
Paulo Freire es, junto a María Montessori, uno de los pedagogos más importantes del siglo XX. Su enfoque facilitó un tipo de enseñanza que priorizó la democratización, alzando la figura del niño como parte esencial de esta sociedad.
Si bien es cierto que el legado de Paulo Freire se aplica sobre todo en el contexto de la enseñanza en los centros, no podemos pasar por alto su pedagogía basada en la esperanza, en la libertad y el amor por el niño. Por ello, desde «Madres Hoy» te invitamos a conocer sus ejes básicos para aplicarlos en el día a día. Para inspirarnos, para recordar la importancia de criar a nuestros hijos en la igualdad, el respeto y la integración.
Ideas básicas de la pedagogía de Paulo Freire
Como madre, tienes muy claro lo que deseas transmitir a tus hijos. Y una idea esencial que todos intentamos cultivar cada día en la crianza de nuestros hijos, es educar niños felices e independientes, para que el día de mañana se conviertan en adultos maduros capaces de hacer felices a otros.
Nada puede ser tan importante, y a la vez más satisfactorio como madre o padre de un niño que el día de mañana, sea capaz no sólo de vivir en equilibrio y felicidad, sino de hacer este mundo un escenario mucho mejor. Es sin duda una gran aventura que merece la pena construir con coherencia a través de los pequeños gestos y palabras que en cada momento, hemos de transmitirles.
Por ello, vale la pena integrar estas sencillas ideas que nos dejó Paulo Freire en sus trabajos:
- Hay que permitir y estimular a los niños a que nos hagan preguntas. En ocasiones nos limitamos a darles consejos que ellos no escuchan. Por ello, si incrementamos su curiosidad el conocimiento que adquieran siempre será más significativo porque es un descubrimiento.
- Educar no es solo transmitir conocimientos. Es algo más que enseñarles a atarse los zapatos o a que crucen los semáforos en verde. Enséñales a ir más allá de lo que ven, a ser críticos, imaginativos y ante todo, criaturas activas que deseen experimentar.
- El mejor consejo se da con el ejemplo. Ten en cuenta que muchos padres predican ciertas cosas y acaban cometiendo ellos mismos lo contrario de lo que transmiten. Por ello, debes cuidar mucho cada una de tus palabras, gestos y comportamientos en casa y fuera de ella. Los niños se dan cuenta de muchas más cosas de las que creemos, y para ellos, el ejemplo tiene más valor que una palabra.
- Es importante promover la autonomía del niño desde bien temprano. Tú estarás siempre con él, guiándole y apoyándolo. No obstante, un niño que se ve capaz de hacer cosas es un niño con una autoestima más alta que será capaz de tener una imagen más positiva de sí mismo, para abrirse al mundo. Evita sobreproteger, o prohibirles que salgan de su zona de confort cuando llega el momento.
- Escucha a tus hijos. Escúchalos cada día y en todo instante por simple que sea lo que deseen transmitirte. Un niño que se siente atendido comprende el valor de su persona, se ve reconocido y respetado. Sabemos que tenemos responsabilidades y algo de prisa a lo largo del día, y que no siempre es fácil dedicarles todo el tiempo que merecen, pero vale la pena invertir esfuerzos en nuestros hijos.
- Transmite generosidad a tus hijos. Haz que entiendan el valor de dar, de ser nobles con quienes les rodean y desarrollar una adecuada capacidad empática donde comprenda, «que lo que a mi me duele o molesta, también les duele a los demás».
- Un aspecto esencial que transmitía Paulo Freire es que educar no es solo transmitir, es «crear». Un niño que recibe una información y que no le encuentra utilidad es conocimiento perdido. Por ello, es vital que demos responsabilidades al niño, que se ve a sí mismo como alguien activo que puede hacer cosas por su bien, y por el bien de los demás.
Cómo aplicar en el día a día la pedagogía de Paulo Freire
El poder de la palabra con la imagen
Tal y como te hemos indicado antes, Paulo Freire nos decía que el poder de la palabra se transmite sobre todo con el ejemplo, y también con la imagen. Por ello, vale la pena hacer uso de las imágenes en la vida diaria del niño para conseguir así un aprendizaje significativo.
- Haz uso de los paneles en la casa para recordar cuáles son las normas.
- Haz uso de los refuerzos positivos a través de las palabras pero también con tarjetas donde les digamos realidades como «estoy orgulloso de ti», «me gusta como te has comportado hoy», «eres un niño valiente y especial».
