Llegamos al último trimestre de embarazo y el bebé decide colocarse de nalgas. Aunque existen medios médicos para intentar que se coloque con la cabeza hacia abajo, apoyado en la pelvis de la mamá (como la versión externa), también nosotras podemos poner nuestro granito de arena de forma natural.
Es importante recordar que la posición de nalgas o posición podálica es relativamente frecuente en el segundo y comienzo del tercer trimestre, y que la mayoría de los bebés terminará girándose solo conforme se acerca el momento del parto. Sin embargo, si pasan las semanas y el bebé sigue de nalgas, muchas mujeres buscan técnicas seguras y respetuosas que puedan favorecer el giro hacia la posición cefálica (cabeza abajo).
Existen diferentes técnicas y ejercicios que, si bien no nos pueden asegurar el éxito al 100%, pueden contribuir a que el bebé se gire y se coloque en la posición adecuada para que podamos tener un parto vaginal. Siempre deben hacerse con autorización de la matrona o el tocólogo, y adaptándolos a la situación particular de cada embarazo.
¿Qué significa que el bebé está de nalgas y por qué ocurre?

Cuando se dice que un bebé está de nalgas, se hace referencia a que la parte que se presenta hacia la salida del útero no es la cabeza, sino las nalgas o los pies. La posición ideal para el parto es la llamada posición cefálica, con la cabeza hacia abajo y habitualmente mirando hacia la espalda de la madre.
A lo largo del embarazo, el bebé cambia de postura muchas veces. Alrededor del tercer trimestre la mayoría de los bebés ya se ha colocado boca abajo, pero un pequeño porcentaje permanece en posición podálica hasta el final de la gestación.
Las razones exactas por las que algunos bebés se mantienen de nalgas no se conocen del todo, pero hay factores que pueden aumentar la probabilidad:
- Variaciones en la forma del útero, como útero en forma de corazón o tabicado.
- Miomas uterinos grandes que ocupan espacio e impiden una rotación fácil.
- Placenta previa o placenta situada muy baja que limita el espacio en el segmento inferior del útero.
- Cordón umbilical corto o enrollado, que puede restringir el movimiento.
- Exceso o falta de líquido amniótico, que condiciona la libertad de movimiento del bebé.
- Embarazo múltiple, donde los bebés comparten espacio y se condicionan mutuamente.
- Tono muscular abdominal muy elevado o desequilibrios posturales de la madre que dificultan que el bebé encuentre el hueco óptimo.
Aun así, hay bebés que simplemente prefieren esta posición sin que exista ningún problema de base. Por eso, aunque queramos animarles a girarse, es importante mantener una actitud respetuosa y no recurrir a maniobras agresivas.
Mitos frecuentes sobre la posición de nalgas
Alrededor de la presentación podálica circulan muchas ideas que pueden generar ansiedad innecesaria. Conviene aclarar algunas:
- No siempre es un problema grave: muchos bebés se dan la vuelta por sí solos antes del parto, sobre todo si aún no se ha llegado al final del embarazo.
- La cesárea no es la única opción en todos los casos: depende de la experiencia del equipo, del tipo de nalgas, del tamaño del bebé y de la situación de la madre. En algunos entornos se siguen atendiendo partos vaginales de nalgas con criterios muy estrictos.
- El parto vaginal no es imposible: puede presentar más desafíos, pero con un buen seguimiento y selección de casos, el parto por vía vaginal sigue siendo viable en determinados supuestos.
Conocer estos matices ayuda a disminuir el miedo y a plantear con calma qué recursos naturales, terapias complementarias y opciones médicas están disponibles.
Ejercicios para ayudar al bebé a colocarse de cabeza

Los ejercicios buscan aprovechar la gravedad, el movimiento pélvico y la relajación de ligamentos para ofrecer al bebé más espacio y facilitar su giro. Es recomendable iniciarlos habitualmente a partir de la semana 34 (siempre con el visto bueno del profesional), momento en el que el bebé ya tiende a ir fijando su posición final.
Antes de realizarlos conviene:
- Tener el estómago vacío o ligero para evitar náuseas o acidez.
- Usar ropa cómoda que permita el movimiento.
- Estar acompañada si se trata de posturas en las que pueda haber mareo o pérdida de equilibrio.
- Comprobar que el bebé está activo, notando movimientos previos al ejercicio.
Ponerse a cuatro patas
Ponerse a cuatro patas (sobre manos y rodillas) 10 minutos, una o dos veces al día, hacia el final del embarazo, puede ayudar a que el bebé se aleje de la columna y tenga más espacio para girar hacia la posición adecuada.
Ejercicio del gato (gato enfadado o gato-vaca)

