Dolor de cabeza en niños: causas, tipos de cefalea, síntomas y tratamiento

  • La mayoría de los niños tendrá algún dolor de cabeza significativo, generalmente por causas benignas como infecciones leves, estrés o malos hábitos de sueño y alimentación.
  • Las cefaleas más frecuentes son la migraña infantil y la cefalea tensional, ambas muy influidas por la genética, el estrés y los factores ambientales.
  • El diagnóstico se basa casi siempre en una buena historia clínica, exploración física y diario de cefaleas; las pruebas de imagen se reservan para casos con signos de alarma.
  • El tratamiento combina analgésicos pautados por el pediatra con medidas no farmacológicas y cambios de hábitos, consultando de urgencia si aparecen síntomas como fiebre con rigidez de nuca, vómitos persistentes o alteraciones neurológicas.

Dolor de cabeza en niños

Los tipos de cefaleas más frecuentes durante la infancia son la migraña infantil y la cefalea tensional. En ambas juega un papel importante la predisposición genética (antecedentes familiares) y también los factores ambientales, como el estrés, los hábitos de sueño o la alimentación. De hecho, se ha observado que aproximadamente la mitad de los niños con cefalea tensional han vivido circunstancias estresantes en su entorno inmediato o padecen enfermedades crónicas que afectan a su calidad de vida.

En el transcurso del V Curso de Neurología Pediátrica, los especialistas señalan que más del 90% de niños en edad escolar han presentado cefalea en alguna ocasión, y que la incidencia ha ido aumentando de forma progresiva en las últimas décadas. Las causas de que se produzcan más diagnósticos por cefalea se relacionan con cambios en los estilos de vida (más pantallas, menos sueño, más estrés) y con el aumento de las consultas por estos síntomas. No es raro que el dolor de cabeza en los niños reciba poca atención en casa e incluso llegue a considerarse una invensión o excusa para no ir al colegio, cuando en realidad es un síntoma muy frecuente que puede requerir valoración médica. Hemos querido explorar un poco más este tema.

El dolor de cabeza o cefalea es una de las causas más frecuentes de ausencia por enfermedad a la escuela. Según diversos estudios, hasta el 96 por ciento de los menores de 14 años ha padecido algún episodio significativo. En un documento de la AEP se recoge que no solo la prevalencia ha aumentado, sino que también tiende a ser mayor con la edad. Antes de la pubertad no suele observarse una diferencia clara entre niños y niñas, pero a partir del inicio del desarrollo puberal las cefaleas y migrañas se hacen más frecuentes en niñas, probablemente por la influencia hormonal.

Factores causantes de las cefaleas en niños

Causas del dolor de cabeza en niños

La etiología de la cefalea infantil es muy variada, pero puede entenderse mejor si se agrupan los factores. Por simplificarlo, las emociones asociadas al estrés pueden generar una contractura muscular sostenida en cuello y cabeza, desencadenando la cefalea tensional. Estas emociones pueden estar causadas por problemas familiares o personales (discusiones, separación de los padres, duelo, depresión, ansiedad en la adolescencia) o por dificultades relacionadas con el entorno escolar (presión por exámenes, bullying o acoso escolar, exceso de actividades extraescolares, sobrecarga de tareas).

Además de los factores emocionales, existen muchos otros posibles desencadenantes:

  • Infecciones comunes: catarros, gripe, faringitis, gastroenteritis u otras infecciones víricas en las que la cefalea aparece asociada a la fiebre y al malestar general.
  • Inflamaciones o infecciones localizadas: sinusitis, otitis, problemas dentales o infecciones de los senos paranasales que activan los receptores de dolor en las estructuras que rodean el cerebro.
  • Vasodilatación por hipoglucemia (bajadas de azúcar al saltarse comidas) o por hipertensión arterial en niños que la presentan.
  • Fatiga intensa, ejercicio físico excesivo o mal planificado y falta de descanso.
  • Cambios bruscos en el patrón de sueño: acostarse muy tarde, dormir muy poco o dormir demasiado en algunos días, lo que altera el ritmo biológico del niño.
  • Exposición intensa a la luz solar o a ambientes muy calurosos, que pueden favorecer la deshidratación y la cefalea.
  • Traumatismos craneales, incluso leves, que pueden generar cefalea postraumática durante horas o días.
  • Uso prolongado de pantallas (ordenador, tablet, móvil, videojuegos, televisión) con mala iluminación o mala postura.
  • Problemas de visión no corregidos (por ejemplo, miopía o astigmatismo), que obligan al niño a forzar la vista y pueden provocar cefaleas tras leer o fijar la atención durante mucho tiempo.
  • Deshidratación por beber poca agua, especialmente en climas cálidos o durante la práctica deportiva.
  • Exposición a ruidos muy fuertes y a estímulos lumínicos intensos, como los que proporcionan determinados dispositivos electrónicos o salas muy ruidosas.
  • Algunos olores intensos (perfumes, productos de limpieza, humos) y ambientes cargados que pueden desencadenar dolor en niños sensibles.
  • Determinados alimentos y bebidas (chocolate, quesos curados, frutos secos, embutidos, comida muy grasa o frita, refrescos con cafeína, potenciadores del sabor como el glutamato monosódico) que, en niños predispuestos, se asocian con crisis de migraña.
  • Fármacos en los que la cefalea aparece como efecto secundario, así como el uso excesivo de analgésicos, que puede generar cefaleas de rebote.

