El adolescente: ¿Por qué puede rechazar a sus padres?

El adolescente todavía no se define como la persona adulta que será, por ello está en continua búsqueda de ser propio ser.

La adolescencia es una etapa muy compleja y cambiante tanto para los protagonistas como para su entorno. Respecto a los padres que sufran el rechazo de un hijo, puede resultar duro y desconcertante. Vamos a conocer cuáles pueden ser los motivos de esa aversión.

La etapa de la adolescencia

La adolescencia es una época en la que los niños comienzan su desarrollo a nivel personal, tanto físico como interno.  Todavía no se definen como la persona adulta que serán, por ello están en continua búsqueda de sí mismos. Durante esa etapa todo se vive con mucha intensidad, las hormonas están a flor de piel. Todavía se carecen de habilidades sociales que les hagan proveedores de ideales firmes y de la capacidad de concentración.

En la etapa de la adolescencia se está en constante cambio. Se buscan experiencias nuevas y no hay lugar para la contención. Los hasta ahora niños pequeños, mantienen a sus amigos de la infancia y pasan bastante tiempo con ellos. Se forjan lazos fuertes, la confianza se vierte prácticamente en su totalidad en los ellos, y las decepciones ante acontecimientos son intensas y dolorosas. Todo afecta más a los adolescentes, porque se están formando como personas individuales con sus propios gustos e ideas.

¿Por qué puede el adolescente rechazar a sus padres?

Normalmente el rechazo que manifiestan algunos adolescentes hacia sus padres se debe a algo que les ha disgustado, es un enfado, una disconformidad ante un hecho, aunque pueda parecer un malestar general. No es un odio al progenitor, pese a que así puedan manifestarlo verbalmente, es un disgusto ante un suceso para el que no tienen ni saber gestionar las habilidades suficientes con las que hacerle frente.

El adolescente, por norma general, apostará más por la confianza de un amigo que la de un padre. Con el amigo podrá desahogarse, exponer sus problemas encontrándose al mismo nivel…, sin ser juzgado ni recibir críticas que le hieran. En esa etapa ocurren ciertos aspectos psicológicos a raíz de las relaciones y reacciones que se tienen con los amigos que afectan a su evolución. No es un aspecto generalizado, pero existen adolescentes que ante sus inseguridades y falta de estabilidad emocional, pueden vivir enfrentamientos con sus padres.

Escasas o excesivas muestras de cariño

Muchas veces los padres siguen ejerciendo ese rol sobreprotector como cuando sus hijos son pequeños e indefensos. El adolescente se encuentra en una etapa de descubrimiento personal y necesita espacio para fortalecer el autoconcepto y autonomía propios. Por el lado contrario ignorarle o despreocuparse tampoco es positivo para él. El joven necesita su lugar, claro, pero no sentir que sus opiniones y sentimientos no cuentan ni importan.

Poca comunicación

Dar por hecho que el joven está bien o simplemente no va a querer hablar, son posturas cómodas y poco arriesgadas para un padre. En ocasiones, por miedo y desconocimiento, los padres prefieren no hablar con el joven y lo único que logran es que se vaya instaurando más distancia entre ambos.

En ocasiones por miedo los padres prefieren no hablar con el adolescente, y lo único que se logra es que se vaya instaurando más distancia entre ambos.

Asalto a su mundo

Tanto el espacio físico como el personal, son necesarios para el adolescente. La privacidad es un tema al que da mucha importancia. Instaurado en su zona de confort física y emocional se siente cómodo, seguro y puede ser él mismo. Atosigarle o invadir ciertas parcelas de su vida, no permitirán que el hijo adolescente vea como una persona de confianza a sus progenitores.

Ambiente hostil

Si el adolescente se ve inmerso en un hogar donde impera un clima de hostilidad y discusiones constantes, su salud emocional se verá dañada. Esto provocará que intente estar el menor tiempo posible cerca de su familia y disminuya su consideración hacia ellos. Una de las dos partes siempre será la que tenga menos justificación para él, si llega a verla como el culpable.

Acciones para prevenir o resolver el posible rechazo de un hijo

  • Respetar su independencia, privacidad y dar el suficiente valor a sus convicciones y personalidad propias.
  • Deben existir muestras manifiestas de amor entre padres e hijo.
  • Ni ignorarle, ni agobiarle. Estar pendiente de sus sentimientos y actuaciones, preguntarle pero no ser excesivamente autoritario.
  • Dialogar y tener con él charlas amenas, donde sea él quien se abra y desee contar y aportar. No debe infravalorarse sus opiniones o sentimientos.
  • No angustiarle con sucesos que ocurran a los progenitores u otros adultos, y que puedan ser un motivo más de conflicto o ruptura del equilibrio.
  • Actuar con el ejemplo. Ser adultos empáticos, ecuánimes, tolerantes, asertivos…
  • Hacerle sentir valioso y que vea que se sienten orgullos por quien es.
  • Apoyarle en la medida de lo posible en sus decisiones, planes futuros… Es su vida y si lo que elija le feliz debe sentir que también sus padres los están.

Encontrar el equilibrio para lograr relaciones sanas

El padre debe estar en su sitio durante la etapa de la adolescencia, sin agobiar pero sí formar y acompañar al hijo. No se debe sobreproteger al joven, sin embargo, proveerle de responsabilidades para que sepa ejercer, madurar y emprender. Lo peor que puede hacer un padre es pretender que se convierta en la persona que él hubiese querido ser. El joven se está desarrollando a nivel psicoemocional, es contraproducente cortar sus alas, instaurándose en sí mismo, la desdicha, conformismo y falta de libertad personal.


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Familia

Ana María Longo Silva nació en Bonn (Alemania) en 1984 y es hija de padres gallegos y emigrantes. Licenciada en Pedagogía en 2006 por la Universidad de Santiago de Compostela, también posee formación en coaching y liderazgo personal, psicología infantil, inteligencia emocional y trastornos emocionales. Colaboró en Woman Actitud, donde destaca el artículo “Vivir”, publicado en 2015. Entre 2007 y 2016, ha realizado trabajos esporádicos como cuidadora infantil y profesora particular, por lo que los niños han sido y son un referente en su vida. Amante del cine, la música y viajar, Mommy: amor en uso es su primer libro editado. Le sigue Mamá...: ¡Teta! Lactancia materna. Actualmente, reside en Palma de Mallorca. Está casada y es madre de una preciosa bebé, quien le ha despertado el deseo y el valor para publicar. Actualmente también es redactora en la revista Bekia y colabora en el blog Madres Hoy, publicando sobre temas de maternidad, una temática que le fascina y a la que dedica el tiempo completo. Con su trabajo quiere apoyar y ayudar a madres primerizas y futuras madres. En cuanto a sus proyectos, tiene pendiente publicar un libro sobre el comportamiento humano.

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