
Un análisis publicado en la revista JAMA Pediatrics basado en la revisión de 36 estudios de medios de comunicación social ha encontrado que el 23% de niños y adolescentes habían sido víctimas de a cyberbullying. La revisión también confirma una relación consistente entre el acoso cibernético y la depresión.
Demasiadas veces me da la impresión de que el bullying no es tenido en cuenta en su justa medida por padres y educadores. Porque de boquilla se dice mucho, pero a la hora de la verdad, los hechos hablan por sí mismos. Y si al acoso normal y corriente se le presta esa poca atención, menos aún se le presta al ciberacoso. Y es que si ya es difícil enterarse de lo que pasa en el cuerpo a cuerpo, mucho más lo cuando los niños empiezan a tener cibervida social. Y esto ocurre antes de lo que nos creemos.
Redes sociales y jóvenes
Aunque los datos que te muestro a continuación son de EE.UU. (que es donde se ha hecho el estudio), los números pueden ayudarnos a tener una idea de cómo está la situación.
Informes recientes sugieren que el 95% de los adolescentes estadounidenses usan Internet, de los cuales, el 85% están en redes sociales. Más de la mitad de los adolescentes acceden a las redes sociales más de una vez al día, y el 22% acceden más de 10 veces al día a su red social favorita. La exposición constante incrementa la probabilidad de incidentes y amplifica su alcance.
No sé a ti, pero a mí estos datos me asustan. La adopción temprana de móviles y apps por parte de niños y niñas exige acompañamiento desde el primer día, no solo cuando aparecen problemas.

Preocupación por el alto riesgo de cyberbullying
Debido a que los adolescentes están en una etapa de su desarrollo en la que son vulnerables a la presión de grupo y han limitado la capacidad de autorregularse, existe una gran preocupación por los riesgos del uso social de Internet, incluyendo el ciberacoso y cuestiones de privacidad. Incluso se teme que el cyberbullying pueda superar en intensidad a la intimidación tradicional, dado su carácter permanente, la enorme audiencia potencial y el anonimato percibido.
Aunque se trata de un nuevo campo de investigación, algunos estudios han encontrado asociaciones entre el acoso cibernético con la depresión, la baja autoestima, problemas de conducta, abuso de sustancias y autolesiones. Los pensamientos suicidas aparecen con mayor frecuencia en contextos de ciberacoso que en el acoso cara a cara, según análisis previos.
Para entenderlo, conviene precisar conceptos. El ciberacoso es hostigamiento a través de tecnologías digitales que busca dañar a la víctima de forma intencional y sostenida. Cuando ocurre entre menores de edad equivalente y se desarrolla en entornos digitales, hablamos de ciberbullying. Sus rasgos clave son: daño intencional, repetición en el tiempo, relación entre iguales y uso de medios digitales (móviles, redes, mensajería, foros o videojuegos).
Sus formas más comunes incluyen insultos y humillaciones, difusión de rumores y chismes, suplantación de identidad para ridiculizar, exclusión digital de grupos, y publicación o amenaza de publicar contenidos vergonzosos. También se observan stalking (seguimiento obsesivo en línea) y conductas relacionadas comme sexting con fines de coacción. Las redes sociales concentran buena parte de estos comportamientos debido a su alcance y viralidad.

En el plano escolar y familiar, el impacto es notable: ansiedad, tristeza, irritabilidad, alteraciones del sueño, vergüenza, culpa, dificultades para confiar y relacionarse, y, a menudo, descenso del rendimiento académico con absentismo o aislamiento. Identificar señales de alerta como cambios bruscos de humor, rechazo al uso del móvil, miedo a acudir a clase o variaciones repentinas en amistades es clave para intervenir a tiempo.
La chicas tienen más probabilidades de ser víctimas de acoso cibernético
En este análisis, los investigadores de la Universidad de Alberta, en Canadá, revisaron 36 estudios para evaluar los efectos sobre la salud de los niños y adolescentes del ciberacoso a través de los medios de comunicación social. La mayoría de los estudios analizados se basaron en los EE.UU. y los participantes tenían en su mayoría entre 12 y 18 años.