En el caso de las migrañas, estos factores desencadenantes actúan sobre una base genética heredada. Se calcula que aproximadamente el 75% de los niños migrañosos presenta antecedentes familiares de primer grado con migraña, y se han identificado diversos genes relacionados con esta predisposición.

Antes de continuar, es importante recordar que conviene consultar con el profesional de la salud (pediatra o médico de familia) si las cefaleas son repetidas, se agravan progresivamente o aumentan en frecuencia o intensidad. Además, hay situaciones que requieren valoración urgente: inicio muy brusco del dolor con gran intensidad, cefalea acompañada de alteración del nivel de conciencia, convulsiones, fiebre alta con rigidez de nuca o cambios llamativos en la conducta o en el habla.

Qué es exactamente un dolor de cabeza en la infancia

Migraña infantil

Los dolores de cabeza en los niños son muy comunes y, en la mayoría de los casos, no se relacionan con enfermedades graves. Igual que ocurre en adultos, los niños pueden desarrollar diferentes tipos de cefaleas: tensionales, migrañosas, postraumáticas, asociadas a infecciones o incluso cefaleas diarias crónicas en algunos casos.


El dolor puede sentirse en toda la cabeza, en un solo lado o en la frente y nuca. En los más pequeños, que aún no saben describir bien lo que les pasa, la cefalea se manifiesta a menudo como irritabilidad, llanto fácil, rechazo al juego, menor actividad de lo habitual o dificultad para dormir. Pueden ponerse pálidos, sonrojarse, vomitar o pedir que se apaguen las luces sin llegar a decir claramente que les duele la cabeza.

Es importante aprender a diferenciar un dolor pasajero y leve de aquellos episodios que, por su intensidad, duración o síntomas acompañantes, requieren una consulta médica. Reconocer el tipo de cefalea ayuda a orientar el diagnóstico y a decidir qué medidas tomar en casa y cuándo acudir al pediatra.

El dolor de cabeza en un niño es tan real como el tuyo

Cuando a un menor le duele la cabeza, necesita ser escuchado y atendido, independientemente de si el origen es un problema físico o emocional; y también independientemente de si los síntomas parecen o no graves a ojos del adulto. Las enfermedades vinculadas a las emociones o a la mente son tan reales como las físicas, y desatenderlas puede dar lugar a problemas escolares, alteraciones del comportamiento o depresión en el niño o adolescente.

En muchos hogares los dolores de cabeza se minimizan con frases como “se te pasará” o “seguro que es cuento”. Esta actitud puede hacer que el niño:

  • No exprese su malestar por miedo a no ser creído.
  • Aprenda a soportar el dolor en silencio, lo que complica su detección.
  • Acabe desarrollando ansiedad anticipatoria ante futuros episodios de cefalea.

Tomarse en serio el síntoma no significa alarmarse de inmediato, sino observar, preguntar y acompañar. Registrar cuándo aparece, cuánto dura, qué estaba haciendo el niño y qué le ayuda a mejorar será muy útil para el pediatra.

Migraña infantil

Quienes sufren de migraña saben lo duro que es enfrentarse a esos episodios de dolor pulsátil intenso que parece martillear los lados de la cabeza, y el miedo que producen los primeros síntomas porque anuncian horas de sufrimiento. Este tipo de cefalea también puede afectar a niños y adolescentes. Suele presentarse asociada a náuseas, vómitos y molestias digestivas (dolor abdominal, falta de apetito), y con frecuencia obliga al niño a dejar la actividad que estaba realizando.

Un signo característico de la migraña en muchos pacientes es la presencia de un aura: la migraña se “anuncia” minutos antes con fenómenos visuales (puntos brillantes, líneas en zigzag, luces o manchas) u otras sensaciones, como hormigueo o debilidad en manos, brazos o cara. No todos los niños presentan aura, pero cuando aparece ayuda a identificar mejor el tipo de cefalea.

