Las infusiones (también llamadas tisanas) son bebidas calientes hechas a base de hierbas medicinales. Algunas hierbas se pueden comprar frescas, como es el caso de la hierbabuena, y otras se pueden comprar secas, tanto al peso como en bolsitas individuales, como es el caso de la tila. Su uso tradicional en adultos está muy extendido, pero cuando hablamos de bebés y niños pequeños la situación cambia por completo y es importante conocer bien los riesgos y las recomendaciones actuales. Antes de administrarlas a un menor conviene consultar con el pediatra, un herbolario o un médico especializado y seguir sus indicaciones.
Infusiones y bebés: qué debes tener en cuenta

Tradicionalmente estas infusiones se han tomado para diferentes molestias en los adultos, pero también existe una gran duda a la hora de dárselas al bebé. Durante mucho tiempo se han usado como el típico “remedio casero de la abuela” para dormir mejor, hacer mejores digestiones, acabar con los cólicos del lactante o, simplemente, proporcionar una bebida con un sabor distinto al agua o a la leche. Sin embargo, la evidencia científica disponible y las recomendaciones actuales de pediatras y dietistas-nutricionistas son claras: en los primeros meses de vida no es conveniente ofrecer infusiones al bebé.
Por lo general, las hierbas medicinales que solemos tomar como la manzanilla, la tila, el poleo o la hierba luisa no suelen ser peligrosas para el adulto sano, pero en los bebés pueden comportarse de forma distinta. Existen otras plantas que sí pueden ser peligrosas y, antes de dárselas a un bebé o un niño pequeño, es necesario consultar con el pediatra o un profesional sanitario y seguir siempre sus indicaciones. Que una planta sea “natural” no significa que sea inocua ni que esté libre de efectos secundarios.
Recomendaciones actuales sobre infusiones en bebés

Las principales sociedades científicas de pediatría y los comités de lactancia recomiendan que, en los primeros seis meses de vida, el único alimento del bebé sea la leche materna (o, en su defecto, la leche de fórmula adecuada). Esto implica que no se debe ofrecer agua, zumos ni infusiones. La leche ya contiene gran cantidad de agua y cubre las necesidades de hidratación del bebé, incluso en climas calurosos.
A partir de los seis meses, cuando se inician los alimentos complementarios, puede ofrecerse agua en pequeñas cantidades siempre que no desplace las tomas de leche. Muchos expertos desaconsejan ofrecer infusiones durante todo el primer año de vida, ya que:
- No aportan valor nutricional significativo y pueden desplazar la leche, que sí contiene nutrientes esenciales.
- Los bebés tienen un estómago muy pequeño y llenarlo con una bebida sin nutrientes puede reducir la ingesta de alimentos importantes.
- Sus riñones aún no están completamente desarrollados para procesar grandes cantidades de líquido distinto de la leche.
- Se desconocen con exactitud los efectos a largo plazo de muchas hierbas en bebés.
Algunas recomendaciones indican que, a partir del año de edad y siempre bajo supervisión médica, se podrían introducir de forma gradual pequeñas cantidades de infusiones muy suaves, específicas para niños y procedentes de laboratorios especializados, evitando por completo aquellas que contengan teína, cafeína o azúcares añadidos. No obstante, incluso en estas edades, la prioridad debe seguir siendo el agua como bebida principal.
La manzanilla y otras infusiones más habituales

La manzanilla suele estar entre las infusiones recomendadas tradicionalmente para el bebé, incluso por algunos médicos, sobre todo cuando el bebé se encuentra mal del estómago a causa de haber comido mucho. En la tradición popular se mezcla a veces con comino y anís estrellado para los cólicos o los gases, si bien hoy esa práctica se recomienda solo con indicación profesional y con cautela por los riesgos asociados a algunas plantas.
En adultos, la manzanilla se asocia a efectos relajantes y a cierto alivio digestivo gracias a compuestos como la apigenina, que podría unirse a receptores cerebrales relacionados con el sueño, y a sus supuestas propiedades antiinflamatorias. También otras hierbas se han usado con fines similares:
- Tila: empleada para favorecer el sueño y reducir la ansiedad en adultos.
- Melisa: conocida por su posible efecto calmante y para reducir el estrés.
- Hinojo: tradicionalmente utilizado para aliviar gases e hinchazón, gracias a sus supuestas propiedades antiespasmódicas.
- Menta: se le atribuyen propiedades carminativas que ayudarían a mover el gas a través del sistema digestivo.
El problema es que muchos de estos beneficios se han observado en adultos y no existen estudios sólidos que confirmen su eficacia ni su seguridad en bebés y niños pequeños. Además, hay plantas como el anís estrellado que pueden causar efectos neurológicos graves (somnolencia intensa, convulsiones, incluso coma) y no se recomiendan en menores de 18 años. Por eso, hoy en día se desaconseja mezclar diferentes hierbas “para los cólicos” sin indicación profesional.
Ventajas y desventajas de recurrir a infusiones
Las ventajas de las infusiones en adultos son que suelen ser fáciles de tener en casa y, por su temperatura, pueden aliviar molestias digestivas: el agua caliente de una manzanilla puede calmar temporalmente el estómago tras una digestión pesada. Sin embargo, trasladar estas costumbres al bebé tiene más desventajas que beneficios.
Entre los errores más comunes está el de sustituir una toma por un biberón de manzanilla cuando el bebé está malo del estómago. Al poco tiempo el bebé tendrá hambre y eso le irritará aún más; lo más adecuado es pedir consejo al pediatra y, si este lo considera apropiado, ofrecer una pequeña cantidad sin desplazar la leche, por ejemplo justo antes de dormir.
Otro error frecuente es el de añadir miel o azúcar a las infusiones. Esto puede inducir una preferencia por los sabores dulces desde edades tempranas, dificultando la aceptación de sabores amargos como los de algunas verduras y aumentando el riesgo de caries y de obesidad infantil. Además, la miel está contraindicada en menores de un año por el riesgo de botulismo infantil.
Las infusiones comerciales para bebés suelen contener una proporción alta de azúcares (en forma de dextrosa u otros) y poco porcentaje real de hierbas, por lo que muchas veces son más agua azucarada que un remedio. Si un bebé consume varias de estas preparaciones al día, ingiere cantidades importantes de azúcar desde muy pequeño, algo desaconsejable.
Además, las infusiones a base de plantas contienen principios activos que actúan de forma dosis-dependiente. En bebés no existen dosis estandarizadas ni suficiente evidencia sobre su seguridad, por lo que puede haber variabilidad entre marcas y riesgo de reacciones adversas o intoxicaciones.
Por todo ello, los especialistas insisten en que, durante el primer año de vida, el bebé no debería tomar infusiones habitualmente, ya que no aportan beneficios demostrados y sí pueden presentar riesgos relevantes. Ante molestias como cólicos, reflujo, gases o dificultades para dormir, la vía adecuada siempre es consultar con el pediatra para buscar la causa y el tratamiento más apropiado.
Conocer cómo funcionan realmente las infusiones, sus posibles efectos y las recomendaciones de los expertos ayuda a tomar decisiones más seguras para el bebé y a sustituir viejos remedios caseros por alternativas basadas en la evidencia científica y en el acompañamiento profesional.