La plataforma de medios sociales más utilizada en los estudios fue Facebook, ya que el 89% de los usuarios de los medios sociales de los estudios informó que tiene una cuenta en esta red social. En los estudios, la prevalencia del acoso cibernético varió del 4,8% a 73,5%. Basándose en estos datos, los autores de la revisión calculan que el porcentaje medio de niños y adolescentes que reportaron haber experimentado acoso cibernético fue del 23%.
Los autores también encontraron que las niñas son más propensas a ser ciberacosadas, y que los problemas de relación fueron la razón más común para el acoso. Las formas más registradas fueron insultos, chismes y fotografías degradantes. Factores como mayor exposición a dinámicas relacionales, presión estética y uso intensivo de redes pueden incrementarlo. El uso problemático de redes sociales y una menor habilidad de autocontrol se han asociado con mayor probabilidad de verse implicado, ya sea como cibervíctima o ciberagresor.
Las víctimas suelen recurrir a estrategias pasivas como bloquear al remitente, aunque creen que poco se puede hacer para detener el acoso. Aquí el papel de los testigos es decisivo: no amplificar el daño, no compartir ni dar me gusta a contenidos ofensivos, apoyar a la víctima y avisar a un adulto de confianza puede cortar la dinámica.

Los autores escriben en su conclusión que la evolución de las redes sociales ha creado un mundo en línea que tiene beneficios y daños potenciales para los niños y adolescentes. Añaden que el ciberacoso se ha convertido en una preocupación principal en términos de seguridad, y, aunque la literatura no es concluyente en todos sus efectos sobre la salud mental, existe evidencia de asociaciones con daños para quienes lo sufren y para quienes lo ejercen.
Esta revisión proporciona información importante para caracterizar el problema de la intimidación cibernética que ayudará en la creación de estrategias de prevención y de gestión, incluidos los atributos de los destinatarios y los perpetradores, las razones y la naturaleza de las conductas abusivas, y cómo reaccionan los receptores actualmente, y cómo se gestionan los comportamientos de intimidación.
Prevención efectiva en casa y en la escuela
Prevenir pasa por reducir factores de riesgo, desarrollar habilidades sociales y crear vías claras para pedir ayuda. Conversar a diario sobre qué apps usan, con quiénes interactúan y para qué, y, cuando sea necesario, supervisar con control parental comentado y proporcional a la edad, establece un marco de confianza.
Es esencial cuidar la privacidad digital: cuentas privadas, contactos que realmente se conocen, configuración de seguridad, evitar compartir información sensible (imágenes íntimas, contraseñas, geolocalización) y no quedar con desconocidos. Gestionar conflictos con asertividad antes de que escalen evita llegar a acoso. Educar al grupo en el rol de espectadores responsables es clave para no reforzar al agresor.
Los centros pueden apoyarse en recursos y herramientas tecnológicas: sistemas de control de comentarios, filtros de contenido ofensivo y dinámicas educativas, incluidos videojuegos o materiales didácticos que enseñan hábitos de seguridad en línea. La educación digital aporta confianza, empoderamiento y resiliencia frente a riesgos.
Si detectas cambios repentinos como bajada de notas, absentismo, aislamiento o reacciones exageradas ante bromas, indaga con calma y escucha sin juzgar. Mantener puentes de comunicación abiertos facilita que pidan ayuda cuando más lo necesitan.
Qué hacer si eres víctima o testigo
Si estás siendo acosado en línea, no te quedes solo. Conserva evidencia (capturas de pantalla, mensajes, enlaces), bloquea al agresor, denuncia en la plataforma y cuenta a un adulto de confianza lo que ocurre. Mantén la calma, evita responder o entrar en escaladas; documentar y reportar es mucho más efectivo.
Si eres testigo, ofrece apoyo y evita difundir el contenido. Crear un espacio seguro donde la víctima pueda expresarse y validar sus emociones marca la diferencia. En casos de impacto significativo en el bienestar, buscar ayuda psicológica puede acelerar la recuperación.