A veces es difícil localizar la causa exacta del episodio, pero sí se han descrito desencadenantes frecuentes:

  • Elevada presencia de grasas, harinas refinadas o chocolate en la dieta y una alimentación muy desequilibrada.
  • Saltarse comidas, pasar muchas horas sin comer o hacerlo en horarios muy irregulares.
  • Aporte insuficiente de agua y deshidratación leve mantenida.
  • Cansancio acumulado y trastornos del sueño (dormir muy poco entre semana, compensar durmiendo demasiado los fines de semana, o acostarse a horas muy variables).
  • Exposición a ruidos muy fuertes y a luces intensas y parpadeantes, como las de algunas pantallas, videojuegos o espectáculos.
  • Estrés escolar, nerviosismo por exámenes, conflictos con compañeros o profesores y otras situaciones de tensión emocional.
  • Lesiones físicas recientes, incluyendo pequeños traumatismos craneales.
  • Efectos secundarios de determinados medicamentos o consumo excesivo de cafeína (refrescos, bebidas energéticas en adolescentes, té, chocolate en grandes cantidades).
  • Exposición excesiva al sol o a cambios bruscos de temperatura.
  • Olores intensos como algunos perfumes, humos o productos químicos.
  • Viajes largos en coche o autobús, que combinado con el mareo por movimiento pueden desencadenar cefalea.

Los detonantes más comunes de la migraña infantil incluyen alimentos concretos, estrés, alteraciones del sueño y algunos olores intensos.

¿Cómo es una migraña en niños?

Durante una crisis, el niño suele mostrarse irritable, pálido y muy desconcertado por un dolor que le resulta difícil de explicar. Puede vomitar alimentos tomados horas antes y mostrar una hipersensibilidad marcada a la luz y al ruido, solicitando ir a un lugar oscuro y tranquilo. Muchos niños refieren también mareo, cansancio intenso y necesidad de dormir.

La migraña puede asociarse a dificultades para conciliar y mantener el sueño, debilidad muscular, e incluso pequeñas alteraciones en la coordinación. Los ataques son recurrentes y en la edad adulta suelen ser unilaterales, aunque en niños con frecuencia el dolor se percibe en ambos lados de la cabeza o en la frente. La intensidad, frecuencia y duración son variables, oscilando en general entre 2 y 48 horas en la infancia.

El pediatra establece el diagnóstico en base a una historia clínica detallada y a una exploración física y neurológica. Suele considerarse migraña cuando se han presentado al menos cinco episodios típicos con características similares. En algunos casos puede ser necesaria la valoración por un especialista en neurología infantil.

Prevención de la migraña infantil

La prevención pasa por identificar y evitar los desencadenantes más frecuentes y por instaurar hábitos de vida saludables. Resulta muy útil llevar un “diario de la cefalea” en el que se anoten la fecha y hora del episodio, cuánto duró, qué estaba haciendo el niño, qué comió ese día, cuántas horas durmió y qué factores parecen aliviar o empeorar el dolor.

Algunas medidas recomendadas son:

  • Mantener una alimentación equilibrada, con horarios regulares y sin ayunos prolongados.
  • Dormir las horas necesarias según la edad y acostarse todos los días a una hora razonable.
  • Evitar el uso de dispositivos electrónicos por la noche, sobre todo en la hora previa al sueño, y limitar el tiempo total de pantallas.
  • Realizar actividad física regular al aire libre, evitando el ejercicio intenso justo antes de dormir.
  • Beber agua de forma regular a lo largo del día, especialmente en épocas de calor o ante práctica deportiva.
  • Pedir al médico que revise los tratamientos farmacológicos si se sospecha que algún medicamento puede estar contribuyendo a la cefalea.
  • En niños con migraña relacionada con ciertos alimentos (chocolate, quesos curados, frutos secos, embutidos), valorar junto con el pediatra la restricción específica de estos productos.

Cefalea tensional en niños

La cefalea tensional es un trastorno bastante frecuente en la infancia y la adolescencia. Puede durar desde unas horas hasta siete días y consiste en un dolor leve o moderado, opresivo, que suele ser bilateral y no empeora de forma clara con las actividades cotidianas. A diferencia de la migraña, estas cefaleas no suelen acompañarse de vómitos ni de molestias digestivas, aunque en ocasiones se asocian a fotofobia (molestia con la luz) o fonofobia (molestia con ruidos intensos).

