Diferencias entre preeclampsia y eclampsia: síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento

  • Preeclampsia: hipertensión tras la semana 20 con proteinuria y posible daño de órganos; puede evolucionar a eclampsia.
  • Eclampsia: convulsiones/coma en el contexto de preeclampsia; requiere sulfato de magnesio y finalización del embarazo.
  • Signos de alarma: cefalea intensa, alteraciones visuales, edema brusco, dolor en hipocondrio derecho, disnea y diuresis baja.
  • Manejo: control estricto, fármacos seguros, corticoides cuando procede y decisión del parto según gravedad y edad gestacional.

hipertension preeclampsia

Estoy segura que habrás escuchado estos términos más veces de las que recuerdas ahora mismo, pero quizá nunca has sabido con seguridad las diferencias que existen entre un término y otro, no te preocupes porque es algo muy habitual. Hoy quiero ayudarte a identificar estas dos enfermedades para que a partir de hoy mismo seas capaz de poder identificar qué es cada una.

Lo que quizá sepas es que ambos términos ocurren o pueden ocurrir durante el embarazo y dependiendo del grado, puede poner en riesgo de muerte tanto a la madre como al bebé. Por lo que ninguna de estas dos enfermedades es para tomárselas a broma, son dos enfermedades muy serias.

¿Qué es la preeclampsia?

La preeclampsia es la presencia de hipertensión arterial y proteínas en la orina que se puede empezar a desarrollar después de la semana 20 del embarazo. La única forma de poder curar y superar esta enfermedad es dado a luz al bebé, pero si esto tiene que suceder demasiado pronto, el bebé tendrá que estar en la incubadora con reposo absoluto y con un control médico exhaustivo. El parto se induciría lo ates posible. De la preeclampsia puede pasar a la eclampsia, al tener el pre- delante del término ya se sobreentiende de que puede ir antes.

Además, la preeclampsia puede aparecer en el posparto temprano (habitualmente dentro de la primera semana) y en ocasiones transcurrir con pocos síntomas al principio. Los criterios médicos incluyen cifras de tensión arterial ≥ 140/90 mmHg en al menos dos tomas separadas y la presencia de proteinuria significativa (por ejemplo, ≥ 300 mg en orina de 24 horas o relación proteína/creatinina ≥ 0,3). Hay formas con “características graves” cuando se asocian signos como tensión ≥ 160/110 mmHg, plaquetas bajas, enzimas hepáticas elevadas, insuficiencia renal, edema pulmonar o síntomas neurológicos (cefalea intensa, alteraciones visuales).

preeclampsia y eclampsia

¿Qué es la eclampsia?

La eclampsia es la aparición de convulsiones es una mujer embarazada, algo que también puede ocurrir también a partir de la semana 20 del embarazo. Igual que ocurre en la preeclampsia, se deberá inducir el parto ya que tanto la madre como el bebé tienen riesgo de muerte.

En la práctica, la eclampsia es la complicación neurológica de la preeclampsia cuando se presentan crisis convulsivas o incluso coma sin otra causa. Puede manifestarse durante el embarazo, en el parto o en el posparto temprano. Suele ir precedida por cefalea intensa, visión distorsionada, confusión o hiperreflexia. El manejo urgente incluye la estabilización materna, la administración de sulfato de magnesio para prevenir nuevas convulsiones, control de la presión arterial y la finalización del embarazo cuando sea seguro.

diferencias entre eclampsia y preeclampsia

No existe ningún método preventivo para estas enfermedades, pero es muy importante que todas las mujeres se sometan a todos los controles prenatales, los cuales permitirán un diagnóstico y tratamiento oportunos para intentar prevenir (aunque si tiene que aparecer lo hará igual) la preeclampsia, para evitar que se presente la eclampsia.

Hoy se sabe que no hay un método que garantice la prevención al 100%, pero sí existen medidas que pueden reducir el riesgo en mujeres seleccionadas, como el uso de aspirina a dosis baja indicado por el médico en embarazadas con alto riesgo, y la vigilancia estrecha con controles de tensión y análisis de orina. El seguimiento prenatal es clave para detectar de forma temprana signos de alarma y actuar a tiempo.

