El bebé y la música

La música amansa las bestias…eso lo hemos oído siempre, pero menos conocido son los efectos benéficos de la música y del silencio en los bebés.

En las grandes ciudades los bebés nacen y crecen en un universo saturado de ruidos invasivos y abusivos: la circulación, las sirenas de todo tipo, la campanilla de los teléfonos, la televisión, la radio, los vecinos…el ruido es permanente y puede llevarnos y llevarlos a la saturación.

Así como hay momentos del día en que nosotras necesitamos, simplemente, un momento de silencio, también le sucede a nuestro bebé.

Se ha demostrado que a partir de la 16ta. semana de gestación el bebé ya reacciona a los ruidos llegando a la maduración auditiva hacia el séptimo mes, por lo tanto no debemos ser indiferentes a la saturación que tiene nuestro bebé de la polución sonora que lo ha acompañado todo el día, sobre todo si trabajamos en un espacio ruidoso y brindarle al él también un momento de paz.

Llegar a casa y relajarnos con música clásica o al menos suave nos ayuda a nosotras pero también lo ayuda a él.

Los bebés son la caja de resonancia del ambiente sonoro que nosotras les proporcionamos y más tarde, nuestro bebé también necesitará silencio para dormir, pero también para escucharnos y escucharse.

Saturarlo de Mozart tendrá también el mismo resultado que saturarlo de la FM de moda. La música y el silencio deben ser oportunos y deben tener ambos su tiempo, su momento y su razón de ser.


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