Dar y recibir besos en niƱos: respeto, consentimiento, higiene y afecto

  • El cariƱo es valioso, pero el consentimiento infantil y el respeto al cuerpo propio deben guiar cualquier muestra de afecto.
  • Los besos y abrazos fortalecen el vĆ­nculo, reducen el estrĆ©s y favorecen la seguridad emocional cuando son voluntarios.
  • Existen riesgos higiĆ©nicos (caries, resfriados, herpes) al besar en la boca; la cortesĆ­a puede expresarse sin contacto fĆ­sico.
  • Ante dudas o presiones, no forzar: ofrecer alternativas (saludo, abrazo, ā€œte quieroā€) y enseƱar a decir ā€œnoā€ con respeto.

beso

Hace unos dĆ­as MarĆ­a JosĆ© publicaba un post explicando que es importante respetar a los bebĆ©s. Estoy muy de acuerdo con su planteamiento, y hoy querĆ­a ampliar un aspecto importante reflejado en la entrada de la que os hablo: me refiero a los besos. ĀæEstĆ”s tĆŗ como adulto obligado a prodigar o recibir muestras de afecto de cualquier persona? ĀæquĆ© te parecerĆ­a que alguien te insinuara ā€œĀ”oye! Āæpor quĆ© no das ese beso que te pide la vecina?ā€

A veces ayuda ponernos en el lugar de los niƱos, para entender sus emociones

Se suele generar controversia cuando alguien advierte que no se debe invadir el espacio privado de un niƱo (y mucho menos su cuerpo). SĆ­ lo sĆ©: los besos generalmente son demostrativos de cariƱo, y aparentemente son inocuos, pero… El ā€˜pero’ principal es que cada uno deberĆ­amos poder decidir sobre nuestro cuerpo, y el hecho de que los niƱos sean pequeƱos, no los hace merecedores de menos respeto.

AsĆ­ que tajantemente Ā”no se obliga a un niƱo a dar o recibir besos o caricias! Lo cual no entra en contradicción con que aprenda a ser amable con las personas, siempre que exista reciprocidad claro estĆ”. Es decir un niƱo puede agradecer que ese tĆ­o al que apenas ve le haya traĆ­do un libro, puede sujetar la puerta si ve que un vecino entra cargado con bolsas al edificio, puede alegrarse si se encuentra a su profesora en la fila del cine… Ā”pero dejad que decida sobre su cuerpo!

Realmente no hay nada de malo en que un niƱo o una niƱa no quieran besar ni ser besados, pensadlo bien. No hay nada de malo, excepto que a muchos de nosotros nos han obligado a comportarnos asƭ de pequeƱos, y nos cuesta reconocer el respeto a los niƱos.

Besos en cualquier ocasión

Tampoco en cualquiera, pero para que nos entendamos. En nuestro entorno social es habitual saludar con besos cuando nos reencontramos con conocidos / amigos, cuando nos presentan una persona nueva (aunque es igualmente vĆ”lido el apretón de manos), cuando visitamos a nuestros familiares, en momentos Ć­ntimos con nuestra pareja, porque queremos demostrar afecto a los niƱos… Besos y abrazos tienen diferentes connotaciones segĆŗn el momento y la persona, sin embargo yo no doy un beso si no tengo ganas, no lo doy tampoco si la persona no me inspira confianza, o si prefiero mantener las distancias, ĀætambiĆ©n os pasa?

Trasladando esta idea a los niños, es necesario confiar en ellos y en su capacidad de mostrar alegría, cariño o respeto a otras personas, como ellos deseen. De esta forma sentirÔn que tienen control sobre la situación, y en el futuro pueden aprender a decir que no basÔndose en su intuición, o en sus propios deseos, no dejÔndose arrastrar por lo que otras personas quieren tener previsto para ellos.

AdemÔs, las normas de cortesía varían según la cultura. En algunos lugares se saluda con uno, dos o tres besos; en otros, con reverencia o con un gesto de la mano. Este contexto ayuda a entender que la buena educación no depende de besar, sino de saludar y despedirse con respeto, por vías verbales o gestuales acordes al entorno.

