Educar sin reproches

Educar sin reproches

Educar sin reproches entra dentro de la lista de los padres como un sinfín de propósitos educativos. Sin ir más allá de lo que eso supone sabemos interiormente que es una tarea educativa, queremos forjar nuestra relación con ellos y educarlos de forma positiva. Pero a veces se desborda nuestro interior y educamos con gritos y castigos que derivan a sentirnos culpables.

¿Has llegado a pensar por qué deriva todo esto? Seguramente sí, ya que cuando ha habido un momento de tensión por nuestra cabeza llegan a fluctuar pensamientos que no consiguen gestionar esta situación. Una mala noche, cansancio, mucha paciencia, falta de tiempo…todo ello deriva y justifica que comiences a gritar a tus hijos por un mal acto, detona a que perdemos los nervios.

Quizás todo comience interiormente, en nuestro autocuidado. Sino somos conscientes de que seguramente somos nosotros quienes están mal, no llegaremos a la conclusión de educar sin reproches. La idea principal es cuidarnos a nosotros mismos.

Educar sin reproches, primer reto

Si consideramos que se puede educar sin reproches, significa que ya queremos dar el primer paso en una decisión educativa. Como primer reto es favorecer nuestro interior y para ello evaluar como nos gustaría ser tratados por los demás. Si buscamos la comparativa quizás estemos viendo que los niños no tienen que ser diferentes y lo mismo no merecen que se les reproche con malas posturas sus actos.

Si miramos dentro de nosotros quizás encontremos un problema interior, seguramente estemos cansados, agotados o estresados como padres. Es por ello que la solución comienza por uno mismo, en el autocuidado, hacer un descanso y desconectar de todas las ideas negativas.

Educar sin reproches

¿Por qué lo hacemos?

Porque creemos que es rápido y seguro. Es sencillo de utilizar y no requiere de un desgaste intelectual. Pensamos que somos más autoritarios infundiendo ese carácter y que a corto plazo el niño responderá con un acto positivo.

Pautas para educar sin reproches

  • Hay que intentar buscar la forma más factible de repetir una orden y no repetirla más de dos veces. Es aquí cuando tenemos todas las posibilidades de perder los nervios y levantar la voz pues no estamos viendo que hagan lo que estamos diciendo.
  • Hay que hacerlos escoger entre varias opciones, pero siempre atendiendo a sus consecuencias. Si vamos a implantar un pequeño castigo que llegue a ser educacional hay que cumplirlo.
  • El mensaje que estemos transmitiendo en ese momento ha de ser claro y conciso. No hace falta echarlos una parrafada, pues de esta forma no querrán escuchar. Intenta no decir las cosas reprochando su actitud…”eres un vago”, “mira lo que has hecho”, sustituye las frases por una sonoridad más comedida como “no me gusta ver las cosas así” o “no me ha gustado tu actitud”.

Educar sin reproches

  • Los mensajes que estemos transmitiendo tienen que ser siempre más positivos que negativos. Si siempre les educamos con etiquetas negativas que llegarán a formar parte de su identidad, al final esa falta de respeto la infundirán hacia los demás. Debemos de dirigir nuestras críticas con tranquilidad y confianza e infundir mucho respeto y amor incondicional.  Aunque hayamos criticado una mala postura o acción de nuestros hijos, nunca está demás acompañar ese momento con frases positivos como “sabía que eras muy obediente”, “creía que no te habías acordado, ahora seguro que serás capaz de hacerlo”.
  • Como otra alternativa más hay que añadir que no está demás tener siempre un diálogo cercano con nuestros hijos, que para ello forman parte de nuestro entorno y son parte de nosotros. Es bueno hablar y dedicarle tiempo, si todo los diálogos se exponen sobre una mesa seguramente invite a que seas siempre escuchado.

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