Cuentos de Navidad para niños

La Navidad es una temporada para disfrutar en familia, especialmente con los niños, que son los protagonistas de estas fiestas. Las vacaciones escolares son largas y se hace necesario buscar actividades para cubrir ese tiempo de una forma productiva. Hay muchas actividades que se pueden realizar con niños en Navidad. Como por ejemplo, hacer manualidades, dulces típicos o salir a ver el alumbrado de las calles.

Los cuentos infantiles son perfectos para pasar un rato divertido con los niños. Si además, elijes alguna historia con temática navideña, tendrás un buen rato para disfrutar con los niños. Existen muchas historias perfectas para contar a los niños, incluso, puedes crearlas tu misma. Aquí te dejamos dos cuentos de Navidad para niños, por si necesitas un poco de inspiración.

La Navidad, por Tes Nehuén

La Navidad había llegado al pequeño pueblo. Allí, donde apenas vivían unas diez familias, los días de las fiestas eran sumamente especiales. Incluso parecía como si mucha más gente habitara en las pocas casas que conformaban el casco.

Gustavo vivía en una casita que estaba al final de la urbanización, si se le puede llamar así. Compartía su casa con su madre viuda y una abuela cascarrabias que no quería a nadie, ni siquiera a su propia hija, con la que siempre estaba discutiendo y peleando.

Cuando se se acercaba la Navidad Gustavo se ponía muy contento porque durante esos días lo dejaban deambular solo por el pueblo. Lo que no le gustaba de estas fechas, era que su abuela siempre se ponía más insoportable. Era porque no le gustaba que la gente festejara y derrochara el tiempo en comidas grupales y esas cosas. Ella prefería quedarse con su máquina de coser, mirando por la ventana hacia alguna parte que Gustavo no sabía qué era.

Ese año la Navidad se presentaba algo más especial porque unos reyes vendrían a visitarlos. Eran unos viajeros que iban de pueblo en pueblo emulando el viaje de los reyes magos. Gustavo se puso tan contento y tanto se entusiasmó que durante días no pudo pensar en otra cosa.

Pocos días antes de la fecha en la que llegarían estos extraños visitantes, comenzó a llover tanto, que se inundaron todos los caminos. El pueblo quedó completamente aislado y se suspendieron la mayoría de las fiestas. Gustavo estaba muy triste, sobre todo por haberse perdido la oportunidad de conocer a esos reyes que venían de otro sitio.

Una tarde mientras estaba tomando la merienda en la cocina de su casa. Entonces, su abuela dejó la máquina de coser y se le sentó al lado. ‘¿Por qué estás tan triste, Gustavo?’ El niño se sorprendió mucho, jamás su abuela se había preocupado por cómo estaba él. ‘Es que me gustaría saber cómo es afuera y ellos podrían habérmelo dicho’. ‘No te preocupes, lo sabrás. Algún día podrás dejar este lugar y viajar a donde quieras. Pero mientras tanto, en vez de quedarte mirando hacia esa pared podrías hacer como yo, a través de esa ventana verás el campo, ahí afuera es donde se cuece la vida’.

El niño se quedó sorprendido por la sabiduría de su abuela y le hizo caso. Desde ese día pasaba muchas tardes sentado frente a la ventana. Observando la línea del horizonte que cada vez se acercaba más y soñando con que un día él también podría ser un rey mago. Así podría pasear de pueblo en pueblo llevando la alegría a los niños que soñaban con vivir en otra parte.”

La leyenda de la araña de Navidad

Hubo una vez hace mucho, mucho tiempo, un hogar alemán en el que la madre se encargaba de limpiar la casa para celebrar el día más maravilloso del año.

Era el día en el que nacía Jesús, el día de la Navidad. Ella limpiaba y limpiaba para que no pudiera ser encontrada ni una sola mota de polvo. Incluso limpió esos rincones en donde en muchas ocasiones, al hacer mucho tiempo que no se limpia, suelen aparecer minúsculas telas de araña. Las pequeñas arañas, viendo sus telas destruidas, huyeron y subieron a algún rincón del ático.

En esa casa colocaron y decoraron con mucho orgullo y alegría el árbol. La madre se quedó junto a la chimenea, esperando que sus hijos bajaran de sus habitaciones. Sin embargo, las arañas, que habían sido desterradas tras la ardua limpieza de la madre, estaban desesperadas. Todo porque no iban a poder estar presentes en la mañana de Navidad. La araña más vieja y sabia sugirió que podían ver la escena a través de una pequeña rendija en el vestíbulo.

Silenciosamente, salieron del ático, bajaron las escaleras y se escondieron en la pequeña grieta que había en el vestíbulo. De repente la puerta se abrió y las arañas asustadas corrieron por toda la habitación. Se escondieron en el árbol de Navidad y se arrastraron de rama en rama, subiendo y bajando, buscando esconderse en las decoraciones más bonitas.

Cuando Papá Noel bajó por la chimenea aquella noche y se acercó al árbol, se dio cuenta con espanto que estaba lleno de arañas. Papá Noel pensó que la dueña de la casa se horrorizaría al ver las arañas en el árbol.

De inmediato, con un toque de magia, golpeó un poco el árbol y convirtió a las arañas en largas tiras brillantes y luminosas.

Desde entonces, en Alemania, los abuelos les cuentan a sus nietos la leyenda de las Arañas de Navidad. Y como tradición, colocan con ellos las guirnaldas brillantes de colores en el árbol.

Y cuenta la tradición que siempre hay que incluir una araña en medio de cada decoración”.


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