Ejercicio del gato: colócate a cuatro patas, apoyando bien las manos y las rodillas sobre una colchoneta. Vigila que tu zona lumbar no se arquee en exceso. Toma aire y encorva la espalda lentamente, como haría un gato enfadado que se eriza. Después ve soltando el aire poco a poco mientras vuelves a la postura inicial, dejando la espalda recta.
Debes hacer este ejercicio de forma pausada, notando el movimiento de cada vértebra. Realiza varias repeticiones, y si dispones de una pelota de Pilates, puedes apoyar los antebrazos sobre la pelota para descargar aún más el peso de la espalda mientras movilizas la pelvis.
Elevaciones de pelvis
Elevaciones de pelvis: túmbate sobre una colchoneta, apoya bien la espalda en el suelo y presta atención a la zona lumbar para que no se hunda ni se arquee en exceso. Dobla las rodillas y apoya los pies sobre el suelo.
Eleva la pelvis despacio hasta donde te resulte cómodo, manteniendo una ligera activación en glúteos y abdomen profundo. Cuando llegues arriba haz una pequeña pausa y baja lentamente, como si fueras apoyando la espalda vértebra a vértebra en el suelo. Repite varias veces.
Es importante que no permanezcas demasiado tiempo completamente tumbada boca arriba al final del embarazo, porque puede disminuir el retorno venoso y producir mareo o malestar. Si notas presión, sudor frío o náuseas, cambia a una postura de lado.
Rotaciones de pelvis en la pelota de Pilates

Rotaciones de pelvis en la pelota de Pilates: siéntate sobre la pelota con los pies bien apoyados en el suelo, las rodillas algo separadas y la espalda larga, evitando arquearla.
Desde aquí, balancea suavemente la pelvis hacia los lados, de delante hacia atrás y en círculos amplios. Estos movimientos ayudan a liberar la pelvis, estirar ligamentos y ofrecer al bebé un entorno más móvil para que pueda orientarse con la cabeza hacia abajo.
Postura “del rezo” o mahometana