Pero a continuación quiero detallarte un poco más de qué trata cada una de estas enfermedades porque son algo que las mujeres debemos tomarnos muy en serio.


preeclampsia

Signos y síntomas de la preeclampsia

Los médicos hacen énfasis en el hecho de que las mujeres embarazadas siempre deberán estar atentas y llamar inmediatamente en cualquier situación de emergencia o cualquier síntoma extraño que observen. Algo que nos parezca raro nunca hay que normalizarlo, tendrás que llamar al médico inmediatamente ante los siguientes síntomas de la preeclampsia:

  • Hinchazón repentina de manos, cara y pies
  • Intenso dolor en la región abdominal superior
  • Dolores de cabeza intensos que no desaparecen aunque el médico te haya recetado medicamentos seguros en tu embarazo para el dolor.
  • Visión borrosa o aparición de manchas oscuras en la visión
  • Vómitos

Si detectas que es posible que tengas preeclampsia en las primeras etapas, tendrás que acudir inmediatamente a tu médico para que se pueda tratar con la mayor eficacia posible porque si se detecta a tiempo se puede prevenir para que no vaya a más.

Además, conviene saber que algunas mujeres con preeclampsia no presentan síntomas evidentes al principio. En otras, se observa edema llamativo en manos, dedos y cara, con anillos que dejan de entrar, y aumento de peso rápido (por ejemplo, más de 2 kg en una semana) por acumulación de líquidos. Si la preeclampsia progresa, pueden aparecer manifestaciones de gravedad: cefaleas intensas persistentes, visión distorsionada, confusión, reflejos hiperactivos, dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen, dificultad respiratoria, menor volumen de orina y cifras de presión arterial muy elevadas. Raramente, puede desencadenar un accidente cerebrovascular.

Los efectos sobre el bebé incluyen restricción del crecimiento por función placentaria disminuida, parto prematuro si se requiere finalizar el embarazo de forma anticipada y, en casos graves, desprendimiento de placenta. Por eso, ante cualquier señal atípica, la recomendación es consultar sin demora.

preeclampsia vs eclampsia

Signos y síntomas de la eclampsia

El síntoma característico de la eclampsia son las convulsiones. El resto de signos y síntomas son más o menos igual que la preeclampsia, aunque puede variar dependiendo del grado de afectación. A continuación te mostraré una lista de los síntomas que se pueden desarrollar en las mujeres embarazadas que tienen preeclampsia y desarrollan eclampsia:

  • Aumento de la presión arterial elevada
  • Aumento de la cantidad de proteínas en la orina
  • Dolor abdominal
  • Ceguera cortical
  • Náuseas y vómitos
  • Dolores musculares
  • Pérdida de consciencia

La eclampsia puede surgir de forma brusca incluso en mujeres con síntomas previos leves. A veces, antes de las convulsiones hay aura con cefalea intensa, cambios visuales y malestar general. La prioridad es la estabilización materna, proteger la vía aérea, administrar sulfato de magnesio para prevenir recurrencias, controlar la hipertensión y evaluar la necesidad de finalizar el embarazo con seguridad para madre y bebé.

Diagnóstico y clasificación

El diagnóstico se sustenta en la combinación de presión arterial elevada y alteraciones de laboratorio o síntomas. La proteinuria suele confirmarse con análisis de 24 horas (≥ 300 mg) o con una relación proteína/creatinina en orina positiva. La preeclampsia puede clasificarse en leve o con características graves según cifras de tensión y signos asociados (trombocitopenia, alteración hepática o renal, edema pulmonar, alteraciones neurológicas). Incluso sin proteinuria, la presencia de estos signos con hipertensión sostenida orienta al diagnóstico.

En consulta, los profesionales verificarán las mediciones de tensión en repetidas ocasiones para descartar un valor aislado por situación de estrés. También se evalúan síntomas, reflejos, peso, diuresis y se realizan analíticas de sangre (plaquetas, enzimas hepáticas, creatinina) y orina periódicas. En embarazos con hipertensión previa o gestacional, se busca evidencia de preeclampsia sobreañadida mediante estos mismos criterios.

