
No creo que fumar marihuana o respirar en un entorno donde se fume dicha sustancia sea lo más aconsejable durante el embarazo. Sin embargo, hay quien cree que no pasa nada. De hecho, me ha sorprendido mucho esta investigación. Primero, por el tema investigado (me llamó mucho la atención que alguien quisiera investigar algo así) y, segundo, por las conclusiones.
Según este estudio realizado en la Universidad de Waterloo, la Universidad de Aukland y la Universidad de Brown, los niños expuestos a la marihuana en el útero muestran una mejora significativa en su capacidad para seguir objetos en movimiento a los cuatro años. Sin embargo, los investigadores advierten que los resultados no significan que la marihuana tenga un efecto beneficioso sobre el desarrollo fetal. A continuación te cuento más detalles.
Este hallazgo sorprendió mucho a los investigadores. Los resultados demuestran que «la marihuana y el alcohol pueden tener un gran impacto en un aspecto fundamental del proceso visual que ocurre en nuestro cerebro«, explican los investigadores. Y añaden: «Pero a pesar del impacto aparentemente beneficioso de la marihuana en el desarrollo del sistema visual del cerebro, otra investigación muestra que su uso en realidad puede afectar el desarrollo del cerebro de los niños no nacidos». Un efecto aislado no compensa los múltiples riesgos.
Los investigadores probaron el procesamiento visual de alto nivel en un grupo de niños de 4 años de edad que fueron expuestos a diferentes combinaciones de marihuana, alcohol, anfetaminas o nicotina en el útero, en comparación con un grupo de control no expuesto a estas sustancias. La exposición a estas sustancias fue confirmada objetivamente mediante el análisis del meconio de cada bebé, una forma de verificar consumo más allá del recuerdo materno.
Los resultados mostraron que la exposición a la marihuana mejora la percepción del movimiento global, una medida del procesamiento visual del cerebro responsable del análisis del movimiento y el control visomotor. En contraste, la exposición al alcohol tuvo un efecto negativo. La nicotina y la metanfetamina no mostraron tener ningún efecto sobre la visión en comparación con el grupo control. Esto no implica seguridad general; simplemente describe un hallazgo concreto en una función visual.
Esta es la primera vez que los investigadores han demostrado los efectos de la exposición a estas sustancias en el desarrollo visual de los niños. Sus conclusiones sugieren que los profesionales de la salud podrían entender mejor cómo contrarrestar efectos negativos del consumo de drogas en el embarazo. Pero advierten que este es un resultado preliminar de un estudio mucho más amplio y que no debe interpretarse como recomendación de uso.
Los efectos de la marihuana sobre el feto
Tal y como puedes leer en Efecto de las drogas en el embarazo, los componentes de la marihuana, en especial el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), el principal agente activo, cruza la placenta y puede afectar directamente al feto. El consumo de marihuana se ha relacionado con gastrosquisis. También se ha asociado con incrementos de temblores, respuestas motoras exageradas, disminución en la respuesta visual y algunos casos de síndrome de retirada leve.

Más allá del sistema visual, la evidencia clínica reciente indica que la exposición al cannabis en el embarazo se asocia con problemas de funcionamiento placentario y, por tanto, con mayor probabilidad de complicaciones como trastornos hipertensivos, bebés pequeños para la edad gestacional, parto prematuro por indicación médica y muerte fetal. Este patrón se observa incluso cuando el consumo se limita al primer trimestre, y el riesgo aumenta cuando se mantiene más allá de ese periodo.
Un punto relevante es que el consumo de cannabis durante la gestación tiende a estar infradeclarado. Las encuestas suelen subestimar el uso real en comparación con pruebas biológicas (orina/tejidos), lo que complica cuantificar el impacto exacto y puede hacer que los riesgos estén subestimados en algunos estudios.
