Duelo gestacional y perinatal, un duelo incomprendido

pérdida de un hijo

No hay dolor más devastador que el provocado por la muerte de un hijo. Todo el mundo es consciente de ello y entiende el dolor de los padres ante la pérdida. Sin embargo, cuando hablamos de la muerte de un bebé durante el embarazo, parto o postparto, se tiende a minimizar y a quitarle importancia, tratando de que los padres vuelvan a la vida normal lo antes posible.

Tras la pérdida de un ser querido, atravesamos por un proceso psicológico de adaptación conocido como duelo. Hablamos de duelo gestacional, cuando la muerte se produce durante el primer y segundo trimestre de embarazo. Si la muerte se da en el tercer trimestre, durante el parto o en los siete días siguientes, hablamos de duelo perinatal.

El duelo gestacional, un duelo incomprendido

Lo normal ante la pérdida de un ser querido es que la familia reciba apoyo y comprensión. Se da por válida la tristeza, el llanto y el recuerdo. Sin embargo, tanto el duelo gestacional como el perinatal, suelen ser duelos a los que los padres se enfrentan en soledad, sobre todo si la pérdida acontece durante las primeras semanas de embarazo. La muerte de un bebé, parece ser un tema tabú del que nadie quiere hablar. Algo que hay que olvidar y pasar página.

Pero para las madres y padres que se enfrentan al dolor de la pérdida, no resulta fácil. A ellos les da igual que su bebé tuviese pocos días, semanas o meses. Porque, desde el mismo momento en el que vieron el positivo de su embarazo o incluso antes, ya comenzaron a sentirse mamás y papás de ese bebé, proyectando sus ilusiones y esperanzas en él. Porque un hijo siempre es un hijo y su muerte, independientemente de su edad y tamaño, es una experiencia devastadora .

Nadie está preparado para recibir a la muerte cuando lo que se espera es vida. Cuando de repente toda la felicidad y expectativas de futuro, se ven truncadas y dan paso a un dolor desmedido. Un dolor que pocas madres y padres se atreven a compartir por miedo a sentirse incomprendidos en un entorno que les incita a hacer borrón y cuenta nueva.

muerte de un bebé

La madre, no solo debe enfrentarse a la muerte de su hijo, sino que además no se valida su dolor, se le hace ver que no es normal y que tiene que seguir con su vida como si nada hubiera pasado. Para los padres, no resulta mucho más fácil. Si en el caso de la mujer , el dolor se banaliza, en el caso de los hombres que no han sufrido el proceso en carnes propias, se valida aún menos su tristeza.

Las familias que pasan por una pérdida gestacional o perinatal no solo sufren por el bebé que no llegaron a conocer. Sufren porque su hijo, cuyo recuerdo permanecerá imborrable en sus corazones, no existe para el resto del mundo. Porque, cuando lo que les pide el cuerpo es llorar, gritar o estar enfadado con lo humano y lo divino, se les ve como bichos raros. Porque cuando logran reunir el valor necesario para hablar de su dolor, la mayoría de la gente cambia de tema o le resta importancia. 

Por todo lo expuesto, las madres y padres que pierden a sus bebés, tienen que transitar un duelo invisible para la sociedad. Un duelo negado que, además de hacerles sentir incomprendidos, puede hacerles sentir culpables por no encontrarse bien emocionalmente. No consiguen entender por qué, si todo el mundo considera lo que les ha pasado como algo sin importancia, ellos se encuentran tan mal e incapaces de superarlo.

¿Cómo pueden familiares y amigos ayudar a los padres ante la pérdida de su bebé?

Comprendiendo las etapas del duelo.

pérdida gestacional

El duelo es un proceso natural, necesario para aceptar la pérdida y retomar la vida normal. Su duración es variable y también la forma en la que cada persona lo vive. Comprende una serie de sentimientos, aunque estos no siempre se dan en su totalidad o en el mismo orden.

Negación: Algunas personas, al conocer la noticia de la muerte o futura muerte de su bebé, entran en estado de shock  y actúan como si  lo que están escuchando no fuese cierto. Se trata de un mecanismo de defensa para sobrellevar el dolor que produce un hecho tan traumático.

Rabia o sentimientos de ira al no comprender el porqué de la pérdida: Es una etapa en la que se suelen buscar culpables o causas de la muerte del bebé. Es normal estar enfadado con el personal sanitario, con los familiares, con el propio bebé e incluso con uno mismo.

Negociación: En esta etapa, se trata de llegar a un acuerdo con uno mismo, con el entorno o con “poderes superiores” para intentar buscar una solución a lo sucedido. Aunque racionalmente se sepa que es imposible.

Tristeza: En este momento, los padres comienzan a ser conscientes de la realidad pudiendo aparecer síntomas depresivos o angustia. Es una etapa temporal, necesaria para la posterior aceptación de la pérdida.

Aceptación: Se acepta que la pérdida es irreversible. La realidad se ve  desde otra perspectiva que, si bien no aporta felicidad, si aporta un sentimiento de paz. La tranquilidad de esta etapa, ofrece la posibilidad de retomar la propia vida a pesar de la ausencia.

