer la detección temprana y la coordinación entre sectores para evitar más muertes evitables.
Ecuador: un proyecto integral para los primeros 1.000 días
En el lado opuesto, Ecuador ha puesto en marcha una iniciativa esperanzadora. El Ministerio de Salud Pública, junto con la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y UNICEF, ha suscrito el proyecto «Prevención de la Desnutrición Crónica Infantil durante los Primeros 1.000 Días de Vida» en las provincias de Chimborazo y Bolívar. La inversión asciende a 12,7 millones de dólares y beneficiará a 11.200 niños y niñas hasta los dos años, así como a 12.480 mujeres embarazadas, en 14 parroquias priorizadas.
El programa busca fortalecer los sistemas de salud, nutrición, agua y saneamiento, además de promover prácticas saludables y desarrollar capacidades comunitarias, incluyendo la difusión sobre los mitos y verdades de la lactancia materna. El viceministro de Atención Integral en Salud, Romel González, ha destacado que se trata de una intervención integral que garantizará el crecimiento y desarrollo de los menores. El representante de UNICEF en Ecuador, Arturo Romboli, ha subrayado que «cuando un niño recibe una buena nutrición, accede a servicios de salud de calidad y cuenta con agua segura, aumentan sus posibilidades de aprender y superar las condiciones que lo limitan».
La crisis de desnutrición infantil no entiende de fronteras, pero las respuestas deben adaptarse a cada realidad. Mientras en Afganistán y Guatemala la urgencia es salvar vidas con medidas inmediatas y financiación suficiente, en Ecuador se apuesta por la prevención a largo plazo. Lo cierto es que, sin un compromiso global y una inversión sostenida, millones de niños seguirán viendo comprometido su futuro por una causa que, en la mayoría de los casos, se puede evitar con voluntad política y recursos adecuados.