La postura del rezo consiste en colocarse de rodillas sobre una colchoneta y bajar el tronco hacia adelante hasta apoyar la cabeza sobre los brazos. Puedes colocar un cojín bajo los brazos y el pecho para estar más cómoda.
Mantén la postura unos minutos, con una respiración pausada y agradable. Esta posición, similar a la postura del niño en yoga, permite que el bebé se aleje del sacro y encuentre otro ángulo para cambiar su orientación. Evita hacer este ejercicio justo después de comer para disminuir la acidez.
Variantes de inversión suave
Inspiradas en programas como los de Spinning Babies, hay posturas de inversión suave en las que la pelvis queda más alta que el tórax. Por ejemplo:
- Desde la cama o sofá, apoyar las rodillas en el borde y descender el tronco hacia una colchoneta, apoyando manos y cabeza en el suelo.
- Colocarse sobre una colchoneta en cuadrupedia y bajar más el pecho hacia el suelo, manteniendo las caderas arriba durante unos minutos.
Estas posiciones deben mantenerse solo el tiempo que sea agradable (5-10 minutos), y siempre con alguien cerca por si hay sensación de mareo.
Natación y movimiento en el agua
Natación: nadar puede ser de gran utilidad. Sentirse ligera y libre de la gravedad resulta agradable y también útil para relajarte y adoptar posturas (como flotar boca abajo sujetándote a una tabla) que permiten a tu bebé dar la vuelta con más facilidad.
En el agua se reduce la presión sobre articulaciones y ligamentos, lo que facilita movimientos amplios de pelvis, giros suaves del tronco y ejercicios de apertura que complementan muy bien al resto de posturas.
Otras técnicas naturales para animar al bebé a girarse
Además de los ejercicios físicos, existen técnicas que buscan estimular al bebé mediante sonido, tacto y conexión emocional, o que actúan sobre la relajación del útero y la pelvis.
Música y estimulación sonora
Música para el bebé: se basa en que el bebé escuche sonidos agradables en la parte baja del útero para animarle a que se acerque a esa zona. Consiste en colocar unos auriculares cerca del pubis y poner música suave (por ejemplo, clásica o relajante) unos 10 minutos varias veces al día.
También puede ser de ayuda que la pareja hable al bebé o cante dirigiéndose a la parte inferior del abdomen, invitándole a moverse atraído por la voz.
Visualización, meditación y relajación
Visualización: realiza algún ejercicio de relajación que conozcas y concéntrate en soltar tensión en el abdomen mientras imaginas al bebé dándose la vuelta con calma y facilidad.
Las prácticas de meditación y respiración profunda ayudan a reducir el estrés materno, lo que favorece que el útero y los ligamentos que lo sostienen estén menos contraídos. Un útero relajado ofrece más espacio y mejor movilidad al bebé, lo que puede facilitar el giro espontáneo.
Haptonomía y contacto afectivo
Haptonomía: estudia las relaciones afectivas desde la concepción hasta la muerte, por eso se la conoce como «ciencia de la afectividad». En el embarazo, se utiliza para estimular la comunicación entre la mamá y el bebé a través del tacto sobre el vientre.
Localizando la posible posición de la cabecita, se pueden ir delineando con suaves toquecitos el camino que podría seguir hasta encajarse en la pelvis. No se trata de empujar ni de masajear fuerte el abdomen (eso solo debe hacerlo un especialista, como explicamos en el artículo sobre la versión externa), sino de conectar con el bebé e indicarle opciones con toques ligeros, como si marcáramos un número de teléfono con las yemas de los dedos.
Masaje abdominal suave y cuidado postural
Un masaje abdominal suave, realizado por un profesional especializado en embarazo, puede ayudar a relajar los músculos y ligamentos que sostienen el útero. Esto no fuerza al bebé, pero crea un entorno más elástico y cómodo para que, si quiere, pueda adoptar una nueva posición.
Vigilar la postura diaria también es relevante: evitar pasar muchas horas en posiciones semisentadas recostada hacia atrás, y favorecer sillas donde la pelvis quede ligeramente inclinada hacia adelante. Sentarse sobre una pelota de ejercicio, hacer pequeñas pausas para caminar y utilizar con moderación la posición de cuclillas (solo si el bebé ya está de cabeza) puede contribuir a que la pelvis esté más libre.
Medicina oriental: moxibustión, acupuntura y homeopatía
Moxibustión: llamada la “técnica del calor sanador”, la moxibustión es un método terapéutico de la medicina tradicional china que consiste en aplicar calor para estimular puntos concretos del cuerpo y así equilibrar la energía.
El calor se genera utilizando las propiedades terapéuticas de una planta llamada Artemisa, prensada en forma de puro de moxa. El puro no se aplica directamente sobre la piel, sino que se utiliza de forma indirecta: se enciende el extremo y se acerca a los puntos específicos, manteniendo una distancia aproximada de 4 cm respecto a la piel.
Para favorecer que el bebé se coloque en “posición cefálica”, el calor se aplica en un punto conocido como “meridiano de la vejiga” (Vejiga 67), localizado en la cara externa del dedo meñique del pie. El tratamiento suele durar alrededor de dos semanas, con sesiones de unos 15 minutos diarios o según la pauta del especialista.
Se ha observado en diferentes estudios que la combinación de moxibustión más atención habitual puede reducir la probabilidad de que el bebé llegue al parto en presentación no cefálica y disminuir el uso de determinados fármacos como la oxitocina. Sin embargo, la evidencia sobre otros aspectos (necesidad de versión externa, algunos efectos adversos o impacto sobre la cesárea) es menos concluyente, por lo que siempre debe valorarse en el contexto de una atención integral y no como una garantía absoluta.
Es una técnica ampliamente utilizada y, cuando la realiza una persona formada en medicina oriental, suele tener un buen perfil de seguridad. El calor del puro estimula los receptores cutáneos del punto tratado y se cree que favorece la liberación de hormonas del embarazo implicadas en las contracciones uterinas suaves, lo que puede animar al bebé a moverse más.
Acupuntura: también es una técnica terapéutica de la medicina tradicional china. Consiste en la estimulación de puntos específicos mediante la inserción de agujas muy finas. En el contexto de un bebé de nalgas, se puede utilizar sola o asociada a la moxibustión para potenciar el efecto, siempre valorando beneficios y posibles molestias.
Moxibustión y acupuntura se utilizan en muchos casos de forma conjunta, aunque la intensidad del tratamiento, la elección de puntos y la duración deben adaptarse a cada mujer. En cualquier caso, para realizar tanto una como otra técnica se aconseja acudir a un experto en medicina oriental, ya que un uso inadecuado puede suponer más riesgo que beneficio.
Homeopatía: existen diferentes preparados homeopáticos que algunas corrientes proponen para apoyar el proceso de giro del bebé. Es esencial que un profesional cualificado indique la dilución y la pauta adecuadas, teniendo en cuenta que la evidencia científica sobre su eficacia es limitada y que se deben considerar siempre como complemento y no sustituto de la atención obstétrica.
Siempre, antes de realizar cualquiera de estos ejercicios o técnicas, es fundamental consultar con tu matrona o tocólogo. Ellos valorarán si existe alguna contraindicación específica en tu caso y te orientarán sobre qué opciones son más adecuadas para tu embarazo.
Si a pesar de todos estos medios naturales el bebé no se gira, sigue existiendo la posibilidad de la versión cefálica externa realizada en un entorno hospitalario por especialistas, y, llegado el momento, la elección entre parto vaginal o cesárea según las recomendaciones de seguridad. Contar con información clara, conocer las técnicas disponibles y respetar el ritmo del bebé y de tu cuerpo te ayudará a vivir este proceso con más calma y confianza, sabiendo que estás haciendo todo lo que está en tu mano de forma segura y amorosa.