Recursos útiles en España: la Línea 017 de INCIBE ofrece ayuda gratuita y confidencial en ciberseguridad; IS4K (Internet Segura for Kids) dispone de guías y materiales para familias; proyectos como Pantallas Amigas impulsan el uso responsable de la red; y ante acoso escolar, el teléfono 900 018 018 presta atención especializada.
Rol de pediatría y profesionales: detección precoz
Los síntomas psicosomáticos (cefaleas, dolor abdominal, insomnio) pueden ser el primer indicio. En consulta conviene incluir preguntas sobre colegio, amistades y hábitos online. Cualquier síntoma recurrente e inexplicable amerita explorar posibles experiencias de acoso.
Preguntas orientativas: tiempo de pantallas, actividades en línea, si se usan redes y chats, configuración de privacidad, supervisión parental, si han contactado con desconocidos, si han recibido o enviado insultos o amenazas, o si se han publicado cosas que no querían. Documentar el caso, valorar gravedad y apoyos, y derivar a salud mental cuando proceda, forman parte del protocolo.
La literatura sugiere que un perfil de funciones ejecutivas con menor inhibición, autocontrol y resolución de problemas puede estar vinculado a mayor implicación en ciberagresiones y cibervictimización. Entrenar estas habilidades ayuda tanto a prevenir como a intervenir.
Marco legal y responsabilidad
El ciberacoso puede implicar delitos como amenazas, injurias, calumnias o ataques a la intimidad (difusión de datos o imágenes sin consentimiento). En España, la normativa protege especialmente a los menores y contempla que los padres ejerzan la patria potestad con respeto a la integridad física y psicológica. La responsabilidad civil puede alcanzar a progenitores en determinados supuestos.
El entorno europeo impulsa un marco regulatorio que exige a las plataformas mecanismos de reporte y medidas contra contenidos ilícitos, reforzando la seguridad y los derechos de los usuarios. La legislación evoluciona de forma continua y conviene apoyarse en orientación legal o policial cuando haya riesgos.
Otras formas de riesgo: grooming y deporte
El grooming es la manipulación por parte de un adulto para establecer control emocional y sexual sobre un menor. Exige denuncia inmediata, cese del contacto y seguimiento profesional. En el ámbito deportivo, puede darse una variante donde el agresor es alguien con posición de poder (por ejemplo, entrenador), lo que dificulta la revelación de los hechos. Formar a clubes y familias en protocolos de prevención y respuesta es esencial.
Acompañar en el mundo digital
Tenemos que acompañar a niños y niñas en los inicios del uso de las TIC y también a edades más avanzadas, porque a menudo desconocemos qué uso dan a las aplicaciones. Modelar con el ejemplo el comportamiento en línea y fijar normas claras y consensuadas ayuda a construir una convivencia digital saludable.
La acción conjunta de escuela, familia y comunidad resulta determinante. Organismos internacionales y entidades sociales trabajan en programas de educación digital, sensibilización y capacitación de profesionales, así como en alianzas con empresas tecnológicas para fortalecer entornos seguros. Promover la empatía y el respeto en los espacios digitales es tan importante como enseñar competencias técnicas.
Tómatelo en serio: Puede ocurrir antes de que te des cuenta
Puede que tu hijo sea aún pequeño, y te parezca que esto te cae muy lejos. Pero la precocidad con la que nuestros hijos usan y dominan las nuevas tecnologías y la falta de control que tenemos los padres no hace sino complicar las cosas.
Uno de los problemas es la falta de conocimiento por parte de los padres del universo digital del mundo de hoy. Si eres de esos, ya puedes empezar a ponerte al día. Infórmate, conversa y establece acuerdos de uso que crezcan con tu hijo.
Pero tenemos el ejemplo contrario: adultos que usan irresponsablemente la red y que ni siquiera son conscientes de los peligros a los que se exponen y exponen a sus hijos. Tu ejemplo educa más que cualquier norma.
Tómatelo en serio.
La evidencia es clara: el ciberacoso es frecuente, dañino y complejo, pero existen herramientas, recursos y estrategias para prevenirlo y afrontarlo con éxito. Escucha activa, educación digital, privacidad bien configurada, protocolos de denuncia y apoyo emocional son los pilares que mejor protegen a niños y adolescentes en su vida conectada.


