Y a vosotros, ¿cómo os gustaría que fuese la educación de vuestro país?

 

¡Hola, lectores! ¿Cómo estáis? ¡Espero que hayáis pasado unas vacaciones geniales! Pero ha llegado septiembre y la vuelta a las aulas. El curso pasado estuvo lleno de altibajos. Muchos centros educativos se sumaron a la transformación del sistema educativo. De esta manera, se fueron desvinculando de la educación tradicional que llevamos teniendo tanto tiempo.

¿Os habéis planteado alguna vez responder la pregunta del título? Es decir, ¿cómo me gustaría que fuese la educación de nuestro país? Yo muchísimas veces. Y por eso, os voy a hablar de mi educación ideal. De la educación que me gustaría que se transmitiera en todas las instituciones educativas. ¿Vamos a por ello? ¡Espero que reflexionéis conmigo!

Educación emocional y conocimiento siempre de la mano

Hay muchas personas (incluidos profesores y maestros) que piensan que los centros educativos únicamente están para enseñar matemáticas e inglés. Que las emociones y los valores se deben aprender en casa. Está claro que los primeros valores y las primeras emociones se aprenden en el hogar, pero, los centros educativos tendrían también que fomentarlos y reforzarlos después. 

Aprender matemáticas e inglés de forma activa y práctica es importante. Pero también lo es que los estudiantes sepan gestionar y expresar sus propias emociones e identificar las de los demás. Los centros educativos deben trabajar codo con codo con las familias para el desarrollo íntegro de hijos y alumnos. Y el desarrollo íntegro sin una adecuada educación emocional no está para nada completo.

Tolerancia y educación inclusiva auténtica

Supongo que la mayoría de vosotros habrá leído la noticia de que un grupo de padres se alegraba del cambio de clase a un niño con Asperger. Obviamente, defiendo una educación inclusiva en las aulas. Pero, ¿cómo van a respetar y apoyar los estudiantes si reciben una educación tan pésima desde casa? Por mucho respeto, empatía y tolerancia que quieran fomentar los maestros, no sería suficiente sin la ayuda  de las familias.

Por eso, la educación inclusiva y la tolerancia es cosa de todo no solo de los educadores, maestros y profesores. Y con educación inclusiva no me refiero únicamente a hacer las adaptaciones curriculares que hagan falta en los centros sino a preocuparse por las emociones de los estudiantes, de cómo se sienten y de tratar de crear un ambiente acogedor, tranquilo y abierto para todos.

Una manera de evaluar distinta adaptada a una educación actual y activa

Desde hace más de treinta años se sigue utilizando el mismo método de evaluación: los exámenes, las calificaciones y el boletín de notas. ¿Por qué? ¿Por qué no se ha avanzado en este ámbito? La verdad es que no tengo ni idea. De lo que sí estoy segura es que los estudiantes son más que números, exámenes y notas. Creo que el auténtico aprendizaje no debería basarse en aprobar los exámenes. No todos los estudiantes que obtienen dieces aprenden lo que se ha enseñado en clase.

¿Sabéis que se puede dar un aprendizaje fingido? El aprendizaje fingido se da cuando los estudiantes se “aprenden” un tema de memoria únicamente con un objetivo: aprobar los exámenes. Algunos de ellos pueden conseguir excelentes calificaciones pero si inicias una conversación sobre lo que han estudiado, puedes darte cuenta que no lo han asimilado ni comprendido. Lo que han hecho ha sido memorizar todo punto por punto.

Y no les culpo (y tampoco a los maestros y profesores). El sistema educativo que tenemos en España es lo que les obliga a hacer. Un sistema educativo que premia la memorización y no el pensamiento crítico y la práctica. Un modelo educativo en el que es más importante aprobar todas las asignaturas que aprender de manera auténtica, activa, colaborativa y consciente. Ya hay bastantes centros educativos que han dejado atrás los exámenes y las notas. ¿Os preguntáis por los resultados? Estupendos.

Los juegos deberían ser más importantes en las aulas

Los juegos no deberían darse únicamente en casa o en el parque. Hay una cantidad de juegos neuroeducativos que podrían utilizarse en aulas de infantil y primaria. Sin embargo, todavía hay bastantes maestros que se muestran reticentes a gamificar las clases. Los beneficios de los juegos neuroeducativos son muchísimos. Yo destacaría los siguientes: fomentan el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, y el aprendizaje divertido, activo y auténtico. Además de todo eso, favorecen la asimilación y comprensión de conocimiento.

Y a vosotros, ¿cómo os gustaría que fuese la educación?

Es una buena pregunta que invita a una importante reflexión. Yo os invito que lo penséis a fondo. ¿Qué cambiaríais? ¿Qué cosas os gustaría que aprendieran vuestros hijos en el nuevo curso que empieza? Si queréis dejar comentarios en el post y hacer un debate… ¡genial! Así entre todos leeremos las visiones educativas que tenemos. Mientras tanto… ¡ojalá tengáis un estupendo inicio de curso!


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