Su causa principal es el estrés manejado: exámenes, presión por el rendimiento escolar, acoso escolar, exigencias muy elevadas por parte de profesores o familia, discusiones frecuentes en casa, separación o divorcio de los padres y otros conflictos emocionales.

Se trata de un dolor descrito a menudo como “casco apretado” o “banda alrededor de la cabeza”, que en muchos casos cede tras el descanso o una siesta y puede controlarse con la aprendizaje de técnicas de relajación (respiración profunda, relajación muscular progresiva, mindfulness adaptado a niños). Predomina por la tarde, especialmente a la vuelta del colegio, y tiende a cronificarse si el estrés se mantiene, pudiendo llegar a ser casi diario.

En la cefalea tensional el niño puede notar una constricción que se inicia en la nuca y se extiende hacia la frente o los lados de la cabeza.

Nuevamente es el pediatra o el neuropediatra quien descartará otras causas del dolor (como una otitis, sinusitis u otros procesos), seguirá los criterios de diagnóstico y establecerá el tratamiento más adecuado. En muchas ocasiones bastará con medidas higiénico-dietéticas, mejorar el descanso, revisar la carga escolar y, cuando sea necesario, plantear un abordaje psicológico del estrés o de los problemas emocionales.

Otros tipos de cefaleas en la infancia

Aunque las cefaleas tensionales y la migraña son las más frecuentes, existen otros tipos de dolores de cabeza en niños:

  • Cefalea asociada a infecciones: muy habitual en procesos víricos con fiebre, como catarros, gripe o gastroenteritis. Suele desaparecer al mejorar la infección.
  • Cefalea por congestión o sinusitis: dolor y presión sobre la frente, detrás de los ojos o en los pómulos, a menudo acompañado de nariz tapada o mucosidad.
  • Cefalea postraumática: se presenta tras un golpe en la cabeza, incluso leve. Es importante vigilar su evolución y consultar si el dolor no mejora en horas o se acompaña de otros síntomas (vómitos, somnolencia, cambios de conducta).
  • Cefaleas por uso excesivo de medicación: el empleo muy frecuente de analgésicos puede generar dolores de cabeza de rebote, que se vuelven más intensos y frecuentes a pesar de seguir tomando medicación.
  • Cefaleas orgánicas menos frecuentes: causadas por lesiones o enfermedades que afectan al sistema nervioso central (tumores, malformaciones, infecciones graves como meningitis). Representan un porcentaje muy pequeño del total, pero deben sospecharse ante determinados síntomas de alarma.

Síntomas de alarma en la cefalea del niño

Los dolores de cabeza producidos por lesiones cerebrales graves son poco frecuentes, pero hay una serie de signos que deben alertar a la familia y motivar una consulta urgente:

  • Dolor que se inicia de forma brusca y muy intenso, especialmente si es el primero de estas características.
  • Cefalea que despierta al niño por la noche o es claramente peor al despertar por la mañana.
  • Vómitos persistentes, sobre todo si son matutinos, violentos o sin náuseas previas.
  • Dolor que aumenta con la tos, los estornudos o el esfuerzo físico intenso.
  • Cefalea que se hace cada vez más frecuente, intensa o prolongada en pocos días o semanas.
  • Cambios llamativos en las características del dolor o en los síntomas que lo acompañan respecto a episodios previos.
  • Presencia de alteraciones de la visión (visión doble, pérdida brusca de visión), del habla, de la fuerza (debilidad en brazos o piernas), de la sensibilidad (hormigueos intensos, pérdida de sensibilidad) o de la coordinación (inestabilidad al caminar).
  • Cefalea asociada a fiebre alta con rigidez de nuca, manchas en la piel o aspecto muy enfermo.
  • Dolor de cabeza tras una lesión craneal que no mejora, empeora o se acompaña de somnolencia, desorientación o cambios de comportamiento.
  • Aparición de convulsiones en relación con el dolor de cabeza.

En todas estas situaciones, el niño debe ser valorado sin demora en un servicio de urgencias o por su pediatra para descartar causas graves.

Cómo se diagnostica el dolor de cabeza infantil

El pediatra o neuropediatra realiza una historia clínica detallada, recogiendo antecedentes familiares de cefaleas, edad de inicio, frecuencia, características del dolor (tipo, localización, duración), síntomas asociados, posibles desencadenantes y respuesta a tratamientos previos. A continuación efectúa una exploración física y neurológica completa, en la que puede incluir la medición de la tensión arterial y la revisión de ojos, oídos, boca y cuello.

