Hace unos dĆas MarĆa JosĆ© publicaba un post explicando que es importante respetar a los bebĆ©s. Estoy muy de acuerdo con su planteamiento, y hoy querĆa ampliar un aspecto importante reflejado en la entrada de la que os hablo: me refiero a los besos. ĀæEstĆ”s tĆŗ como adulto obligado a prodigar o recibir muestras de afecto de cualquier persona? ĀæquĆ© te parecerĆa que alguien te insinuara āĀ”oye! Āæpor quĆ© no das ese beso que te pide la vecina?ā
A veces ayuda ponernos en el lugar de los niƱos, para entender sus emociones
Se suele generar controversia cuando alguien advierte que no se debe invadir el espacio privado de un niƱo (y mucho menos su cuerpo). SĆ lo sĆ©: los besos generalmente son demostrativos de cariƱo, y aparentemente son inocuos, pero⦠El āperoā principal es que cada uno deberĆamos poder decidir sobre nuestro cuerpo, y el hecho de que los niƱos sean pequeƱos, no los hace merecedores de menos respeto.
AsĆ que tajantemente Ā”no se obliga a un niƱo a dar o recibir besos o caricias! Lo cual no entra en contradicción con que aprenda a ser amable con las personas, siempre que exista reciprocidad claro estĆ”. Es decir un niƱo puede agradecer que ese tĆo al que apenas ve le haya traĆdo un libro, puede sujetar la puerta si ve que un vecino entra cargado con bolsas al edificio, puede alegrarse si se encuentra a su profesora en la fila del cine⦠”pero dejad que decida sobre su cuerpo!
Realmente no hay nada de malo en que un niño o una niña no quieran besar ni ser besados, pensadlo bien. No hay nada de malo, excepto que a muchos de nosotros nos han obligado a comportarnos asà de pequeños, y nos cuesta reconocer el respeto a los niños.
Besos en cualquier ocasión
Tampoco en cualquiera, pero para que nos entendamos. En nuestro entorno social es habitual saludar con besos cuando nos reencontramos con conocidos / amigos, cuando nos presentan una persona nueva (aunque es igualmente vĆ”lido el apretón de manos), cuando visitamos a nuestros familiares, en momentos Ćntimos con nuestra pareja, porque queremos demostrar afecto a los niƱos⦠Besos y abrazos tienen diferentes connotaciones segĆŗn el momento y la persona, sin embargo yo no doy un beso si no tengo ganas, no lo doy tampoco si la persona no me inspira confianza, o si prefiero mantener las distancias, ĀætambiĆ©n os pasa?
Trasladando esta idea a los niƱos, es necesario confiar en ellos y en su capacidad de mostrar alegrĆa, cariƱo o respeto a otras personas, como ellos deseen. De esta forma sentirĆ”n que tienen control sobre la situación, y en el futuro pueden aprender a decir que no basĆ”ndose en su intuición, o en sus propios deseos, no dejĆ”ndose arrastrar por lo que otras personas quieren tener previsto para ellos.
AdemĆ”s, las normas de cortesĆa varĆan segĆŗn la cultura. En algunos lugares se saluda con uno, dos o tres besos; en otros, con reverencia o con un gesto de la mano. Este contexto ayuda a entender que la buena educación no depende de besar, sino de saludar y despedirse con respeto, por vĆas verbales o gestuales acordes al entorno.
TambiĆ©n es Ćŗtil recordar que en ciertos periodos recientes se han popularizado saludos con menos contacto fĆsico por motivos de salud e higiene. Muchos niƱos han integrado que las muestras fĆsicas son selectivas y consentidas, y reservadas para su cĆrculo mĆ”s cercano. Esta evolución social refuerza la idea de que el menor decide a quiĆ©n se acerca y cuĆ”ndo.

ĀæNo a los besos?
No es eso lo que planteo, sino dejarlo en manos de los peques, eso sĆ, en situaciones incómodas podemos mediar para que la otra parte (una abuela, una amiga nuestra) no tenga que sentirse ofendida, lo cual no serĆa responsabilidad nuestra, por otra parte.
Es decir, ante un āĀæme das un beso?ā, podemos reformular la pregunta: āĀæquieres dar un beso a la abuela? Āæno? Ā”ah!, recuerda entonces que cuando se despida puedes abrazarla si lo deseas, o estrecharle la manoā. Una relación se puede mantener sin besos si hay respeto por ambas partes, y hay niƱos que cuando crecen adoptan ciertas normas sociales (como besar a alguien que les presentan), pero siempre tendrĆ”n ellos la Ćŗltima decisión.
AdemÔs, si (en el ejemplo que nos ocupa mÔs arriba) la abuela llega a entenderlo, y se muestra afectuosa, es posible que el niño regale algún abrazo o beso cuando tenga ganas de hacerlo.
Hay familias en las que un niƱo rechaza dar o recibir besos en ciertos momentos. En esos casos se puede preguntar con calma āĀæprefieres que hoy te dĆ© yo un beso o que te lo guardo?ā. Y si no quiere, no lo fuerces: ofrece alternativas como una sonrisa, un saludo con la mano, un āte quieroā o quedarse cerca un momento. Son formas vĆ”lidas de mostrar afecto y cortesĆa sin vulnerar lĆmites.
Los adultos podemos enseƱar buenos modales dando ejemplo: saludar, agradecer, despedirse, escuchar y respetar. Ninguna norma de cortesĆa exige besar a diestro y siniestro. Y si en algĆŗn descuido terminas plantando un beso que el peque no querĆa y se lo āborraā, evita enfadarte; la prioridad es que aprenda a proteger su propio lĆmite.