- Aunque tus niños no sepan leer aún, no dudes en hacer uso de los libros en el día a día para que se familiaricen con ellos como armas de poder y conocimiento.
- Lo visual se combina con lo experimental, así pues, da valor a todo aquello que puedan ver y manipular los niños. El amor por la naturaleza se transmite manipulándola, tocándola. Las responsabilidades en casa como las tareas de recoger u ordenar, se ven con nosotros mediante el ejemplo y también ellos pueden llevarlas a cabo en la medida de lo posible.
- Para dar ejemplo recuerda que debemos cuidar aspectos tan esenciales como la igualdad y el respeto. No hagas diferencias entre las responsabilidades de tus hijos y tus hijas, cuida tu lenguaje e incluso el modo en que trates a otras personas.
Sí a la educación democrática
Si hay un aspecto que defendía Paulo Freire es la necesidad de defender y construir una educación basada en el respeto y los valores democráticos. Lejos de parecernos grandes palabras llenas de elocuencia, hemos de tener en cuenta aspectos básicos que son imprescindibles:
- Las normas deben explicarse y negociarse. Una norma que se impone no se entiende, y el niño se rebelará contra ella.
- Favorecer la independencia del niño es algo vital. Desde el momento en que vigilemos cada uno de sus movimientos, que les vetemos la voz, el tener ideas propias o elegir por ellos sus caminos, estaremos ejecutando una educación tóxica y autoritaria.
- La educación democrática no es permisividad. Es saber comunicar, negociar, es dar oportunidades de aprendizaje donde el adulto, sea siempre el guía en el día a día del niño. Nuestros hijos deben ser artífices de su propio aprendizaje, nosotros somos los mecanismos mediante los cuales, deben sentirse seguros, atendidos y queridos para que hagan las mejores elecciones.
Como ves, los principios de Paulo Freire pueden ayudarnos a educar niños felices para un futuro de esperanza. Ahí donde todos nos respetemos, donde prediquemos con el buen ejemplo y donde la libertad, sea el vínculo del niño que se convierte en un adulto responsable de sí mismo.
Educación bancaria y educación problematizadora en casa
Freire distinguía entre una educación «bancaria» y otra «problematizadora». La primera concibe al niño como un recipiente pasivo al que se le «depositan» datos; la segunda lo reconoce como sujeto que piensa, pregunta y transforma. En el hogar, una crianza bancaria se nota cuando solo pedimos obediencia ciega y memorización; la problematizadora aparece cuando acompañamos a nuestros hijos a comprender el porqué de las cosas.
Para trasladarlo a la vida familiar, cambia órdenes por conversaciones que abran preguntas: en lugar de «recoge porque lo digo yo», prueba con «¿qué necesitamos para que el salón sea un lugar cómodo para todos?». Esta formulación impulsa pensamiento crítico, responsabilidad y sentido de comunidad.
- Evita la pasividad: si tu hijo pregunta, no acortes la conversación con un «porque sí». Coparticipa en la búsqueda de respuestas.
- Cocreación de normas: establece reglas negociadas, visibles y revisables. Así las interiorizan por comprensión, no por miedo.
- Problemas reales: usa experiencias cotidianas (los turnos, el uso de pantallas, el cuidado de una mascota) como situaciones para dialogar, analizar y decidir juntos.

Dialogicidad: el poder del diálogo en la práctica de la libertad
Para Freire, la palabra verdadera une reflexión y acción. Not se trata de hablar por hablar, sino de dialogar para comprender y transformar. Practicar esta dialogicidad en casa significa abrir espacios donde todas las voces valen, incluida la de los más pequeños, y en los que las decisiones se articulan con su entendimiento.
- Escucha activa: mirar a los ojos, validar emociones y pedir que te expliquen con sus palabras lo que piensan.
- Preguntas abiertas: «¿qué piensas tú?», «¿qué opciones ves?», «¿qué consecuencias tendría cada una?».
- Acuerdos con compromiso: lo decidido se traduce en pequeñas acciones observables que luego revisáis juntos.
En la dialogicidad, nadie educa a nadie en soledad: madres, padres e hijos se educan mutuamente. Reconocer esta reciprocidad desarma el autoritarismo y fortalece el vínculo afectivo.