También es útil recordar que en ciertos periodos recientes se han popularizado saludos con menos contacto físico por motivos de salud e higiene. Muchos niños han integrado que las muestras físicas son selectivas y consentidas, y reservadas para su círculo mÔs cercano. Esta evolución social refuerza la idea de que el menor decide a quién se acerca y cuÔndo.

dar y recibir besos en niƱos

ĀæNo a los besos?

No es eso lo que planteo, sino dejarlo en manos de los peques, eso sí, en situaciones incómodas podemos mediar para que la otra parte (una abuela, una amiga nuestra) no tenga que sentirse ofendida, lo cual no sería responsabilidad nuestra, por otra parte.

Es decir, ante un ā€˜Āæme das un beso?’, podemos reformular la pregunta: ā€œĀæquieres dar un beso a la abuela? Āæno? Ā”ah!, recuerda entonces que cuando se despida puedes abrazarla si lo deseas, o estrecharle la manoā€. Una relación se puede mantener sin besos si hay respeto por ambas partes, y hay niƱos que cuando crecen adoptan ciertas normas sociales (como besar a alguien que les presentan), pero siempre tendrĆ”n ellos la Ćŗltima decisión.

AdemÔs, si (en el ejemplo que nos ocupa mÔs arriba) la abuela llega a entenderlo, y se muestra afectuosa, es posible que el niño regale algún abrazo o beso cuando tenga ganas de hacerlo.

Hay familias en las que un niƱo rechaza dar o recibir besos en ciertos momentos. En esos casos se puede preguntar con calma ā€œĀæprefieres que hoy te dĆ© yo un beso o que te lo guardo?ā€. Y si no quiere, no lo fuerces: ofrece alternativas como una sonrisa, un saludo con la mano, un ā€œte quieroā€ o quedarse cerca un momento. Son formas vĆ”lidas de mostrar afecto y cortesĆ­a sin vulnerar lĆ­mites.

Los adultos podemos enseƱar buenos modales dando ejemplo: saludar, agradecer, despedirse, escuchar y respetar. Ninguna norma de cortesĆ­a exige besar a diestro y siniestro. Y si en algĆŗn descuido terminas plantando un beso que el peque no querĆ­a y se lo ā€œborraā€, evita enfadarte; la prioridad es que aprenda a proteger su propio lĆ­mite.

Dar y recibir besos: cuÔndo y cómo los niños quieran

¿Qué pretendemos conseguir?

A un niƱo le puede resultar muy confuso tener que ceder a un chantaje (ā€œsi no das un beso nos vamos a casaā€), y a la larga perder el control sobre su capacidad de obrar, sobre su cuerpo en Ćŗltima instancia, como mĆ­nimo provoca que crezcan ā€˜desconectados’ de sus necesidades.

Dejarles mantener la distancia es tambiĆ©n realizar prevención ante posibles abusos sexuales. En estas relaciones el niƱo siente que no tiene ningĆŗn poder pues nadie le ha enseƱado que puede negarse a que alguien se acerque y le toque. No podemos acostumbrar a los niƱos a condicionantes de este tipo, por su seguridad presente y futura. Diversos informes seƱalan que la mayorĆ­a de abusos se dan en entornos de confianza, por lo que enseƱar a decir ā€œnoā€ es una habilidad protectora clave.

Ahora bien, no se trata de demonizar el beso. El afecto expreso en familia (besos, abrazos, caricias) aporta beneficios emocionales incalculables: fortalece el vínculo, aumenta la sensación de seguridad y protección, reduce el estrés y facilita la regulación emocional. AdemÔs, el contacto cariñoso activa endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina, hormonas relacionadas con el bienestar, la empatía y el apego seguro.