En la mayoría de los casos, con estos datos ya se puede orientar el diagnóstico sin necesidad de pruebas complementarias. Estas se reservan para situaciones en las que existan signos de alarma o se sospeche una causa secundaria (tumores, hematomas, infecciones graves, problemas oftalmológicos u otorrinolaringológicos, etc.). En estos casos se pueden solicitar:

  • Análisis de sangre para descartar infecciones o alteraciones metabólicas.
  • Pruebas de neuroimagen como tomografía computarizada (TAC) o resonancia magnética (RM) del encéfalo.
  • Otras exploraciones complementarias (fondo de ojo, valoración por oftalmología u otorrinolaringología, punción lumbar en casos muy seleccionados).

En cefaleas recurrentes, ayuda mucho que los padres (o el propio niño, si es mayor) lleven un diario de los dolores de cabeza en el que se anoten todos los episodios, cuándo ocurren, cuánto duran, qué síntomas aparecen, qué los pudo desencadenar y qué medidas ayudan a aliviar el dolor. Esta información es clave para diseñar un plan de tratamiento y prevención personalizado.

Tratamiento del dolor de cabeza en niños

La pauta farmacológica siempre debe ser prescrita por un médico. Con frecuencia se utilizan paracetamol o ibuprofeno en dosis ajustadas al peso y a la edad del niño, y respetando los intervalos recomendados. En algunos casos de migraña recurrente o muy incapacitante, y siempre bajo control especializado, se pueden valorar otros fármacos como triptanes, ergotamina o tratamientos profilácticos diarios.

Además de la medicación, las medidas no farmacológicas son fundamentales:

  • En migrañas, ofrecer al niño un lugar tranquilo, oscuro, silencioso y con una temperatura agradable.
  • Colocar paños fríos o ligeramente húmedos en la frente o nuca para aliviar el malestar.
  • Favorecer el descanso y limitar las pantallas durante el episodio agudo.
  • En cefalea tensional, combinar reposo con técnicas de relajación, masajes suaves en cuello y hombros y ejercicios de estiramiento.
  • Asegurarse de que el niño ha comido y se ha hidratado correctamente.

Es importante no abusar de los analgésicos de venta libre. El uso de más de tres dosis por semana de manera continuada puede favorecer la aparición de cefaleas por uso excesivo de medicación, que se vuelven más frecuentes e intensas al retirar los fármacos. Nunca se debe administrar aspirina a niños o adolescentes sin indicación médica expresa, por el riesgo de síndrome de Reye.

En publicaciones especializadas, como la revista “Neurology”, se destaca que no todos los niños requieren tratamiento farmacológico intensivo y que siempre hay que valorar el equilibrio entre beneficio y riesgo de cualquier medicación en la edad pediátrica.

Qué pueden hacer las familias en casa y cómo prevenir nuevos episodios

En casa, si el dolor no es muy fuerte y no interfiere en la actividad habitual del niño, a veces basta con distraerle con otra ocupación o permitirle que descanse unos minutos. Cuando la cefalea es intensa, conviene que descanse en un lugar oscuro y silencioso y, si se ha pactado con el pediatra, administrarle el analgésico en los primeros momentos del episodio, cuando el niño ya es capaz de reconocer que le comienza a doler la cabeza.

Para prevenir la aparición de nuevos episodios, las recomendaciones generales incluyen:

  • Regular el sueño: dormir las horas suficientes según la edad y mantener horarios estables.
  • Evitar el ayuno prolongado y realizar cinco comidas al día con alimentos saludables.
  • Mantener una buena hidratación con agua, evitando bebidas azucaradas y con cafeína.
  • Realizar ejercicio físico de forma regular, pero no justo antes de acostarse.
  • Reducir el estrés: reorganizar la agenda diaria, priorizar el descanso y el juego libre y, en caso de problemas emocionales relevantes, buscar apoyo profesional.
  • Limitar el tiempo de pantallas y asegurar posturas correctas al estudiar o leer.
  • Identificar, con ayuda del diario de cefaleas, posibles desencadenantes alimentarios (quesos curados, chocolate, frutos secos, embutidos, refrescos con cafeína, etc.) y valorar con el pediatra su restricción o moderación.

Cuando estas medidas no son suficientes y la frecuencia o intensidad de las cefaleas sigue siendo alta, el pediatra o el neuropediatra puede indicar un tratamiento preventivo específico y programar visitas periódicas para ajustar el plan terapéutico.

Comprender por qué duele la cabeza, saber cuándo se trata de un cuadro benigno y cuándo hay que consultar con el pediatra, y aprender a manejar los desencadenantes del dolor permite a las familias acompañar mejor a sus hijos y reducir el impacto de las cefaleas en su vida escolar, social y emocional.