Palabras e imágenes generadoras: alfabetización emocional y crítica en el hogar
Una contribución muy práctica de Freire es el uso de palabras e imágenes generadoras que despiertan conversación significativa. En familia, se pueden aplicar para alfabetizar no solo en lectura y escritura, sino también en emociones, convivencia y pensamiento crítico.
- Levantamiento del «universo de palabras»: identifica con tus hijos palabras que marcan su día (amistad, pantalla, parque, miedo, justicia). Pregunta cuáles les resuenan y por qué.
- Selección de palabras con carga emocional: elige 5 o 6 con mayor potencial (por ejemplo, «respeto», «esperanza», «cuidado»). Estas serán el punto de partida.
- Creación de situaciones familiares: inventad escenas cotidianas (un conflicto por un juguete, una promesa incumplida) y ponedles imágenes sencillas dibujadas o impresas.
- Guías flexibles para el diálogo: prepara 2 o 3 preguntas por escena: «¿qué sintió cada quien?», «¿qué opción sería más justa?», «¿qué harías diferente la próxima vez?».
- Juegos de palabras: con las elegidas, formad nuevas (res-pon-sa-bi-li-dad) o dibujad el concepto. Así se une lenguaje, emoción y acción.
Esta dinámica refuerza la capacidad de nombrar lo que ocurre y actuar en consecuencia. Nombrar es empezar a transformar: si saben decir «necesito ayuda» o «esto no es justo», ya están ejercitando su libertad.
Deshumanización y esperanza: educar para la dignidad
Freire explicó que la opresión deshumaniza tanto a quien oprime como a quien es oprimido. En la crianza, estas lógicas pueden filtrarse en microdesigualdades que restan dignidad: interrumpir siempre al niño, ridiculizar sus ideas o anular su iniciativa. Corregir no es castigar; es acompañar hacia la responsabilidad.
Educar con esperanza no ignora los límites; los hace justos, dialogados y coherentes. Cuando tu hijo rompe un acuerdo, en lugar de etiquetarlo, ayúdale a reparar: ¿qué puedes hacer para compensar?, ¿cómo prevenimos que vuelva a ocurrir? Esta reparación construye humanidad, no culpa.
Breve contexto y legado de Paulo Freire para inspirar la crianza
La obra de Freire nace de su contacto con comunidades empobrecidas y excluidas, a quienes acompañó con procesos de alfabetización que fueron, sobre todo, procesos de conciencia y organización. Su método dialogado se proyectó desde América Latina a diversas regiones del mundo, influyendo en movimientos pedagógicos, sociales y eclesiales que apostaron por la justicia y la dignidad.
Trabajó con universidades y organismos internacionales, y participó en programas de educación popular. Su huella sigue viva porque no propone recetas, sino una ética: nadie educa a nadie, nadie se educa solo, los seres humanos se educan entre sí mediatizados por el mundo. Esa visión encaja con una crianza que reconoce a niños y niñas como sujetos activos.
De la teoría a la acción: ejemplos cotidianos freireanos
- Normas que nacen del diálogo: reuniros cada cierto tiempo para revisar horarios, pantallas, tareas. Anotad acuerdos y razones en un panel visible.
- Lectura con conciencia: tras un cuento, preguntad qué problema aparece, quién decide, qué alternativa sería más justa. Así convertís la lectura en praxis.
- Proyecto de servicio: elegid una acción solidaria (intercambio de juguetes, biblioteca vecinal). Planificad, actuad y reflexionad sobre lo aprendido.
- Tarjetas de reconocimiento: además de «bien hecho», nombra la conducta específica: «agradecí que pidieras turno». La palabra precisa crea sentido.
Frases clave de Freire reinterpretadas para familias
- Pregunta antes que responder: no respondas preguntas que no te han hecho; primero descubre qué necesita saber tu hijo.
- El ejemplo corporiza la palabra: lo que dices vale si se ve en lo que haces; tu coherencia educa más que cualquier discurso.
- Respeta la autonomía: acompaña sin invadir; ofrece herramientas y confía en su capacidad para decidir y aprender del error.
- Aprender es crear: estudiar no es acumular datos, es producir significados y transformar pequeñas realidades del hogar.
Freire recordaba que la esperanza no es espera pasiva: necesita apoyarse en acciones concretas. En casa, cada conversación honesta, cada acuerdo negociado y cada gesto de cuidado alimenta la esperanza. Esa suma cotidiana forja niños y niñas libres, críticos y con ganas de mejorar su mundo, empezando por su familia.