Varios trabajos en población general han observado que recibir afecto en la infancia se asocia con menor angustia en la adultez, y en bebĆ©s, estos estĆ­mulos favorecen conexiones neuronales saludables. Un beso de buenas noches, por ejemplo, puede crear una rutina calmante que mejora el sueƱo y nutre la autoestima al comunicar ā€œeres importante para mĆ­ā€.

La clave no es ā€œbesos sĆ­ā€ o ā€œbesos noā€, sino consentimiento y significado. Si el beso se exige, pierde valor y puede confundir. Si se ofrece desde el respeto, conecta y reconforta. Por eso conviene distinguir entre el afecto Ć­ntimo en familia y convenciones sociales que en algunos contextos piden un beso de saludo: no todo beso expresa lo mismo ni es necesario en todas las situaciones.

Besos en la boca: niƱos entre niƱos y salud

Muchos padres se sorprenden cuando, en el parque o en el cole, los peques se besan en los labios. Suelen imitar lo que ven y explorar por curiosidad e inocencia. En edades tempranas, estos gestos no tienen connotación erótica; son una forma espontÔnea de mostrar cariño entre iguales. Lo habitual es que disminuyan con la edad y, con el tiempo, los niños ajusten su conducta a otras normas sociales.

¿Hay riesgos? A nivel sanitario, el principal es el de transmisión de infecciones comunes, similar al de compartir cubiertos o chucherías. Por higiene, algunos pediatras y odontopediatras recomiendan evitar besar en la boca a los mÔs pequeños, ya que puede favorecer el contagio de caries bacterianas, resfriados, gripes u otros virus como el herpes simple tipo 1. No se trata de alarmar, sino de informar y decidir con criterio.

En el plano psicológico, no existe evidencia concluyente de que besar en los labios cause por sí mismo trauma. Lo relevante es el contexto: consentimiento, edad, relación y ausencia de coacción. Si hay presión de un menor sobre otro o una diferencia de edad notable que ubique a uno en situación de vulnerabilidad, los adultos deben intervenir, marcar límites y acompañar.

ĀæCómo reaccionar? Sin sustos ni castigos. Evita transmitir vergüenza. Puedes decir: ā€œLos besos son muestras de cariƱo y se dan cuando ambas personas quieren. TambiĆ©n podĆ©is daros un abrazo o chocar la manoā€. Luego, refuerza con calma quĆ© lĆ­mites son adecuados en casa y en espacios pĆŗblicos.

Consentimiento, lƭmites y alternativas prƔcticas

Enseñar consentimiento es una prÔctica cotidiana y sencilla. Algunas pautas útiles:

  • Tu cuerpo es tuyo: recordĆ”rselo con frases breves y constantes. Nadie tiene derecho a tocarte si no quieres.
  • Nombrar el ā€œnoā€ con respeto: modela frases como ā€œHoy prefiero un saludo con la manoā€ o ā€œAhora no me apetece un besoā€.
  • Ofrecer alternativas: abrazo, mano, sonrisa, ā€œte quieroā€, dibujar un corazón, estar cerquita. Todo cuenta si es voluntario.
  • EmpatĆ­a adulta: evitar juzgar si el menor no corresponde. El afecto autĆ©ntico no se fuerza ni se mide por cantidad de besos.

TambiĆ©n conviene explicar que la sangre no define la confianza del niƱo: un familiar poco conocido puede ser ā€œun extraƱoā€ para Ć©l. La cercanĆ­a se construye con tiempo y respeto, no exigiendo besos por parentesco. Y si un adulto solicita besos ā€œporque es de buena educaciónā€, recuerda: hay muchas formas de ser cortĆ©s que no implican contacto fĆ­sico.

Así que ya sabéis: un niño puede ser respetuoso con los demÔs, y a la vez exigir respeto. Los besos los dan si quieren, esa es la consigna; si acaso vuestro papel, ademÔs de reforzar la decisión del pequeño, también sería el de intentar aliviar la incertidumbre de la otra persona. Con información clara, respeto por los límites y un sinfín de alternativas cariñosas, el afecto gana sentido y los peques ganan seguridad.


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