¿Qué pretendemos conseguir?
A un niƱo le puede resultar muy confuso tener que ceder a un chantaje (āsi no das un beso nos vamos a casaā), y a la larga perder el control sobre su capacidad de obrar, sobre su cuerpo en Ćŗltima instancia, como mĆnimo provoca que crezcan ādesconectadosā de sus necesidades.
Dejarles mantener la distancia es tambiĆ©n realizar prevención ante posibles abusos sexuales. En estas relaciones el niƱo siente que no tiene ningĆŗn poder pues nadie le ha enseƱado que puede negarse a que alguien se acerque y le toque. No podemos acostumbrar a los niƱos a condicionantes de este tipo, por su seguridad presente y futura. Diversos informes seƱalan que la mayorĆa de abusos se dan en entornos de confianza, por lo que enseƱar a decir ānoā es una habilidad protectora clave.
Ahora bien, no se trata de demonizar el beso. El afecto expreso en familia (besos, abrazos, caricias) aporta beneficios emocionales incalculables: fortalece el vĆnculo, aumenta la sensación de seguridad y protección, reduce el estrĆ©s y facilita la regulación emocional. AdemĆ”s, el contacto cariƱoso activa endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina, hormonas relacionadas con el bienestar, la empatĆa y el apego seguro.
Varios trabajos en población general han observado que recibir afecto en la infancia se asocia con menor angustia en la adultez, y en bebĆ©s, estos estĆmulos favorecen conexiones neuronales saludables. Un beso de buenas noches, por ejemplo, puede crear una rutina calmante que mejora el sueƱo y nutre la autoestima al comunicar āeres importante para mĆā.
La clave no es ābesos sĆā o ābesos noā, sino consentimiento y significado. Si el beso se exige, pierde valor y puede confundir. Si se ofrece desde el respeto, conecta y reconforta. Por eso conviene distinguir entre el afecto Ćntimo en familia y convenciones sociales que en algunos contextos piden un beso de saludo: no todo beso expresa lo mismo ni es necesario en todas las situaciones.
Besos en la boca: niƱos entre niƱos y salud
Muchos padres se sorprenden cuando, en el parque o en el cole, los peques se besan en los labios. Suelen imitar lo que ven y explorar por curiosidad e inocencia. En edades tempranas, estos gestos no tienen connotación erótica; son una forma espontÔnea de mostrar cariño entre iguales. Lo habitual es que disminuyan con la edad y, con el tiempo, los niños ajusten su conducta a otras normas sociales.
ĀæHay riesgos? A nivel sanitario, el principal es el de transmisión de infecciones comunes, similar al de compartir cubiertos o chucherĆas. Por higiene, algunos pediatras y odontopediatras recomiendan evitar besar en la boca a los mĆ”s pequeƱos, ya que puede favorecer el contagio de caries bacterianas, resfriados, gripes u otros virus como el herpes simple tipo 1. No se trata de alarmar, sino de informar y decidir con criterio.
En el plano psicológico, no existe evidencia concluyente de que besar en los labios cause por sĆ mismo trauma. Lo relevante es el contexto: consentimiento, edad, relación y ausencia de coacción. Si hay presión de un menor sobre otro o una diferencia de edad notable que ubique a uno en situación de vulnerabilidad, los adultos deben intervenir, marcar lĆmites y acompaƱar.
ĀæCómo reaccionar? Sin sustos ni castigos. Evita transmitir vergüenza. Puedes decir: āLos besos son muestras de cariƱo y se dan cuando ambas personas quieren. TambiĆ©n podĆ©is daros un abrazo o chocar la manoā. Luego, refuerza con calma quĆ© lĆmites son adecuados en casa y en espacios pĆŗblicos.
Consentimiento, lĆmites y alternativas prĆ”cticas
Enseñar consentimiento es una prÔctica cotidiana y sencilla. Algunas pautas útiles:
- Tu cuerpo es tuyo: recordƔrselo con frases breves y constantes. Nadie tiene derecho a tocarte si no quieres.
- Nombrar el ānoā con respeto: modela frases como āHoy prefiero un saludo con la manoā o āAhora no me apetece un besoā.
- Ofrecer alternativas: abrazo, mano, sonrisa, āte quieroā, dibujar un corazón, estar cerquita. Todo cuenta si es voluntario.
- EmpatĆa adulta: evitar juzgar si el menor no corresponde. El afecto autĆ©ntico no se fuerza ni se mide por cantidad de besos.
TambiĆ©n conviene explicar que la sangre no define la confianza del niƱo: un familiar poco conocido puede ser āun extraƱoā para Ć©l. La cercanĆa se construye con tiempo y respeto, no exigiendo besos por parentesco. Y si un adulto solicita besos āporque es de buena educaciónā, recuerda: hay muchas formas de ser cortĆ©s que no implican contacto fĆsico.
AsĆ que ya sabĆ©is: un niƱo puede ser respetuoso con los demĆ”s, y a la vez exigir respeto. Los besos los dan si quieren, esa es la consigna; si acaso vuestro papel, ademĆ”s de reforzar la decisión del pequeƱo, tambiĆ©n serĆa el de intentar aliviar la incertidumbre de la otra persona. Con información clara, respeto por los lĆmites y un sinfĆn de alternativas cariƱosas, el afecto gana sentido y los peques ganan seguridad.