El seguimiento fetal incluye recuento de movimientos fetales, ecografía con biometría y doppler, valoración del crecimiento y volumen de líquido amniótico. En casos moderados o graves, se añaden perfiles biofísicos y monitorizaciones más frecuentes para anticipar cualquier señal de sufrimiento.

Causas de la preeclampsia

Las causas exactas de la preeclampsia y la eclampsia son desconocidos pero hay ciertos factores que puede ser causantes o desencadenantes, entre ellos se incluyen:

  • La mala circulación de la sangre hacia el útero
  • Los vasos sanguíneos dañados
  • Dieta deficiente en nutrientes
  • Problemas con el sistema inmune

Hoy se considera que la clave está en una implantación placentaria anómala con disfunción endotelial. Se postulan mecanismos genéticos, vasculares e inmunológicos que alteran el calibre de las arterias uterinas y la perfusión placentaria. El resultado es un aporte de oxígeno y nutrientes reducido para el feto y una cascada de cambios sistémicos en la madre que elevan la tensión y dañan otros órganos.

Causas de la eclampsia

La eclampsia está marcada por la aparición de convulsiones, y tiene factores similares a la preeclampsia, aunque otros factores incluyen:

  • Obesidad
  • Las madres con preeclampsia
  • Herencia
  • Mala alimentación
  • Sistema nervioso central con problemas
  • Problemas neurológicos

En términos prácticos, la eclampsia es la evolución neurológica de la preeclampsia cuando el daño endotelial y la hipertensión afectan al cerebro, ocasionando edema, irritabilidad cortical y convulsiones. Aunque puede presentarse sin proteinuria intensa, suele existir un deterioro progresivo que exige seguimiento y actuación precoz.

eclampsia

Factores de riesgo de ambas enfermedades

La preeclampsia y la eclampsia puede atacar a mujeres que conciben en una edad temprana o por encima de los 40 años. Aunque pueden existir otros factores de riesgo como por ejemplo:

  • Genética
  • Primer embarazo
  • Nuevas parejas por cada embarazos
  • Embarazos múltiples
  • Obesidad
  • La diabetes y la diabetes gestacional
  • Mucho intervalo entre un embarazo y otro
  • El riesgo de desarrollar eclampsia es mayor en mujeres nulíparas (sin embarazos anteriores) que en aquellas que ya han tenido hijos.
  • Sobrepeso

A estos factores se suman otros bien reconocidos: hipertensión crónica, enfermedad renal, trombofilias, lupus y otros trastornos autoinmunes, antecedentes familiares o personales de preeclampsia y técnicas de reproducción asistida. Haber tenido preeclampsia en un embarazo anterior aumenta la probabilidad de recurrencia, especialmente si se presentó de forma precoz. Quienes padecen hipertensión crónica no tratada o desarrollan preeclampsia severa también tienen mayor riesgo cardiovascular a largo plazo, por lo que el seguimiento posparto y los hábitos de vida saludables son fundamentales.

hipertensión en el embarazo

Síndrome HELLP

El síndrome HELLP es una forma grave relacionada con la preeclampsia, definida por hemólisis, enzimas hepáticas elevadas y plaquetas bajas. Puede aparecer durante el embarazo o en las primeras 48 horas del posparto y manifestarse con náuseas, vómitos, cefalea, dolor en la parte superior del abdomen y malestar general. Requiere ingreso hospitalario, tratamiento similar al de la preeclampsia grave/eclampsia, posibles transfusiones y, a menudo, finalización del embarazo según la situación clínica y la edad gestacional.

¿La preeclampsia y la eclampsia pueden ser tratadas?

Como todas las enfermedades la mejor cura o tratamiento para una enfermedad es la prevención. Por eso el tratamiento de la preeclampsia está dirigido sobre todo a la prevención del desarrollo de la eclampsia. Por lo tanto es necesario que el nacimiento del bebé sea lo antes posible para salvar su vida aunque tenga que estar en la incubadora el tiempo que sea necesario. Sin embargo, si la mujer embarazada contrae una u otra enfermedad en las primeras etapas del embarazo, el nacimiento antes de tiempo del bebé puede que no sea la mejor opción.

