Cuando no existe la empatía: ¿qué está pasando?

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En otras ocasiones hemos hablado de la empatía, esa capacidad de ponerse en el zapato del otro, pero ¿qué pasa cuando la empatía no existe? La falta de empatía implica una dificultad para salir de uno mismo y ser capaz de ser consciente, entender o sentir lo que está experimentando otra persona. Esta incapacidad se da en muchos adultos, pero también en niños.

Si sospechas que tu hijo o hija no se muestra empático con las emociones y sentimientos de otras personas, puedes ayudarle a desarrollar esta habilidad. Sí, la empatía puede aprenderse y desarrollarse, en otros artículos te hemos recomendado juegos, libros o películas para tenerla presente.

Cómo son los niños sin empatía

Lo primero que queremos decir es que excepto trastornos graves, no hay nadie que no tenga empatía. Es el caso de algunos trastornos de personalidad, como el trastorno narcisista, el antisocial o el límite. Puede ser que el niño no sepa manifestar la empatía, o no se esté criando en entornos que la fomenten. Por cierto, hay que desterrar el mito de que los niños con autismo no tienen empatía, porque sí son capaces de identificarse con las emociones de las otras personas.

Los adultos poco empáticos viven inmersos en su propia realidad e ignora el mundo de los demás, sus problemas y sus sentimientos. Esta misma actitud se deja ver en los niños y niñas, que en general, sólo muestran importancia por aquello que le ocurre a sus más allegados. Recuerda que los niños, también se cansan, sienten estrés y enferman, este tipo de elementos también les hará sentir menos empatía de lo habitual.

En este sentido Simon Baron-Cohen, define la empatía como una variable continua que divide en seis grados. Y también explica que es más frecuente tener una falta de ella que un exceso. A veces , no ser empático, es propio de ciertas etapas vitales, como puede ser la adolescencia, pero esto no nos puede llevar a pensar que son niños o adolescentes con cero empatía.

¿Por qué se produce esta falta de empatía?

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Según las investigaciones del autor antes mencionado, Baron-Cohen, hay varios factores determinantes a la hora de no sentir empatía. Por ejemplo, cuanta más testosterona genere un feto en el útero de su madre, menos empático será después de nacer. Esta influencia de la testosterona se considera el motivo por el que las mujeres suelen ser más empáticas que los hombres.

Los genes también pueden ejercer una influencia a la hora de ser más o menos empático. Peor lo que más influye a la hora de desarrollar la capacidad son experiencias en la infancia, y a lo largo de su vida, así como las experiencias de negligencia y abuso.

Como la empatía se desarrolla, es lógico que a ciertas edades, el niño no sea empático. Esto es un rasgo de desarrollo perfectamente normal. No es realista esperar que un niño de menos de 5 años se empatice realmente con los demás. No tiene la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona. La verdadera empatía por los demás se desarrolla sobre los 8 o 9 años.

Factores que contribuyen 

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Los niños con trastornos por déficit de atención con hiperactividad suelen tener dificultades para comprender la empatía. Lo mismo le ocurre a los niños que están estresados con demasiados sentimientos emocionales de los padres y cuidadores, o los niños con adicciones. Además, trastornos de la personalidad como narcisismo, el trastorno límite de la personalidad y el trastorno antisocial, que también se da en niños, dificultan comprender la empatía.

Algunas señales que pueden alarmarte sobre si tu hijo no siente empatía incluyen crueldad con los animales, decir mentiras frecuentes, desafíos a la autoridad, acoso escolar, comportamiento agresivo, falta de respuesta al castigo y falta de remordimiento ante cualquier acción vandálica.

Será el terapeuta quien hará una valoración del niño y os dará las estrategias adecuadas para que seáis capaces de poder sobrellevar mejor la situación. Además te ayudará a ti como madre a entender por qué tu hijo se comporta de esa manera.


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