En cuanto al crecimiento y la salud neonatal, meta-investigaciones en revistas médicas de alto impacto han asociado la exposición prenatal al cannabis con: bajo peso al nacer, mayor tasa de parto prematuro, más ingresos en UCI neonatal, bajo Apgar y circunferencia craneal más pequeña. Estos parámetros se vinculan a retrasos del neurodesarrollo, dificultades de aprendizaje y trastornos de atención en etapas posteriores.
Sobre el desarrollo neurológico, se sabe que existen receptores cannabinoides en el cerebro fetal desde etapas tempranas. Activarlos con THC durante la gestación puede alterar circuitos implicados en la toma de decisiones, el procesamiento emocional y la respuesta al estrés. Se han descrito asociaciones con hiperactividad, problemas de atención, ansiedad y alteraciones del sueño en la infancia, aunque la magnitud del efecto puede variar según dosis, frecuencia y coexposición a tabaco o alcohol.
Que el bebé vea mejor no justifica que se le exponga a esto: cualquier potencial ventaja aislada no compensa riesgos globales.

Formas de consumo, mitos y humo de segunda mano
Usar vaporizadores o ingerir comestibles no elimina el THC; solo evita el humo, pero el principio activo sigue atravesando la placenta. Por eso, no existe una forma segura de consumo de cannabis durante el embarazo. El humo de marihuana, además, comparte componentes dañinos con el tabaco y no debe inhalarse cerca del bebé ni dentro del hogar.
Algunas personas consideran la marihuana medicinal para aliviar las náuseas. Sin embargo, las principales agencias sanitarias advierten no usar cannabis en el embarazo, ni siquiera con fines terapéuticos, y recomiendan consultar alternativas con el profesional de salud. Automedicarse con cannabis no es seguro en esta etapa.
CBD, productos de cannabis y seguridad
Las autoridades sanitarias desaconsejan enérgicamente el uso tanto de THC como de CBD durante el embarazo y la lactancia. No hay investigaciones integrales que establezcan su seguridad en madres gestantes o bebés, y se han descrito en humanos riesgos del CBD como toxicidad hepática, somnolencia extrema e interacciones con medicamentos. Además, algunos productos pueden estar contaminados con THC, pesticidas o metales pesados al no estar regulados homogéneamente.
Sobre alimentos derivados de semillas de cáñamo, su contenido de THC y CBD es mínimo porque estos compuestos se concentran en flores y hojas. Aun así, en embarazo y lactancia lo prudente es consultar siempre con profesionales antes de incorporar productos nuevos a la dieta.
Antes del embarazo y lactancia
Consumir marihuana antes del embarazo puede afectar la fertilidad: altera hormonas reproductivas, ciclos ovulatorios y también el recuento y la calidad del esperma. Evitar cannabis cuando se busca concebir puede mejorar las probabilidades de lograr un embarazo saludable.
Durante la lactancia, el THC pasa a la leche y puede detectarse durante varios días. Dado que es lipofílico y se almacena en la grasa, «extraer y desechar» leche no garantiza eliminarlo rápidamente. Se han vinculado la exposición posnatal a alteraciones del neurodesarrollo, por lo que la recomendación es no amamantar si se consume cannabis.
Limitaciones de la evidencia y recomendaciones prácticas
Muchos estudios observacionales no cuantifican con precisión la dosis y la frecuencia de consumo, y existe coexposición a tabaco/alcohol. Aun con estas limitaciones, la convergencia de resultados apunta a ausencia de una dosis segura durante el embarazo y la lactancia. Si necesitas ayuda para dejar la marihuana u otra droga, consulta a tu profesional de referencia; hay recursos y tratamientos eficaces y confidenciales.
La evidencia disponible indica que el cannabis no es inocuo en el embarazo: puede comprometer la función placentaria, el crecimiento fetal y el neurodesarrollo, y supone riesgos añadidos en lactancia. La medida más protectora para madre y bebé es evitar completamente su consumo y buscar alternativas seguras para cualquier síntoma durante la gestación.