Si la preeclampsia es leve, entonces el médico puede recetar medicamentos para bajar la presión arterial y se recomienda un reposo relativo. La mujer embarazada incluso puede permanecer en el hospital ingresada para poder hacer un seguimiento exhaustivo de su presión arterial y poder comprobar que tanto la mujer embarazada como su bebé pueden estar fuera de peligro.

Si la preeclampsia es demasiado grave y el nacimiento del bebé no se puede realizar, entonces se le recetará a la mujer embarazada corticosteroides para acelerar la maduración pulmonar del feto y, en algunos casos, ayudar a estabilizar las plaquetas en el contexto de HELLP, favoreciendo que el embarazo pueda resolverse de la manera más segura posible.

En el manejo de la tensión se priorizan fármacos seguros en el embarazo como labetalol, metildopa o hidralazina. Se evitan medicamentos contraindicados como inhibidores de la ECA o bloqueadores de los receptores de angiotensina. En preeclampsia leve no siempre se utilizan hipotensores si las cifras no superan determinados umbrales; el objetivo es mantener las cifras en rangos seguros sin comprometer el flujo placentario. No se recomienda eliminar completamente la sal de la dieta en la mayoría de casos; sí mantener una hidratación adecuada y reducir el estrés físico, según indicación médica.

En el caso de la eclampsia, normalmente se trata con sulfato de magnesio que parece ser eficaz, y también es seguro para la madre y el bebé. Si los medicamentos no logran tener la presión arterial bajo control y el bebé esta en sufrimiento fetal, se tendrá que acelerar el parto de forma segura. Cuando las condiciones no son adecuadas o los pulmones del bebé no son lo suficientemente maduros, entonces se administran corticoides a la madre. La vía del parto depende de la situación: muchas veces se prefiere la inducción si es posible, y se reserva la cesárea cuando no es viable la vía vaginal o la estabilidad materna/fetal lo aconseja. Tras la inducción, los síntomas suelen remitir en horas; tras cesárea, pueden persistir algunos días.

El momento de finalizar el embarazo se decide según la edad gestacional, la evolución clínica y los resultados de monitorización materno-fetal. A partir de cierto punto, el riesgo de continuar el embarazo supera el de un nacimiento prematuro. Antes de semanas clave, se valora prolongar el embarazo bajo estricta vigilancia hospitalaria, con controles diarios de tensión, diuresis, peso, plaquetas, enzimas hepáticas y creatinina, además de ecografías seriadas, perfiles biofísicos y doppler.

Tras el parto, la madre debe mantenerse en observación ya que la preeclampsia puede empeorar temporalmente o debutar en el posparto. Es importante el seguimiento posterior porque estas mujeres presentan un riesgo cardiovascular más alto a lo largo de la vida; por ello, conviene revisar periódicamente la presión arterial, el colesterol, el azúcar y mantener un estilo de vida cardiosaludable.

Cuándo consultar de urgencia

Una mujer embarazada debe contactar con su profesional de referencia si presenta cefalea nueva que no cede con analgésicos permitidos como el paracetamol, hinchazón repentina de manos o cara, alteraciones visuales, dolor intenso en la parte superior derecha del abdomen, dificultad para respirar, orina escasa o un aumento súbito de peso. No hay que normalizar los síntomas extraños durante el embarazo; la atención precoz puede evitar complicaciones.

Estas enfermedades forman parte de los trastornos hipertensivos del embarazo, que incluyen la hipertensión crónica, la hipertensión gestacional y la preeclampsia con o sin cronicidad previa. Entender la diferencia entre ellas ayuda a personalizar el seguimiento: la hipertensión gestacional no cursa con proteinuria ni daño orgánico y suele desaparecer tras el parto; la preeclampsia, en cambio, se asocia a proteinuria o afectación de órganos, y requiere una estrategia de control mucho más estrecha.

Conocer las señales, cumplir con los controles prenatales y seguir las indicaciones del equipo médico es la mejor forma de protegerte a ti y a tu bebé. Aunque no siempre se puede evitar su aparición, un diagnóstico temprano y un manejo adecuado reducen significativamente el riesgo de complicaciones como eclampsia, desprendimiento de placenta o crecimiento fetal restringido. Si te notas extraña o con algún síntoma que no es normal, no dudes ni un segundo en acudir al médico.

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