Reconociendo y validando sus sentimientos.

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Es fundamental que familiares, amigos y profesionales que acompañen a la pareja durante la pérdida, les permitan expresar sus emociones, sin restar importancia a sus sentimientos ni banalizar la situación. Nunca se debe animar a unos padres en duelo a evitar esas emociones, ya que estaríamos negando su dolor e impidiendo que elaboren un duelo natural y sano.

Escuchando lo que tienen que decirnos.

Sin interrupciones, sin decir frases que minimicen la importancia de lo que les está sucediendo.

Siendo empáticos y comprensivos.

Es difícil poder llegar a sentir una mínima parte del dolor que sienten unos padres que han perdido a su hijo, pero podemos intentar ponernos en su lugar y pensar cómo nos sentiríamos ante esa situación. De este modo podremos entender cómo se sienten y acompañarles mejor.

Evitando frases desafortunadas.

Comentarios como “no te preocupes, aun eres muy joven”, “puedes tener más hijos”, “estabas de muy poquito, aún no estaba formado”, “mejor ahora que más tarde”, duelen en lo más profundo del alma de una pareja que ha sufrido una pérdida y no hacen más que minimizar una situación para ellos es tremendamente dolorosa.

Acompañando.

A veces no es necesario decir nada, la simple presencia y el hacer saber a los padres que estamos ahí para lo que necesiten, vale más que mil palabras. Podemos ofrecerles un hombro sobre el que llorar, escuchar o sostener emocionalmente. También podemos realizar tareas que les ayuden hacer más llevadero el día a día tales como cocinar, comprar, limpiar, etc

¿Cómo pueden ayudar los profesionales sanitarios?

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Permitiéndoles un tiempo a solas.

Es muy probable que, al recibir la noticia, los padres se encuentren en estado de shock. Por eso, en lugar de agobiarles con procedimientos e información técnica. lo ideal sería dejarles un tiempo a solas para que puedan asimilar y entender lo que les está sucediendo.

Ofreciendo información fiable y en términos sencillos.

El personal debería informar a la pareja sobre los distintos procedimientos posibles según cada situación concreta, (manejo expectante, legrado, inducción, etc). Además, es importante también , que los padres reciban información sobre las distintas opciones en el manejo de la subida de la leche si se diera el caso.

Permitiendo que se tomen su tiempo.

No es necesario que la pareja tome decisiones enseguida. En la mayoría de los casos, no se trata de una situación de emergencia y las decisiones pueden esperar a que los padres están preparados para tomarlas.

Permitiendo a los padres estar acompañados

En un momento tan traumático como es a muerte de un bebé, el estar acompañados por alguien de confianza durante todo el proceso, puede resultar de gran ayuda para los padres.

Evitando llevar a los padres al área de maternidad.

Para una madre y un padre que se enfrentan a la pérdida de un hijo, llegar a una zona donde todas las familias tienen a sus bebés, mientras ellos tienen los brazos vacíos, puede resultar desgarrador. Hay que favorecer que tras una pérdida, la pareja ingrese en una zona distinta a la de maternidad y, a ser posible, en una habitación individual en la que puedan gozar de tranquilidad e intimidad.

duelo gestacional y perinatal

Facilitando que los padres puedan ver y despedirse de su bebé.

El poder ponerle cara  a su hijo y materializar su existencia favorece la elaboración del duelo por parte de los padres. Por lo tanto, es fundamental que el centro sanitario, ponga todos los medios para que la madre y el padre puedan ver y despedir a su hijo si así lo desean.

Evitando denominaciones despectivas.

Hay que evitar siempre utilizar denominaciones tipo feto, residuo o desecho biológico. No olvidemos que estamos hablando del hijo fallecido de unos padres rotos por el dolor. Si el bebé tiene nombre, puede ser una buena idea utilizarlo. A los padres les proporcionará una sensación de cercanía y de respeto por su hijo.

Favoreciendo la realización de estudios que puedan determinar la causa de la pérdida.

Quizás no haya ninguna razón médica, pero para los padres será importante el descartar los diferentes motivos que puedan haber ocasionado la pérdida. Ante un hecho tan doloroso muchas familias necesitan saber el porqué de la muerte de su bebé.

Para los padres, la pérdida de su bebé supone un duro trance que permanecerá por siempre en su memoria. Tras recibir la noticia de la muerte de su bebé, les esperan meses o años de duelo en los que habrá altibajos y recaídas. El apoyo del entorno y de otros padres que hayan pasado por lo mismo son imprescindibles. Es importante que los padres se cuiden y se mimen. Salir a pasear, realizar actividades placenteras y escuchar al propio cuerpo puede ayudar a hacer el proceso más llevadero. Asimismo, la realización de rituales, cartas de despedida, cajas de recuerdos, álbumes de fotos son actividades que ayudan a procesar la pérdida. Con el tiempo y, aunque al principio parezca imposible, llegará un día en el que encuentren paz y puedan volver a sonreir.


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